Magdalena Browne, Universidad Adolfo Ibáñez. Santiago, Chile. (mbrowne@uai.cl)
Visnja Tomicic, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile. (vtomicic@uc.cl)
Resumen
El presente artículo explora los patrones e impacto de la representación mediática del crimen. Para ello, primero nos centramos en discutir la literatura anglosajona sobre la atención mediática de la delincuencia, presentando los resultados de un análisis de contenidos de la prensa chilena e inglesa aplicado en el tercer trimestre del 2003. En la segunda parte de este artículo, examinamos los efectos en las audiencias de esta representación mediática, revisando la evidencia estadística chilena a la luz de la discusión teórica internacional y de los distintos enfoques metodológicos para entender tanto el temor al crimen como el consumo de medios.
Palabras clave: temor al crimen, representación del crimen, efecto de los medios de comunicación, consumo de noticias de crimen.
Abstract
The following paper explores the patterns and impact of media representation of crime. It firstly focuses on discussing the research on media attention of delinquency, specifically presenting the findings of a comparative content analysis between the Chilean and British press during the quarter from July to September 2003. In the second part of this paper, we examine the effects that media representation of crime has on the audience, by reviewing Chilean statistics evidence in contrast to international theoretical discussions and the different methodological approaches used to understand both fear of crime and media consumption.
Keywords: fear of crime, representation of crime, media effects, crime news consumption.
Recibido: 8-6-07 / Aceptado: 2-8-07
Las noticias de seguridad ciudadana tradicionalmente han concentrado parte importante de la cobertura periodística. Al mismo tiempo, se ha constatado que los niveles de temor de la población a ser víctima de delito no siempre corren en la misma dirección (o tienen la misma intensidad) que la curva marcada por la ocurrencia real de los crímenes. Debido a esto, actores políticos y académicos han volcado sus críticas hacia los medios de comunicación, los que son vistos como causantes del aumento del temor y el miedo de la ciudadanía. Se parte así de la base de que las percepciones del fenómeno (en el plano subjetivo) deben ir necesariamente amarradas a las estadísticas delictivas (en el plano objetivo). Pero lo cierto es que la percepción del crimen es un terreno bastante más complejo que el graficado por muchos debates. La magnitud del impacto de los medios en este fenómeno no es materia de consenso académico.
En este artículo pretendemos avanzar identificando las principales corrientes que a nivel internacional se han acercado a explorar la relación entre medios y temor, además de entregar evidencia preliminar para el caso chileno, el que se caracteriza por una frugal producción de estudios en Chile. En la primera parte de este texto, nos centraremos en analizar la cobertura noticiosa del crimen, basándonos fundamentalmente en un estudio comparativo de la prensa inglesa y la chilena. En la segunda parte, examinaremos el temor al crimen y su relación con los medios de comunicación. Para esto, se llevará a cabo una revisión de las principales posturas y hallazgos presentes en la discusión internacional, los que se contrastarán con la información que a nivel local proporcionan los resultados de la encuesta que realizó el Instituto de Sociología de la Universidad Católica (ISUC) en el año 2003.
¿UN CUADRO DISTORSIONADO DEL CRIMEN?
Como muchos autores han demostrado en las últimas dos décadas, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, al menos un 10% de las noticias de los medios están relacionadas a temas de delincuencia o del sistema de justicia (Graber, 1980; William & Dickinson, 1993; Reiner et al., 2000). Sin embargo, existen variaciones considerables entre estos estudios, debido a razones metodológicas (Reiner, 2000) y otras condiciones objetivas del sistema de medios de comunicación. Por ejemplo, en Gran Bretaña las noticias de televisión, en general, dan mayor atención al crimen que los diarios (Reiner, 2002) y, en el caso de la prensa escrita, sucede lo mismo con los tabloides en relación a los diarios de calidad o broadsheets. Similares diferencias aparecen también en Estados Unidos, donde la televisión local exhibe mayores niveles de cobertura al crimen que las redes nacionales de televisión. Los estudios muestran además que el crimen no es uniformemente reporteado, ya que los delitos violentos y contra las personas son los más retratados (Roshier, 1973; Marsh, 1991; Reiner, 2002). Sin embargo, aunque hay un relativo consenso respecto a las características de la cobertura al crimen, cuando se trata de explicar las causas del fenómeno, las visiones que hay están en competencia. De hecho, en la literatura existente no es posible constatar el desarrollo de modelos complejos que integren, a la vez, distintos tipos de influencia, como el mercado, los intereses políticos, los valores culturales y organizacionales de los medios de comunicación. Lo que se encuentra es más bien enfoques monolíticos y, sobre todo, distinciones artificiales entre factores externos (tales como intereses políticos y económicos) e internos (determinaciones culturales y organizacionales).
