Cristóbal Emilfork D.
Periodista UC. Trabajó como interno en la mesa de asignaciones de CNN en Español y como productor e investigador para Canal 13 Cable. Director de Proyecto Cáucaso, 2006.
[cemilfod@uc.cl]
* Susan Moeller es profesora de medios y asuntos internacionales en la University of Maryland, EE.UU. Analista, consultora y autora del libro Compassion Fatigue: How the Media Sell Disease, Famine, War, and Death (Routledge, Nueva York/Londres, 1999). Fue directora del Programa de Periodismo de la Brandeis University, Massachusetts, EE.UU.
Guerra, destrucción, accidentes, hambruna, de sastres naturales, caídas de aviones y un sin número de eventos trágicos dominan la cobertura noticiosa internacional. Día tras día, los noticia rios televisivos y radiales, los sitios web y las pá ginas de los diarios nos muestran un mundo con serios problemas. Cuando el tema o el enfoque de la noticia es novedoso, conmueve. Pero cuando se vuelve repetitivo, fatiga. Ése es uno de los plantea mientos principales de Susan Moeller, experta en cobertura de hechos internacionales, varias veces entrevistada por medios como la BBC, CNN, NBC, The New York Times y The Boston Globe, y actual profesora del Philip Merrill College of Journalism de la Universidad de Maryland.
Moeller sostiene que los medios de comunica ción proporcionan miradas simplistas de los su cesos globales, lo que vuelve homogénea la forma de abordar los distintos temas. Al aparecer ante los ojos del público como similares o iguales a hechos anteriores, las audiencias pierden inte rés por los sucesos realmente relevantes. La uti lización de imágenes provenientes sólo de unas pocas fuentes de información contribuye a este formulaic coverage, como se conoce a este concep to. Asimismo, el surgimiento de una nueva ma triz de interpretación desde la cual se miran los acontecimientos globales la actual Guerra con tra el terrorismo , proporciona nuevos obstácu los para la formación de un mapa más acabado, completo y profundo del mundo.
Noticias prepauteadas
¿Cuáles son los principales efectos psicológicos y las respectivas consecuencias sociales que pro duce en el público el formulaic coverage? ¿De qué modo la forma en que están registradas, pautea das y estructuradas esas imágenes puede influir en las percepciones que tienen las personas de cómo es el mundo?
Usualmente, los medios utilizan caminos fa miliares y comunes, o fórmulas para entregarnos noticias. Cuando ocurre esto en el reporteo y la co bertura de asuntos internacionales, por lo general se comete una injusticia con las personas involu cradas en los eventos que se quieren mostrar. En una industria que privilegia maximizar utilidades antes que su compromiso con el servicio público, atraer y mantener una audiencia se ha vuelto la pie dra angular del reporteo.
No se permite que las noticias en sí mismas dicten la forma del reportaje, sino que se usan los registros de eventos comparables del pasado. Esto, de hecho, es lo que determina el nivel y el tono de la cobertura. Para algunos tipos de crisis (terremotos y huracanes, insurrecciones y ham brunas) existe un verdadero molde o matriz vir tual de cobertura.
Tomemos el caso de una hambruna. Prime ro, nadie la va a cubrir a menos que la gente li teralmente se esté muriendo de hambre, ya que los editores quieren historias al estilo de lo que han visto en el pasado en Etiopía. Segundo, una vez que la cobertura empieza, las causas y solu ciones de la hambruna se simplifican. Esto per mite que los medios eviten analizar seriamente los factores que produjeron el problema. Recor demos que las causas simples sugieren y provo can soluciones simples (como dar dinero, por ejemplo). Además, con esto se tiende a exage rar la importancia de la ayuda de Occidente y se minimizan los esfuerzos de los locales. Ter cero, la historia de la hambruna es contada en clave de juego moral, con buenos y malos que luchan entre sí, y con los distintos actores en casillados en los papeles de víctimas, villanos y salvadores. Los medios no dudan en usar imáge nes extremistas para enfatizar quién es el bueno y quién, el malo: yuxtaponen la imagen de una madre desnutrida y su hijo moribundo en bra zos, con la de hombres que blanden ametrallado ras, por ejemplo. Y cuarto, debe haber imágenes, idealmente, en un continuo. Cualquier apagón de imágenes, sea éste causado por problemas de acceso o censura, por recortes de presupuesto del medio o fallas tecnológicas, pone en riesgo el total de la historia.
