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Cuadernos de Información Nº19, 2006 |
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JUAN CARLOS ALTAMIRANO
Planeta, Santiago, 2006, 574 páginas.
Quienes han hecho de la comunicación su forma de vida saben que no basta con tener un programa en el aire para generar valor o impacto social. Por eso, un texto como ¿TV or not TV?, de Juan Carlos Altamirano, puede ayudar a dar luces sobre el ayer, el hoy y el mañana de un medio que se inserta en un continuo y que día a día debe luchar por la fidelidad de sus audiencias, la calidad de lo que transmite y, además, responder al papel que la sociedad le ha asignado.
Luego de pasar por la industria publicitaria durante los ochenta, Altamirano trabajó 15 años en la Dirección de Programación de Televisión Nacional, donde llegó a ser gerente del canal. Estuvo a cargo de programas clásicos de la televisión chilena de los noventa, como Mea culpa, El show de los libros, El mirador, Los patiperros y La cultura entretenida, entre otros. El autor, sociólogo y master en cine y televisión, también tiene a su haber el libro Cómo se mueve don Francisco. Sus pares le reconocen olfato . Sin embargo, a la luz de ¿TV or not TV? esto parece injusto: el libro da cuenta de un profesional que se mueve más allá de las meras intuiciones.
Es un libro serio, bien fundamentado y monumental, dada la profundidad y variedad de las aristas que abarca. En Altamirano podemos reconocer a un estudioso de la industria, capaz de mirarla no sólo desde la tecnología y los éxitos de audiencias, sino como una manifestación de la cultura social contemporánea. En la introducción, el autor sintetiza el objetivo del texto: Recorro los diferentes períodos históricos, más o menos cronológicamente, con el objetivo de describir los eventos particulares que, a mi juicio, han contribuido a la creación del lenguaje audiovisual; los descubrimientos e invenciones que influyeron directamente en el desarrollo moderno de los medios de comunicación de masas. Cuando abundo en detalles historicistas es para demostrar cómo el pasado es fundamental para entender y explicarse la naturaleza de los contenidos actuales de la televisión .
¿TV or not TV? tiene cuatro partes. La primera ( El nacimiento del lenguaje audiovisual ) es una mirada a las tradiciones que sustentan a la industria. Una de las originalidades del libro está en este capítulo, pues le da a la realización televisiva un valor e importancia dentro de la evolución de las artes que no se encuentra con frecuencia en los textos sobre televisión.
La segunda parte ( La polémica sobre la televisión ) explora al medio desde su relación con los telespectadores y da cuenta de las distintas corrientes que existen al respecto. El capítulo demuestra cómo ver televisión hoy no es una acción pasiva, sino que requiere de un televidente entrenado y capaz de seguir situaciones complejas. Valioso es el análisis sobre la violencia, el sexo y la consiguiente autorregulación a la que están sometidos los canales de televisión abierta del mundo.
La tercera parte ( Los modelos de televisión ) corresponde a la descripción y el análisis de los distintos modelos que han dado vida a la industria y que tienen que ver con los acuerdos sociales: ¿privado, comercial o mixto? Uno de los puntos destacados del capítulo es la mirada del autor a lo que ocurrió en TVN durante los años 90, en especial porque él formó parte del equipo que generó los cambios que se introdujeron en la época. Dedica un número importante de páginas a las complejidades que conlleva la elaboración de una parrilla programática atractiva para los telespectadores, un aporte por su experiencia en el tema.
La cuarta parte, por último ( La realización y producción de programas ), explica cómo se realizan y producen los distintos formatos, incluidos los realities y documentales o factual programs , tan de moda hoy. Si bien el enfoque es a partir de este país, sus procedimientos se pueden generalizar, pues es una industria que ha logrado unificar prácticas y procesos.
Finnalmente, en las conclusiones Altamirano especula sobre el futuro del medio y se plantea la idea de que estamos ad portas de la creación de una plaza virtual , que unirá los contenidos que ofrecen las distintas pantallas (televisor, cine, computador, etc.) usando como idioma el lenguaje audiovisual-interactivo.
La costumbre en este tipo de libros es responder a la pregunta sobre cómo se hace. Altamirano tiene la gentileza, además, de entregarnos respuestas a por qué se hace así. En una etapa en la que el público está cada vez más educado y veleidoso respecto al medio de comunicación masiva del siglo XXI, ¿TV or not TV? puede ser una contribución indispensable.
SOLEDAD PUENTE
EBERHARD SCHOCKENHOFF
Verlag Herder, Freiburg, 2005, 532 páginas.
