auxi auxi Cuadernos de Información Nº 20 / 2007 - I auxi auxi
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WIP Chile 2003-2006:

Uso e impacto de internet

Internet Use and Impact
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Sergio Godoy Etcheverry, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile. [sgodoye@uc.cl]

Resumen:                          

Este artículo describe cómo Internet afecta el uso y las expectativas de los medios tradicionales en Chile desde el año 2003, comparando con otros países afiliados al proyecto WIP. La discusión también considera la generación de contenidos online y una serie de variables relacionadas a las expectativas políticas generales de la población.  Así, los efectos de Internet son considerados junto a una serie de factores no-tecnológicos como la educación y la edad de los usuarios, a modo de contrastar estos datos con la hipótesis de que las nuevas tecnologías digitales permiten mayor autonomía política e informativa de las personas.

Palabras clave: efectos de Internet, medios de comunicación, expectati­vas políticas.

 

Abstract:

This article describes how the Internet affects the usage and expectations around traditional media in Chile since 2003, compared to other WIP countries. It also discusses the generation of online content and the political expectations of Chileans. The effects of the web are related to the contents of the media industry, as well by non-technological factors such as age and education of users, in order to contrast a broader range of data with the hypothesis that the internet enhances the political and informational empowerment of persons.

Keywords: Internet effects, traditional media, political expectations.

El estudio WIP-Chile es el capítulo local del World Internet Project (WIP), un proyecto longitudinal e internacionalmente comparado sobre uso y no uso de Internet y otras tecnologías digitales en la vida co­tidiana de las personas de veintiséis países[i]. Los da­tos chilenos consignados en este artículo provienen de una muestra de panel multi-etápica, estratificada y aleatoria probabilística a 1017 habitantes de la ciu­dad de Santiago, aplicada cara a cara entre junio y agosto de 2006[ii].  El panel ha sido encuestado previa­mente en 2003 y 2004[iii].

En este artículo se describe el impacto que Inter­net ha tenido en el uso de los medios de comunica­ción tradicionales, en las expectativas del público respecto de ellos, en la generación de contenido on­line y en las expectativas políticas generales de los chilenos. Cada uno de estos aspectos se aborda en una sección separada y en conjunto a diversos facto­res relativos a patrones de uso, influencia y credibi­lidad. El análisis se enmarca dentro de la discusión sobre si el uso de Internet facilita el desarrollo de una ciudadanía más activa, capaz de influir mejor en los asuntos políticos y de gobierno.

Los datos de este artículo provienen de un cues­tionario compartido por todos los países socios del proyecto. Por su naturaleza y metodología, se tra­ta de un estudio que brinda un cuadro muy amplio del impacto de Internet en la vida cotidiana de las personas a lo largo del tiempo, aunque al costo de la profundidad del análisis. Por ende, los resultados presentados aquí deben considerarse como una pri­mera aproximación a un fenómeno que es mucho más complejo y que requiere ser complementado con otros métodos y estudios.

INTERNET VS. MEDIOS TRADICIONALES 

El uso de medios se da en un contexto en que el por­centaje de usuarios de Internet a nivel nacional creció de 18,7% en 2000 a 40,2% en 2006; la cifra para San­tiago ese último año fue de 48,2%[iv].  El crecimiento de la banda ancha (o de lo que en Chile se entiende como tal[v]) ha sido mucho más rápido, sobre todo en los seg­mentos más pobres: el promedio de conexiones domi­ciliarias de banda ancha subió del 55% al 85% entre 2000 y 2006 en promedio.  En 2003, apenas el 5% de los hogares pobres del segmento socioeconómico D co­nectados a la red tenían banda ancha; en 2006 ya era el 72%. Pero, pese a este fuerte crecimiento tecnológico, no se verificaron grandes cambios respecto a conduc­tas y valoraciones observadas en 2003, salvo las que se destacan en este artículo[vi].