Ahora bien, mientras en los países desarrollados abundan las investigaciones que han demostrado la magnitud y las formas en que los medios representan el crimen, en Chile éstas son bastante escasas. Entre los pocos estudios disponibles, Hernández y Valdivia (2004) examinan la evolución temática de las noticias de los canales de televisión abierta durante el período entre 2000 y 2003. En éstos ellos advierten una redefinición de la agenda noticiosa a partir de 2002, con el ascenso progresivo del tema Seguridad Ciudadana y Delincuencia , que relega los temas políticos a un segundo lugar. La alta preeminencia de la cobertura televisiva de los temas de seguridad ciudadana también es observada por el seguimiento periódico realizado por el Instituto Libertad y Desarrollo (Informe Político N 80), que constata que el 20% de las noticias nacionales emitidas entre el 2000 y el 2003, están referidas al tema de la delincuencia y la seguridad ciudadana. Otra investigación realizada en Chile es el estudio de Dastres et al. (2005), el cual se basó en un análisis cuantitativo de las noticias que, a lo largo de un mes, produjeron los noticiarios de televisión abierta y los cinco diarios de circulación nacional más importantes. Los resultados señalaron que, mientras en la prensa escrita el 17,5% de la muestra correspondía a noticias de seguridad ciudadana (ocupando el tercer lugar después de los temas internacionales y económicos), en el caso de la televisión, la proporción ascendía al 34% (excluyendo la sección deportes y cultura-espectáculos). Además, se observó que casi el 87% de las noticias de seguridad eran relativas a la ocurrencia de hechos de violencia o criminalidad y sólo el 12% trataba de discusiones sobre las políticas para enfrentar este fenómeno. También se registró una cobertura bastante mayor de los homicidios (que son el 12% de las noticias de violencia y criminalidad), el reagrupamiento de grupos terroristas (9%) y el secuestro de personas (5%) (Ibid.).
Por nuestra parte, aquí presentamos los resultados de un estudio comparativo de la cobertura al delito entre las prensas inglesa y chilena, con el objeto de explorar hasta qué punto los patrones mediáticos de nuestro país son similares a los mostrados globalmente. Para esto, se aplicó un análisis de contenidos a una muestra de la cobertura de delitos publicadas en los principales periódicos chilenos e ingleses, en el tercer trimestre del 20031.
A primera vista, los resultados del análisis comparativo confirman lo que muchos estudios han observado en distintas épocas y países. Más del 70% de las piezas noticiosas analizadas en ambas prensas está focalizado en crímenes violentos. En ese sentido, los diarios chilenos, al igual que sus pares británicos, largamente sobre representan los crímenes más violentos y subestiman los delitos más ordinarios, mostrando en términos cuantitativos una realidad exactamente inversa que la expresada por las cifras oficiales de denuncias (ver gráfico 1).
Sin embargo, detrás de esos números se marcan distinciones entre ambos países. La diferencia principal radica en el tipo de crimen más priorizado. En el caso inglés se confirma que la prensa enfatiza de sobremanera el homicidio: en la muestra, el 40% de las notas está focalizado en este tipo de crimen. Por contraste, en Chile el robo con violencia o asalto (robbery) es el delito que gana mayor atención, con un 41% del total de la cobertura.
Como hipótesis planteamos que esta preeminencia del asalto difícilmente puede explicarse sólo por el efecto de una ola de crimen mediática . Sugerimos que existe algún tipo de correspondencia entre la representación de la prensa y la ocurrencia del delito, ya que en Chile el asalto es un crimen más común que en Inglaterra. Los asaltos muestran, además, una tendencia al alza al menos hasta el primer trimestre del 2004 y han pasado a ser el foco de la discusión política sobre los temas de seguridad pública. Por lo tanto, es lógico sostener que ese tipo de preocupación puede sembrar las bases de este énfasis periodístico, tal como lo afirman los editores de prensa nacional que fueron entrevistados como complemento al estudio (Browne, 2005).
Una exploración del valor noticioso que opera en la prensa chilena e inglesa puede darnos un mayor entendimiento de las diferencias antes descritas. Para ambas muestras, la personalización es el patrón de valor noticioso que mejor describe las ofensas: más del 70% de los artículos de este tipo de crímenes toman como punto focal al individuo. Si bien el periodismo en general siempre ha sido sensible a los recursos narrativos que privilegian este énfasis en la construcción de personajes, muchos han argumentado que la televisión ha consolidado esta personalización. Esto significa, finalmente, que el criterio para definir qué hecho es noticia, es su potencial dramático, cuyo indicador más claro es la presencia de hombres y mujeres enfrentados a circunstancias adversas o desafortunadas. De esta forma, si tradicionalmente la relevancia noticiosa de un crimen estaba ligada al grado de violencia que envolvía, hoy ese factor es importante sólo en la medida que sirve para retratar periodísticamente una dramática historia personal.