Bajo el título ¿Condenado a la mentira? Política, justicia, arte, medios de comunicación, medicina, ciencias y la ética de la verdad, este texto se propone ofrecer una respuesta exponiendo las bases de la ética aplicada contemporánea y la discusión en torno a la pregunta sobre la verdad en el seno de estas diferentes disciplinas. Se trata de una reedición revisada y ampliada de la versión del libro del año 2000, que incluye esta vez el tratamiento de la verdad y la libertad en el arte.
Su autor, Eberhard Schockenhoff, con estudios de teología en Tübingen y Roma, ha sido profesor de teología moral desde 1990, primero en Regenburg y ahora en Freiburg.
Punto de partida del académico es la constatación de que, a pesar del reconocimiento mundial de la mentira como una trasgresión moral, hoy se anuncia desde distintos campos culturales y sociales que la verdad solamente tendría cabida y sentido cuando la mentira no constituya una ventaja palpable. Plantea el autor que, a partir de antecedentes empíricos, la biología social, la antropología cultural y las ciencias sociales han querido demostrar que el hombre tiende naturalmente a la mentira y que, de hecho, ella se emplea con mayor frecuencia que la verdad en las relaciones sociales e interpersonales. Es en este contexto que Schockenhoff se plantea el desafío de demostrar de manera rigurosa, a través del análisis y la discusión del aporte a la problemática de la verdad desde una diversidad de disciplinas, que existen vías para obviar la mentira. Reivindica así la verdad como un medio y un fin posible y deseable en los diversos campos de acción del hombre contemporáneo.
Específicamente en el área de los medios y las comunicaciones, el libro se explaya sobre la verdad en la comunicación medial como sustento de la democracia. Aborda la historia del concepto de opinión pública y la analiza como categoría político-democrática y antropológico-social. Se refiere luego a diferentes teorías que tratan o cuestionan el sentido del respeto a la verdad en la acción informativa y se detiene en el análisis y la discusión moral de casos emblemáticos en que se ha sometido a prueba el valor de la verdad, como en el caso de la mentira empleada para salvar a personas de ser trasladadas a los campos de exterminio de Auschwitz.
En un espacio dedicado a la tarea de la ética periodística, el texto parte del reconocimiento de la existencia de larga data de una ética aplicada propia de la labor informativa. El autor, sin embargo, desafía a ampliar hoy los cuestionamientos éticos del periodista considerando también la creciente interacción del comunicador con nuevos interlocutores. Hoy no es novedad la exigencia de una ética en un campo del hacer , dice Schockenhoff. Aplicado al periodismo, la idea es ahora prestar atención a todas las condicionantes estructurales que operan en el proceso informativo. Este cambio de perspectiva para abordar la ética periodística obliga a examinar todos los factores que están incidiendo en el proceso comunicacional, como el tema del financiamiento de los medios, la competencia o las demandas del público. Es una ética que no se satisface con el dominio de una normas consensuadas para informar, sino que se cuestiona además las condicionantes estructurales a que se ve expuesto el periodista. La ética periodística evoluciona así hacia una integradora ética de los medios.
MARÍA ELENA GRONEMEYER
PHILIP M. NAPOLI
Columbia University Press, Nueva York, 2003, 235 páginas
La combinación de economía y audiencias no es habitual. Si uno junta las dos palabras y busca en Google, 16 de los primeros 20 resultados están asociados al libro Audience Economics: Media Institutions and the Audience Marketplace. Lo que parece ser un indicador de la popularidad de esta obra se revela como una consecuencia de su aporte: su autor, Philip Napoli, director del Donald McGannon Communication Research Center de la Fordham University, obtuvo por ella el Robert Picard Award del 2004, premio otorgado a la mejor obra del año sobre gestión y economía de los medios de comunicación por la Association for Education in Journalism & Mass Communication.
Audience Economics se estructura en torno a un concepto: el mercado de las audiencias. Para retratarlo, el autor realiza un documentado recorrido por los campos de la economía medial, la medición y el comportamiento de las audiencias. Bastaría con este esfuerzo integrador de materias que la literatura suele tratar aisladamente, para que el texto de Napoli, escrito con rigor y claridad, mereciera ser reconocido como una excelente introducción a la dimensión económica de la industria de los medios de comunicación. Sin embargo, lo que justifica la relevancia que ha cobrado Audience Economics es haber dado con una idea que pone de manifiesto aquello que explica la singularidad de esta industria: las audiencias. Siendo éstas el objeto que se transa en el mercado, la mirada de Napoli las descompone en los elementos que las definen como un producto transable. Para hacer la diferencia con las personas que hay detrás de las audiencias de los medios y, al mismo tiempo, poner de manifiesto que se trata de una creación con características propias, Philip Napoli las llama audiencia-producto .
