auxi auxi Cuadernos de Información Nº 20 / Julio 2007 - I auxi auxi
auxi
Volver Enviar Imprimir
auxi
auxi

Obitel Chile 2006:

Tendencias en ficción televisiva

Current Trends in TV Fiction
auxi

Valerio Fuenzalida y Pablo Julio, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile. [vfuenzal@uc.cl] [pjulio@uc.cl]

Soledad Suit, María Dolores Souza, Verónica Silva y Andrea Villalobos, Consejo Nacional de Televisión. Santiago, Chile

Francesca Barbano, Celeris Ltda. Santiago, Chile.

Constanza Aguirre, Universidad del Desarrollo. Santiago, Chile. [caguirre@udd.cl]

Resumen:

Este artículo presenta los resultados del capítulo chileno del Observatorio Iberoamericano de la Ficción Televisiva (OBITEL), el cual está integrado a un estudio comparativo mayor de varios años y que es un esfuerzo conjunto de diez países de Iberoamérica. Los resultados que aquí se presentan se obtuvieron de un análisis cuantitativo, considerando variables relativas a la producción, exhibición y formato/género de programas ficcionales difundidos por la televisión abierta chilena el año 2006. Estos resultados son la base para medir y dimensionar adecuadamente el actual desarrollo de la industria nacional, así como para detectar tendencias de mediano y largo plazo que puedan ser objeto de futuros análisis o áreas de investigación.

Palabras clave: ficción televisiva Iberoamericana, televisión chilena, producción nacional.

Abstract:

This paper presents the results of the Chilean section of the Iberoamerican Observatory of Television Fiction (OBITEL), which is part of a major compa­rative study along the years carried out as a join work of ten Iberoamerican countries. The results shown in this paper were obtained from a quantitative study of broadcasted hours considering variables of production, exhibition and format/genre of ction programmes on the Chilean television in 2006. Those results are the base for an adecuate measurement of the actual stage of development of the industry and for detecting mid/long-term trends that can be object of future analysis or research areas.

Keywords: Iberoamerican TV fiction, Chilean TV, domestic production.

         Actualmente la ficción exhibida por TV es un área de creciente participación en el tiempo de pan­talla. Esta tendencia de la industria, de carácter glo­bal, se ha dado con mucha fuerza en América Latina, al punto que las producciones audiovisuales regiona­les se han constituido en una importante área de desa­rrollo. De hecho, la ficción local no sólo es el material televisivo de mayor circulación interna dentro del con­tinente, sino que además la región se ha convertido en un importante exportador de este particular tipo de producciones hacia Europa, Asia, y Estados Unidos, si­tuación que es diametralmente diferente a lo que acon­tecía en las décadas de los 60, 70 y 80.

En febrero de 2005 nace el Observatorio Iberoame­ricano de la Ficción Televisiva (OBITEL) con el objetivo de estudiar la emisión, producción, y circulación de fic­ción en la televisión abierta de Iberoamérica, incluyendo los hispano parlantes en Estados Unidos[1]. El Observato­rio no sólo favorece el desarrollo de la industria audiovi­sual a través de la generación de información, sino que además intenta constituirse como una plataforma de co­laboración entre la industria, los organismos de fomen­to, la producción independiente y la academia.

En las siguientes páginas se exponen los resultados de OBITEL respecto de Chile para el año 2006. El traba­jo ha contado con el respaldo del Instituto de Estudios Mediales de la Facultad de Comunicaciones de la Ponti­ficia Universidad Católica de Chile y la importante cola­boración de Time-Ibope.

CONTEXTO AUDIOVISUAL CHILENO

Historia y desarrollo: La televisión chilena consti­tuye un caso especial, debido a su origen tardío y a su operación por parte de las universidades y el Esta­do durante un largo período de tiempo. Su nacimien­to, que se remonta a octubre de 1957, fue producto de las investigaciones de los departamentos de ingenie­ría de las universidades.  De hecho en agosto de 1959, las universidades Católica de Valparaíso y Católica de Chile comenzaron sus transmisiones regulares, algu­nos años más tarde que la mayoría de los países de América Latina.

Este desarrollo tardío se debió a restricciones para su introducción y a la subvaloración del entonces Pre­sidente de la República, Jorge Alessandri (1958-1964). Existía también desconfianza política por parte del centro y de la izquierda hacia una TV comercial-priva­da, la cual se calculaba sería operada por empresarios de derecha, precisamente en una época de descenso de esa ala política. Tampoco convencía una TV guberna­mental, operada por el Gobierno de turno, por su po­tencial sesgo propagandístico. En ese contexto, hubo consenso en permitir la expansión de las transmisio­nes experimentales a las principales universidades, quienes gozaban de alto prestigio social y aparecían como un espacio más autónomo de pluralismo político y cultural. Las universidades Católica de Valparaíso, Católica de Chile y la Universidad de Chile fueron las únicas autorizadas para operar el nuevo medio. Como los recursos económicos eran insuficientes para sol­ventar los altos costos, se recurrió a la publicidad co­mercial, hecho que generó una particular mezcla entre una televisión financiada de modo sustantivo con pu­blicidad, pero sin fines de lucro, y con un cierto carác­ter de servicio público.

