auxi auxi Cuadernos de Información Nº19, 2006 auxi auxi
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Reseñas de libros

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JUAN CARLOS ALTAMIRANO

Planeta, Santiago, 2006, 574 páginas.

 Quienes han hecho de la comunicación su forma de vida saben que no basta con tener un programa en el aire para generar valor o impacto social. Por eso, un texto como ¿TV or not TV?, de Juan Carlos Alta­mirano, puede ayudar a dar luces sobre el ayer, el hoy y el mañana de un medio que se inserta en un continuo y que día a día debe luchar por la fidelidad de sus au­diencias, la calidad de lo que transmite y, además, responder al papel que la socie­dad le ha asignado.

Luego de pasar por la industria publi­citaria durante los ochenta, Altamirano trabajó 15 años en la Dirección de Pro­gramación de Televisión Nacional, don­de llegó a ser gerente del canal. Estuvo a cargo de programas clásicos de la tele­visión chilena de los noventa, como Mea culpa, El show de los libros, El mirador, Los patiperros y La cultura entretenida, entre otros. El autor, sociólogo y master ­en cine y televisión, también tiene a su haber el libro Cómo se mueve don Francisco. Sus pares le reconocen olfato . Sin embargo, a la luz de ¿TV or not TV? esto parece injusto: el libro da cuenta de un profesional que se mueve más allá de las meras intuiciones.

Es un libro serio, bien fundamenta­do y monumental, dada la profundidad y variedad de las aristas que abarca. En Altamirano podemos reconocer a un es­tudioso de la industria, capaz de mirar­la no sólo desde la tecnología y los éxitos de audiencias, sino como una manifesta­ción de la cultura social contemporánea. En la introducción, el autor sintetiza el objetivo del texto: Recorro los diferentes períodos históricos, más o menos crono­lógicamente, con el objetivo de describir los eventos particulares que, a mi juicio, han contribuido a la creación del lenguaje audiovisual; los descubrimientos e inven­ciones que influyeron directamente en el desarrollo moderno de los medios de co­municación de masas. Cuando abundo en detalles historicistas es para demos­trar cómo el pasado es fundamental para entender y explicarse la naturaleza de los contenidos actuales de la televisión .

¿TV or not TV? tiene cuatro partes. La primera ( El nacimiento del lenguaje au­diovisual ) es una mirada a las tradicio­nes que sustentan a la industria. Una de las originalidades del libro está en este ca­pítulo, pues le da a la realización televisiva un valor e importancia dentro de la evolu­ción de las artes que no se encuentra con frecuencia en los textos sobre televisión.

La segunda parte ( La polémica so­bre la televisión ) explora al medio des­de su relación con los telespectadores y da cuenta de las distintas corrientes que existen al respecto. El capítulo demues­tra cómo ver televisión hoy no es una acción pasiva, sino que requiere de un televidente entrenado y capaz de seguir situaciones complejas. Valioso es el aná­lisis sobre la violencia, el sexo y la con­siguiente autorregulación a la que están sometidos los canales de televisión abier­ta del mundo.

La tercera parte ( Los modelos de te­levisión ) corresponde a la descripción y el análisis de los distintos modelos que han dado vida a la industria y que tienen que ver con los acuerdos sociales: ¿priva­do, comercial o mixto? Uno de los puntos destacados del capítulo es la mirada del autor a lo que ocurrió en TVN durante los años 90, en especial porque él formó par­te del equipo que generó los cambios que se introdujeron en la época. Dedica un número importante de páginas a las com­plejidades que conlleva la elaboración de una parrilla programática atractiva para los telespectadores, un aporte por su ex­periencia en el tema.

La cuarta parte, por último ( La rea­lización y producción de programas ), explica cómo se realizan y producen los distintos formatos, incluidos los realities y documentales o factual programs , tan de moda hoy. Si bien el enfoque es a partir de este país, sus procedimientos se pueden generalizar, pues es una industria que ha logrado unificar prácticas y procesos.

