El futuro de los medios y la integración de los usuarios
Wikinomics, How Mass Collaboration Changes Everything, Don Tapscott y Anthony Williams, Penguin, 2006.
Convergence Culture, Where Old and New Media Collide, Henry Jenkinns, New York University Press, 2006.
En los tiempos de internet no hay tiempo que perder. Las oportunidades están pasando delante de nuestras narices como olas que pronto se diluyen, dejándoles mayores niveles de audiencia y fidelidad sólo a quienes supieron tomarlas y surfearlas correctamente.
Un caso modelo ha sido la editorial noruega Schifted, la excepción a la regla según The Economist en su comentado artículo sobre el futuro de los diarios. La editorial supo aprovechar el primer boom del Internet de manera que, cuando vino el reventón de la burbuja, ya habían alcanzado la rentabilidad en sus negocios del área. El resultado de este trabajo, que ha sido constante desde que se originó el negocio de la red, es que hoy en esa zona del mundo el sistema de búsquedas de Schifted (Sesam) en sus versiones en sueco y noruego supera en cantidad de visitas al omnipresente Google. En 1995 la empresa MTG los contrató como impresores del primer diario gratuito del transporte en Estocolmo. Cuatro años más tarde, y al mismo tiempo que MTG comenzó a explotar internacionalmente la fórmula, ellos lanzaron su propia versión: el diario 20 Minutos que en muchos mercados incluso supera al pionero Metro.
El resultado es que la que ya era una empresa líder en la edición de diarios tradicionales, en la zona con mayores niveles de lectoría del planeta, fortaleció más su relevancia gracias a Internet y al surgimiento de los gratuitos, situaciones que han sido asumidas como crisis por el resto de los diarios. Este desarrollo es aún más meritorio si lo comparamos con la actuación de los diarios latinoamericanos en estas áreas. Salvo algunas excepciones, la mayoría de ellos con suerte sólo pudo invertir en lo que el negocio digital permitía arrendar o vender. Más aún, ante la amenaza de los diarios gratuitos, usaron ineficientes estrategias defensivas que terminaron por coartar cualquier posibilidad de competir con la empresa sueca, una vez que ésta desembarcara en estas latitudes, varios años después de que todo el mundo de la prensa ya hablaba de la fórmula.
Es difícil recomendar libros que ayuden a moverse entre estas corrientes de cambios vertiginosos, ya que estos normalmente se editan cuando la oportunidad está próxima a desaparecer. Por eso, vale la pena revisar ahora mismo Convergence Culture de Henry Jenkinns y Wikinomics de Don Tapscott y Anthony Williams.
Por desviación profesional yo los leí buscando oportunidades a favor de los medios tradicionales. Ambos confirman, con distintas aproximaciones, que ya pasaron los tiempos en que se podía asumir a Internet como una autopista para la entrega de información al modo tradicional, es decir, como un sistema de distribución de información empaquetada para personas que pagarían por su uso. En ambos libros hay consenso de que, quienes quieren aprovechar las oportunidades, deben entender que, en los negocios de la red, la clave estará en la capacidad de fomentar la participación. Y esto porque, antes que nada, internet sólo funciona cuando es asumida como un espacio de colaboración.
En Wikinomics, Tapscott y Williams dejan claro que en Internet ya no sirve apostar los clicks de los visitantes porque en la web 2.0 la clave está en el desarrollo de comunidades, algo que se logra sólo gracias a la participación masiva de personas tratadas como pares. En agosto de este año, el Financial Times informó que la empresa de medición de audiencias digitales Nielsen NetRatings reemplazará el sistema de medición actual basado en clicks por una tecnología que privilegiará el tiempo que el visitante se queda dentro de los contenidos de un sitio. Lo anterior llevará a que el liderazgo pasó a AOL y Yahoo, que tienen visitas de 25 y 20 minutos, y que el líder en "pagesviews", Google, quede en un lejano quinto lugar.