El recorrido comienza con la identificación de los actores que participan en el mercado de la audiencia-producto . Además de los obvios (medios y anunciantes), Napoli asigna un rol preponderante a las empresas de investigación de mercado. Esto se basa en que las audiencias son inaccesibles directamente. Al reconocer que la aproximación a ellas es de naturaleza estadística y, necesariamente, reduccionista, señala que las características del producto que se compra y vende en este mercado no son develadas, sino construidas en el acto de la medición. Napoli está lejos de sospechar de la pertinencia de las mediciones de audiencia o negar su validez. Su punto está en que la medición no proviene directamente de las audiencias, sino que está mediada por la medición, es decir, la audiencia sólo se hace visible en la forma que la medición lo permite. No debe subestimarse las implicancias de esto, ya que el bien que venden los medios y compran los anunciantes no son las audiencias, sino la audiencia medida: la audiencia-producto .
Luego de definir el producto central del mercado de las audiencias, Napoli pasa a revisar las características de este bien que afectan las transacciones de las que es objeto: las diferencias entre la audiencia real y la medida y el modo en que son valoradas, pero fundamentalmente las diferencias entre la audiencia medida y la pronosticada. En este punto desarrolla una idea que, siendo evidente para quienes participan en el mercado, se menciona poco y se estudia menos en sus implicancias: las audiencias, como producto, sólo son creadas en el momento en que los contenidos son difundidos y consumidos por el público. Esto significa que las características de la audiencia-producto sólo pueden ser conocidas después de que ha sido transada. Es esta singularidad la que permite explicar las diferencias entre este mercado y otros.
Napoli termina efectuando una revisión de las tendencias visibles en el mercado de las audiencias y el impacto de las nuevas tecnologías en él. Pero lo fundamental, aquello que sin duda le valió el Robert Picard Award 2004 y su gran popularidad, es haber desarrollado con una notable claridad y sencillez un modelo conceptual para la interpretación económica de las audiencias de los medios de comunicación.
PABLO JULIO
MARÍA CRUZ SEOANE Y SUSANA SUERO
Random House Mondadori, Barcelona, 2004, 703 páginas.
La importancia de El País como el principal diario de referencia en español es indiscutible. Su historia que durante largos pasajes se entremezcla con la propia historia de la transición española da cuenta de los desafíos que debe enfrentar un nuevo periódico para alcanzar una posición de liderazgo en su mercado. Justamente ése es el proceso del que se hace cargo el libro Una historia de El País y del Grupo Prisa. La investigación, para la cual las autoras tuvieron acceso a los archivos de la empresa, permite conocer cómo un periódico con más de 500 propietarios en su inicio se transformó en uno de los principales grupos de medios de comunicación de habla hispana controlado por un sólo hombre, Jesús de Polanco. Además, el libro no sólo se queda en las anécdotas y pugnas internas de El País, sino que también permite aproximarse a las distintas posturas editoriales que el diario fue tomando en los últimos 30 años. Esto deja más que claro cómo las historias de España y El País corrieron entrelazadas y en paralelo.
El texto entrega detalles inéditos sobre la fundación del diario y las relaciones que se establecieron entre sus socios originales. Tres años antes de la muerte de Franco, ya habían comenzado a fraguar el lanzamiento de un periódico inspirado en principios liberales, europeístas y que fuera equidistante entre el inmovilismo y el marxismo. Los fundadores creían necesario remecer al periodismo español con una propuesta que fuera capaz de interpelar e interpretar al conjunto de la ciudadanía que iba a surgir con la transición española. Con un discurso que enfatizaba el hecho de que el nuevo periódico nacería sin cargar con las manchas de la historia, lograron convencer a más de 500 personalidades para que fueran accionistas. El País circuló por primera vez el 4 de mayo de 1976, seis meses después de la muerte de Franco, y los medios de la época resaltaron la variedad ideológica del accionariado, la juventud de la redacción, su condición de primer diario del posfranquismo y la sobriedad de su diseño. Su joven director, Juan Luis Cebrián, lideraba una redacción que apenas promediaba 29 años de edad.