Por otra parte, en las piezas inglesas referidas a los crímenes de apropiación, este patrón está fuertemente asociado a una mayor focalización en la víctima. De hecho, el 64% de los crímenes de apropiación con violencia destaca dicho elemento, confirmando así lo que otros estudios han sugerido anteriormente (Reiner et al., 2000). En este caso, el interés humano se traduce en atención a dos tipos de sujetos: personas vulnerables (especialmente menores y ancianos) y celebridades . Ese énfasis dual corresponde a diferentes lógicas mediales. En el primer caso, podemos interpretar que refleja una preocupación social por los más desprotegidos; en el segundo, se mostraría la fascinación por las celebridades, la cual opera incluso más allá de los límites de las páginas de espectáculos. Esto implica que el criterio de discernimiento respecto a qué hecho delictivo se convierte en noticia es la presencia de involucrados famosos o de la farándula . De esta forma, la cobertura al crimen propiamente tal se lleva a cabo sólo en tanto sirve como material para escribir un nuevo capítulo de la historia de las celebridades.
Esta invasión de una nueva e híbrida lógica informativa que integra los valores tradicionales del periodismo con los exportados desde la industria de la entretención se manifiesta en forma clara en la prensa británica, caracterizado por el gran número de tabloides sensacionalistas. También podemos especular que este acercamiento periodístico heterodoxo al crimen podría sugerir que Inglaterra se encuentra en una fase distinta respecto al de la realidad delictiva. De hecho, la efervescente y acalorada discusión pública sobre delincuencia que actualmente se desarrolla en Chile, recuerda a la que se dio en Gran Bretaña a principios de los noventa. Y de eso los medios acusan recibo, pues hoy en la prensa inglesa pareciera que hubiera más espacio para la trivialización del problema criminal.
En el caso de Chile, el foco de cobertura pareciera deberse a otro tipo de razones, como sugiere el discurso que explícitamente elaboran los propios periodistas respecto de su misión laboral (Browne, 2004). Ellos declaran que el interés humano de las historias está estrechamente ligado a la demanda de la audiencia, la que en forma creciente se manifiesta preocupada por la realidad criminal. Sin embargo, aunque antes tal vez la prensa también validaba su alta atención al crimen vio lento en el deseo de la audiencia, ahora la especificidad de ese argumento cambia. La cobertura al delito ya no responde a la mórbida fascinación de la gente por un hecho curioso, excepcional y distante de su realidad, sino que al serio temor cotidiano de las personas de ser sujeto de delito.
¿Pero qué inferencias podemos extraer de esta sobre representación, teniendo en cuenta que nuestro instrumento de investigación es exclusivamente el análisis comparativo de contenidos aquí realizado? Al menos en términos del impacto en las audiencias, en realidad no mucho.
El tipo de investigación que elabora conclusiones sobre los efectos en la opinión pública y que considera sólo textos mediáticos ha sido largamente cuestionado por muchos autores (Sparks, 1992; Reiner, 2002). En particular, se refuta que esta metodología no es adecuada para abordar el modo en que las audiencias activamente construyen los significados de la representación que hacen los medios del crimen y la violencia, ni la manera en que lo hacen de acuerdo a los diferentes patrones culturales y sociales.
II. LA INFLUENCIA DE LOS MEDIOS: LO QUE DICE LA EVIDENCIA
Tendencias internacionales
Como plantea Jackson (2001), el tema medios y temor al crimen es quizá uno de los asuntos en el cual la relación entre investigación y política pública emerge más claramente. En el caso de Estados Unidos, donde más se ha desarrollado investigación al respecto, el contexto político (sus imperativos y prioridades) han dado forma al estudio de esta materia desde fines de los 60 (Jackson, 2001) y han influenciado la adopción temprana de modelos analíticos cuantitativos que den sustento a la política pública (Hale, 1996).