El libro nos presenta decenas de casos exitosos de aprovechamiento de la llamada inteligencia colectiva para generar altos niveles de audiencia. Lo fundamental está en entender la creación de valor que se obtiene como resultado de dicha colaboración masiva. Cuando una persona participa en Second Life no sólo interactúa con un interfaz similar a los juegos de computación, sino también construye un espacio que es resultado de la participación esporádica de cinco millones de personas de los más diversos rincones del planeta. De hecho, la empresa que lo creó, Linden Labs, ha producido menos del 1% del contenido de lo que ahí podemos encontrar: casi todos los personajes, objetos y experiencias que ocupan ese mundo virtual son producto del trabajo de unos cuantos miles de residentes que lo han aprovechado empresarialmente, recibiendo un pago por su esfuerzo gracias a que ya existe allí una economía de más de cien millones de dólares para sus negocios. Incluso hay un grupo más pequeño de treinta mil residentes que están obteniendo un promedio de utilidades anuales de veinte mil dólares.
Desde un punto de vista económico, la clave está, primero, en aprovechar los bajos costos que tiene la creación de infraestructuras digitales que facilitan esta participación de los usuarios. Pero además, en el atractivo que genera esa colaboración crecientemente masiva de personas que co-crean mientras se deleitan en las creaciones de terceros.
Así, se nos advierte de una nueva generación que ha nacido en un mundo digital que permite que, mientras sus padres simplemente consumían medios de comunicación, ellos se relacionan con ellos como creadores de contenidos y hambrientos de participación. Una encuesta del Pew Internet and American Life Projects afirma que más de la mitad de los jóvenes norteamericanos (57%) son creadores de contenidos. Los autores apuestan que, con los años, harán que esta generación cambie los mercados de consumo y vuelva a convertir el boca a boca en la fuerza más poderosa del marketing.
El editor de Wired, Chris Anderson, habla de "la larga cola" que resulta del creciente peso que tiene en las decisiones de consumo el hecho de que los consumidores se comunican activamente unos con otros. Si la revolución industrial llevó la seda de reyes a las masas gracias a la producción en serie, esta nueva forma de aprovechar la revolución digital pondrá al alcance del que quiera los productos de nicho: ya no será necesario comprar los best seller para obtener precios bajos.
Cuando abordan el problema de los medios, Tapscott y Williams consideran que las empresas informativas de mayor reputación seguirán necesitando de grandes reporteros, escritores y editores para distribuir contenidos. Ellos afirman que "los blogs informativos tienen su ciente con agregar, calificar y comentar las noticias, pero no son capaces de realizar el reporteo diario" .
Por otra parte, Henry Jenkinns en su libro Convergence Culture está todavía más enfocado en el rol de los medios. En éste el autor no sólo alude permanentemente a las oportunidades de los medios tradicionales, sino que además postula que la verdadera convergencia está en la relación entre el poder de los productores de la industria tradicional y el poder de los consumidores de esos medios masivos, que interactúan en formas impredecibles. Este libro también analiza la inteligencia colectiva y la cultura de la participación de los usuarios, profundizando en que la importancia de éstas no tiene nada que ver con la idea de Bill Gates de encontrar un artefacto donde convergen las comunicaciones, sino que se trata de un enfoque donde el centro de atención está en el rol que tendrán la acción de los espectadores, que hará perdurar la atracción masiva de aquellos medios tradicionales que los sepan integrar.
Ambos libros cuestionan las tesis de analistas escépticos como Andrew Keen, autor de The Cult of the Amateur, que describe la realidad de YouTube o Wikipedia como resultado "del encuentro de la ignorancia, el egoísmo, el mal gusto y el control de las multitudes" .
Jenkins analiza especialmente la industria cinematográfica donde los líderes ya entendieron que los juegos digitales no son simples negocios complementarios donde colocar el logo de una película, sino formas de expandir la experiencia de storytelling. En ese sentido, el libro de Jenkins, más académico que el anterior, aprovecha una revisión de los mayores autores contemporáneos (Ithiel de Sola Pool, Pierre Lévy, George Gilder, Russell Neuman, Kevin Roberts y Michael Schudson, entre otros) para demostrar sus tesis sobre las oportunidades que la digitalización le ha entregado a las empresas que logren asumir la participación como un imperativo.
