Sergio
Godoy, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile
[sgodoye@uc.cl]
Recibido: 24 / 9 /2007 /
Aceptado: 9 / 11 /2007
Resumen
La digitalización de la televisión
implica cambiar profundamente las bases sobre las que se estructura esta
industria, tradicionalmente basada en un puñado de operadores de libre
recepción financiados por publicidad. Esto afectará también la TV de pago y a
la distribución de videos por Internet y celulares. El artículo formula las
principales preguntas regulativas que la sociedad chilena debiera enfrentar
para lograr más producción local, una mejora en la calidad de los contenidos y
la generación de nuevos modelos de negocio para el audiovisual en un marco de
convergencia.
Palabras claves:
Televisión digital,
marco regulativo, televisión abierta, digitalización, convergencia.
Abstract
Digitalization of television is likely to
transform deeply the basis of the industry, traditionally based in a handful of
free-to-air, terrestrial broadcasters and funded by advertisers. It will also
affect pay TV, as well as video distribution through the internet and mobile
phones. This article poses the main regulatory questions Chilean society must
face to secure more local production, better quality of content and the
generation of new business models within a framework of convergence.
Keywords: Digital
television, broadcasting regulation, terrestrial television, digitalization, convergence.
Este artículo
sintetiza las principales áreas de debate político, económico y regulativo en
torno a los posibles cambios que se avecinan en la industria televisiva chilena
a raíz del cambio a la tecnología digital. La premisa es que, independientemente del estándar técnico que se escoja
(ATSC «americano», DVB «europeo» o ISDB «japonés»1), probablemente
habrá cambios importantes en la manera como funciona la televisión y los
modelos de negocio que la sustentan. Cabe señalar que incluso la palabra «televisión»
está cambiando: ya no sólo denota a los tradicionales canales de TV abierta
VHF, sino que involucra a la TV de pago e incluso a la distribución de video
por Internet y por aparatos móviles.
Independientemente
de la norma que se escoja, desde la perspectiva de un país de desarrollo
intermedio que no produce tecnología es importante que esta innovación permita
tres grandes objetivos: (a) más y mejor televisión para los chilenos, (b) más y
mejor producción local de contenidos en Chile y (c) generación de nuevos
modelos de negocio para el audiovisual en un marco de convergencia. En este
artículo invitamos a debatir las principales interrogantes que, con ese fin,
debieran intentar responder los diferentes actores involucrados en este proceso
de cambio: los políticos (incluyendo las entidades regulativas), los operadores
televisivos, los anunciantes, los proveedores de tecnología, y los
usuarios/ciudadanos. Centraremos las preguntas en dos grandes temáticas: los
aspectos regulativos y los modelos de negocio.
El aspecto
regulatorio
La Figura 1 muestra la evolución de los marcos
regulativos de la televisión chilena desde sus orígenes en 1958 hasta nuestros
días, en torno a dos ejes esenciales: los contenidos y los aspectos
económico-corporativos. Ambos ejes van desde un polo restrictivo a uno liberal.
El decreto ley Nº 7039 de 1958 era liberal en ambas dimensiones: como en radio,
la televisión sería un negocio de privados sin control especial de contenidos.
Sin embargo, ello jamás ocurrió: sólo se autorizaron canales universitarios,
que tenían prohibido vender avisaje2. Después, la ley de 1970, que
creó a Televisión Nacional de Chile (TVN) y al Consejo Nacional de Televisión
(CNTV), imponía restricciones en ambas dimensiones, bajo el principio de
«educar, informar y entretener», declarado en 1923 por la BBC. En los años
posteriores, correspondientes al gobierno militar (1973-1989), hubo fuertes
restricciones a los contenidos pero se desregularon algunos aspectos
económico-empresariales específicos, como la venta de publicidad. Además, se
permitió la entrada (tardía) de operadores privados al sistema.
El marco
actual, que data de 1989 y que fue reformulado en 1992, persiste en controlar
contenidos mediante la fiscalización del CNTV, la cual se aplica de manera más
laxa a la TV de pago. Aunque los aspectos corporativos están menos regulados
que en el pasado, las empresas de televisión tienen varias cortapisas en
contraste con la radiodifusión: notablemente, un concesionario de TV abierta no
puede operar más de un canal por área de servicio. Y es difícil arrendar o
transferir la concesión a terceros.