Durante el período inicial, existía un escaso parque de receptores y los canales emitían una precaria oferta programática. El Mundial de fútbol de 1962, efectuado en Chile, expandió la cantidad de televisores en el país y renovó la tecnología de emisión. Eduardo Frei Mon­talva (1964-1970), sucesor del presidente Alessandri, ayudó al desarrollo del medio: estimuló la fabricación nacional de televisores y en 1969 creó el canal estatal Televisión Nacional de Chile (TVN), cuya transmisión se planificó desde su inicio con cobertura para todo el país. En 1970 se promulgó la primera ley para regular la televisión que refrendó la existencia de los tres cana­les universitarios y de TVN, todos con fines de servicio público y autorización para transmitir reguladamente publicidad. Ese mismo año también se crea el Consejo Nacional de Televisión (CNTV).

Desde el golpe militar de 1973 y hasta 1990, Chile fue gobernado por un régimen político dictatorial bajo el mando del general Augusto Pinochet. En este período toda la televisión chilena fue intervenida por las auto­ridades políticas, en especial el canal estatal TVN, que fue convertido en un canal de propaganda. Como bajo el régimen militar Chile acentuó una economía de libre mercado, el nuevo sistema eliminó los aportes de fon­dos estatales a los canales de TV y obligó a las estacio­nes a reforzar el financiamiento publicitario. De hecho, en 1977 se eliminaron las restricciones a la exhibición de publicidad, lo que, junto al costo de la introducción de la televisión a color en 1978, aumentó aún más la competencia por financiamiento comercial. Cuando termina la década, en 1980, TVN y Canal 13 de la Pon­tificia Universidad Católica concentran casi la totali­dad de la audiencia y de los ingresos publicitarios. La diferencia era que, mientras TVN se encontraba con se­rios problemas de credibilidad y financiamiento (sólo se sostenía por el intenso apoyo del gobierno y algunos sectores del empresariado), Canal 13 lograba ser líder en sintonía y utilidades. 

La década de los 90 inaugura el retorno a la demo­cracia chilena y marca un giro radical en la industria televisiva. Al finalizar la dictadura, en 1989, se autori­zaron las concesiones de TV a privados, que ya estaban establecidas en la constitución de 1980, pero que no se habían hecho efectivas. Para TVN ésta también fue una década clave, ya que debió reformarse para salir de la crisis económica producida por la pésima gestión que tuvo bajo la dictadura y recuperar su credibilidad per­dida por la propaganda. En 1992 se promulgó una nue­va ley para TVN y para el CNTV: el canal fue reformado como una televisión pública del Estado, con autonomía política y con el mandato de autofinanciarse para hacer efectiva dicha autonomía.

Aunque al inicio de la década de los 90 Canal 13 y TVN seguían liderando la televisión abierta chilena -el canal de la Universidad de Chile siempre estuvo relega­do al tercer lugar, con baja sintonía-, en 1990 apareció Megavisión, el primer canal privado del país, que ingre­sa a la industria bajo el alero del grupo Claro. Un año más tarde, en 1991, se suma el segundo canal privado, La Red (hoy Red TV). En 1995 se crea el canal juvenil Rock & Pop (luego desaparecido y cuya frecuencia hoy ocupa Telecanal). En esa década también se privatizó el canal de la Universidad de Chile, vendido al grupo ve­nezolano Cisneros y rebautizado como Chilevisión. Cis­neros posteriormente vende Chilevisión al empresario y político chileno Sebastián Piñera, quien sigue siendo su dueño en la actualidad. Se creó también el primer canal en banda UHF, canal 22, el cual ha cambiado varias ve­ces de dueño y de nombre.  El resto de la banda UHF está prácticamente sin uso.

La década de los 90 también fue la que introdujo métodos de medición más exactos en la industria tele­visiva. Hasta 1990, los estudios cuantitativos de rating eran muy precarios y se realizaban con la técnica recor­datoria del cuadernillo. La mayor competencia en TV presionó por una medición electrónica en los hogares, la cual se introdujo en Chile en 1992 con la técnica del people meter. La muestra tiene actualmente 600 hogares en Santiago y en las ciudades de Antofagasta, Valparaí­so, Viña del Mar, Concepción, Talcahuano, y Temuco. Se excluye al grupo socio económico E, de extrema po­breza.  Ahora bien, aunque Chile es uno de los pocos países del mundo que cuenta con el people meter online, este sistema fue desechado por Canal 13 en 2004 y pos­teriormente también por TVN.