Todo esto, además, hace que las crisis humani tarias se inserten en un espacio de tiempo prede terminado, ignorando así todos los demás eventos que se producen más allá de los que se están cu briendo. La simplificación de causas, el uso de es tereotipos y el prediseño cronológico hacen que las noticias se transformen en un producto. Y el em paquetamiento de las noticias como un producto tiende a que todos los eventos noticiosos se vuel van uniformes e, irónicamente, a que éstos se per ciban como aburridamente familiares y comunes. Esto produce que la audiencia vuelva su atención a otra parte, que dé vuelta la página. Los desastres y las crisis humanitarias están todos juntos en la misma parte de la cabeza de las personas, porque todos son cubiertos de la misma manera.
Usted sostiene que la cobertura de eventos internacionales generalmente se realiza a través de la óptica de ¿qué importancia tiene este even to para nosotros? . Según su opinión, ¿cuáles son los beneficios y perjuicios de asumir esta forma de abordar los sucesos internacionales?
Los medios norteamericanos priorizan aque llos eventos internacionales en los que se percibe que tienen una gran conexión con Estados Uni dos: donde hay tropas norteamericanas implica das, público norteamericano en peligro, donde se pone a la economía estadounidense o a la seguri dad nacional en jaque, etc. Pero los norteamerica nos y sus medios no son los únicos observadores chovinistas. De hecho, existe una tendencia natu ral a preocuparse por uno mismo o por los más parecidos a uno primero.
En los medios norteamericanos, todas las crisis internacionales son norteamericanizadas. A veces, esto se produce a través de una analogía: quienes toman las decisiones se refieren a situa ciones presentes tomando como referencia algún evento emblemático de la historia de Norteamé rica (por ejemplo, toda la discusión durante el verano de 2003 acerca de si la reconstrucción de Irak estaba transformándose en un problema al estilo de Vietnam). En otras ocasiones, la norte americanización se refleja en la prioridad reflexiva y recurrente de historias domésticas por sobre las internacionales.
Los medios norteamericanos también tien den a destacar los esfuerzos diplomáticos de la Casa Blanca, mientras que subreportean las ini ciativas diplomáticas de los demás, en especial las de organizaciones internacionales como la ONU o la AIEA (Agencia Internacional de Ener gía Atómica). Además, le bajan el pelo a la contri bución de otros países. Es típico que se validen a priori las críticas oficiales del gobierno norteame ricano, y que al mismo tiempo no se le dé a las or ganizaciones o países aludidos una oportunidad igualmente importante de contrarrestar esas crí ticas, que se vinculan generalmente con temas de ineficiencia. De hecho, su contraargumento pue de encontrarse muy en segundo plano o, simple mente, estar completamente omitido.
Como resultado, las historias internaciona les pasan a ser comentarios de lo que significan para Norteamérica en vez de reportes de hechos que suceden en el mundo. El problema es que esta aproximación puede simplificar demasiado los eventos y distorsionar mucho su significado. Cuando las historias internacionales se transfor man en norteamericanas, no es raro que se dejen de lado muchos contenidos importantes o se ig noren análisis más completos.
La norteamericanización de las historias (lo que una vez se llamó Coca-colonización de los eventos ) típicamente se debe a que los editores y productores escuchan más la agenda oficial del gobierno o sus presunciones respecto de lo que quiere el público, que a sus propios correspon sales extranjeros. Por razones obvias, los corres ponsales ven los eventos desde la perspectiva del país donde se ubican, más que desde la estrecha visión norteamericana. De hecho, cuando vemos un enfoque extensivamente norteamericano, ge neralmente se debe a la predilección de editores y productores en Nueva York y Washington (a ve ces, como en el caso de Irak, a las del Pentágono), quienes enmarcan la acción de los reporteros a una experiencia norteamericana en vez de inter nacional.
Norteamericanos o antinorteamericanos
En cierto modo, usted critica el uso de analo gías, metáforas y la utilización de algunas imá genes para explicar eventos internacionales complejos y difíciles de entender para el público. ¿Por qué?
Hemos perdido gran parte de aquellos me dios cuya preocupación principal consistía en el servicio público, y los hemos reemplazado por aquellos cuya razón de ser es el entretenimiento. Es tan común verlos tomar los caminos más fáci les para atraer y mantener una audiencia, que no es raro que los temas que deben recibir análisis cuidadosos se traten frívolamente.