Por otra parte, aunque se acusa un alza de la radio (ver gráficos 1 y 2), los tiempos de exposición a TV y dia­rios se han mantenido relativamente estables desde el 2003, fecha del primer estudio WIP Chile. Sin embargo, tal como en años anteriores y al igual que en los demás países afiliados a WIP, los usuarios de Internet dedican menos tiempo a ver televisión que los no usuarios. Este es el único medio de comunicación tradicional donde se verifica un efecto de sustitución por Internet (salvo en Suecia), aunque en términos generales el visionado de TV sigue siendo importante y no ha disminuido sustan­cialmente desde 2003.

Los internautas chilenos además dedican menos tiempo a oír radio, aunque ello no es compartido por otros países.  Esto podría deberse a los contenidos ofrecidos: alrededor del 85% de las emisoras chilenas se dedica a emitir música, la mayoría de la cual es en inglés y/o producida por sellos musicales transnacio­nales (Godoy, 2000). Desde que WIP Chile empezó a aplicarse en 2003, los usuarios han declarado que ba­jar música en formato MP3 es una de sus principales actividades online (Godoy & Herrera, 2005). A dife­rencia de la TV, en radio parece entonces verificarse un fenómeno que trasciende la tecnología per se:  como las emisoras chilenas difunden casi la misma música disponible en la web, hay un efecto de sustitución. En otros países esto no ocurre, probablemente porque los contenidos de la radiodifusión son diferentes.

Finalmente, con respecto a los diarios, los inter­nautas les dedican más tiempo que los no usuarios. Esto, que también es compartido por los demás países WIP, parece relacionarse tanto con el mayor nivel socioeconómico y educativo del internauta promedio, como con el hecho de que frente al computador se ejer­cen activamente las funciones de la lecto-escritura.

En otras palabras, los contenidos que ofrecen los di­ferentes medios influyen en el tiempo que usuarios y no usuarios les dedican a cada uno. Sin embargo, esa infl uencia varía según el tipo de medio.

Es importante, además, tener en cuenta otro fac­tor: la edad. El Oxford Internet Institute, socio de WIP por Gran Bretaña, sostiene que Internet es un fenóme­no eminentemente generacional: la población de usua­rios se concentra en las capas más jóvenes (Dutton, Di Gennaro & Hargrave; 2005), al igual que en los demás países. Nuestros datos revelan que, al menos en Chile en 2006, el tiempo de uso de los diferentes medios co­mentados es diferente según la edad de los encuestados: los menores de 18 pasan más tiempo viendo TV que los adultos y dedican menos a radio y diarios.

No sabemos si los jóvenes van a mantener su patrón actual de uso de medios en la medida que envejecen o si adquirirán gradualmente un perfil similar al del adul­to actual (con mayor consumo relativo de diarios y ra­dio). Por una parte, se podría presumir que una persona criada con cierta tecnología se va a mantener el a ella a lo largo de su vida y descartará las viejas . Pero tam­bién se podría suponer que, en la medida que la persona va cambiando su estilo de vida, obligaciones y tiempos disponibles (Godoy & Herrera, 2005), Ésta modifica su mix de medios a los cuales se expone para obtener la información y/o compañía afectiva que proveen es­tos soportes, dado que ellos mismos son capaces de irse adaptando a las nuevas demandas.  Así, persisten el tea­tro, el libro, la TV, el cine y otros servicios parecidos.

Es en este contexto que llama la atención el alza del tiempo dedicado a radio: de 6,7 horas semanales en 2003 a 8,1 horas en 2006, tanto en menores como en adultos. No contamos con datos suficientes para expli­car esta alza, pero al menos sugiere que la declinación de los llamados medios tradicionales no es inevitable ni pareja para todos ellos en la misma medida. Ello pue­de relacionarse con las expectativas que las personas se forman respecto a los diferentes medios, tal como co­mentaremos en seguida.