Tal vez la novedad más grande de estos libros sea la concepción del usuario. Este personaje tradicionalmente era caracterizado como una apática persona anónima y aislada, echada en un sofá comiendo papas fritas, mientras que ahora es alguien que ya no sólo ve la televisión, sino que interactúa con su programación en tiempo real gracias al PC. En otras palabras, es un espectador que participa de forma activa, ruidosa y pública como parte de alguna comunidad. De hecho un personaje clave en el mundo de Jenkin es el "fan" (aprovechando el impacto de Convergente Culture, Jenkins lanzó este año una recopilación de artículos en un libro llamado Fans, Bloggers, and Gamers: Exploring the Participatory Culture), quien, gracias a la digitalización de los últimos diez años, ha pasado desde la marginalidad a convertirse en un elemento clave del negocio.
Lo optimista del libro desde la perspectiva de los medios masivos, es que para Jenkins este cambio cultural les dar una nueva oportunidad, porque es una tendencia que sintoniza con un marketing que ya entiende que la publicidad tradicional basada en el aviso de treinta segundos de televisión es ineficiente, y que el futuro requiere establecer relaciones de largo plazo entre las marcas y sus usuarios. Jenkins hace un paralelo entre lo que los marketeros llaman usuarios leales y aquellos que el mundo de los medios llama fans. Incluso cita al mismo presidente de Coca Cola, quien, siguiendo una estrategia con este tipo de convergencia, define a la compañía no sólo como una embotelladora de refrescos sino también (y sobre todo) como una empresa de la entretención que patrocina eventos, conciertos, películas y series: "Nos movemos hacia ideas que despierten emociones y creen conexiones donde películas o canciones ya no son más simples propiedades intelectuales, son un capital emotivo" .
Esto tiene mucho que ver con una tendencia retratada en otro libro que fue reseñado en Cuadernos de Información hace seis años, The Dream Society. En 1999 me tocó oír a su autor, el también escandinavo Rolf Jensen, cuya tesis central fue resumida en esta revista con la siguiente frase: "La que se avecina ahora es una era en que no se comprarán productos o servicios por sus cualidades intrínsecas, sino más bien por las emociones, sensaciones y estilo de vida que evocan; por las "historias" que los envuelven. Por ejemplo, tanto un Rolex de diez mil dólares como un reloj de marca desconocida de veinte dólares pueden marcar la hora con precisión. ¿Por qué alguien preferiría el más caro? Porque en este caso la medición del tiempo no es lo esencial, señala Jensen, sino los sueños, el estilo de vida, la sensación de aventura al aire libre que despierta el Rolex" .
Cada vez advertimos cómo la industria publicitaria le otorga más importancia al estudio de ciertos casos de marcas con comunidades de usuarios leales como los que existen alrededor de Apple, Palm y Harley Davison. El libro cita la idea de Lovemarks de Kevin Roberts de que "cuando un consumidor quiere lo suficiente tu marca para realizar una acción, cualquier acción, es tiempo de tenerlo en cuenta, inmediatamente" .
Aunque optimista, este nuevo contexto es mucho más exigente para los medios: al frente está la imagen del adolescente con un control remoto que apunta y nos dice arrogante "Tienes tres segundos. Impresióname" . Por eso, lo más probable es que en el futuro tendremos muchos más consumidores de contenidos que quieran compartir sus productos mediales con otros, que en la ropa que usen proclamen su a ción, que "posteen" en los blogs comentarios e incluso lleguen a producir parodias que circulen masivamente por la red.
El libro de Jenkins además revisa la importancia que seguirá teniendo el género del reality en la televisión, gracias al aprovechamiento que se hace de la interactividad con su audiencia. También se analiza lo que significaron películas como Matrix, Star Wars o Harry Potter, producciones donde la creación de las historias se entiende como un proceso dinámico crecientemente abierto a la participación de los consumidores, con todo lo que eso implica en términos de los tradicionales conceptos del derecho de propiedad. Un ejemplo cercano es la chilena Francisca del Solar, hoy escritora de la editorial Random House Mondadori, que se hizo conocida como fan de Harry Potter cuando escribió un libro de más de 700 páginas llamado El ocaso de los altos Elfos y fue bajado para ser leído por más de otros cincuenta mil fans que tiene la zaga en la red.