Actualmente los canales privados disputan la sinto­nía a Canal 13 y TVN, los tradicionales canales predomi­nantes. Sin embargo, ésta no es una tarea fácil, pues a pesar de que el año 2004 Mega alcanzó el primer lugar de la sintonía promedio anual (y el año 2006 el segundo puesto, con TVN en primer lugar) los canales privados tienen bajos ingresos publicitarios aunque menos cos­tos también en comparación con los canales tradicio­nales, en parte por su dificultad en conquistar audiencia en los estratos medios y altos[2].

Situación actual: El sistema de televisión abierta está constituido por siete canales: TVN (canal público), dos canales universitarios (TV UC, de gran tamaño, y UCV, de sede en Valparaíso y con poca sintonía) y cua­tro canales privados: Mega y Chilevisión, de tamaño creciente y propiedad de dos grandes empresarios na­cionales, y dos canales privados más pequeños (Red TV, del empresario mexicano Ángel González, y Tele­canal, originalmente sólo de alcance en Santiago).  La penetración de la televisión abierta alcanza práctica­mente al total de los hogares chilenos: en promedio 2,1 televisores por hogar, con un consumo estimado de 3 horas 31 minutos diarios.

Respecto a los ingresos, la publicidad comercial aportó al sistema televisivo chileno 402 millones de dólares en el año 2006, concentrando el 48,1% del to­tal invertido en medios, mientras que sólo invirtió un 2% en el sistema de TV cable (de acuerdo a la Asocia­ción Chilena de Agencia de Publicidad, ACHAP). Ahora bien, según la empresa Megatime, el 27% de aquella in­versión publicitaria se efectúa a través de publicidad no tradicional (placement, menciones, etc.).

Respecto a la televisión de pago, actualmente exis­ten en chile 27 prestadores de servicio. Este escenario es relativamente nuevo, ya que hasta el 2004, VTR y Me­trópolis Intercom sumaban más del 90% del mercado.

Si bien el cable se introduce en Chile en 1987 con la empresa Intercom, su expansión comenzó sólo con la llegada del grupo argentino Metrópolis, en la década de los noventa. A finales de 2004 Metropolis y VTR se fu­sionaron, lo que significó que el mercado de la televisión por cable estuviera prácticamente en manos de un úni­co operador (VTR GlobalCOM S.A, que pertenece en un 80% a Liberty Global Inc. y en un 20% al grupo Claro, los mismos dueños de Megavisión), hasta la irrupción de Telefónica con una agresiva campaña por obtener abona­dos. Ambas empresas han evolucionado para ofrecer el triple servicio de cable, telefonía e Internet.

Actualmente la penetración del cable alcanza a un 35% de hogares, con unos 800.000 clientes abonados a VTR y unos 130.000 abonados a Telefónica (2007), y predomina en los estratos altos de la población. La te­levisión por cable en conjunto mantiene un encendido promedio anual de alrededor del 7% (2006).

Por otra parte, en 1997 se suma otro actor a la tele­visión de pago con la llegada de la televisión satelital a través de Direct TV, que más tarde se unifica con la compañía Sky.  Direct TV (propiedad de News Corpora­tion de Rupert Murdoch) controla el 70% del mercado satelital, el cual en 2005 totalizaba 90 mil abonados. El año 2003 apareció ZAP TV, operador chileno de TV sa­telital, el cual es vendido en 2007 al grupo mexicano Telmex, de Carlos Slim, con el objeto de ofrecer telefo­nía, banda ancha y televisión (hasta la fecha 2007 este operador ha logrado 40 mil abonados, lo que representa un 3% del mercado de pago). Posteriormen­te Telefónica introduce su oferta de TV digital, logran­do alrededor del 14%. A pesar de los diversos actores y la adopción de nuevas tecnologías, en el total de la TV de pago, el cable todavía representa el 90% de la pene­tración y la TV satelital el restante 10%.

Producción ficcional:  Al ser Chile un mercado televi­sivo pequeño, la producción ficcional para TV se ha de­sarrollado lentamente y con retraso en relación a otros países. Inicialmente algunos canales universitarios ex­hibieron piezas teatrales adaptadas para la TV, debido a su vinculación a las Universidades de Chile y Católi­ca, quienes tenían importantes escuelas y compañías de teatro. Y aunque hubo algunos ensayos esporádicos por producir telenovelas y series, sólo desde 1981 en ade­lante Canal 13 y TVN crean áreas dramáticas como uni­dades especializadas para producir de modo constante telenovelas y series. De este modo, la telenovela chile­na por un lado recoge la influencia de la radionovela y del teatro popular a través del libretista y actor Arturo Moya Grau, y por otro se desarrolla vinculada al Teatro Universitario. De hecho, Sonia Fuchs, creadora del Área Dramática de TVN, provino de la Escuela de Artes de la Comunicación de la UC.  Por ello, en Chile tradicional­mente se ha preferido la presencia de actores formados en las escuelas universitarias de Teatro, a diferencia de otros países productores de telenovelas, donde actúan más bien modelos y cantantes.