En este sentido, el estudio del temor al crimen considera una larga tradición empírica, pero que arranca por caminos separados. Por una parte está (1) la criminología, que ha avanzado con más claridad en modelos integrados que sistematizan las distintas variables de explicación con pequeñas diferencias en torno al tema, y (2) la investigación mediática , donde el consenso es menor (Browne, 2004). Aunque ambos utilizan metodologías cuantitativas, el contraste entre los hallazgos, así como las diferentes premisas e indicadores para medir el temor al crimen, reflejan la falta de diálogo entre ambos campos (Ibid.). En los últimos años, sin embargo, ha habido algunos intentos por superar esta situación, especialmente de parte de los investigadores en medios (i.e. Eschholz et al., 2003; Weitzer y Kubrin, 2004) así como entre los criminólogos (i.e. Sckogan & Maxfield, 1981; Reiner, 2002; Ditton et al., 2004; Hale, 1996).
Desde el punto de vista de la criminología, se podrían mencionar al menos tres modelos que contribuyen a una mejor comprensión del temor que las personas sienten ante la delincuencia: la vulnerabilidad (donde tienen relevancia las diferencias psíquicas, etarias, de género, o económicas), el control social (percepción sobre el medioambiente y entorno) y la victimización (haber sido víctima de un delito en forma directa o indirecta, es decir, cercanos que hayan experimentado el crimen) (Allende, 2004). En términos metodológicos y estadísticos, existe una multiplicidad de estudios que sustentan empíricamente estos diferentes modelos para explicar el temor al crimen. El peso estadístico de cada una de las variables depende de cómo éstas conceptualicen y midan (i.e. Killias & Clerici, 2000; Pain, 2001).
La cobertura al delito ya no responde a la mórbida fascinación de la gente por un hecho curioso, excepcional y distante de su realidad, sino al serio temor cotidiano a ser una víctima.
Si bien algunos criminólogos han considerado la variable medios de comunicación como un posible factor explicativo del temor entre las personas, existen pocos estudios al interior de su disciplina que encuentren un sustento empírico a este supuesto (Hale, 1996; Ditton et al., 2004).
Por otra parte, existe una corriente académica alternativa a la criminología que se abocó a estudiar el efecto de los medios. Esta tiene sus raíces en el Cultural Indicator Project que sienta las bases para la teoría de la Cultivación , desarrollado en Estados Unidos por George Gerbner y sus colaboradores (1970). La tesis de la cultivación entiende que el gran consumo de los mensajes mediáticos distorsiona las creencias de la audiencia sobre el mundo, e influencia los estados emocionales y cognitivos. En ese sentido, se parte de la base de que, en la medida de que la televisión muestra una realidad más violenta que la real, aquellas personas que ven más televisión tenderán a ver un mundo con más temor y a sentir más ansiedad respecto a ser víctima de un delito. Al poco tiempo de publicados los trabajos de Gerbner (Gerbner & Gross, 1976; Gerbner et al 1979), aparecieron numerosos estudios que cuestionaban los hallazgos del autor, básicamente luego de considerar otras variables que hacían desaparecer la relación entre la exposición a la violencia televisada y la percepción de las tasas de criminalidad entre los encuestados (Ditton et al., 2004).
En respuesta a esta críticas Gerbner (1980) introduce nuevos conceptos como la resonancia , tesis que sostiene que cuando las imágenes de los medios son consistentes con la experiencia vivida (haber sido víctima del crimen o residir en una comunidad con altas tasas de delincuencia), los medios y la experiencia refuerzan mutuamente el temor al delito.
A pesar de que supuestos como la resonancia no son del todo convincentes entre algunos autores (Ditton et al., 2004), lo cierto es que a partir de las críticas que surgieron en torno a Gerbner (y las mismas respuestas del propio autor), el campo de los estudios de comunicación empieza a considerar cada vez más la recepción de mensajes mediales como un proceso dinámico en el cual los televidentes activamente interpretan y quizá reconstruyen esos mensajes, a la luz de sus backgrounds y experiencias personales (Browne, 2004).
A partir de aquí, emergen supuestos adicionales para identificar ciertos individuos que podrían ser más receptivos, y susceptibles a los mensajes de los medios de comunicación. En esta línea, las principales explicaciones se agrupan en torno a la tesis de la substitución (predice un efecto entre aquellos que no han tenido una experiencia directa con el crimen), la tesis de la afinidad (supone reforzamiento del efecto entre quienes poseen características similares con las víctimas que habitualmente aparecen en televisión) y la tesis de la vulnerabilidad (sugiere mayor atención y respuesta a los mensajes mediáticos entre quienes se perciben más débiles) (Eschholz, 1997).