EXPECTATIVAS INFORMATIVAS, DE ENTRETENCIÓN Y CREDIBILIDAD

Un primer tipo de expectativa analizado por WIP se refi ere al valor de Internet como fuente de información  respecto a otras opciones. Tal como se comentó en la sección previa, nuestros datos podrían interpretarse como un respaldo a la tesis de que los internautas, que son más jóvenes que sus contrapartes, atribuyen más importancia informativa a Internet que a los demás me­dios respecto a los no usuarios. Estos últimos, como era de esperarse, valoran más a los medios tradiciona­les, lo que ilustra el porcentaje de usuarios y no usua­rios que considera importante y muy importante a diferentes opciones para informarse. Ninguno de los dos grupos encuestados varía demasiado su valoración de Internet como fuente de información entre 2003 y 2006. De hecho, el nivel se mantiene bastante estable: los internautas, entre un poco más del 80% y los desco­nectados a la web, alrededor del 60%.

Sin embargo, la valoración de los diferentes medios cambia al preguntar sobre su carácter como fuente de entretención, la otra variable sobre la cual indaga WIP. Incluso entre los usuarios, quienes aprecian más a la web que los demás, no sólo prefieren en mayor medida socializar con otras personas sino que no muestran diferencias estadísticamente significativas entre radio, TV e Internet. Al igual que en el cuadro anterior, en am­bos grupos de encuestados la percepción sobre el valor de los diferentes medios se mantiene bastante estable respecto a Internet entre 2003 y 2006.

Con estas percepciones ocurren un par de fenó­menos interesantes. El primero es que el contacto cara a cara con otras personas es altamente relevan­te para todos los encuestados, pese a su nivel de tec­nologización[vii].  El segundo aspecto interesante es que todos, usen o no la web, le atribuyen menor importan­cia como fuente de entretención que de información.  Por ende, parece lógico suponer que los medios tra­dicionales debieran especializarse más en entretener y acompañar; sobre todo debido a que los internautas son cada vez más activos para subir contenidos a la red. Sin embargo, como veremos a continuación, los medios tradicionales también tienen bastante que ha­cer en el ámbito de la información.

CONTENIDOS PUBLICADOS EN INTERNET Y SU CREDIBILIDAD

El estudio WIP analizó tres tipos de contenidos publi­cados por los internautas en la red: páginas web perso­nales, blogs (publicación de opiniones a través de una especie de diario de vida donde el autor relata activida­des realizada o expresa su opinión sobre temas de su interés) y fotologs (blogs o galerías de fotos propias que el autor actualiza periódicamente). Hay muchos casos de sitios web personales que han informado de mane­ra mucho más oportuna y veraz que los medios de co­municación establecidos.  Un ejemplo notable de esto fue la denuncia en 1998 del affaire Clinton-Lewinski por el periodista online Matt Drudge, autor de un ser­vicio online llamado el Drudge Report[viii] que comenzó combinando chismes del espectáculo con opiniones[ix]. Nuestros datos revelan que el contenido propio más común es el fotolog: 18,6% de los internautas en Chi­le posee uno. Esto es interesante porque es una tecno­logía relativamente reciente (de hecho, no se preguntó por ella en 2003 ni 2004).  Que haya superado a las pá­ginas web personales (que subieron de 7,5% en 2004 a 16,6% en 2006) puede deberse a su simplicidad de uso y a que refleja los intereses de las personas, en este caso, dar a conocer eventos a través de imágenes.

No obstante lo anterior, si bien los sitios web para búsqueda de información como Google o Yahoo gozan de la más alta credibilidad entre los internautas chile­nos en 2006, en segundo lugar vienen las páginas de los medios de comunicación establecidos. En cambio, los sitios web personales (incluyendo blogs y similares), pese a que muchas veces informan sobre hechos rele­vantes que la prensa no quiere o no consigue cubrir, tienen niveles muy inferiores de credibilidad, incluso menores a los que poseen los sitios de gobierno.