Para la creación de las áreas dramáticas, TVN y Ca­nal 13 buscaron la asesoría de Brasil: destacados di­rectores brasileños vinieron a trabajar a los canales chilenos y dieron entrenamiento. Herval Rossano, por ejemplo, estuvo en Canal 13 y en TVN (donde dirigió La Gran Mentira, en 1982, y El Juego de la Vida, en 1983); por algunos años se adaptaron guiones de telenovelas brasileñas exitosas y también se trajo al guionista Lau­ro César Muniz para dirigir seminarios de capacitación en TVN.

Ahora bien, tanto las influencias del teatro universi­tario como la asesoría brasileña en la realización, con­tribuyeron a que la telenovela chilena fuese un producto que casi de inmediato tuvo un nivel de calidad alto, sal­tándose etapas de autoaprendizaje experimental.

Sin embargo, a partir de la década de los 90, comien­zan a introducirse en Chile nuevos géneros ficcionales, como el docudrama (Mea Culpa) y las series (Historias de Sussy), cuyo éxito amplió las posibilidades de de­sarrollo tanto para las áreas dramáticas de los canales como para las productoras independientes. De hecho, un caso interesante es el de Megavisión. Este canal pri­vado en un principio intentó competir con producción de telenovelas nacionales, pero su falta de experiencia le trajo inicialmente malos resultados de audiencia y de crí­tica. Sin embargo, el aprendizaje de estos últimos años sumado a su asociación con la productora independiente Roos Film, especializada en ficción, ha hecho que el canal actualmente produzca varias adaptaciones de gran éxi­to, como Montecristo y Matrimonio con Hijos. También el canal privado Chilevisión ha emprendido un esfuerzo por fortalecer su producción propia de ficción televisiva en asociación con productoras independientes.

Por todos estos motivos, hoy existe un constante in­cremento de la producción local, que actualmente alcan­za como promedio el 66% de la parrilla programática. (TVN ostenta el record nacional con 85% de su panta­lla). Estos porcentajes son significativos ya que Chile históricamente ofrecía programación ficcional de ori­gen norteamericano y latinoamericano[3].  Además, en los años recientes se comienza a expandir la producción en animación para TV y hay una incipiente venta de forma­tos al extranjero. También en los últimos años ha crecido la producción independiente (actualmente un 10% de la producción nacional proviene de productoras externas a los canales) y se han instalado sucursales de compa­ñías internacionales, como Endemol y Promofilm.

LA FICCIÓN EN LA PROGRAMACIÓN NACIONAL[4]

El objeto de estas tablas es visualizar la presencia de la cción realizada especialmente para la TV y del cine en relación al resto de la programación televisiva[5].

El promedio semanal de emisión arroja un total de 1.060,47 horas. De ese total, la oferta de ficción de cine y TV no alcanza a un tercio del total: 27,4%.

En relación a la oferta de ficción aparecen algunas tendencias. Primero, se constata que la oferta de ficción realizada especialmente para TV casi triplica (20,4%) a la oferta de cine (7,0%).

En segundo lugar, la oferta de cine se exhibe espe­cializadamente en dos canales -La Red y Telecanal- con dos tercios (66,9%) del total de horas exhibidas. La Tabla 2 señala que esos mismos dos canales no ex­hiben ficción televisiva chilena, por lo que la exhibición de cine y de ficción latinoamericana importada se ma­nifiesta como una estrategia de programación ante esta carencia  y como una alternativa en TV abierta ante el cine, que ha emigrado a la TV pagada.

Esta tabla se focaliza en la ficción elaborada espe­cialmente para la TV, excluyendo al cine de salas (y lue­go exhibido por TV) y permitiendo advertir el origen de la ficción televisiva según el país productor. Así, apare­cen tres tendencias: primero, en la exhibición de ficción para TV medida en horas de emisión predomina la ficción latinoamericana importada (41,9%), seguida de la ficción chilena (27,4%) y luego la norteamericana (26,9%). De este modo, el total de la emisión de ficción televisiva de origen latinoamericano (nacional junto con otros países latinoamericanos) alcanza un 69,3%, lo que corresponde a un universo ficcional sustantiva­mente inverso, en términos de producción, de lo que su­cede con la exhibición de cine en salas.

En segundo lugar, los mismos dos canales previa­mente mencionados, al no exhibir ficción chilena, con­centran la emisión de ficción latinoamericana (52,4%) y norteamericana  (59,5%).

En tercer lugar, la ficción chilena se exhibe prepon­derantemente en tres canales: TVN, Mega y TV UC. De las 59,12 horas de ficción nacional exhibidas por todos los canales chilenos, TVN exhibe  el 37,6%, Mega ex­hibe el 29,9% y TV UC el 25,6%.  Es posible advertir, además, que TVN no exhibe ficción latinoamericana ni europea: de hecho, de las 25,52 horas de programación semanal de ficción televisiva que ofrece, 22,24 horas son chilenas (87,1%).