Déjame darte un ejemplo: la cobertura que se refiere a las armas de destrucción masiva . No fue algo inusual que en el reporteo de la guerra en Irak se usaran términos tiernuchos , como mini-nuke o bunker-busters . Tales caracterizaciones amistosas se inscriben en una larga historia de militares y oficiales norteamericanos que usaron términos accesibles y amigables para referirse a ar mas bastante destructivas. Lo mismo ocurre con los misiles patriotas o su sobrenombre: Puff the Magic Dragon .
Del mismo modo, usar en el titulo Dr. Germ o Chemical Ali refiriéndose a Rihab Taha al-Azawi al-Tikriti o a Ali Hassan al-Majid también trivializa la guerra de Irak. Como la escritora Mar garet Drabble escribió en el Daily Telegraph: Hace tiempo que Voltaire dijo que inventamos palabras para esconder verdades .
La responsabilidad de entregar noticias no es algo liviano; no comienza ni termina con un rela to facilista de la información. En su rol de testigos, los medios pueden fiscalizar gobiernos y organi zaciones internacionales, y hacerlos moral y polí ticamente responsables por sus acciones. Pueden hacer esto sin necesidad de intentar persuadir po líticamente hacia algún lado o de ser activamente antagónicos. Tan sólo necesitan mostrar y comuni car lo que ven y escuchan al público.
Entonces, en su opinión, ¿cuál es el principal desafío para los medios de comunicación en la co bertura de sucesos internacionales?
Permíteme responderte desde la perspecti va de los Estados Unidos. La Guerra Fría enmar có el mundo en una arena de nosotros versus ellos . No sólo las relaciones con la Unión Sovié tica, sino también los asuntos internacionales en África, Asia y América Central fueron entendidos bajo el prisma de la amenaza comunista. El miedo a perder países frente a los soviéticos generó la noción de efecto dominó y de los estados-proxy ,1 políticas que apuntaron el compromiso estado unidense hacia países como Vietnam, Nicaragua y Etiopía. Durante la Guerra Fría, el cálculo mo ral norteamericano no se hacía sobre la base de si los individuos estaban protegidos en sus casas; lo que importaba era que el Estado y su gente es tuviera seguro.
El significado de la Guerra Fría fue bastante más allá de quiénes eran los buenos y los malos. La Guerra Fría definió a quiénes podía apoyar Estados Unidos; cualquiera que fuese amigo de la U.R.S.S. no era amigo de EE.UU. Más aún, la lógica del ene migo de mi enemigo es mi amigo hizo que Esta dos Unidos tuviera como compañeros de cama a países bastante incómodos, por decir lo menos. Sin embargo, eso ayudó inmensamente a clarificar por quiénes debían preocuparse los norteamericanos, definiendo quién importaba y quién no.
Luego, cuando se produce el fin de la cortina de hierro en la década de los 80, suceso que culmi nó con la caída del muro de Berlín en 1989, no sólo cambia el paisaje político de Europa, sino también la percepción de la política internacional. Regio nes enteras quedaron fuera del radar de los medios de comunicación. Conflictos espantosos ya no im portaron, pues dejaron de ser guerras-proxy ; bru tales luchas de poder fueron desechadas por los políticos y los medios, como los conflictos étni cos o religiosos de carácter interno. Se percibieron muy pocas razones que avalaran que la comuni dad internacional siguiera preocupándose por el África subsahariana, el sudeste asiático o, incluso, Europa del este. Ninguna visión dominante apare ció para unificar lo que pasaba, a pesar de que mu chos llamaban a un humanitarismo que pedía mayor involucramiento. De hecho, se produjo una retirada general de los asuntos internacionales en las administraciones del Sr. Bush y el Sr. Clinton, así como también por parte de los medios.
Entonces vino el 11 de septiembre de 2001 y, en cuestión de semanas, la Guerra contra el te rrorismo del presidente George W. Bush se con virtió en el marco para descubrir quiénes eran los amigos y enemigos de Estados Unidos. La Gue rra contra el terrorismo se ha transformado en la ventana a través de la cual se han mirado todos los eventos internacionales. Es una situación que ha enfatizado lugares y eventos con supuestas co nexiones con el terrorismo global , pero que ha dejado fuera todo lo que no se percibe como ade cuado dentro del marco terrorista .