La baja credibilidad de las páginas personales co­existe perfectamente con su fuerte alza. Esto, porque se trata de fenómenos diferentes: el blog, fotolog o la pá­gina personal son, en general, maneras que tienen los internautas para autoexpresarse y su finalidad no es ser creíbles o veraces. Ello no impide, por supuesto, que algunos sitios individuales sólo sean y que inclu­so a veces informen mejor que medios de comunica­ción profesionales[x].

Del mismo modo en que el uso de los medios tra­dicionales está influido por aspectos no tecnológicos (como sus contenidos o la edad del usuario web), la credibilidad de la información disponible online de­pende de factores de contexto (por ejemplo, políti­cos).  Estos factores van más allá de las variables que aborda el cuestionario WIP, pero pueden deducirse de manera indirecta. El Gráfico 9 ilustra el porcenta­je comparado de usuarios en diferentes de países WIP que consideraban creíble toda o la mayor parte de la información online en 2005 (Chile no pudo ser inclui­do en la comparación por razones metodológicas). Dos países de Europa Oriental de tradición autorita­ria, Hungría y la República Checa, eran los más con­fiados. En el extremo opuesto se encontraba China, seguido a cierta distancia por Suecia, una de las demo­cracias más tolerantes, sólidas y antiguas del planeta. En un estado intermedio se encontraban Estados Uni­dos, España e Irán.

¿Tendrá esto relación con factores políticos más profundos? Si bien el concepto de información exce­de al periodismo, un primer factor a considerar puede ser la disponibilidad de otras fuentes confiables fue­ra de la red (periodísticas y de otro tipo), así como la posibilidad de acceder libremente a ellas. Como indi­ca el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2006 (RSF, 2006), los húngaros y checos gozan de una prensa más libre, mientras que iraníes y chinos enfrentan más res­tricciones en sus sistemas informativos. Eso podría explicar la mayor credulidad de los primeros y el rela­tivo escepticismo de los segundos. Sin embargo, Suecia combina un fuerte escepticismo frente a las informa­ciones online con uno de los índices más altos en liber­tad de prensa. Este tipo de paradojas son difíciles de explicar, lo que sugiere la necesidad de estudios espe­cíficos más profundos que relacionen factores como la calidad del sistema político (o el grado de libertad in­formativa) con la disponibilidad online de información políticamente relevante.

INTERNET Y POLÍTICA

En esta sección abordaremos la influencia percibida de Internet en la vida política de las personas. Tal como ocurrió cuando apareció la telegrafía a mediados del si­glo XIX, la radio a inicios del siguiente o la TV hace más de cinco décadas, varios autores han confiado en que la política podrá mejorar gracias a la posibilidad técnica de transmitir mensajes instantáneamente por todo el mun­do, facilitando así un mayor control ciudadano. Aunque tomado literalmente puede sonar ingenuo, este argu­mento tiene como precedente poderoso la difusión de la imprenta en Europa a partir del siglo XV, en el contexto de las guerras religiosas y la consolidación de los absolu­tismos nacionales, en desmedro del poder de la Iglesia y el feudalismo (Crowley & Heyer, 1997).

En el caso de Internet y las demás tecnologías con­temporáneas, hay varios ejemplos de movilizaciones ciudadanas organizadas en torno al uso de estas he­rramientas: desde la sorpresiva derrota electoral de José María Aznar en España tras los atentados explo­sivos el 11 de marzo de 2003, hasta la movilización de los pingüinos (escolares) en Chile en mayo del 2006.  Sin embargo, respecto a las demás áreas influenciables por la red comentadas en este capítulo, las condiciones en que puede haber mayor o menor influencia política de esta herramienta dependen de factores que van más allá de lo tecnológico (institucionales, culturales, his­tóricos o de simple desarrollo económico).