En la Tabla T3, que permite advertir los horarios de exhibición de la ficción[6], aparecen dos tendencias cla­ras: el 60,1% de la cción televisiva es emitida en el ho­rario de la tarde, y, enseguida, el horario prime ofrece un 24,7% (por las mañanas prácticamente no se exhibe, siendo de 2,8%).

En segundo lugar, al analizar los bloques horarios de tarde y prime con la procedencia de la ficción, apa­recen dos diseños de programación: las 71,40 horas de ficción latinoamericana junto con las 32,08 horas de fic­ción norteamericana representan el 80,5% de la emi­sión ficcional de las tardes, frente a sólo un 17,1% de ficción nacional (22,1 horas, las cuales son generalmen­te repeticiones de telenovelas ya estrenadas en tempo­radas anteriores).  Es así que la ficción nacional se ha desplazado al horario prime y es emisión de estreno: las 25,46 horas de ficción nacional representan el 47,9% de la emisión ficcional en horario prime (53,18 horas), se­guida de la ficción latinoamericana con un 26,5% y lue­go la norteamericana con 21,0%.

En la Tabla T4, las tendencias sólo aparecen desta­cables con apoyo de las anteriores. El análisis por ca­nal indica que UCV apenas exhibe ficción (2,0%) y que  prácticamente todos los canales no lo hacen por las ma­ñanas: esto señala que en Chile el day time tiene fuertes diferencias entre mañana y tarde. Además, los canales que más exhiben ficción (Mega, Telecanal y La Red) tie­nen una programación con mayor presencia de ficción latinoamericana y norteamericana (tabla 2) y la ficción extranjera ha emigrado hacia horarios de la tarde, en donde prima (tabla 3). Mega tiene programación ficcio­nal extranjera por las tardes, pero su producción nacio­nal se exhibe en el prime.

PRODUCCIÓN FICCIONAL DE ESTRENO

Estas tablas muestran el total anual del año 2006 de pro­ducción ficcional de estreno, usando como base tres in­dicadores: horas, títulos exhibidos y episodios.

Las anteriores semanas de muestra revelaron que la ficción televisiva norteamericana, sumando estrenos y repeticiones, tenía una participación cercana al 27%, muy concentrada en dos canales, y que, salvo casos ais­lados, el resto tenía su origen en países iberoamerica­nos. Al concentrar la mirada en el ámbito de OBITEL, específicamente en la ficción de estreno, se aprecia que la participación ibérica es marginal, ya que la ficción te­levisiva de estreno que se exhibe en Chile es fundamen­talmente latinoamericana.

Según los tres indicadores (títulos, episodios/capí­tulos y horas) el peso de la ficción de estreno de produc­ción chilena y latinoamericana es más del 90%. Según el indicador títulos, los 29 títulos de estreno chileno su­peran a los 23 extranjeros, de los cuales 19 son lati­noamericanos. Pero el indicador horas muestra que la producción latinoamericana excluida la chilena re­presenta el 60,4% de las horas emitidas, ya que (según la Tabla 6) 22 de esos títulos son telenovelas con gran número de capítulos (2,238 versus 1,392 chilenos) y de larga prolongación en el tiempo. Los otros formatos de ficción televisiva son prácticamente monopolizados por la producción nacional.

Después de la producción nacional, y muy cerca en ho­ras, México es el gran proveedor de ficción televisiva de estreno en las pantallas chilenas. Específicamente, el de telenovelas exhibidas por las tardes. Bastante más atrás aparece Brasil, que hace algunos años sólo pro­veía a un canal, junto a dos actores relativamente nue­vos en Chile: Colombia y los Estados Unidos hispanos. Todos ellos han desplazado a Argentina y Venezuela, dos países que en los años 70 y 80 tuvieron una gran presencia.

Las tablas 3 y 4 confirman lo que las tablas de exhi­bición de las semanas de muestra ya habían anticipado: la cantidad de ficción televisiva exhibida por las maña­nas es irrelevante -en el trasnoche la ficción norteame­ricana algo aporta- y la ficción nacional es exhibida de modo preponderante en el horario prime. De hecho, la ficción televisiva latinoamericana en el prime se concen­tra precisamente en los canales que no producen ficción propia. Sin embargo, en horarios postmeridianos hay un holgado dominio de la telenovela iberoamericana.

Los 19 títulos de estreno ficcional muestran la cre­ciente producción en formatos diferentes al tradicional de telenovela. Entre ellos destacan 11 títulos en el forma­to de serie, 3 ciclos de TV Movies, y 5 series en el forma­to de docudrama. Sin embargo, los 10 títulos en formato telenovela representan el 54,0% de los episodios/capí­tulos emitidos, y el 53,0% de las horas de exhibición. Esto se debe, en parte, a que la irrupción de formatos de producción nacional distintos a la telenovela es un fenó­meno reciente en Chile. De hecho, como tendencia sólo comenzó en los noventa con los primeros docudramas. Lo interesante es que, con la llegada de esta década, no sólo se han incorporado nuevos canales a la producción de telenovelas, sino que además se ha desarrollado aún más la producción de formatos diferentes, como las se­ries y TV movies.