Así, los efectos también varían de acuerdo a cómo se operacionaliza , es decir, cómo se conceptualiza y mide la variable dependiente (percepción frente a la delincuencia). (Heath & Gilbert, 1996). Se reporta una fuerte asociación entre medios y temor, cuando éste es medido como preocupación social en oposición al temor personal (Tyler & Cook 1984), y entre la aprehensión frente al mundo de allá afuera versus el barrio (Heath & Petraitis 1987). Por su parte, el trabajo de Chiricos et al. (1997), avanza aún más en las características de las audiencias, y concluye que todos los efectos del consumo de las noticias de la televisión se limitan a las mujeres blancas de mediana edad (30-54) y a aquellas que viven en barrios con una alta proporción demográfica de raza negra (según la propia percepción del encuestado).
Sin embargo, a partir de una revisión más detallada de los modelos empleados y de los niveles de significancia que alcanza la variable medios en los diversos estudios, podemos constatar que existen una multiplicidad de otros ejemplos (Chiricos et al., 1997; Eschholz 1997; Gross & Aday, 2003; Ditton et al., 2004; Van den Bulck, 2004; Chadee & Ditton, 2005; Pfeiffer et al., 2005) en los que se puede concluir, de manera preliminar, que la evidencia es levemente menos equívoca que la expectativa teórica. Sarah Eschholz (1997) hace una revisión exhaustiva de los principales resultados que entregan las investigaciones que se abocan a estudiar la relación entre consumo de medios y temor al crimen. La autora contabiliza un total de 73 estudios, de los cuales sólo 20 encuentran una relación positiva y significativa.
En consecuencia, en los estudios que se constata empíricamente un efecto de los medios sobre la ansiedad de las personas frente a la delincuencia, éste aparece interactuando con otras variables que afectan el temor. Como concluyen Heath y Gilbert, esta relación es contingente a las características del mensaje, de las audiencia y de la medición de la variable dependiente (1996, p. 384). Surgen así una gran cantidad de estudios que evalúan empíricamente la relación entre el consumo de medios y la percepción de temor ya no buscando una relación global , como lo hizo Gerbner en sus primeros trabajos, sino que considerando rasgos específicos de la audiencia, del texto mediático y de la forma en que se entiende el temor.
El Caso Chileno
Nuestro país tiene un lugar bastante particular en relación a la brecha entre los niveles de temor al delito y lo que ocurre en la realidad. Chile posee cifras especialmente llamativas pues a pesar que presenta tasas de delitos relativamente bajas en relación a otros países de América Latina (Lamas, 2002), un gran porcentaje de la población declara estar muy preocupada y temerosa frente a la probabilidad de ser víctima del crimen.
Según los datos entregados por Fundación Paz Ciudadana (FPC), para noviembre del 2006, el 41,7% de la población encuestada declaró que, dentro o fuera de su hogar, algún miembro de la familia ha sido víctima de robo o intento de robo en los últimos seis meses. No obstante, para la misma fecha, el 85,1% de los encuestados declaró tener niveles de temor medios y altos. Como dato general, se puede mencionar que a fines de mayo de este año 2007, el Global Peace Index, indicador que entrega el diario británico The Economist, situó a Chile como el país más seguro de Latinoamérica, en el decimosexto lugar a nivel mundial.
Junto con esto, la preocupación sobre la seguridad personal en situaciones específicas (caminar solo por el barrio de noche o cuando está solo en su casa de noche) es cuatro y hasta diez veces más alto en Chile que en países desarrollados como Inglaterra y Estados Unidos, respectivamente (Allende, 2004; según datos del ICVS 2000/ISUC 2003).
A partir de la información entregada por FPC, es posible observar la evolución del delito y el temor desde el año 2000 hasta el último informe de noviembre de 20062. Como se desprende del gráfico 2, los niveles de victimización3 no siguen el mismo comportamiento que la curva marcada por el porcentaje de personas que dice tener niveles medios y altos de temor a la delincuencia.
Los datos de FPC permiten confirmar que en Chile el temor al crimen también tiene un marcado sesgo de género (las mujeres son más temerosas que los hombres), de nivel socioeconómico (los grupos socioeconómicos bajos son más temerosos que los altos) y tiene cierta base en la experiencia del mundo real: aquellos que han vivenciado el crimen de manera directa o vicaria, presentan mayores niveles de alto temor en comparación con los que no han sido víctimas de la delincuencia (Informe FPC-Adimark Dic.2006).
Como otros países de Latinoamérica, en Chile se ha desarrollado muy poca investigación en torno al temor al crimen (Mascott 2000; Gaviria & Pages, 2000; Dammert & Malone, 2003; Dammert & Malone, 2006). Por lo general, en estos estudios, se menciona el factor medios de comunicación como una de las variables explicativas del temor a la delincuencia. Sin embargo, las conclusiones de estas investigaciones al respecto tienen un carácter más bien tentativo (Mascott, 2000; Jaramillo, 2002; Dammert & Malone, 2003; Oviedo & Rodríguez, 1999).