Lo obsoleto del
marco regulativo actual se manifiesta, además, en que no distingue
adecuadamente entre televisión abierta y de pago y jamás contempló la
posibilidad de distribuir video por Internet. De igual forma, la legislación
omite aspectos relativos al ancho de banda de cada canal de televisión3,
no considera la convergencia de plataformas ni de contenidos y no hace ninguna
mención para que la televisión pública pueda distribuir otros contenidos
digitales derivados de su actividad televisiva (a través de Internet, redes
celulares, DVD, CD-Rom, etc.). Por otro lado, las leyes vigentes tampoco reconocen adecuadamente los casos
de televisión local de origen ciudadano o de barrios que han surgido en la
última década gracias al bajo costo de los equipos (como la señal 3 de La
Victoria, en Santiago, por ejemplo).
Por otra parte,
con la llegada de la televisión digital, los principios en que se basan las
actuales asignaciones de frecuencias de TV también se modifican, porque deja de
haber escasez de canales disponibles. La SUBTEL, el organismo técnico a cargo
de la administración del espectro electromagnético, ha reservado treinta
canales de 6MHz de ancho en la banda UHF para emisiones digitales, entre los
antiguos canales 22 y 52. En cada uno de esos canales de 6MHz cabe una sola
señal de alta definición o bien cuatro o cinco de calidad estándar de 525
líneas Algunos países otorgan los 6MHz completos (un «multiplex») a los
operadores de TV digital abierta; otros países en que el espectro está saturado
otorgan apenas un canal de 1/5 de ese ancho de banda para emisiones de
resolución estándar. El caso es que aún si los ocho operadores actuales de TV
abierta en Santiago recibieran concesiones digitales de 6MHz, «sobrarían» otros
22 multiplexes de 6MHz para concesionar. En este contexto, surgen las
siguientes preguntas regulativas para el futuro digital, las cuales deben
formularse independientemente del estándar técnico que se escoja:
1. ¿Conviene que la TV siga el ejemplo de la
radio de regular al mínimo los contenidos y los aspectos económico-corporativos
de la industria? Como se indica en el diagrama anterior, la radiodifusión
en Chile tiene libertad casi absoluta para operar. En el área de los
contenidos, puede emitir lo que quiera: no es fiscalizada por el CNTV, no tiene
horarios de emisión para adultos, no está obligada a proveer de franjas
gratuitas a los candidatos políticos en tiempos de elecciones. En los aspectos
económico-corporativos, se puede arrendar, vender, comprar, revender y
concentrar concesiones radiales. En cambio, los operadores de televisión
abierta sólo pueden operar una señal en la misma área de servicio, lo cual crea
una diversidad artificial de operadores porque éstos tienen prohibido
fusionarse, como sí ha sido la norma en radio y en televisión paga. A esta
última, por lo demás, aunque sometida a las mismas leyes y normas que la
televisión abierta, en la práctica se le permite emitir contenidos que probablemente
serían sancionados si fuesen exhibidos por los canales tradicionales. Y como
está excluida de las restricciones a la concentración de propiedad porque no
usa espectro, cerca del 70% de la televisión por cable está concentrada en una
sola empresa.
Como sea, es
probable que haya crecientes presiones por desmantelar el marco legal de la TV
abierta, el cual parece cada vez más incongruente y restrictivo respecto a los
demás medios electrónicos.
2. ¿Tiene sentido un Consejo Nacional de
Televisión, dadas las dificultades crecientes de fiscalizar contenidos
audiovisuales? La propia constitución consagra que la TV será fiscalizada
por el CNTV, lo cual complica especialmente la idea de eliminarlo, como han
sugerido algunos autores (Sierra, 2006). Sin embargo, hay crecientes problemas
de legitimidad y factibilidad operativa de un CNTV en un contexto multicanal y
de videos distribuidos por Internet: incluso en el dudoso caso de que hubiera
consenso ciudadano por un vigilante de contenidos televisivos «correctos» (al
menos según la acepción de las normas vigentes), se requeriría un verdadero
ejército de funcionarios dispuestos a revisar millones de horas anuales de
contenidos televisuales disponibles por TV abierta, por cable, por satélite, en
videoclubes y por web. Sin embargo,
hay apoyo ciudadano en Chile y otros países a cierto control de los contenidos
de TV libremente disponibles, sobre todo para proteger a la infancia: en
nuestro país, el 95% de las mujeres y el 91% de los hombres cree que la
televisión abierta debe estar regulada (CNTV 2005a, 2005b. Ver además Brown
& Picard, 2005; Iosifidis et al., 2005). El problema es definir hasta dónde
regular y cómo. Suponiendo que ello fuera posible, viene un problema adicional:
separar a la televisión tradicional de las nuevas modalidades de consumo
audiovisual por cable, satélite, celulares y web.