Los medios deben entender que la cultura de la comunicación de uno a muchos tiene que ser reemplazada. Ya quedan pocos argumentos válidos para rechazar el rol de los blogs. Ya es historia el caso de 60 minutos de la CBS, uno de los más prestigiosos programas informativos de EE.UU., que tras denunciar haber encontrado pruebas de que George Bush había aprovechado influencias familiares para evadir sus responsabilidades militares, vio como un grupo de blogs conservadores demostraron casi instantáneamente que sus "pruebas" estaban tipeadas en "máquinas de escribir" , las que no se usaban cuando se suponía que habían sido escritas. La CBS primero reaccionó descartando el descubrimiento por venir de amateurs que describió como personas sentadas en sus livings escribiendo en pijamas sin los múltiples sistemas de cheques y balances que usan los medios profesionales.
Hoy, sólo un par de años después, los blogeros son vistos como parte fundamental del ecosistema informativo, como un necesario reporteo y un análisis fresco que es aprovechado por los mejores medios tradicionales para buscar ideas de artículos. Mientras algunos siguen analizando los minutos transmitidos o los centímetros publicados para estudiar los peligros de la concentración, estas tendencias convergentes ridiculizan esas preocupaciones setenteras . De hecho, Jenkins muestra que la única herramienta para asegurar la diversidad cultural en los medios, es expandir las posibilidades de participación: "El poder de la participación no pasa por destruir la cultura comercial sino por escribir en ella, modificarla, corregirla, expandirla, agregarle nueves perspectivas variadas y luego devolverla a los medios masivos" .
Eduardo Arriagada
FUNDACIÓN NUEVO PERIODISMO IBEROAMERICANO
Lo mejor del periodismo de América Latina
Fondo Económico de Cultura, México, 567 páginas
Para un lector común, esta antología de veinte reportajes latinoamericanos es una excelente compilación de historias que muestran la vida del continente. Son relatos de dolor y pasión, de fútbol argentino, guerrilla colombiana, favelas brasileras y música chilena, que poco tienen que envidiar a los que se pueden encontrar en antologías estadounidenses, como Best American Newspaper Writing y Best American Magazine Writing.
Además de la calidad de las crónicas que la componen, lo interesante de Lo mejor del periodismo de América Latina es que se trata de una antología latinoamericana hecha y derecha. El libro reúne a los trabajos más destacados del Premio Nuevo Periodismo, instaurado en 2000 por la fundación del mismo nombre, con sede en Cartagena, Colombia, y cuya creación se debe en gran parte a la iniciativa de Gabriel García Márquez, actual presidente de la institución. Durante los años pares se galardona a la prensa escrita y al fotoperiodismo y, en los años impares, a los reportajes audiovisuales y digitales. Es así como, de 1.184 postulantes, se han premiado 120 trabajos periodísticos. De éstos, veinte textos son parte de esta compilación.
El libro está prologado por el escritor Tomás Eloy Martínez (autor de Santa Evita y La novela de Perón), quien no se queda corto en halagos a los artículos elegidos. "No hay texto de este libro indigno de dos y hasta tres lecturas, porque en cada uno de ellos se reflejan las infinitas caras de América Latina", dice el argentino, que es parte del consejo de la Fundación y compartió en el jurado con otros destacados profesionales, como Alma Guillermoprieto y Ryszard Kapuscinski.
En efecto, Lo mejor del periodismo de América Latina logra ser, en algunos casos más y en otros menos, una crónica de estos tiempos, relatando las historias que han marcado los últimos diez o quince años de Latinoamérica. El peruano Gustavo Gorriti describe la oscura carrera de Vladimiro Montesinos, quien fuera jefe de inteligencia durante el gobierno de Fujimori; el mexicano Luis Villoro narra la marcha de los zapatistas hasta la capital azteca; los argentinos Daniel Riera y Juan Ayala rescatan a los veteranos de las Malvinas de su olvido; y el colombiano Juan José Hoyos Naranjo recuerda su paso por una ridículamente lujosa mansión de Pablo Escobar, cuando este último aún no era rechazado por el establishment político de su país.
Ahora, para los periodistas este libro cobra una dimensión aún más profunda. Lo mejor del periodismo de América Latina se transforma en un llamado a cubrir la realidad con la capacidad narrativa que aquí se despliega, describiendo los grandes y pequeños hechos que suceden en la sociedad, no como una simple acumulación de datos, sino como historias, con desarrollo dramático, personajes, descripciones y detalles. En este sentido, los artículos colombianos -a la sombra de las FARC, los paramilitares y el narcotráfico- logran destacar tanto en estilo como en actualidad.