Seoane y Suero describen desde el proceso fundacional hasta cómo Prisa se transformó en un grupo multimedia, con fuerte presencia en Latinoamérica, propietario de radios, canales de televisión, portales en internet y diarios especializados. Las autoras sostienen que el éxito del diario se debió, en parte, a la estratégica alianza que estableció Cebrián con Jesús de Polanco, principal ejecutivo e importante accionista de la compañía. Polanco entendía que a los propietarios sólo les correspondía una tarea de coordinación y que debían dejar a los profesionales actuar con independencia en la elaboración del periódico.
El libro, además, permite constatar que el sitial privilegiado de El País se debe en gran medida a su capacidad para vincular hitos periodísticos con su propia historia como diario. Los aciertos en su proceso de desarrollo y madurez como El Estatuto de la Redacción, el Libro de estilo y el Defensor del Lector no sólo generaron un enorme impacto en los demás medios de comunicación, sino que abrieron el camino para que muchos periodistas de habla hispana pudieran revisar sus prácticas y el sentido de la profesión.
JOSÉ LUIS SANTA MARÍA
BURNETT, RON
The MIT Press, Cambridge, 2005, 272 páginas.
Una imagen vale más que mil palabras, dice el dicho. Entonces, ¿cuánto valen las miles de imágenes que nos rodean todos los días? Los eventos de la realidad pueden ser fotografiados, filmados, animados, ilustrados y reproducidos de tantas formas como la tecnología lo permita. Esos registros visuales son en sí representaciones de momentos determinados del continuo de la historia. Fotos y videos conforman imágenes que crean y hacen crecer un archivo o registro de lo ocurrido. Ese archivo no es sino una metáfora de los eventos, que permite visualizarlos de forma virtual.
En su libro, Ron Burnett ejemplifica esta idea con una serie de fotografías en blanco y negro de una gran chimenea de fábrica rodeada por mucho humo, a la que le atribuye un significado relacionado con los campos de concentración nazis donde fue exterminada parte de su familia.
El autor es presidente del Instituto de Arte y Diseño Emily Carr, de Vancouver, Canadá, y artista y diseñador del Centro de Innovación de Nuevos Medios. También es autor de Cultures of Vision: Images, Media, and the Imaginary y editor de Explorations in Film Theory.
Las imágenes digitales son parte integral de todos los medios, desde la televisión al cine, la fotografía, la animación, los juegos de video, la representación visual de las estadísticas e internet. En el mundo digital, el público espectador deja de ser pasivo para asumir un rol activo, como un navegador que dirige su curso a través de una variedad de experiencias interactivas, donde las imágenes se vuelven espacios de visualización con un creciente nivel de inteligencia programada en la esencia de los procesos comunicativos.
En este libro, Burnett explora esta nueva ecología, que ha transformado la forma en que los humanos nos relacionamos con las tecnologías basadas en imágenes que hemos creado. Se ha programado tanta inteligencia en esas tecnologías dependientes de la imagen, que a menudo parece ser que las imágenes piensan . Dotar de pensamiento a las máquinas produce una redefinición de nuestra relación con ellas y acrecienta nuestras ideas sobre la mente y el cuerpo. El autor señala que el desarrollo de esta nueva relación de interdependencia marca un punto de quiebre en la forma de entender las conexiones entre los seres humanos y las máquinas.
Después de presentar un resumen de lo que significa la percepción visual, con un gran énfasis en la fotografía, la historia y la memoria, el libro se dedica a examinar las formas interactivas de las nuevas tecnologías (los juegos de computador, la realidad virtual, la fotografía digital y el cine) y ubica las imágenes digitales en un contexto histórico. Burnett explica que las imágenes virtuales ocupan un espacio central o mediador entre lo virtual y lo real, combinando ambos mundos en un ambiente de visualización que hace borrosa las distinciones entre sujeto y objeto. Naturalmente, las imágenes no son capaces de pensar ni actuar (son objetos), pero el significado y el uso de que las dotamos en la multiplicidad de situaciones de la vida diaria las convierte en nuestra principal forma de interacción y comunicación. Eso mediatiza, es decir, modifica e incluso gobierna la forma en que pensamos.
Las ideas que presenta el libro se suceden como una cadena de capítulos ordenada y hasta lógica, acentuadas por frases destacadas e imágenes. Pero la lectura no es fácil porque el relato tiene tres problemas: a ratos es reiterativo, hay una gran cantidad de referencias poco clarificadoras a autores no siempre conocidos, y frecuentemente se desvía del tema principal a una variedad de asuntos puntuales y dispersos. Todo eso obliga a releer los párrafos para poder seguir el hilo central, con el consiguiente riesgo de tedio y desconcentración.