Las salas de noticias hoy corren para cubrir eventos relacionados con el terrorismo, domésti cos y extranjeros. El problema es que muchas ve ces la carrera es bastante infructuosa, debido a la carencia de reporteros expertos en asuntos inter nacionales. Tal carencia es el resultado de los años en que se cerraron oficinas de corresponsales, se recortaron el tiempo y el espacio dedicado a estas noticias, para así ahorrar dinero y aumentar las uti lidades. La falta de capital humano y la subvalo ración de la cobertura internacional dificultaron poner de manifiesto los supuestos detrás del mar co de la Guerra contra el terrorismo . Las organi zaciones periodísticas tampoco fueron ágiles para cubrir los cambios en la historia, o las noticias que estaban fuera del marco terrorista.
La etiqueta Guerra Fría sedujo a los medios y a naciones enteras: ella lo explicaba todo, inclu so a pesar de lo que se omitía y distorsionaba. Asi mismo, hoy es el marco terrorista el que amenaza el entendimiento apropiado del mundo.
Noticias que vinculan
Usted propone que los medios deben dedicarse más a analizar las causas y los efectos de los even tos internacionales. Sin embargo, muchos editores creen que este tipo de noticias son de muy poco in terés para el público. ¿Cómo se puede conseguir que sucesos internacionales relevantes sean inte resantes para las audiencias, sobre todo cuando en muchas ocasiones estas historias no tienen co nexiones claras ni directas con el público?
Como escribió el crítico Walter Lippmann en 1920: Cuando un diario alcanza al lector, esto es resultado de una completa serie de selecciones respecto de qué temas deben ser impresos, en qué posición deben imprimirse, cuánto espacio debe ocupar cada uno y qué énfasis deben tener. No hay estándares aquí. Sólo convenciones . Hay fórmulas y guías que se siguen. Pero sólo a veces.
Las historias tradicionalmente son noticia si responden a una serie de preguntas que tienen que ver con elementos como: la temporalidad (¿el even to acaba de ocurrir?), la proximidad (¿cuán cerca no es, física y sicológicamente?), la prominencia (¿cuánta gente tiene conocimiento o interés en el tema?), la relevancia (¿cuánta gente potencialmen te puede verse afectada?), la controversia (¿hay conflicto o drama?), la novedad (¿es poco usual?), la recurrencia (¿es el evento parte de una tenden cia?), el interés emocional (¿hay humor, tristeza o excitación?). En el caso de la televisión, surge una última pregunta: ¿cuán buenas son las imágenes?
Ahora: ¿cómo se aplican estas preguntas a la cobertura de los asuntos internacionales? Bueno, los valores noticiosos no son universales: están de terminados por la cultura, la política y la ideolo gía de cada sociedad. ¿Es una crisis internacional un evento que hace portada? Es más probable que una historia sobre Pinochet haga noticia en Suda mérica que una sobre algún ex dictador africano, incluso si este último es acusado de crímenes si milares. Ciertos tipos de historias internaciona les, como las de abusos de los derechos humanos, pueden conectarse con las audiencias de varias maneras: pueden ser vistas a través del lente de la seguridad nacional, como en los puntos más can dentes de la Guerra Fría, cuando las historias acer ca de disidentes soviéticos jamás desaparecían de los diarios norteamericanos; por vínculos cultu rales, como por ejemplo las historias acerca de las violaciones en Irlanda del Norte, de interés para descendientes de irlandeses en Londres y Boston; o, simplemente, por un sentido compartido del horror, como cuando los rebeldes en Sierra Leo na empezaron a cortar los brazos y las piernas de hombres, mujeres y niños, y el mundo entero hizo causa común con las víctimas.
Aquí hay un hecho interesante. Más que otros tipos de historias internacionales, aquéllas que tienen que ver con derechos humanos pueden provocar en el público una preocupación por gen te y lugares que no conocían antes. El mejor pe riodismo muchas veces intenta personalizar sus temas, haciéndolos interesantes para el público al develar el efecto que pueden tener sobre sus propias vidas. Cuando los medios hacen lo mejor de sí, pueden lograr que sus audiencias se sien tan más compasivas e, incluso, más altruistas de lo que se sentían antes. La manera de provocar a una audiencia para que ésta se relacione con los eventos internacionales, es establecer conexiones entre sus vidas privadas y estas noticias tan leja nas. Hay que enseñarles a los individuos que no están solos en sus intereses y experiencias, y ellos se involucrarán con otros; hay que identificar un problema particular de alguien de la audiencia (o algún grupo), y luego vincular ese problema con un tema público más amplio.