Un antecedente
interesante es la nueva agencia regulatoria «convergente» en Gran Bretaña, la
OFCOM (Office of Communications), que desde 2003 sustituyó a los antiguos entes
regulativos aislados para radio, TV (privada vs. pública, abierta vs. paga) y
las telecomunicaciones. A diferencia de la FCC estadounidense, más preocupada
de aspectos técnicos y de preservar el carácter comercial-privado de los medios
electrónicos, OFCOM no sólo ha mantenido sino que ha actualizado los principios
de la radiotelevisión de servicio público característicos del sistema británico
desde la década de 1920.
3. Si no es viable que el Estado regule en
detalle el escenario digital, ¿es mejor «co-regular» que dejar que la industria
se autorregule? El escenario televisivo digital del futuro parece tan
complejo y cambiante, que es difícil que el Estado pueda o deba regularlo por
completo y en detalle. Incluso asumiendo una genuina preocupación por el
bienestar colectivo por parte de los legisladores, es iluso pensar que ellos
puedan ser capaces de anticipar, imaginar y normar todas las posibilidades de
servicios, alianzas, usos y demás desarrollos que permite el cambio
tecnológico.
Sin embargo,
tampoco es claro que convenga dejar que la industria se autorregule por
completo, sobre todo considerando un probable escenario de cartelización e
incluso concentración de la propiedad a niveles monopólicos, como ya ocurre en
ciertos sectores mediales de Chile y el resto del mundo. Co-regular, en cambio,
consiste en dejar que la industria se autorregule la mayor parte del tiempo,
dejando la posibilidad de que intervenga el Estado cuando se transgreden
ciertos límites. Pero para que la co-regulación sea efectiva, las sanciones
deben ser duras (pero justas y claras) para quienes las trasgreden.
4. ¿Qué incentivos jurídicos se requieren para
lograr una transición exitosa hacia la plena digitalización? Entre esos
incentivos, quizás el más importante es definir un calendario claro y realista
para el «apagón analógico» (día en que se terminen las emisiones analógicas),
el cual sólo será posible si las personas adquieren receptores o
decodificadores capaces de captar las nuevas señales digitales. Para ello deben
examinarse y conciliarse los intereses de todos los actores involucrados: los
actuales operadores de TV abierta, los nuevos entrantes, la TV paga, los
anunciantes publicitarios, etc.
5. ¿Cuál es la mejor fórmula de asignación de
las nuevas frecuencias digitales de televisión abierta? Dentro de esta
pregunta, hay varias más específicas:
5.1 ¿Quiénes tienen derecho a las nuevas concesiones digitales: nuevos
entrantes, los existentes o ambos? Afortunadamente, hay espacio suficiente en
el espectro UHF para asignar concesiones a todos los operadores de TV abierta y
a los canales locales de cable que están pidiendo concesiones digitales en
Chile. Ello permite concesiones de alta definición, como ha enfatizado la
asociación de canales tradicionales de TV (ANATEL) así como más diversidad de
operadores, como han pedido los canales locales de cable. No todos los países
se han podido dar ese lujo.
5.2. ¿Cómo asignar las nuevas concesiones? ¿Por orden de llegada, por beauty contests, por licitación al mejor
postor, por orden de llegada o de otra forma? Una vez decidido quiénes pueden
postular a las concesiones digitales, viene la pregunta de bajo qué
condiciones. Hay varios mecanismos: la tradición chilena ha privilegiado al
operador establecido, pero existen otros mecanismos como la licitación al mejor
postor (por ejemplo, para concesiones de telefonía celular de tercera
generación en Europa, o para concesiones de radio en Chile cuando hay dos o más
postulantes en igualdad de condiciones), los «concursos de belleza» (en que los
postulantes prometen adicionales atrayentes, tales como porcentajes más altos
de informativos y/o programas elaborados en la región, como en los sistemas
televisivos francés y británico) o combinación de los anteriores.