En defensa de la narración se podría argumentar que la comprensión de las imágenes, a diferencia del texto, no es lineal, y justamente el libro refleja esa realidad. El autor dice que el mismo título del libro es intencionalmente ambiguo porque refiere a una exploración de la experiencia mediatizada en el mundo digital. Sin embargo, el deber del autor es exponer sus ideas claramente, desde una perspectiva que nos permita entender los procesos de interacción, especialmente cuando se refiere a una forma novedosa para comprender el rol que juegan las imágenes en nuestra comprensión del mundo, y el espacio central que ocupan entre lo real y lo virtual.
El tema está lejos de estar resuelto. De hecho, el libro ha provocado una interesante discusión que continúa en el blog del autor (http://www.eciad.ca/ rburnett/Weblog).
CRISTÓBAL EDWARDS
JOHN V. PAVLIK
Paidós, Barcelona, 2005, 351 páginas.
El profesor Pavlik es de aquellos que podrían llenar fácilmente una sala de conferencias. Así lo hizo el año pasado en Barcelona, España, cuando se refirió a los desafíos del periodismo a diez años de iniciados los llamados nuevos medios , en un congreso organizado por la Universidad Ramón Llull. En una época de gran dinamismo para la industria de los medios de comunicación, su discurso apunta hacia una recuperación de los valores del periodismo, como la autenticidad de los contenidos, la comprobación de las fuentes y la veracidad. Estos valores, curiosamente, están bajo sospecha en la era de internet, donde cualquier persona con un computador y una conexión a la red puede generar y publicar sus propios contenidos.
En su libro El periodismo y los nuevos medios de comunicación, Pavlik repasa la actividad profesional, las nuevas formas para contar historias y reportear, los desafíos éticos y la organización de las nuevas salas de prensa. Aunque con tecnología un poco desactualizada para nuestros días, en el último capítulo se narran interesantes casos de innovaciones en la sala de redacción, lo cual no deja de ser útil cuando las barreras de entrada por costo han bajado para acceder a tecnologías más convergentes . Pavlik no se queda en lo que Roger Fidler llama tecnomiopía o la ceguera producida por la tecnología, y cita el caso del cambio de la sala de redacción de CBS News en Estados Unidos en la década de los 50, cuando por primera vez se introdujo una computadora en una sala de prensa para que predijera los resultados de las elecciones. Entonces, no toda la fe estaba puesta en esa vieja UNIVAC, sino que fue muy necesario el carisma y la credibilidad del periodista que la manejaba: el cambio tecnológico no dependía tanto de las características de los equipos, sino del liderazgo personal de quien llevara el proyecto adelante. Una idea antigua, pero que muchas veces se olvida en el ejercicio periodístico, cuando el uso de la tecnología se deja de lado completamente y no se asume como algo propio de la profesión.
Otro interesante aporte del libro del profesor Pavlik es su análisis de la ley de telecomunicaciones de 1996 de Estados Unidos. Con la perspectiva de una década, podamos ver en ella uno de los puntos de partida de la actual situación, en la que las empresas que antes se encargaban de las líneas de transmisión telefónica y TV cable, actualmente compiten en la industria del contenido. Según afirma Pavlik, la desregulación, con la privatización de las telecomunicaciones como fuerza motriz, activó fuerzas competitivas que han puesto en una atmósfera de incertidumbre al periodismo; ahora, los nuevos productos generados en Redmond o Mountain View (las sedes de Microsoft y Google, respectivamente) se convierten en los nuevos competidores de los medios de comunicación. En este sentido, algunos pasajes de Pavlik recuerdan las promesas de Nicholas Negroponte en su conocido libro Ser digital, aunque con la diferencia de ahondar en mayor cantidad de ejemplos (como la extinta nando.com o las diversas estrategias del Wall Street Journal online).
Tal vez el texto de Pavlik comete el pecado de estar muy centrado en las experiencias de Estados Unidos en lo relativo a los medios de comunicación en general y a los nuevos medios en particular. Y esto es aún más manifiesto si se considera que la edición en castellano añade escasos guiños al resto del mundo. No obstante ello, tiene la ventaja de ser un interesante compendio de experiencias periodísticas del país tal vez más rico en historias y casos en lo que a prensa se refiere.
FRANCISCO FERNÁNDEZ
IRENE VASILACHIS DE GIALDINO
Gedisa, Barcelona, 2003, 286 páginas.