Hay que tener en cuenta, eso sí, que la mayoría de los artículos no son coberturas periodísticas de los diarios de lunes a viernes. Lograr en la prensa diaria la calidad narrativa que es posible encontrar en semanarios o revistas mensuales es todavía un desafío, y siempre lo será.
En el caso de los dos textos chilenos citados, justamente se da que no fueron publicados en los diarios nacionales, sino en las revistas Rolling Stone y The Clinic. Sebastián Foncea reconstruye, para este último medio, el secuestro de un empleado de Agrosúper en manos del trabajador al que había echado horas antes. El segundo artículo nacional elegido para este libro es uno que ya acumula medallas: "La sangre de un poeta" ha ganado el Premio Periodismo de Excelencia en 2004 y el Grand Prize Lorenzo Natali, otorgado por la Unión Europea. En esta historia, Juan Cristóbal Peña recogió los testimonios de las últimas personas que vieron vivo a Víctor Jara y, paralelamente, el recuerdo de su hija, Amanda. En esta antología también se destacan dos formatos casi ausentes en la realidad chilena que bien valdría tener en cuenta. El primero es el de los perfiles, en el que este libro cuenta con un excelente ejemplo en "El invencible Bilardo", donde Pablo Gustavo Llanto da cuenta de uno de los personajes más polémicos y obsesivos del fútbol argentino, el entrenador Carlos Salvador Bilardo. Tanto en este artículo, como en el resto del libro, el formato de entrevista no aparece, lo que contrasta con la realidad chilena, donde es un recurso sobreutilizado.
El segundo formato que sí existe en este libro y que en Chile está totalmente olvidado es el del periodismo en entregas o en series de reportajes. Los temas elegidos son grandes historias que merecen una cobertura extensa: el relato sobre los niños de la calle que sobrevivieron a un ataque de la policía en Rio de Janeiro, un reportaje sobre el comercio ilegal de animales en Argentina y el seguimiento a la vida de los habitantes de las zonas de despeje militar en Colombia. Estos trabajos muestran lo importante que es seguir un hecho a través de un período extenso de tiempo y darle el espacio en el papel que se merece. Los artículos fueron publicados no en una sola edición en sus respectivos medios, sino en dos o tres números, motivando al lector a continuar la lectura, generando una discusión más profunda en la opinión pública y dando una descripción completa de estos problemas.
En un análisis global, esta antología es alentadora. En el prólogo, Tomás Eloy Martínez celebra tanto a los reportajes escogidos -ganadores y finalistas de las tres convocatorias del Premio Nuevo Periodismo- como al panorama Latinoamericano. Es sólo la punta del iceberg de un género cuya riqueza está lejos de agotarse , dice al referirse a las crónicas. Que así sea.
Juan Pablo Garnham
CAROLE M. HOWARD AND WILMA K. MATHEWS
On Deadline: Managing Media Relations
Cuarta edición, Waveland, Estados Unidos, 2006, 238 páginas.
¿Es correcto incluir un libro como On Deadline: Managing Media Relations en la bibliografía en una escuela de periodismo? Esta debería ser la primera pregunta que nos hacemos al enfrentarnos con un texto sobre el funcionamiento de los medios de comunicación, con el claro objetivo de que las empresas y organizaciones puedan posicionar de mejor forma su mensaje aprovechando las licencias que otorga la dinámica de los noticieros.
Para gerentes, directores de empresas, comunicadores institucionales o relacionadores públicos, la respuesta es obvia. Un texto que instruye acerca de las debilidades de la industria, que explica la relación que se produce entre periodistas y editores, y que aporta una serie de ideas para desarrollar una relación estable con los reporteros y alcanzar así mejores publicaciones, es de suma utilidad. Sin embargo, ¿puede afirmarse lo mismo para los periodistas?, o siendo incluso aún más purista, ¿está bien que este tipo de libros se publiquen si contribuyen -en cierta medida- a deformar la realidad que la prensa transmite?