En el Gráfico 10 puede apreciarse que el porcentaje de usuarios de diferentes países WIP que aumentaron su contacto con personas con quienes comparten intereses políticos es más alto en Irán y China, los países WIP con las mayores restricciones en los canales convencionales de participación política. Sin embargo, quienes conside­ran que sus vínculos con personas afines en lo político son iguales que antes son más: el 64,3% de los internau­tas en Irán, el 71,3% en China, el 84,9% en la República Checa, el 76,8% en Estados Unidos, el 86,5% en Chile (datos de 2004), el 90,2% en Hungría, el 75,8% en España y el 80,4% en Suecia.

Al observar más en detalle las expectativas políti­cas de los internautas en comparación con las de los no usuarios, surgen rasgos interesantes, aunque no to­dos ellos muy alentadores para quienes creen en el po­der democratizador inevitable de la red. En el Gráfico 11 se puede ver que, respecto de las cuatro afirmacio­nes políticas que se formularon a los encuestados de WIP Chile en 2006, los no usuarios son bastante más optimistas que quienes ya están conectados. A primera vista pareciera que, tal como ocurrió con las antiguas esperanzas de que la telegrafía o la radio acercarían más al gobierno y sus ciudadanos, las personas tienen expectativas demasiado altas respecto de Internet. Pero asimismo, basta con convertirse en un usuario para darse cuenta de que eso es ilusorio. Mal que mal, ni gobernantes ni funcionarios públicos tienen moti­vos especiales para darle más atención a un e-mail que a una carta, un telegrama o a una persona que solici­ta una entrevista.

Sin embargo, al analizar cómo han evolucionado estas expectativas entre 2003 y 2006, surge un cua­dro más alentador. Al menos en lo referente a influir más en el gobierno y a entender mejor la política (las únicas dos dimensiones preguntadas en ambas fe­chas por WIP Chile), el porcentaje de internautas que así lo cree ha aumentado: de 23% a 34% para el pri­mer caso y de 18% a 24% para la segunda variable[xi]. En contraste con esto, los no usuarios incrementaron su optimismo respecto a la primera alternativa (de 27% a 48%), pero declinaron levemente en la segun­da (de 41% a 38%).

En definitiva, los no usuarios tienen una visión más idealizada de la influencia de la red sobre el poder político, encarnado en gobernantes y funcionarios públicos. Ahora bien, a pesar de que los internautas son menos optimistas, sus expectativas y esperanzas no han dismi­nuido a lo largo del tiempo. 

CONCLUSIONES

En este capítulo hemos comentado varias diferencias que existen entre usuarios y no usuarios de Internet en el ámbito de los medios tradicionales de comunicación, la generación de contenidos online y las expectativas po­líticas, aunque circunscritos al repertorio de preguntas más bien generales contenidas en el estudio internacio­nal WIP (que abarca muchos más aspectos relativos a la vida cotidiana de los encuestados). Muchas de esas di­ferencias parecen corroborar las visiones más optimis­tas tales como las de Manuel Castells (2000)[xii] sobre el impacto positivo que tendría Internet y otras tecno­logías digitales sobre las personas en cuanto a mayor poder político, capacidad de expresarse y acceder a in­formación relevante, o productividad laboral. Aunque no hemos tenido espacio de comentarlos aquí, hay da­tos de WIP-Chile 2006 relativos a comercio electrónico, actividades cotidianas offline, redes sociales, y percep­ción de productividad laboral y académica que respal­dan, aunque sea parcialmente, esa tesis.

En los aspectos analizados en este artículo, una de las diferencias más claras que se advierten entre intern­autas y no usuarios es el menor tiempo que los primeros dedican a ver televisión, lo cual es compartido por los demás países del proyecto WIP, salvo en Suecia.  Tam­bién se constata un explosivo aumento en la generación de contenidos propios en la red, así como que los usua­rios atribuyen la mayor credibilidad informativa a los buscadores online. Esto indica una menor dependencia de agencias tradicionales de poder y acceso a la infor­mación, lo cual podría interpretarse como una declina­ción de los medios tradicionales. Ello se ve reforzado además por el aumento entre 2003 y 2006 de las expec­tativas que los internautas tienen respecto a que esta he­rramienta les permitiría una mayor influencia política.