Durante los últimos dos años, diversas instituciones vinculadas al estudio y la superación de la pobreza en Chile han comenzado a instalar una conversación pública en torno a la forma como los medios de comunicación (re)presentan a los sujetos en situación de pobreza.
Los supuestos detrás de esta iniciativa se inscriben, por un lado, en la verificación del poder que tienen los medios para confeccionar tanto el conocimiento como la experiencia de mundo que adquieren las personas. Y, por el otro, en la constatación de que ciertas visiones transmitidas sobre la pobreza hacen que ese conocimiento en vez de iluminarnos y acercarnos hacia quienes viven en esta condición, contribuyen a mantener jerarquías, estereotipos y discriminaciones. También a conformar comunidades de pertenencia distanciadas, con claros límites entre el nosotros y el ellos .
Una perspectiva sugerente para quienes desean profundizar en el tema es la que ilustra Pobres, pobreza, identidad y representaciones sociales, libro de la socióloga argentina, doctora en derecho y especialista en análisis del discurso Irene Vasilachis de Gialdino.
El texto aborda y cuestiona con base teórica y empírica ciertas problemáticas centrales en el campo de las representaciones. Así, por ejemplo, los sesgos y condicionamientos con que todo investigador accede al conocimiento sobre los otros ( ¿Por qué si las formas de conocer que se emplean en el proceso de conocimiento impiden ver a ese otro como un igual, servirán para mostrarlo tal cual es, tal como siente, tal como espera? ); también las restricciones que imponen a una descripción más justa e igualitaria la complicidad de todo locutor con sus destinatarios ( El qué se escribe está profundamente condicionado por el para quién se escribe y los que pretenden describir, explicar, interpretar las situaciones de pobreza raramente tienen a las personas pobres como interlocutores imaginarios ).
Cuando nos relacionamos con el libro desde la perspectiva del periodista, su mayor atractivo no radica en primera instancia en los problemas generales que se exponen ni en los presupuestos epistemológicos y metodológicos que se enuncian, a veces con majadería y cierto olvido del lector, al inicio de cada uno de sus cinco capítulos. Lo seductor está en los casos, en los estudios sobre la situación de adultos y menores en condición de pobreza que se exponen desde dos perspectivas: la de los propios sujetos y la de los medios de comunicación. El despliegue de ambas visiones, aun cuando sea por mediación del análisis de la autora, sin duda contribuyen a ensanchar la mirada profesional.
Especialmente significativo es el contraste entre cómo los sujetos se comprenden a sí mismos cómo se autorrepresentan y otorgan sentido a su situación, su acción y la de los otros respecto de la imagen que estructuran y transmiten los medios. Vasilachis profundiza en estos retratos mediante el análisis de los recursos y las estrategias discursivas empleadas por los locutores para categorizar, definir, calificar las características físicas, mentales y/o sociales de las personas que viven en la calle , fundamentar sus afirmaciones y narrar sus acciones.
Como resultado de su análisis manifiesta que las representaciones construidas constituyen acciones de privación de identidad cuando (y porque) violan el principio de igualdad esencial entre los seres humanos a través del recurso de mostrar como esenciales las diferencias que se predican textualmente como existenciales . Al llegar a esta conclusión se hace necesario regresar atrás en el libro y detenerse en la propuesta general de la autora. Aquella que dice relación con la epistemología del sujeto cognoscente , que promueve un cambio en la concepción de la naturaleza ontológica de los seres humanos a partir del reconocimiento de dos componentes en su identidad: uno esencial, común a todos los individuos y que permite la identificación de cada uno como un igual, y otro de carácter existencial, que da cuenta de lo que legítimamente lo distingue.
La autora lleva a cabo un recorrido de más de 250 páginas, donde revisa la privación de identidad que se establece cuando el hablante concede un significado a lo que ha observado a partir de los modelos interpretativos dominantes en la sociedad (obviando la significación que le atribuyen quienes participan directamente de ella). Los datos que sustentan el libro son interesantes y sólidos, y las conclusiones también. Sólo que el camino que nos hace emprender es a veces poco solidario con los lectores, especialmente con aquellos que se aproximan desde una perspectiva más profesional que académica. Pero pasar por alto ese ripio tiene significativas recompensas. Sobretodo para quien cree que explorar los mecanismos a través de los cuales los medios de comunicación pueden estar ejerciendo formas de discriminación, es una de las exigencias de un periodismo de calidad.
PAULINA GÓMEZ
Artículo en formato PDF
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