En 238 páginas, Howard y Mathews delinean las políticas que las organizaciones deberían seguir para fortalecer su mensaje a través de los medios de comunicación y así minimizar el daño en la imagen que un conflicto podría ocasionarles frente a sus públicos de interés. El libro está separado en doce capítulos y cada uno esta dedicado a temas como manejo de crisis, creación e implementación de planes comunicacionales, entrenamiento de voceros y utilización de nuevas técnicas para monitorear los blogs en internet, tópicos que son de suma utilidad para que una organización gestione sus comunicaciones y alcance de forma más directa a sus audiencias.
Cada capítulo además incorpora el análisis de diferentes estudios de casos, lo cual permite ver la aplicación práctica que tienen los modelos teóricos propuestos. En la sección dedicada a crisis organizacionales, por ejemplo, los autores definen y proyectan los distintos tipos de escenarios que pueden afectar a una organización. Diseñan planes por tipo de empresa y entregan una serie de modelos de respuesta que debería seguir la gerencia o directorio para actuar ante los medios. Lo interesante es el nivel de detalle al que llega el libro, ya que ilustra a través de experiencias temas como la cantidad de segundos que deberían durar las frases que el vocero emplee en sus declaraciones, para que el contenido alcance los noticieros sin deformaciones. Otros detalles, como la incidencia que ocupa el factor tiempo en una crisis, también son desarrollados, indicando los horarios ideales para citar a conferencias de prensa según el tipo de medio.
Pero la mayor fortaleza del libro es la visión estratégica que le entrega a las organizaciones. Además de las tácticas anteriormente mencionadas, Howard y Mathews proponen una serie de modelos comunicacionales capaces de analizar los perfiles de los periodistas que cubren la organización. Así, ésta pueda plantearse objetivos estratégicos de trabajo en función de cada medio y lograr conciliar sus intereses con los que los periodistas imponen.
De este modo, se hace hincapié en la relevancia que tiene para todo reportero o editor estar al tanto de los mecanismos que utilizan los departamentos de comunicaciones para lograr una mayor cantidad de publicaciones. Es sumamente importante que los periodistas y con mayor razón los alumnos que están estudiando para serlo comprendan el actuar de las agencias de comunicación para que los intereses de ambas áreas logren integrarse. En la actual sociedad mediatizada, el periodismo necesita de la comunicación estratégica tanto como ésta necesita del trabajo de los reporteros para un buen periodismo, por lo que es fundamental transparentar la relación entre las áreas para el buen desarrollo de la profesión, como lo explican los autores en el capítulo dedicado a la ética comunicacional.
Daniel Halpern
Image Makers, Image Takers: The Essential Guide to Photography by Those in the Know
Anne-Celine Jaeger, 272 páginas
218 ilustraciones, 179 de ellas en color
Thames-Hudson, Londres, 2007
Una de las cosas más extrañas que ocurre con la fotografía es que parece algo muy simple. ¿Cuántos de nosotros hemos decidido tomar la cámara luego de admirar alguna foto en revistas como National Geographic, Life, Vogue, o de haber quedado impresionado con alguna exposición fotográfica? El problema está en que recién al tomar nuestras propias fotos, nos damos cuenta de que el asunto no es fácil. Y nos preguntamos cómo esos fotógrafos logran aquellas imágenes, con qué criterio las seleccionan y cómo consiguen darle un valor particular. Las respuestas suelen ser esquivas en un mundo donde predominan las imágenes y escasean las palabras.
Anne-Celine Jaeger es periodista y crítica de fotografía. Estudió en las universidades inglesas de Oxford y City. Hoy es colaboradora de publicaciones de la talla de los periódicos London Times, The Guardian, Süddeutsche Zeitung, y las revistas Wallpaper y Art Investor.
En la introducción de este libro, Jaeger presenta la crucial diferencia que hay entre tomar fotos y ser fotógrafo: Uno no toma una foto, sino que la fabrica, dijo hace más de un siglo Ansel Adams, el gran fotógrafo naturalista norteamericano. El comentario es pertinente porque, cuando a nes del siglo XIX, el fundador de Kodak, George Eastman, inventó la cámara instantánea, sencilla y fácil de transportar, la promovió bajo el siguiente slogan: "Usted oprime el botón y nosotros nos encargamos del resto". El éxito de venta fue tal que incluso hoy, en un mundo poblado de cámaras digitales y celulares, la mayoría de las personas no hace más que hacer click cuando toma una foto.