Finnalmente, en las conclusiones Altamira­no especula sobre el futuro del medio y se plantea la idea de que estamos ad por­tas de la creación de una plaza virtual , que unirá los contenidos que ofrecen las distintas pantallas (televisor, cine, com­putador, etc.) usando como idioma el len­guaje audiovisual-interactivo.

La costumbre en este tipo de libros es responder a la pregunta sobre cómo se hace. Altamirano tiene la gentileza, ade­más, de entregarnos respuestas a por qué se hace así. En una etapa en la que el pú­blico está cada vez más educado y velei­doso respecto al medio de comunicación masiva del siglo XXI, ¿TV or not TV? pue­de ser una contribución indispensable.

SOLEDAD PUENTE

 

EBERHARD SCHOCKENHOFF

Verlag Herder, Freiburg, 2005, 532 páginas.

Bajo el título ¿Condenado a la mentira? Política, justicia, arte, medios de comuni­cación, medicina, ciencias y la ética de la verdad, este texto se propone ofrecer una respuesta exponiendo las bases de la éti­ca aplicada contemporánea y la discusión en torno a la pregunta sobre la verdad en el seno de estas diferentes disciplinas. Se trata de una reedición revisada y amplia­da de la versión del libro del año 2000, que incluye esta vez el tratamiento de la verdad y la libertad en el arte.

Su autor, Eberhard Schockenhoff, con estudios de teología en Tübingen y Roma, ha sido profesor de teología moral desde 1990, primero en Regenburg y ahora en Freiburg.

Punto de partida del académico es la constatación de que, a pesar del reco­nocimiento mundial de la mentira como una trasgresión moral, hoy se anuncia desde distintos campos culturales y so­ciales que la verdad solamente tendría cabida y sentido cuando la mentira no constituya una ventaja palpable. Plantea el autor que, a partir de antecedentes em­píricos, la biología social, la antropología cultural y las ciencias sociales han que­rido demostrar que el hombre tiende na­turalmente a la mentira y que, de hecho, ella se emplea con mayor frecuencia que la verdad en las relaciones sociales e in­terpersonales. Es en este contexto que Schockenhoff se plantea el desafío de de­mostrar de manera rigurosa, a través del análisis y la discusión del aporte a la pro­blemática de la verdad desde una diversi­dad de disciplinas, que existen vías para obviar la mentira. Reivindica así la ver­dad como un medio y un fin posible y de­seable en los diversos campos de acción del hombre contemporáneo.

Específicamente en el área de los me­dios y las comunicaciones, el libro se ex­playa sobre la verdad en la comunicación medial como sustento de la democracia. Aborda la historia del concepto de opi­nión pública y la analiza como categoría político-democrática y antropológico-so­cial. Se refiere luego a diferentes teorías que tratan o cuestionan el sentido del respeto a la verdad en la acción informa­tiva y se detiene en el análisis y la dis­cusión moral de casos emblemáticos en que se ha sometido a prueba el valor de la verdad, como en el caso de la mentira empleada para salvar a personas de ser trasladadas a los campos de exterminio de Auschwitz.

En un espacio dedicado a la tarea de la ética periodística, el texto parte del re­conocimiento de la existencia de larga data de una ética aplicada propia de la la­bor informativa. El autor, sin embargo, desafía a ampliar hoy los cuestionamien­tos éticos del periodista considerando también la creciente interacción del co­municador con nuevos interlocutores. Hoy no es novedad la exigencia de una ética en un campo del hacer , dice Schoc­kenhoff. Aplicado al periodismo, la idea es ahora prestar atención a todas las con­dicionantes estructurales que operan en el proceso informativo. Este cambio de perspectiva para abordar la ética perio­dística obliga a examinar todos los fac­tores que están incidiendo en el proceso comunicacional, como el tema del finan­ciamiento de los medios, la competen­cia o las demandas del público. Es una ética que no se satisface con el dominio de una normas consensuadas para infor­mar, sino que se cuestiona además las condicionantes estructurales a que se ve expuesto el periodista. La ética periodís­tica evoluciona así hacia una integradora ética de los medios.