Sin embargo, en la mayoría de los demás casos ana­lizados, no está tan claro que sea Internet por sí misma la que explica los cambios de conductas y expectati­vas entre usuarios y no usuarios de la web. De hecho, al menos la edad y otras condiciones del contexto (como contenidos de los medios o patrones culturales) pare­cen tanto o más importantes que la tecnología. Ade­más, salvo los casos recién comentados, las diferencias observadas entre usuarios y no usuarios se han mante­nido casi constantes entre 2003 y 2006. Por último, los datos de WIP Chile 2006 también impugnan la hipótesis de mayor autonomía informativa y política de las personas que usan este tipo de herramienta, así como su mayor productividad laboral o académica[xiii].

Respecto de la posible declinación de los medios tradicionales de comunicación, si bien Internet apare­ce restándole tiempo de visionado a la TV, no ocurre lo mismo con la lectura de diarios en papel. Como los internautas son más educados y adinerados que los no usuarios, no es extraño que dediquen más tiempo a leer. Al menos en este punto, la diferencia no se es­tablece entre usuarios y no usuarios de internet sino por tramo etario. Sin embargo, aunque los datos cons­tataron que efectivamente los menores de 18 simple­mente leen menos, no tenemos suficiente evidencia para asegurar que se vayan a mantener así para siem­pre o si incrementarán sus niveles de lectura en la medida que maduren y envejezcan. Con respecto al menor tiempo que los usuarios web dedican a la ra­dio, el factor que explique por qué en nuestro país este medio aparece menoscabado frente a la red pue­de ser el contenido que ofrecen las emisoras chilenas (música pregrabada también disponible online), más que la tecnología per se.

Es innegable que los internautas han aumentado de manera exponencial la cantidad de contenidos propios que suben a la red, y que los buscadores online como Google o Yahoo! son los que gozan de la mayor credibi­lidad informativa. Sin embargo, ello es matizado por lo poco creíbles que son los blogs y otros sitios personales, al menos en promedio y sin contar con el prestigio que puedan tener algunos sitios específicos. Por lo demás, los segundos actores online más creíbles son los sitios de los medios de comunicación tradicionales.

De manera similar, la edad parece explicar otras diferencias entre usuarios y no usuarios en otros ám­bitos. Al igual que en 2003, en 2006 los internautas ha­cían más ejercicio físico y compartían más tiempo con amigos que los no usuarios, mientras que estos últi­mos preferían socializar con familiares. Pero como los primeros son más jóvenes que el otro grupo analizado, son naturalmente más propensos a hacer más deporte y a preferir socializar con pares en vez de parientes.

En síntesis, así como los contenidos pueden influir en el uso y consumo de medios de comunicación, tam­bién hay factores generacionales y culturales que afec­tan la socialización de las personas. Algo similar ocurre respecto a las dimensiones políticas analizadas: si bien hay varios ejemplos de movilización ciudadana atribui­bles a campañas espontáneas por Internet y celulares que han puesto en aprietos a las agencias tradiciona­les de poder y de información, no tenemos evidencia suficiente como para demostrar que el uso de Internet conlleva más poder político a las personas comunes y corrientes. Incluso constatamos más escepticismo entre quienes ya usan la red que entre los excluidos.

BIBLIOGRAFÍA

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[i] WIP Chile es un trabajo de investigación conjunto del Instituto de Estudios Mediales y el Instituto de Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile con el apoyo de la Cámara de Comercio de Santiago. WIP es encabezado por el Center for the Digital Future de la Universidad de California del Sur. En América Latina, participan Argentina, Chile, Bolivia y Colombia (más detalles en  http://www.digitalcenter.org/ y en  http://www.worldinternetproject.net/).