5.3. ¿Qué se va a concesionar: canales individuales de resolución
estándar, o un bloque completo o multiplex de 6MHz? ¿Tienen derecho los
actuales operadores de TV abierta a nuevas concesiones digitales de 6MHz de
ancho? ¿Por qué? Como se dijo más atrás, hay confusiones en este punto. Afortunadamente
hay disponibilidad suficiente de espectro en la banda UHF, por lo cual no es
imprescindible fragmentar
las nuevas concesiones en señales de resolución estándar. Como hay una
treintena de espacios de 6MHz disponibles, eso implica un mínimo de treinta
señales digitales de alta definición y un máximo de unas 150 señales de
definición estándar. Los siete operadores de TV abierta agrupados en ANATEL,
que asumen un derecho automático a siete concesiones digitales de 6MHz para sus
respectivos integrantes sin mediar concursos ni sorteos, tienen a su favor no
sólo su experiencia acumulada en ofrecer servicios de televisión desde hace
varios años (un argumento relevante en cualquier parte del mundo), sino que la
disponibilidad efectiva de más de cuatro veces de espectro que el que ellos
reclaman.
5.4. ¿Qué más deberán incluir las concesiones digitales: canales de
pago, canales de retorno, servicios de telecoms, etc.? Las posibilidades que
ofrece la convergencia y la cantidad enorme de servicios adicionales que
podrían ofrecerse en el futuro implica superar la visión tradicional de que las
concesiones televisivas y radiales consisten en una sola señal «tonta» de audio
y/o video sin posibilidad de retorno desde el público, y que no consideran
señales auxiliares más livianas con menús de programación, información
adicional sobre los programas y otras posibilidades.
5.5. ¿A cambio de qué condiciones se otorgarían esas concesiones? ¿Tiene
sentido imponer condiciones o conviene «propietarizar» el espectro? Tal como en
obras públicas, que pueden concesionarse a privados para que las construyan y
operen según principios de bien común, el espectro electromagnético es
considerado un bien público concesionable y, por ende, pueden exigirse
condiciones bastante exigentes como contraparte a otorgarlas. No obstante,
también es discutible si el espectro, o porciones de él, podría convertirse
definitivamente en propiedad privada como ocurre con el suelo y con los
derechos de agua.
5.6. ¿Seguirá vigente el principio de «un operador, un canal»? ¿Será mejor
permitir que un operador tenga varios, facilitando así que se formen holdings televisivos como en radio o
prensa? Esta pregunta se vincula a la anterior, así como a lo señalado antes:
el sistema de TV abierta en Chile es artificialmente diverso dado que los
operadores tienen prohibido controlar más de una señal por área de servicio. En
otras palabras, por muy adinerado
que sea un empresario televisivo A ó B, no puede comprar señales adicionales
para complementar su oferta y hacer más rentable su negocio, como sí podría
hacerlo en radio, TV paga, prensa, cines, clubes de video o supermercados. Si
se permite para TV abierta lo que se permite en todas estas otras industrias,
el resultado será mejores posibilidades de rentabilizar el negocio televisivo
para el operador, a cambio de una mayor concentración de propiedad en este
sector. De allí que hay autores que recomiendan considerar a la televisión
digital más bien como un monopolio regulado que como una industria con decenas
de operadores de igual tamaño y peso económico (ver Brown & Picard, 2005).
5.7. ¿Cuánto vale el espectro electromagnético? ¿Es probable que ese
valor aumente? Nadie en Chile ha hecho este ejercicio, en circunstancias que la
evaluación social de proyectos es una técnica que existe hace décadas y se
aplica a proyectos mucho menores, como puentes, aeropuertos o carreteras. Si
consideramos que una señal FM en Santiago está valorizada en un mínimo de unos
tres millones de dólares (ocupando apenas 0,4 MHz de ancho, es decir quince
veces menos que una señal de TV de 6MHz), podemos empezar a comprender la
magnitud económica de los intereses que están en juego. Ese espectro pertenece
a todos los chilenos, quienes en su calidad de dueños debieran conocer la
magnitud de lo que se está concesionando a los operadores debidamente
autorizados.