MARÍA ELENA GRONEMEYER

 

PHILIP M. NAPOLI

Columbia University Press, Nueva York, 2003, 235 páginas

 La combinación de economía y audien­cias no es habitual. Si uno junta las dos palabras y busca en Google, 16 de los pri­meros 20 resultados están asociados al li­bro Audience Economics: Media Institutions and the Audience Marketplace. Lo que pare­ce ser un indicador de la popularidad de esta obra se revela como una consecuen­cia de su aporte: su autor, Philip Napoli, director del Donald McGannon Commu­nication Research Center de la Fordham University, obtuvo por ella el Robert Pi­card Award del 2004, premio otorgado a la mejor obra del año sobre gestión y eco­nomía de los medios de comunicación por la Association for Education in Jour­nalism & Mass Communication.

Audience Economics se estructura en torno a un concepto: el mercado de las au­diencias. Para retratarlo, el autor realiza un documentado recorrido por los cam­pos de la economía medial, la medición y el comportamiento de las audiencias. Bastaría con este esfuerzo integrador de materias que la literatura suele tratar ais­ladamente, para que el texto de Napoli, escrito con rigor y claridad, mereciera ser reconocido como una excelente introduc­ción a la dimensión económica de la in­dustria de los medios de comunicación. Sin embargo, lo que justifica la relevancia que ha cobrado Audience Economics es ha­ber dado con una idea que pone de mani­fiesto aquello que explica la singularidad de esta industria: las audiencias. Siendo éstas el objeto que se transa en el mer­cado, la mirada de Napoli las descompo­ne en los elementos que las definen como un producto transable. Para hacer la dife­rencia con las personas que hay detrás de las audiencias de los medios y, al mismo tiempo, poner de manifiesto que se trata de una creación con características pro­pias, Philip Napoli las llama audiencia-producto .

El recorrido comienza con la identifi­cación de los actores que participan en el mercado de la audiencia-producto . Ade­más de los obvios (medios y anuncian­tes), Napoli asigna un rol preponderante a las empresas de investigación de merca­do. Esto se basa en que las audiencias son inaccesibles directamente. Al reconocer que la aproximación a ellas es de natura­leza estadística y, necesariamente, reduc­cionista, señala que las características del producto que se compra y vende en este mercado no son develadas, sino construi­das en el acto de la medición. Napoli está lejos de sospechar de la pertinencia de las mediciones de audiencia o negar su validez. Su punto está en que la medición no proviene directamente de las audien­cias, sino que está mediada por la medi­ción, es decir, la audiencia sólo se hace visible en la forma que la medición lo per­mite. No debe subestimarse las implican­cias de esto, ya que el bien que venden los medios y compran los anunciantes no son las audiencias, sino la audiencia me­dida: la audiencia-producto .

Luego de definir el producto central del mercado de las audiencias, Napoli pasa a revisar las características de este bien que afectan las transacciones de las que es objeto: las diferencias entre la au­diencia real y la medida y el modo en que son valoradas, pero fundamentalmente las diferencias entre la audiencia medi­da y la pronosticada. En este punto de­sarrolla una idea que, siendo evidente para quienes participan en el mercado, se menciona poco y se estudia menos en sus implicancias: las audiencias, como producto, sólo son creadas en el momen­to en que los contenidos son difundidos y consumidos por el público. Esto signi­fica que las características de la audien­cia-producto sólo pueden ser conocidas después de que ha sido transada. Es esta singularidad la que permite explicar las diferencias entre este mercado y otros.

Napoli termina efectuando una revi­sión de las tendencias visibles en el mer­cado de las audiencias y el impacto de las nuevas tecnologías en él. Pero lo funda­mental, aquello que sin duda le valió el Robert Picard Award 2004 y su gran po­pularidad, es haber desarrollado con una notable claridad y sencillez un modelo conceptual para la interpretación econó­mica de las audiencias de los medios de comunicación.

PABLO JULIO

 

MARÍA CRUZ SEOANE Y SUSANA SUERO

Random House Mondadori, Barcelona, 2004, 703 páginas.