Los estudios liderados por las investigadoras Dammert y Malone (2003; 2006) han considerado de manera más sistemática la indagación sobre los factores determinantes del temor al crimen y el rol que pudiesen jugar los medios en este fenómeno. Sin embargo, se utiliza un indicador indirecto y no convencional para operacionalizar la variable medios 4.
En la misma línea, a partir del Estudio Nacional de Seguridad Ciudadana realizado a comienzos del 2003 por el Instituto de Sociología de la Universidad Católica (ISUC)5, Allende (2004) presenta un acabado informe de los factores determinantes del temor en la población chilena. Las principales conclusiones del estudio coinciden con el panorama presentado por FPC, a pesar de que no son resultados del todo comparables dado que utilizan instrumentos distintos. Lo interesante del estudio, es que es el primero en incluir preguntas relativas a la exposición y consumo de medios de comunicación en el contexto de una encuesta de victimización y temor. Los resultados arrojan que no hay una asociación estadísticamente significativa entre exposición medial a noticias policiales en TV y el temor ante la delincuencia.
Vale la pena detenerse un momento en los resultados de este estudio y los datos disponibles de la Encuesta de Seguridad Ciudadana del ISUC. Utilizando la misma base de datos de Allende (2004), optamos6 por revisar los resultados arrojados inicialmente por el estudio.
Como se ha discutido en párrafos anteriores, la tradición de la Media Research que se ha abocado a estudiar la relación entre medios y temor al crimen, no desestima el peso de las variables relativas al mundo real como factores determinantes del temor al crimen, sino que hipotetiza que la exposición a los medios de comunicación (toda vez que sobre representan la realidad criminal) es un factor adicional que podría reforzar o sustituir la experiencia con el mundo real (Eschholz, 1997).
En este sentido, emerge como primera pregunta si acaso la relación entre los medios de comunicación y el temor al crimen es posible entenderla o sustentarla analíticamente en términos del paradigma de Usos y Gratificaciones presentado por Eliu Katz en los años 70 (Palmgreen, 1985; Rubin, 1986). Jurgen Minnebo (2000) realiza un estudio y encuentra sustento empírico a la tesis de que, mientras una persona le da más importancia al temor al crimen, más se expondrá a los programas de contenido violento en la televisión. Adicionalmente, la psicología ha señalado que, cuando existe temor, se instalan mecanismos cognitivos de percepción selectiva y recuerdo selectivo que tienden a verificar el temor y la desconfianza hacia los demás (Helsper & Manzi, 2003).
Junto con la pregunta anterior, planteamos una segunda interrogante haciendo eco a los estudios de Tyler (1980, 1984). En éstos se constata una fuerte asociación entre medios y temor, cuando éste último es medido como preocupación social y no a partir de la forma tradicional de operacionalizar la ansiedad de las personas sobre la posibilidad de ser víctimas del crimen. Es decir, el temor en términos de preocupación social alude a la percepción de la gente sobre el aumento de la delincuencia o la criminalidad en un contexto más amplio, como el país o la ciudad. Aunque en rigor se trata de una declaración sobre la percepción de un estado general, se ha usado también como medida (o proxy, en términos técnicos) del temor (Allende, 2004). En este sentido, la hipótesis de Tyler (1980, 1984) es más cercana a la línea de los estudios de agenda-setting toda vez que los medios podrían ser más efectivos en influenciar nuestra percepción sobre la delincuencia como problema social a nivel global (creer que la delincuencia en el país ha ido en aumento a pesar de que las cifras se mantienen relativamente estables, por ejemplo), que impactar en los estados cognitivos, como el temor a ser asaltado en la vida cotidiana o el sentirse inseguro al caminar por el barrio cuando es de noche.
El informe de Catalina Allende, sobre la base de los datos de la Encuesta del ISUC, constató que la recordación espontánea del último hecho delictual está fuertemente mediatizada, dado que casi dos tercios de los encuestados hicieron alusión a un delito que apareció en los medios cuando se les preguntó por el último hecho criminal que recordaban (2004, p. 212). Considerando este hallazgo, se puede formular como hipótesis que los medios, en tanto son una de las fuentes de acercamiento a la realidad criminal, podrían tener que ver con el temor, pero no en un sentido personal o situacional, sino que con los estados de percepción de la delincuencia como problema social .