La Tabla 6 es inversa a la anterior: con 22 de 23 títu­los, predomina la telenovela, la cual aparece como el for­mato iberoamericano de mayor presencia en la pantalla chilena. El 98,3% de horas concentradas en telenovelas con rma que es el único formato de la cción iberoame­ricana que ha penetrado en las pantallas chilenas. Los demás son marginales: sólo aparece un título en el for­mato serie.

En la Tabla 7 se asigna un título a la franja horaria en que se haya exhibido mayoritariamente. Es elocuente que, en todos los formatos, el horario prime se privilegia para exhibir un título de estreno: 23 de los 29 se han ex­hibido en prime time. Ahora, si en vez se asignar un títu­lo a una franja, se contabiliza el indicador de episodios emitidos a distintos horarios, se concluye que las series se exhibieron en un 1% en las mañanas, un  51% en las tardes y en un 48% en prime; las telenovelas en un 11% en la tarde, un 84% en el prime y un 4% en el trasnoche. Los géneros de TV movies y docudramas se exhiben to­dos en prime.

Aunque las duraciones entre 30 y 60 minutos son mayoritarias, existen diferencias entre los formatos, como por ejemplo, que las telenovelas tienden a tener capítulos más largos que las series.

La distinción por género masculino y femenino[7] se hace sólo en los programas con protagonismo adulto, ya que los protagonismos infantil y juvenil tienden a ser corales (por lo que son contabilizados como tales). Sin embargo, aún así el predominio de los protagonismos corales es notorio, reflejando una tendencia que se ha venido acentuando en los últimos años y que refleja una evolución de los formatos de las telenovelas: ahora lo que se busca es atraer a públicos múltiples y dar flexi­bilidad a las narraciones, para que así éstas se adapten durante su exhibición a la respuesta de las audiencias.

El 100% de obras situadas en el presente no es acci­dental. Las obras de época situadas en el pasado son es­casas en la historia de la televisión chilena.

A diferencia de lo que ocurre con la ubicación tem­poral, ha habido intentos explícitos de mostrar, espe­cialmente en las telenovelas, contextos territoriales distintos a Santiago. Aún así, es claro que, salvo esos intentos, el escenario neutro es Santiago, ciudad que no sólo es la capital política y económica, sino también donde vive la mayor parte del público, se concentran las mediciones de audiencia y se emplaza la industria au­diovisual chilena

Aunque en esta clasificación se admitía que un títu­lo fuese clasificado en más de una categoría, el dominio de Familiar, Amor, Amistad no tiene contrapeso. Está presente en el 100% de los títulos. A medida que se vaya ampliando y madurando la producción de formatos dis­tintos a la telenovela, es esperable que otras categorías adquieran un peso significativo, como ocurre por ejem­plo en la producción de series norteamericanas.

LO DESTACABLE DEL AÑO 2006

Producción/emisión: En el año 2006 se exhibieron 29 tí­tulos ficcionales de estreno de producción nacional. De estos, un tercio son estrenos de nuevos episodios de tí­tulos ya exhibidos en años anteriores y dos tercios son títulos nuevos.

Cuantitativamente, en relación a exhibición de fic­ción televisiva, aparecen tres tendencias: primero, para TV medida con el indicador horas de emisión predo­mina la ficción latinoamericana importada (41,9%), se­guida de la ficción producida en Chile (27,4%), y luego la norteamericana (26,9%). En segundo lugar, el total de la emisión de ficción televisiva de origen (nacional junto con otros países latinoamericanos) alcanza un 69,3%. Este porcentaje sube a más del 90% si se considera so­lamente la emisión ficcional de estreno. En tercer lugar y sobre ese fondo cuantitativo, la ficción chilena presen­ta dos características: es mayoritaria en títulos de estre­no y se emite en el horario prime time de las parrillas (20:00-24:00) de lunes a viernes. La ficción de origen iberoamericano se exhibe preponderantemente en ho­rarios posmeridianos.

Aceptación del público: En el ranking general de au­diencia a los títulos ficcionales exhibidos en el 2006, sólo en el lugar 14 aparece una telenovela mexicana emitida en horario postmeridiano (La esposa virgen); los demás títulos son chilenos, de los cuales los diez tí­tulos nacionales de estreno con mayor rating se progra­maron en prime time. Ahora bien, el prime time chileno va de 20:00 a 24:00 horas, pero está dividido por los noticiarios centrales a las 21.00 horas. Las telenovelas nacionales se han programado habitualmente de 20.00 a 21:00 horas. Generalmente la TV chilena programa­ba estelares y ficción extranjera en el horario postnoti­ciarios, un horario altamente valorado comercialmente y por su audiencia potencial. En la temporada 2006, 6 de los títulos de ficción nacional de entre los 10 de ma­yor sintonía fueron programadas en el prime de 22 y 23 horas.