La importancia de El País como el princi­pal diario de referencia en español es in­discutible. Su historia que durante largos pasajes se entremezcla con la propia histo­ria de la transición española da cuenta de los desafíos que debe enfrentar un nuevo periódico para alcanzar una posición de liderazgo en su mercado. Justamente ése es el proceso del que se hace cargo el libro Una historia de El País y del Grupo Prisa. La investigación, para la cual las autoras tu­vieron acceso a los archivos de la empresa, permite conocer cómo un periódico con más de 500 propietarios en su inicio se transformó en uno de los principales gru­pos de medios de comunicación de habla hispana controlado por un sólo hombre, Jesús de Polanco. Además, el libro no sólo se queda en las anécdotas y pugnas inter­nas de El País, sino que también permite aproximarse a las distintas posturas edi­toriales que el diario fue tomando en los últimos 30 años. Esto deja más que claro cómo las historias de España y El País co­rrieron entrelazadas y en paralelo.

El texto entrega detalles inéditos so­bre la fundación del diario y las relaciones que se establecieron entre sus socios ori­ginales. Tres años antes de la muerte de Franco, ya habían comenzado a fraguar el lanzamiento de un periódico inspira­do en principios liberales, europeístas y que fuera equidistante entre el inmovilis­mo y el marxismo. Los fundadores creían necesario remecer al periodismo español con una propuesta que fuera capaz de in­terpelar e interpretar al conjunto de la ciudadanía que iba a surgir con la transi­ción española. Con un discurso que enfa­tizaba el hecho de que el nuevo periódico nacería sin cargar con las manchas de la historia, lograron convencer a más de 500 personalidades para que fueran ac­cionistas. El País circuló por primera vez el 4 de mayo de 1976, seis meses después de la muerte de Franco, y los medios de la época resaltaron la variedad ideológica del accionariado, la juventud de la redac­ción, su condición de primer diario del posfranquismo y la sobriedad de su dise­ño. Su joven director, Juan Luis Cebrián, lideraba una redacción que apenas pro­mediaba 29 años de edad.

Seoane y Suero describen desde el proceso fundacional hasta cómo Prisa se transformó en un grupo multimedia, con fuerte presencia en Latinoamérica, propietario de radios, canales de televi­sión, portales en internet y diarios espe­cializados. Las autoras sostienen que el éxito del diario se debió, en parte, a la es­tratégica alianza que estableció Cebrián con Jesús de Polanco, principal ejecutivo e importante accionista de la compañía. Polanco entendía que a los propietarios sólo les correspondía una tarea de coor­dinación y que debían dejar a los profe­sionales actuar con independencia en la elaboración del periódico.

El libro, además, permite constatar que el sitial privilegiado de El País se debe en gran medida a su capacidad para vin­cular hitos periodísticos con su propia historia como diario. Los aciertos en su proceso de desarrollo y madurez como El Estatuto de la Redacción, el Libro de es­tilo y el Defensor del Lector no sólo ge­neraron un enorme impacto en los demás medios de comunicación, sino que abrie­ron el camino para que muchos periodis­tas de habla hispana pudieran revisar sus prácticas y el sentido de la profesión.

JOSÉ LUIS SANTA MARÍA

 

BURNETT, RON

The MIT Press, Cambridge, 2005, 272 páginas.

Una imagen vale más que mil palabras, dice el dicho. Entonces, ¿cuánto valen las miles de imágenes que nos rodean to­dos los días? Los eventos de la realidad pueden ser fotografiados, filmados, ani­mados, ilustrados y reproducidos de tan­tas formas como la tecnología lo permita. Esos registros visuales son en sí repre­sentaciones de momentos determinados del continuo de la historia. Fotos y videos conforman imágenes que crean y hacen crecer un archivo o registro de lo ocurri­do. Ese archivo no es sino una metáfora de los eventos, que permite visualizarlos de forma virtual.

En su libro, Ron Burnett ejemplifi­ca esta idea con una serie de fotografías en blanco y negro de una gran chimenea de fábrica rodeada por mucho humo, a la que le atribuye un significado relaciona­do con los campos de concentración na­zis donde fue exterminada parte de su familia.