5.8. ¿Habrá concesiones para nuevos canales locales y regionales? ¿Es
necesario establecer incentivos asimétricos para nuevos entrantes? A partir de
2006, ha surgido con fuerza en Chile la idea de favorecer el desarrollo de
canales locales de TV, los cuales superan el centenar pero dependen de la buena
voluntad de los cableoperadores para distribuir su señal dado que el espectro
está copado. En diversos foros, tales como los organizados por Aretel Bío Bío,
estos pequeños canales de TV local han pedido condiciones especiales para
recibir concesiones de TV digital abierta, dada su raigambre con las
poblaciones locales respectivas4.
5.9. ¿Conviene obligar a los sistemas de TV paga a que incluyan las
señales de TV abierta? De ser así, ¿en qué condiciones? ¿Qué pasa con el pago
de derechos de propiedad intelectual?
El modelo de
negocio
La TV avanza hacia lo que podría llamarse
«convergencia», fenómeno que tiene al menos dos grandes vertientes. La primera
es técnica y se debe a que el lenguaje digital es compartido por industrias que
estaban tradicionalmente separadas: la informática (que la creó), las
telecomunicaciones y los medios de comunicación (TV, radio, prensa, cine,
discografía, industria editorial). En Internet se mezclan todas ellas, pero no
está demostrado que la red las sustituya por completo. La segunda veta de la
convergencia es corporativa: la tendencia de las empresas, cualesquiera sean
sus rubros, a maximizar sus economías de alcance y de escala (y su poder de
mercado) mediante fusiones y adquisiciones.
Lo anterior
implica, en primer lugar, que desde hace tiempo la televisión es mucho más que
los operadores de TV abierta. Desde inicios de la década de 2000, la TV paga en
Chile recauda poco más que todos los canales abiertos juntos. Y eso era con
apenas un 20% de los hogares nacionales abonados, cifra que ha ido subiendo
recientemente5. El poder de mercado de este sector se incrementó aún
más tras la fusión de VTR con Metrópolis, que concentraban el 81% de las
suscripciones en 2005. Por lo demás, Chile presenta los más altos índices de
usuarios de Internet y de telefonía en Latinoamérica (40 y 70%,
respectivamente).
La Figura 2
refleja este mercado televisivo dual: por un lado, existe prácticamente un solo
operador en TV paga que tiene decenas de señales de TV y recauda dinero
ofreciendo además telefonía e internet. Al mismo tiempo, existe un puñado de
operadores de TV abierta que compite ferozmente entre sí por el mismo trozo de
torta publicitaria, armados cada uno sólo de una señal generalista.
En segundo
lugar, pese a la tendencia a las fusiones y adquisiciones corporativas, el
modelo de negocio se está volviendo más complejo y disgregado. Los canales
actuales de TV abierta son muy parecidos a las radios AM de los años 40:
producen gran parte de sus contenidos dentro de la casa, los cuales se orientan
a una única señal destinada a un público generalista. Pero ese modelo puede
estar quedando obsoleto. Expertos hablan, por ejemplo, del modelo de
«producción en 360 grados» (ver Figura 3), en que los contenidos se explotan a
través de vitrinas muy diversas, aprovechando ventanas complementarias como
cines, DVDs, señales premium de TV
paga y señales generalistas de TV abierta, así como el apoyo de tecnologías con
uso diferente como celulares e Internet.
Al mismo
tiempo, la cadena de producción audiovisual no necesita quedar íntegramente
alojada «dentro de la casa». Como indica la Figura 4, el aumento de las
vitrinas de exhibición requiere multiplicar las fuentes creativas al inicio del
flujo, pues estas nutren procesos de producción que se están volviendo más
flexibles. Sobre todo en los
sistemas de TV paga, producir programas es diferente a «empaquetarlos» en
señales diferenciadas y con identidad propia: la producción se escinde de la
programación. Y al final del proceso, los contenidos originados a lo largo de
la cadena aprovechan diferentes modalidades de distribución. En todas estas
fases es posible integrar más activamente a las audiencias mediante funciones
interactivas, las cuales se facilitan con la digitalización.