Canales emisores: La muestra promedio semanal de exhibición de ficción chilena, señala que TVN exhibe el 37,6%, Mega el 29,9%, y Canal 13 un 25,6%. En el año 2006, Mega se ubicó en el segundo lugar de audiencia anual promedio detrás de TVN, posición que sin duda fue ayudada por la emisión de sus títulos ficcionales. Ahora bien, si se restringe el análisis a la ficción nacio­nal de estreno, aparecen otros ángulos y otros canales emisores. TVN emitió 5 de los 10 programas de ficción nacional de estreno con mayor rating promedio (las te­lenovelas Cómplices, Floribella y Disparejas, la serie de TV movies unitarios El Día menos pensado, y el docu­drama Mea Culpa). Luego está Chilevisión con tres pro­gramas ficcionales entre los de mayor sintonía (la serie de TV movies unitarios Mujeres que matan, y los docu­dramas Pecados capitales e Historias de Eva). En tercer lugar aparece Canal 13 con dos de los diez ficcionales de mayor sintonía (la telenovela Gatas y Tuercas, junto a la serie policial Huaiquiman y Tolosa).

Afianzamiento de nuevos canales como productores y emi­sores de ficción: Este año se consolidaron Mega y CHV con buena crítica y buenos niveles de audiencia, haciéndole el peso a Canal 13 y TVN, los líderes históricos. Mega se po­siciona como emisor exitoso de ficción adaptada, primero con la exitosa adaptación de la telenovela argentina Mon­tecristo (lugar 13 entre las 29 producciones ccionales de estreno), y luego con el éxito que ha tenido la adaptación de la serie norteamericana Casado con Hijos, muy bien adecuada a la idiosincrasia chilena, lugar 16 en el ranking de los 29 títulos de estreno[8].  Desde el punto de vista de los contenidos, la sitcom Casado con Hijos representa una ficción de comedia irónica, inversa a la tradicional come­dia blanca Los Venegas de TVN (lugar 24 en el ranking de los 29 de estreno). CHV por su parte, tras incursionar con bastante éxito en otros géneros de ficción, como los docu­dramas, acaba de lanzar su primera telenovela producida internamente Vivir con 10.

Incorporación de productoras independientes de ficción: Dado la tendencia a externalizar la producción, hay una creciente participación de las productoras independien­tes como proveedoras de ficción. La ficha de los 10 pri­meros programas ficcionales con mayor rating muestra que 6 fueron producción interna de los canales (4 tele­novelas producidas por los canales grandes TVN y Ca­nal 13, una serie de TV movies unitarios producida por el canal Chilevisión, y una serie policial producida por Canal 13). Los otros 4 programas fueron series de TV movies unitarios y docudramas producidos por produc­toras independientes (Geoimagen, Nuevo Espacio, Lor­ca y Asociados). Destaca también la productora Roos Film, que, en asociación con Mega, logró adaptaciones exitosas de la telenovela Montecristo y de las sitcoms Casado con Hijos y La Nanny.

Diversificación en los formatos de ficción nacional: De los 23 títulos de estreno de origen iberoamericano 22 son telenovelas. Tal concentración contrasta con el he­cho de que la telenovela ya no es el único formato exi­toso de ficción producido por la TV chilena: de los 29 títulos nacionales de estreno en el 2006, sólo 10 fueron telenovelas. De hecho, cada vez son más frecuentes los formatos de serie, ciclos de TV movies, y docudramas, los que a su vez se han estabilizado con varias tem­poradas en la parrilla (como el docudrama Mea Cul­pa por ejemplo) y han consolidado su audiencia con el tiempo. En la temporada 2006, entre las diez mayores sintonías de ficción nacional hubo sólo cuatro teleno­velas: los otros seis títulos corresponden a tres docu­dramas, dos series de TV movies unitarios y una serie policial.

La diversificación en géneros tiene importantes im­plicancias en relación con las temáticas representadas: la telenovela chilena de las 20:00 horas ha evoluciona­do hacia una temática que intenta incluir a la variada au­diencia familiar de ese horario, además de adoptar un tono menos melodramático y más de comedia, despla­zando hacia el horario postmeridiano la emisión de te­lenovelas más tradicionales. Los nuevos géneros en el horarios prime de las 22:00 horas en adelante (series, TV movies unitarios, docudramas y telenovelas para adul­tos) representan ficcionalmente temáticas más duras y dramático-realistas (muy a menudo inspiradas en he­chos de la vida real) e incluso a veces casos límites, es­pecialmente en el formato de docudrama.