El autor es presidente del Instituto de Arte y Diseño Emily Carr, de Vancouver, Canadá, y artista y diseñador del Centro de Innovación de Nuevos Medios. Tam­bién es autor de Cultures of Vision: Images, Media, and the Imaginary y editor de Ex­plorations in Film Theory.

Las imágenes digitales son parte inte­gral de todos los medios, desde la televi­sión al cine, la fotografía, la animación, los juegos de video, la representación vi­sual de las estadísticas e internet. En el mundo digital, el público espectador deja de ser pasivo para asumir un rol ac­tivo, como un navegador que dirige su curso a través de una variedad de expe­riencias interactivas, donde las imágenes se vuelven espacios de visualización con un creciente nivel de inteligencia progra­mada en la esencia de los procesos comu­nicativos.

En este libro, Burnett explora esta nueva ecología, que ha transformado la forma en que los humanos nos relacio­namos con las tecnologías basadas en imágenes que hemos creado. Se ha pro­gramado tanta inteligencia en esas tec­nologías dependientes de la imagen, que a menudo parece ser que las imáge­­­­nes piensan . Dotar de pensamiento a las máquinas produce una redefinición de nuestra relación con ellas y acrecienta nuestras ideas sobre la mente y el cuerpo. El autor señala que el desarrollo de esta nueva relación de interdependencia marca un punto de quiebre en la forma de entender las conexiones entre los seres humanos y las máquinas.

Después de presentar un resumen de lo que significa la percepción visual, con un gran énfasis en la fotografía, la historia y la memoria, el libro se dedica a exami­nar las formas interactivas de las nuevas tecnologías (los juegos de computador, la realidad virtual, la fotografía digital y el cine) y ubica las imágenes digitales en un contexto histórico. Burnett expli­ca que las imágenes virtuales ocupan un espacio central o mediador entre lo vir­tual y lo real, combinando ambos mun­dos en un ambiente de visualización que hace borrosa las distinciones entre suje­to y objeto. Naturalmente, las imágenes no son capaces de pensar ni actuar (son objetos), pero el significado y el uso de que las dotamos en la multiplicidad de si­tuaciones de la vida diaria las convierte en nuestra principal forma de interacción y comunicación. Eso mediatiza, es decir, modifica e incluso gobierna la forma en que pensamos.

Las ideas que presenta el libro se su­ceden como una cadena de capítulos or­denada y hasta lógica, acentuadas por frases destacadas e imágenes. Pero la lec­tura no es fácil porque el relato tiene tres problemas: a ratos es reiterativo, hay una gran cantidad de referencias poco clarifi­cadoras a autores no siempre conocidos, y frecuentemente se desvía del tema prin­cipal a una variedad de asuntos puntua­les y dispersos. Todo eso obliga a releer los párrafos para poder seguir el hilo cen­tral, con el consiguiente riesgo de tedio y desconcentración.

En defensa de la narración se podría argumentar que la comprensión de las imágenes, a diferencia del texto, no es li­neal, y justamente el libro refleja esa rea­lidad. El autor dice que el mismo título del libro es intencionalmente ambiguo porque refiere a una exploración de la ex­periencia mediatizada en el mundo di­gital. Sin embargo, el deber del autor es exponer sus ideas claramente, desde una perspectiva que nos permita entender los procesos de interacción, especialmen­te cuando se refiere a una forma nove­dosa para comprender el rol que juegan las imágenes en nuestra comprensión del mundo, y el espacio central que ocupan entre lo real y lo virtual.

El tema está lejos de estar resuelto. De hecho, el libro ha provocado una interesante discusión que continúa en el blog del autor (http://www.eciad.ca/ rburnett/Weblog).

CRISTÓBAL EDWARDS

 

JOHN V. PAVLIK

Paidós, Barcelona, 2005, 351 páginas.