[ii] El informe completo del estudio se encuentra disponible online en  www.wipchile.cl.  Ver Godoy, S.; Herrera, S.; Lever, G.; Myrick, A.; Sep lveda, M.: (2006a).

[iii] En 2003 y 2004 la muestra WIP Chile incluyó las ciudades de Valparaíso/Viña del Mar y Concepción, los otros dos centros urbanos más importantes del país. A menos que se indique lo contrario, los datos de 2006 se refieren sólo a Santiago.

[iv] Por usuario de Internet entenderemos cualquier persona que accede a Internet al menos una vez en los últimos 90 días, en cualquier lugar. En Santiago, el 48,2% de internautas se complementa con un 38% de proxy users o usuarios indirectos (no usuarios que recurren a terceros para acceder a e-mail y otras informaciones online).

[v] Muchos expertos cuestionan lo que se entiende por banda ancha en Chile, que según los proveedores y la propia SUBTEL incluye conexiones iguales o superiores a 128 kbps que sean permanentes, no cobradas por minuto.

Sin embargo, en países desarrollados el mínimo considerado es al menos once veces superior (1,5 Mbps, recomendado por la ITU). Así, compartimos la definición de SUBTEL porque en otros países WIP también se ha verificado que la conexión constante ( always online ) es más influyente que el otro factor.

[vi] Ver Godoy, Sergio (2005a): Estudio WIP/BIT: Chile en el globo virtual, Revista Universitaria, N 87, pp. 62-65. (2005b): Resultados WIP-Chile 2003-2004: ¿Cómo está y dónde va el uso de internet en Chile?, Cuadernos de Información N 18, pp. 101-111; Godoy, Sergio & Herrera Soledad (2004): Qué ocurre cuando se usa (y no se usa) internet: resultados del World Internet Project-Chile, Cuadernos de Información N 16-17, pp.71-84; - (2007) Precisions About The Broadband Divide In Chile, en Handbook of Research on Global Diffusion of Broadband Data Transmission, Yogesh Diwedi (Ed.), Idea Group Reference, Londres (en imprenta).

[vii] Para mayores detalles del impacto de Internet en la socialización, ver el informe completo de WIP Chile 2006 (Godoy et al., op. cit.)

[viii]  Ver http://www.drudgereport.com/

[ix] Para una visión crítica sobre el rol del Grudge Report, en el affaire Clinton-Lewinski, ver Halperin, Mark & Harris, John (1998): The Way to Win: Taking the White House in 2008, Random House, New York.

[x] Aunque el mismo Matt Drudge y su Drudge Report han sido objeto de feroces críticas.

[xi] Se refiere al porcentaje de usuarios muy de acuerdo y de acuerdo con las afirmaciones usando Internet, las personas tendrán mayor influencia sobre lo que hace el gobierno y usando Internet, las personas entenderemos mejor la política .

[xii] Más recientemente, Castells ha sintetizado el potencial de tecnologías digitales como Internet y celulares extensiones de la mente y los sentidos de un modo McLuhaniano en términos de mayor autonomía y ubicuidad, independencia de los sistemas convencionales de poder y capacidad de estimular el desarrollo económico y social (en Seminario sobre Desarrollo Económico, Desarrollo Social y Comunicaciones Móviles en América Latina, Fundación Telefónica/UOC/IN3, Buenos Aires, 20-21 abril 2007).

[xiii] El estudio WIP formula dos preguntas específicas sobre la productividad percibida, atribuible a internet en el trabajo y en los estudios, las cuales se formulan a los internautas que trabajan y estudian. No sólo la percepción de productividad es más fuerte en el ámbito laboral que en el de estudios, sino que sospechamos que estas percepciones pueden estar magnificadas. Ver Godoy et al., 2006b.

 

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