Así, el
crecimiento de la TV paga, de Internet y de la telefonía móvil incrementan la
competencia, pero al mismo tiempo crean nuevas oportunidades de negocio. Por
ahora, son los operadores de TV abierta quienes tienen la mayor expertise en crear contenidos de
atracción masiva en Chile. Ante ello surgen las siguientes preguntas a debatir:
1. ¿Qué hacer para que en Chile
haya más y mejor producción local de contenidos?
2. ¿Es sustentable el actual
modelo de negocios de la TV abierta? ¿Puede compatibilizarse con el de las
telecomunicaciones y el de la TV de pago?
3. ¿Es deseable que se formen
consorcios multicanales como en radio y prensa, al terminar con el principio de
«un operador, un canal»?
4. ¿Cuáles son las perspectivas
para los productores independientes?
5. ¿Cuál es la demanda por
interactividad televisiva en Chile?
6. ¿Habrá espacio para canales
locales y regionales?
7. ¿Podrán sobrevivir en el
futuro digital aquellos operadores con fines sociales, como TVN o Canal 13?
8. ¿Podría
Chile aprovechar este cambio tecnológico para potenciar su industria
audiovisual, tal como han hecho Australia, Nueva Zelandia y la República Checa?6
9. ¿Qué tipo de talentos y
recursos se requieren para los nuevos modelos de negocios televisivos?
Todas estas
preguntas se merecen un debate nacional y amplio, en que todas las posibles
respuestas deben ser escuchadas y analizadas. La experiencia extranjera es
útil, pero sólo hasta cierto punto: el país debe construir las suyas propias.
Tampoco basta la opinión ilustrada de algunos expertos, menos la del autor de
este artículo: la sociedad en su conjunto debe decidir soberanamente cuánto
mercado o regulación estatal desea, cuáles parámetros de calidad televisiva va
a exigir a los operadores o los términos en que las concesiones televisivas van
a ser otorgadas. En este debate deben participar los usuarios/ciudadanos, los
legisladores/ideólogos, los operadores actuales y posibles (canales de TV abierta
nacionales y locales, operadores de TV paga, otros interesados en concesiones
digitales), los profesionales de la industria (periodistas, realizadores), los
anunciantes y agencias de publicidad, y los centros académicos (para anticipar
los recursos humanos que será necesario formar para el futuro escenario
digital).
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1 En rigor, sólo ISDB se identifica con un
país o región determinado: Japón. Los otros dos estándares lo conforman
compañías electrónicas de todo el mundo, y, por ende, no son equivalentes a las
tres antiguas normas de televisión analógica NTSC (estadounidense), PAL
(europeo no francés) y SECAM (francés).
2 El decreto 7039 establecía que las
concesiones las otorgaba el Presidente presidente de la República. Ni
Alessandri (independiente de derecha) ni Frei Montalva (DC) quisieron otorgar
concesiones a privados.
3 Como los operadores de TV abierta tienen
derecho a emitir una señal de 525 líneas en un espacio de 6MHz de ancho, no
está claro si al cambiar a digital tienen derecho a los 6MHz (donde cabrían
cuatro o cinco señales de 525 líneas) o a emitir una sola señal de 525 líneas
(para lo cual se requiere entre un quinto o un cuarto de 6Mhz). La distinción
no es banal, porque en el futuro puede haber mucha competencia por ofrecer
servicios de banda ancha inalámbrica, lo cual podría disputarle espacio a la s
concesiones de TV.
4 Ver http:
//www.aretelbiobio.cl/
5
A inicios de 2006, VTR anunció que pretende llegar al 70% por ciento de los
hogares en 2009.
6 Estos países han aprovechado
la oportunidad que representa su bajo costo comparativo respecto a Hollywood
(pese a la competencia de Canadá o el Reino Unido) ya que ofrecen locaciones
atrayentes, estudios, capacidad de producción, equipos y talento. En otras
palabras, un sector audiovisual competente y confiable inserto en condiciones
de trabajo favorables (confiabilidad,conectividad, infraestructura y
disponibilidad de tecnología).
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