El profesor Pavlik es de aquellos que po­drían llenar fácilmente una sala de con­ferencias. Así lo hizo el año pasado en Barcelona, España, cuando se refirió a los desafíos del periodismo a diez años de ini­ciados los llamados nuevos medios , en un congreso organizado por la Universi­dad Ramón Llull. En una época de gran di­namismo para la industria de los medios de comunicación, su discurso apunta hacia una recuperación de los valores del perio­dismo, como la autenticidad de los con­tenidos, la comprobación de las fuentes y la veracidad. Estos valores, curiosamente, están bajo sospecha en la era de internet, donde cualquier persona con un computa­dor y una conexión a la red puede generar y publicar sus propios contenidos.

En su libro El periodismo y los nuevos medios de comunicación, Pavlik repasa la actividad profesional, las nuevas formas para contar historias y reportear, los desa­fíos éticos y la organización de las nuevas salas de prensa. Aunque con tecnología un poco desactualizada para nuestros días, en el último capítulo se narran inte­resantes casos de innovaciones en la sala de redacción, lo cual no deja de ser útil cuando las barreras de entrada por cos­to han bajado para acceder a tecnologías más convergentes . Pavlik no se queda en lo que Roger Fidler llama tecnomiopía o la ceguera producida por la tecnología, y cita el caso del cambio de la sala de re­dacción de CBS News en Estados Unidos en la década de los 50, cuando por prime­ra vez se introdujo una computadora en una sala de prensa para que predijera los resultados de las elecciones. Entonces, no toda la fe estaba puesta en esa vieja UNI­VAC, sino que fue muy necesario el caris­ma y la credibilidad del periodista que la manejaba: el cambio tecnológico no de­pendía tanto de las características de los equipos, sino del liderazgo personal de quien llevara el proyecto adelante. Una idea antigua, pero que muchas veces se olvida en el ejercicio periodístico, cuan­do el uso de la tecnología se deja de lado completamente y no se asume como algo propio de la profesión.

Otro interesante aporte del libro del profesor Pavlik es su análisis de la ley de telecomunicaciones de 1996 de Estados Unidos. Con la perspectiva de una déca­da, podamos ver en ella uno de los puntos de partida de la actual situación, en la que las empresas que antes se encargaban de las líneas de transmisión telefónica y TV cable, actualmente compiten en la indus­tria del contenido. Según afirma Pavlik, la desregulación, con la privatización de las telecomunicaciones como fuerza motriz, activó fuerzas competitivas que han pues­to en una atmósfera de incertidumbre al periodismo; ahora, los nuevos productos generados en Redmond o Mountain View (las sedes de Microsoft y Google, respec­tivamente) se convierten en los nuevos competidores de los medios de comunica­ción. En este sentido, algunos pasajes de Pavlik recuerdan las promesas de Nicho­las Negroponte en su conocido libro Ser digital, aunque con la diferencia de ahon­dar en mayor cantidad de ejemplos (como la extinta nando.com o las diversas estra­tegias del Wall Street Journal online).

Tal vez el texto de Pavlik comete el pe­cado de estar muy centrado en las expe­riencias de Estados Unidos en lo relativo a los medios de comunicación en general y a los nuevos medios en particular. Y esto es aún más manifiesto si se considera que la edición en castellano añade escasos gui­ños al resto del mundo. No obstante ello, tiene la ventaja de ser un interesante com­pendio de experiencias periodísticas del país tal vez más rico en historias y ca­sos en lo que a prensa se refiere.

FRANCISCO FERNÁNDEZ

 

IRENE VASILACHIS DE GIALDINO

Gedisa, Barcelona, 2003, 286 páginas.

Durante los últimos dos años, diversas instituciones vinculadas al estudio y la superación de la pobreza en Chile han comenzado a instalar una conversación pública en torno a la forma como los me­dios de comunicación (re)presentan a los sujetos en situación de pobreza.

Los supuestos detrás de esta iniciati­va se inscriben, por un lado, en la verifi­cación del poder que tienen los medios para confeccionar tanto el conocimien­to como la experiencia de mundo que ad­quieren las personas. Y, por el otro, en la constatación de que ciertas visiones transmitidas sobre la pobreza hacen que ese conocimiento en vez de iluminarnos y acercarnos hacia quienes viven en esta condición, contribuyen a mantener jerar­quías, estereotipos y discriminaciones. También a conformar comunidades de pertenencia distanciadas, con claros lí­mites entre el nosotros y el ellos .