Notas
1 La guerra-proxy es un concepto acuñado en el contexto histórico de la Guerra Fría y se refiere a un conflicto bélico en que dos poderes usan a terceras partes (o estados-proxy ) como suplemento o substituto, evitando así pelear entre ellos directamente. Ejemplos de éstas fueron las guerras de Corea, Vietnam y Angola, en las que indirectamente se enfrentaron Estados Unidos y la Unión Soviética. Fuente: Wikipedia.
Artículo en inglés
Artículo en formato PDF
Compassion Fatigue: How the Media Sell Deceases, Famine, War and Death
(Routledge, 1999)
Susan Moeller es autora de varios libros. Uno de los más influ yentes se llama Compassion Fatigue: How the Media Sell De ceases, Famine, War and Death (Fatiga de la compasión: Cómo los medios venden fallecimientos, hambre, guerra y muerte).
El libro critica especialmente el exceso de imágenes trá gicas que transmiten los medios audiovisuales norteamerica nos en tiempo real, pero apunta a los demás medios también. El uso repetitivo de fórmulas, guiones o estructuras de cober tura noticiosa termina por minar el interés del público por in formase sobre eventos importantes del mundo.
Una de esas matrices se llama apropiadamente Ethio pian famine style (el estilo de hambruna etíope), del que se ha llegado a abusar para cubrir sequías, inundaciones, plagas, hambrunas y guerras civiles que ocurren en África. Con eso, se perpetúan los prejuicios que tenemos en Occidente de ese continente, y la percepción que tienen de sí mismos sus ha bitantes. La televisión suele mostrar niños y mujeres en es cenas de espera pasiva acostados, sentados o inmóviles , porque quienes padecen las crisis son víctimas inocentes que no pueden hacer nada para protegerse ni mejorar su situación, ni menos solucionar el problema que los afecta. En cambio, los voluntarios occidentales se ven en plena acción y motiva dos sólo por el altruismo. Se evita asociarlos con símbolos o logos gubernamentales o corporativos, porque eso implicaría que tienen intereses especiales. A su vez, los gobiernos y las instituciones locales son generalmente presentados como in eficientes, corruptos, agresivos o indiferentes al sufrimiento de la población. Abundan las imágenes de autoridades locales con uniforme, que portan armas y que impiden, o al menos no facilitan, la entrega de ayuda a las víctimas.
En ese tipo de cobertura informativa, rara vez se examinan las causas profundas del problema (que muchas veces tienen que ver con Occidente), la crisis o la tragedia en cuestión, sino que se presenta como un asunto eminentemente local y que ocurre casi por generación espontánea. No se informa sobre las fuentes de financiamiento o armamento de los grupos que causan la tragedia ni las motivaciones políticas o económicas que la detonan. De esa forma, Occidente no está vinculado ni es responsable de lo que ocurre allá , y el público occidental se siente libre de culpa y hasta ajeno al problema.
Al aplicar el mismo guión o fórmula informativa a las tra gedias de Etiopía, Ruanda y Darfur, por citar sólo algunas, se da la impresión de que todas obedecen a las mismas causas. A veces, ni siquiera se distingue el clima, la geografía, la raza y la cultura entre un lugar y otro. El lenguaje es sensacionalis ta y la fórmula del relato es simplista. Al final, lo que ocurre en África es una historia que se repite sin fin: los buenos son de Occidente, los malos son los gobiernos locales y los feos son las víctimas.
A eso hay que sumar la necesidad que tiene la mayoría de las grandes cadenas televisivas norteamericanas de contar con una conexión explícita entre Estados Unidos y la tragedia en cuestión. Si no existe o no es relevante, la tragedia ape nas existe en la pantalla. El enfoque predominante de las no ticias sobre Irak, el tema internacional más importante para los medios norteamericanos, es la muerte de soldados norte americanos en Bagdad, y no asuntos de más largo plazo, como el combate contra el terrorismo, la reconstrucción de Irak o los trágicos efectos de la invasión y la anarquía sobre los civi les iraquíes.