En un estudio que busca contrastar los efectos de cultivación del temor versus los de agenda-setting, Gross y Aday (2003) dan amplio sustento empírico a este argumento, al constatar que el uso de las noticias locales de televisión como fuente de información principal, es un factor significativamente asociado con la creencia de que la delincuencia es uno de los temas más importantes a nivel del Estado (efecto agenda-setting) y no sobre la cultivación del temor de Gebner.
Considerando lo anteriormente expuesto, podemos hipotetizar que, si algo tiene que ver el consumo de medios sobre el temor o ansiedad de las personas frente a la delincuencia, esta asociación es plausible cuando medimos u operacionalizamos el temor en un sentido general como problema social y no sobre el temor como miedo situacional (ser asaltado cuando camino por el barrio de noche, por ejemplo).
Como complemento a los resultados entregados por Allende (2004) y teniendo a disposición los datos de la Encuesta de Seguridad Ciudadana del ISUC, se ha replicado el modelo analítico presentado en su informe, de manera de constatar empíricamente las hipótesis planteadas. Para comprobar la segunda hipótesis, es decir, que los medios de comunicación serían más efectivos en influir nuestra percepción de la delincuencia como problema social y no sobre el temor a ser asaltado o robado en alguna situación específica, se construyó un indicador del temor como preocupación social a partir de la pregunta sobre la percepción de aumento de los delitos de mayor connotación social (homicidio, robo con violencia y agresiones sexuales). En la Tabla 1 se detalla la operacionalización de las variables dependientes e independientes.
De acuerdo a los resultados de la Tabla 1 y observando los coeficientes de las variables explicativas del modelo 5, efectivamente el temor global al crimen esto es, medido como un índice compuesto de temor en distintas situaciones tiene como factores determinantes aquellas variables relacionadas con la experiencia del mundo real. Dado que se ha trabajado con el mismo modelo de Allende (2004), sólo se han replicado y corroborado sus resultados.
Sin embargo, la atención a las noticias de delincuencia en la televisión, aumenta su nivel de significancia cuando se considera temores específicos, es decir, desagregando el modelo original del informe de Allende (2004); modelos 2, 3 y 4 (Tabla 1). En definitiva, una persona que presta mucha o bastante atención a las noticias de delincuencia en la televisión, es más probable que sienta siempre o frecuentemente temor a ser robado o asaltado cuando sale a su trabajo en la mañana, cuando vuelve a la noche a su casa y en el centro de día, incluso después de controlar por el sexo, el nivel socioeconómico, la experiencia previa con el crimen y el resto de las variables explicativas del modelo.7
El principal punto a discutir que emerge de un indicador construido a partir de una pregunta como esta (poner atención a las noticias de delincuencia en la televisión), es el problema de causalidad o endogeneidad . A pesar de que el resultado es significativo es decir, existe una asociación entre las variables no queda clara la dirección del efecto. En buenas cuentas, no hay certeza de si los más temerosos frente al crimen son los que más prestan atención a este tipo de noticias (dada su alta preocupación por el tema), o si el poner mucha o bastante atención a las noticias de delincuencia en la televisión aumenta la ansiedad o el temor de las personas. Para el caso específico de este análisis (y dado que en esta encuesta este indicador es el más propicio8 para medir el efecto medios 9) nos inclinamos más por lo primero. En este sentido, el paradigma de Usos y Gratificaciones es una perspectiva que permite sustentar al menos teóricamente este resultado.
En definitiva, el alto consumo de noticias de delincuencia en la televisión podría tener que ver con el refuerzo de una preferencia o satisfacción de una necesidad de información. Ahora, y para el caso de los datos disponibles, aún cuando las personas más temerosas se expongan más a este tipo de contenidos noticiosos (producto de su estado cognitivo) y sea esta la dirección del efecto, no tenemos certeza de si esta relación estaría reforzando igualmente la ansiedad frente al crimen.
Respecto de la segunda hipótesis, en cambio, no encontramos sustento contundente. El poner mucha o bastante atención a las noticias delictuales en la televisión no hace más probable que una persona piense que en los últimos años han aumentado los homicidios, las agresiones sexuales o los robos con violencia (Tabla 1, modelo 1).
Aún así, se puede observar que disminuye la fuerza de las variables relacionadas con la victimización previa y vicaria (el haber sido víctima de hurto y de robo en la casa dejan de ser significativas), en contraste con el peso que éstas adquieren al estimar el temor al crimen en los otros modelos presentados. Esta variación se puede interpretar entendiendo que la percepción del aumento de la delincuencia es menos probable que se relacione con la experiencia directa o vicaria del crimen y más con otras variables como la edad, el sexo o incluso con la información que circula en los medios en lo relativo al estado de la delincuencia en el país. En consecuencia, los hallazgos no son conclusivos y estimulan el seguir trabajando en medidas más pertinentes para analizar el consumo de medios como variable explicativa.