Por supuesto que ninguno de los grandes fotógrafos sólo se dedica a hacer eso cuando retrata una persona, objeto, escena o paisaje. Más importante que lo que se ve es cómo se ve. Al igual que los artistas de cualquier otro campo, el fotógrafo se expresa en las claves de su propio lenguaje -en este caso el visual-, a través de diarios, revistas, libros, Internet, volantes, afiches y paletas publicitarias. Esta visibilidad del arte fotográ co es lo que motiva a que el libro no sólo incluya las respuestas técnicas o estéticas, sino también lo que sienten y piensan los fotógrafos cuando capturan imágenes, para lo cual es necesario tomar en cuenta su intimidad personal, historia y experiencia. Del mismo modo, también se considera al espectador, explorando en aquello que siente el público cuando se encuentra ante una gran fotografía.
El libro se compone de 28 entrevistas en profundidad organizadas en cuatro ámbitos temáticos: arte, documentalismo, retrato y moda y publicidad. Veinte de ellas revelan las inspiraciones y prácticas fotográ cas: las ideas, el ánimo y la oportunidad, la persistencia, la técnica, la edición y la post producción que sustenta el trabajo de algunos de los más importantes nombres de la fotografía mundial actual. Además se incluyen cuatro entrevistas a fotógrafos emergentes no consagrados -una de cada tema.
Lo interesante es que, a diferencia de otros libros sobre fotógrafos, también se entrevista a otros profesionales destacados de la industria visual respecto a qué es lo que ven y miran cuando eligen una imagen. Así, cuatro grandes curadores, galeristas, directores de agencias fotográficas, editores y directores de medios dan a conocer sus criterios de selección y la forma en que trabajan con los fotógrafos.
Por todo esto, este libro permite tanto a profesionales como aficionados adentrarse en el mundo de la fotografía mayúscula, examinando el proceso creativo de quienes hacen la imagen y también de quienes la seleccionan, editan y exhiben. De hecho, las preguntas a cada uno de los 28 entrevistados son similares, pero no las mismas: qué ve a través de la cámara o en la tira de contacto, qué imagina, qué siente, qué busca y qué lo satisface. También se indaga sobre las experiencias personales de la infancia, la juventud y el resto de la vida que gatillaron el interés por la fotografía, sus maestros y fotógrafos admirados, y su visión sobre el actual estado de este arte.
Estas preguntas, aparentemente simples, se responden con ideas profundas y contundentes. El brasileño Sebastiao Salgado no sólo da cuenta al lector de la mecánica de su trabajo, sino que lo invita a internarse en la dignidad de los marginados del mundo y los animales en peligro de extinción. El inglés Martin Parr relata con candidez su afán por lo insólito de lo cotidiano. La norteamericana Mary Ellen Mark revela cómo busca retratar la humanidad de artistas de circo, prostitutas y niños pobres. Y lo mismo ocurre con la minimalista y brutal retratista holandesa Rineke Dijkstra o el estrafalario e irónico norteamericano David LaChapelle.
La autora lleva al lector frente al entrevistado como si fuera una conversación cara a cara, con tiempo, confianza e interés. Aunque el libro contiene iluminadores consejos sobre el misterioso proceso de la creación artística y las prácticas de la toma y edición fotográfica, no se percibe un afán ejemplificador o educador de parte de los consagrados. Una y otra vez, los entrevistados señalan que lo más importante es desarrollar el ojo, la mirada propia que cada uno tiene de personas, cosas y paisajes ya vistos tantas veces. Tal apertura y generosidad puede resultar extraña si se considera que las imágenes de estos fotógrafos, las exposiciones de estos galeristas y las publicaciones de estos editores mueven miles de dólares al año.
Image Makers, Image Takers no es una guía paso a paso para enseñar fotografía ni un catálogo de trabajos, sino una conversación inteligente, profunda, directa y franca con fabricantes de imágenes. Un libro sobre fotografía que vale mucho más de lo que cuesta, y que muestra que lograr grandes imágenes es mucho mas que un simple click.
Cristóbal Edwards
Artículo en Pdf.