Una perspectiva sugerente para quie­nes desean profundizar en el tema es la que ilustra Pobres, pobreza, identidad y representaciones sociales, libro de la so­cióloga argentina, doctora en derecho y especialista en análisis del discurso Ire­ne Vasilachis de Gialdino.

El texto aborda y cuestiona con base teórica y empírica ciertas problemáti­cas centrales en el campo de las repre­sentaciones. Así, por ejemplo, los sesgos y condicionamientos con que todo in­vestigador accede al conocimiento so­bre los otros ( ¿Por qué si las formas de conocer que se emplean en el proceso de conocimiento impiden ver a ese otro como un igual, servirán para mostrarlo tal cual es, tal como siente, tal como es­pera? ); también las restricciones que imponen a una descripción más justa e igualitaria la complicidad de todo lo­cutor con sus destinatarios ( El qué se escribe está profundamente condiciona­­­do por el para quién se escribe y los que pretenden describir, explicar, interpretar las situaciones de pobreza raramente tienen a las personas pobres como interlocutores imaginarios ).

Cuando nos relacionamos con el li­bro desde la perspectiva del periodista, su mayor atractivo no radica en prime­ra instancia en los problemas generales que se exponen ni en los presupuestos epistemológicos y metodológicos que se enuncian, a veces con majadería y cierto olvido del lector, al inicio de cada uno de sus cinco capítulos. Lo seductor está en los casos, en los estudios sobre la situa­ción de adultos y menores en condición de pobreza que se exponen desde dos perspectivas: la de los propios sujetos y la de los medios de comunicación. El des­pliegue de ambas visiones, aun cuando sea por mediación del análisis de la auto­ra, sin duda contribuyen a ensanchar la mirada profesional.

Especialmente significativo es el contraste entre cómo los sujetos se comprenden a sí mismos cómo se au­torrepresentan y otorgan sentido a su situación, su acción y la de los otros respecto de la imagen que estructuran y transmiten los medios. Vasilachis pro­fundiza en estos retratos mediante el análisis de los recursos y las estrategias discursivas empleadas por los locutores para categorizar, definir, calificar las ca­racterísticas físicas, mentales y/o socia­les de las personas que viven en la calle , fundamentar sus afirmaciones y narrar sus acciones.

Como resultado de su análisis mani­fiesta que las representaciones construi­das constituyen acciones de privación de identidad cuando (y porque) violan el principio de igualdad esencial entre los seres humanos a través del recurso de mostrar como esenciales las diferencias que se predican textualmente como exis­tenciales . Al llegar a esta conclusión se hace necesario regresar atrás en el libro y detenerse en la propuesta general de la autora. Aquella que dice relación con la epistemología del sujeto cognoscente , que promueve un cambio en la concep­ción de la naturaleza ontológica de los se­res humanos a partir del reconocimiento de dos componentes en su identidad: uno esencial, común a todos los indivi­duos y que permite la identificación de cada uno como un igual, y otro de carác­ter existencial, que da cuenta de lo que le­gítimamente lo distingue.

La autora lleva a cabo un recorrido de más de 250 páginas, donde revisa la privación de identidad que se establece cuando el hablante concede un signifi­cado a lo que ha observado a partir de los modelos interpretativos dominantes en la sociedad (obviando la significación que le atribuyen quienes participan di­rectamente de ella). Los datos que sus­tentan el libro son interesantes y sólidos, y las conclusiones también. Sólo que el camino que nos hace emprender es a ve­ces poco solidario con los lectores, espe­cialmente con aquellos que se aproximan desde una perspectiva más profesional que académica. Pero pasar por alto ese ripio tiene significativas recompensas. Sobretodo para quien cree que explorar los mecanismos a través de los cuales los medios de comunicación pueden estar ejerciendo formas de discriminación, es una de las exigencias de un periodismo de calidad.

PAULINA GÓMEZ

 

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