Ahora bien, mientras la TV más tradicional separaba la ficción de los reportajes periodísticos acerca de acon­tecimientos factuales, los nuevos géneros televisivos a menudo narran ficcionalmente hechos sociales dramá­ticos. En otras palabras, hay una innovación narrativa que hibridiza la ficción con algunos aspectos de la reali­dad social, y cuyo mayor realismo lleva a que estos géne­ros sean programados en el prime time para adultos, de las 22.00 horas en adelante.

Estrategia de los canales más pequeños:  Aunque UCV TV es el canal que exhibe menos ficción, Canal 2 y Red TV no sólo tienen una escasa programación ficcional propia, sino que además es escasa la producción nacio­nal en todo género, particularmente en el caso de Canal 2. Su estrategia de programar principalmente películas y series norteamericanas (y ficción televisiva extranje­ra) busca compensar la escasa programación nacional, incluida la producción ficcional doméstica. En ambos casos, son canales vinculados a la red latinoamerica­na del empresario Ángel González, cuya estrategia no es producir ficción nacional en cada país, sino comprar programas ficcionales internacionales de bajo costo (in­cluyendo exitosas programas exhibidos años atrás y que se han convertido en clásicos) que puedan ser emitidos.  Esta estrategia puede ser interpretada de diversa mane­ra. Desde el punto de vista de la producción/emisión, estos canales no contribuyen a la producción ficcional chilena. Pero desde el punto de vista de la audiencia, ellos están programando material ficcional que se ofre­ce más bien en el cable (al cual no tiene acceso el 65% de los hogares chilenos), además de ofrecer material anti­guo que ha llegado a ser clásico.  De hecho, al cumplirse medio siglo de la introducción masiva de la televisión, aparece un espacio en la pantalla chilena para canales del recuerdo, como TCM  en el cable.

CONCLUSIÓN

El análisis de los datos cuantitativos presentados pre­viamente, junto con las tendencias observadas permite concluir que existe, tanto en la pantalla de la televisión chilena como en el interés de la audiencia, un gran es­pacio para seguir produciendo y exhibiendo ficción na­cional. Incluso algunos datos del consumo comparado por parte de la audiencia, permiten afirmar que hay una mayor demanda por ficción televisiva nacional respecto de la oferta disponible.

De estos datos emergen dos hipótesis:  la primera es que la diferencia entre canales grandes y chicos no es sólo por rating sino por la capacidad de producir ficción nacional. Es así que los canales que van alcanzando los primeros lugares son aquellos que emiten ficción chi­lena. Sin embargo, en el grupo de los canales más pe­queños, donde compiten La Red, Telecanal, y UCV TV, aparecen dos estrategias polares: UCV TV casi no trans­mite ficción, mientras los otros dos son los que más emi­ten ficción extranjera. Será interesante ver la evolución histórica de estas estrategias sobre el fondo de una au­diencia interesada en la ficción nacional.

La segunda hipótesis es que la producción de ficción televisiva está constituyendo la locomotora de la indus­tria cultural nacional; no sólo por la ficción producida para ser puesta en pantalla, sino además porque, des­de un punto de vista económico, hay un enorme tras­paso de dinero hacia los profesionales involucrados en la producción ficcional (actores, escenógrafos, guionis­tas, productoras independientes, etc.). Este traspaso de la TV al área de las industrias culturales está pendiente para ser cuantificado.

  


[1] OBITEL está constituido por una red de investigadores adscritos a las universidades e instituciones afiliadas al proyecto, y que en conjunto corresponden a los siguientes diez países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, EE.UU., México, Perú (incorporado este año 2007), Portugal y Venezuela.

[2] En el año 2006, los ingresos publicitarios de los canales se desagregaban porcentualmente de la siguiente manera: 32,0 TVN; 31,6 Canal 13; 15,5 CHV; 15,2 Mega; 5,7 RED TV.

[3] Como comparación, entre 1966-1975 la TV chilena en conjunto exhibía un 56,3% de horas con programas provenientes de EE.UU.; en 1982, TVN exhibía un 59,5% de material de esa misma procedencia.

[4] Muestra de dos semanas: promedio Semanas 17-23/04/2006 y 6-12/11/2006.

[5] Por primera vez los siete canales abiertos que transmiten en Santiago están todos incorporados a la medición de rating de Time Ibope.

[6] Franjas Horarias definidas para Chile: mañana 06:00 a 11:59; tarde 12:00 a 19:59; prime 20:00 a 23:59; Nocturno: 24:00 a 05:59.

[7] La Tabla 9 y siguientes se refieren sólo a la producción nacional seriada, que totaliza 21 títulos. Se excluyen 8 títulos (ciclos de TV movies y docudramas), ya que estos formatos de unitarios presentan argumentos y protagonismos que varían de episodio en episodio.

[8] Esta adaptación que ya había comenzado con menos éxito en años anteriores con La Nanny, lugar 28 entre 29.

Artículo en Pdf.

auxi
auxi auxi Volver auxi Subir
auxi auxi auxi auxi auxi