Esta tabla contiene 5 modelos. El primero de ellos estima el peso de las variables independientes sobre aquellas personas que piensan que en los últimos tres años han aumentado los homicidios, los robos con violencia y las agresiones sexuales10 (delitos de mayor connotación social). Se usaron estos tres indicadores para estimar el efecto de los medios sobre el temor como problema social . Las variables dependientes de los modelos 2, 3 y 4 son el temor a ser asaltado o robado al salir del trabajo en la mañana, al volver a la casa de noche y en el centro de día, respectivamente. El último modelo es una réplica del que estimó Allende (2004), cuya variable dependiente es un índice que se construyó sobre las base del temor a ser robado o asaltado en las tres circunstancias referidas11. Para todos los modelos, la variable de interés es la atención a noticias de delincuencia en la televisión , la misma usada por el estudio de Allende (2004).
El poner mucha o bastante atención a las noticias delictuales en televisión no hace más probable que una persona piense que han aumentado los homicidios, las agresiones sexuales o los robos con violencia.
DISCUSIÓN FINAL
Parte importante del debate publico aquí y en otras sociedades en torno al papel de los medios en la creación del temor al crimen de las personas pasa por alto la complejidad del proceso de comunicación, considerando que los mensajes mediáticos son asumidos pasivamente por el público. Gunter (1987) claramente explica este problema: las preocupaciones referentes a los medios están construidas en supuestos sobre cómo la persona interactúa con los contenidos de los medios, asumiendo que éstos son la única fuente de información sobre el crimen, y que el público acepta esta en forma poco crítica.
Siguiendo a Gunter, nos parece que extraer conclusiones respecto a cómo los mensajes mediáticos son apropiados por el público a partir de los análisis de cobertura puede ser temerario e irresponsable. Después de años en que la investigación simplificó la forma de entender la relación entre medios de comunicación y temor, hoy la literatura internacional tiende ha coincidir en que el problema debe enfrentarse desde otra perspectiva, más que buscar evidencia empírica para comprobar que la prensa es la causante general del temor. Esto, porque tanto la creación del temor como el proceso de apropiación de los contenidos mediáticos envuelven una multiplicidad de factores sociales y sicológicos. Por ello, su estudio propone asumir un enfoque más particular acorde con la premisa actual del Media Research: The media messages do not affect all the people all of the time, but some of the messages affect some of the people some of the time (Heath & Gordon, 1996, p. 57).
En ese contexto, en este paper entregamos un nuevo análisis a los datos de la Encuesta de Seguridad Ciudadana (ISUC, 2003), donde buscamos dar nuevas respuestas a la relación entre consumo de medios y temor a la delincuencia, que intentaron ir más allá de lo observado anteriormente por Allende (2004). Al respecto, la teoría de Usos y Gratificaciones emerge como una perspectiva teórica plausible para explicar la asociación significativa entre la atención a las noticias de delincuencia en la televisión y el temor a ser asaltado o robado en distintas circunstancias. Esto implica si no asumir, al menos considerar que las personas hacen un uso selectivo de los contenidos mediáticos en virtud de las experiencias o contextos a los cuales pertenecen, lo que a su vez podría reforzar ciertas conductas o preferencias, más que determinarlas.
Aun así, queda un amplio camino por explorar en la relación entre los medios y la creación del temor en Chile. Una agenda de investigación que siga esa línea debería considerar de manera más cuidadosa el proceso de operacionalización es decir, la forma en que se conceptualiza y mide las dimensiones y variables de estudio , asumiendo las complejidades y matices que envuelven el proceso comunicacional de la recepción. Ello incluye crear modelos de medición que permitan conocer la interrelación entre los distintos medios de comunicación soportes, programas, mensajes específicos y otras dimensiones sociales de la experiencia del temor en situaciones particulares (Gunter, 1987; Schholz et al., 2003; Chirincos et al., 1997; Howitt, 1998; Heath, 1996).
En ese rumbo, creemos que lo que aquí se ha presentado es un primer paso que permite progresar en un estudio multidimensional de esa naturaleza, en la medida de que abordamos en su particularidad el tema de los contenidos de la prensa. Se plantean así al menos tres desafíos: en primer lugar, diseñar medidas más precisas de las variables dependientes e independientes. En segundo lugar, tomar en consideración los rasgos de la audiencia en los análisis y modelos. Y, por último, realizar estudios e indagaciones más pertinentes considerando diseños multimetodológicos.
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