auxi auxi Cuadernos de Información N°19, 2006 auxi auxi
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Entre la anarquía del evento y la ansiedad del relato

 

Es cierto que las noticias son construcciones sociales y que los periodistas pueden valerse de distintos moldes narrativos –como el melodrama o la ironía– para enmarcar los acontecimientos. Sin embargo, es el carácter de los eventos en sí mismos lo que condiciona al tipo de matriz que ellos eligen para contar sus historias.

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Michael Schudson

Sociólogo. Profesor distinguido del Departamento de Comunicaciones de la Universidad de California, San Diego, y Profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

[Mschudson@ucsd.edu]

 

A lo largo de mi carrera me ha tocado asistir a muchos coloquios en los que se reúnen pe riodistas y cientistas sociales. Más allá de las di ferencias puntuales o los comienzos más o menos fraternos, en todos estos encuentros termina ocu rriendo lo mismo: los académicos insisten que las noticias son una construcción social y que, por eso, tanto los periodistas como las organizaciones donde trabajan elaboran las noticias. Los periodis tas, horrorizados ante lo que creen es una calum nia, insisten que no, que ellos no elaboran nada sino que sólo reportean lo que ven.

Debo admitir que por mucho tiempo sostuve que en estas discusiones los periodistas estaban siendo naíf. Sin embargo, últimamente he llegado a creer lo contrario: que en verdad son los acadé micos quienes pecan de ingenuos.

Por supuesto, los periodistas producen noti cias y éstas son socialmente construidas; en esto, los académicos no se equivocan. Pero los periodis tas no elaboran desde la nada, no arrojan noticias así como el mago saca un conejo del sombrero, sino que lo hacen desde un sustrato muy parti cular. Ellos trabajan con una materia prima a la cual son altamente susceptibles y reactivos, y que la academia no ha tomado mucho en cuenta. Y esto es lo que nosotros entendemos por sucesos o acontecimientos.

Los periodistas generalmente responden a suce sos que no han anticipado ni entienden. Su tarea es encajar aquellos eventos en categorías comprensi bles. Narrarlos de manera que se entiendan; domes ticarlos, adiestrarlos, reconstruirlos socialmente.

Pero fracasan. Y lo hacen porque los aconteci mientos son demasiado astutos para ellos (y tam bién para cualquiera de nosotros). Por eso mismo es que los sucesos pueden ser interesantes, nota bles, novedosos. Quienes critican a los medios de comunicación, por lo general exigen una mirada más amplia. Es decir, que estén más a tono con las fuerzas sociales de largo plazo y que se obsesio nen menos con lo ocurrido en las últimas 24 ho ras. Personalmente, admiro el periodismo de largo aliento, ese trabajo analítico que pone de manifies to tendencias e ideas. Pero al mismo tiempo creo que la obsesión por el suceso, por el evento par ticular, es de hecho una de las gracias que salva al periodismo norteamericano. Y esto, porque son justamente los acontecimientos en sí mismos los que previenen que los mercados o gobiernos do mestiquen y controlen las noticias.

 

Domesticar el caos

Hay una verdad fundamental respecto del perio dismo que los reporteros conocen muy bien pero no tanto los cientistas sociales: las cosas ocurren. Y no sólo ocurren, sino también ocurren para mal. Como dice un popular sticker que los norteameri canos pegan en su auto, shit happens . Esto es, en el fondo, lo que provee el más atractivo abasteci miento de incidentes para el trabajo periodístico. Las cosas ocurren para mal incluso cuando se trata de ricos y famosos. De hecho, cuando esto sucede, casi siempre es una buena historia: los aconteci mientos hacen que las cosas le resulten mal a Bill Clinton y a George W. Bush: entonces tenemos no ticia de portada.

Gracias a que los acontecimientos buenos y malos ocurren, los periodistas consiguen algo de libertad con respecto a las versiones oficiales, las ru tinas profesionales y la sabiduría convencional. El periodismo, al entenderse como un discurso centra do en el evento, es más reactivo a los accidentes y explosiones del mundo exterior que a las modas e ideas suscritas por las élites culturales. Eso de que los reporteros se consideren a sí mismos unos tipos de la calle o aventureros en lugares donde la gente no los quiere, tiene un elemento de verdad que está bastante ligado al predominio del acontecimiento.1

Los periodistas elaboran sus propias historias, es cierto. Pero no lo hacen a partir de materiales que ellos hayan seleccionado personalmente; de algún modo, el material les fue arrojado a la cara. Su preocupación por lo impredecible de los even tos produce que algo incontrolable se mantenga en el mismo corazón del periodismo. Eso es lo que le da su potencial anárquico y recurrente. La his toria noticiosa arquetípica, aquélla que es capaz de lanzar una carrera al estrellato y que todo re portero está esperando, es una historia que no ha sido ensayada ni se ha vuelto rutina. Más aún, este privilegio del evento constituye y está encarnado en el torrente sanguíneo de las organizaciones no ticiosas, y es, al mismo tiempo, el sistema circula torio que mantiene a la empresa oxigenada.

Todos nosotros queremos hacer más dócil la anarquía de los acontecimientos. No sólo la totali dad de la industria de seguros se basa en este an helo. También la institución legal del contrato, las hipotecas de interés fijo, las reglas de protocolo que implica la diplomacia, la práctica de la etique ta en el comportamiento social formal e informal, el elaborado entrenamiento que se requiere para producir un solista de violín o un atleta profesio nal. Incluso los presidentes y ministros practican las respuestas a una serie de preguntas mucho an tes de la conferencia de prensa. En gran medida, vivimos gracias a estas convenciones, asumimos los costos de toda esta educación y entrenamien to, nos endurecemos emocionalmente en pro de la ejecución: todo esto para hacer que nuestras vidas sean más predecibles y controlables.

Las personas comunes delegamos a los periodis tas parte de esta labor de domesticamiento. Ellos se dedican a darle forma a esta materia prima. Se enfrentan día a día con la anarquía de los eventos del mundo, con la diaria renovación sucesiva de ac cidentes, eventos, dramas e incidentes que no pu dieron ser previstos. Es verdad que todos sabíamos ayer que hoy habría homicidos, robos y desastres naturales. Pero no podíamos predecir quién los pro tagonizaría, cuándo sucederían o cualquiera de los detalles importantes. Los periodistas deportivos sa ben de antemano que una carrera de caballos pro ducirá una historia de triunfo y nueve de desilusión y derrota. Pero no pueden afirmar que tal o cual ca ballo será el sujeto de tal o cual narrativa.

 

Hacer común

¿Cómo hacen para lidiar con la anarquía del acon tecimiento? Hay dos tipos de respuestas a esta pre gunta. La primera es que los periodistas organizan sus vidas laborales para, de algún modo, manejar los eventos. Esto lo hacen de maneras bastante re conocibles; principalmente, forjando relaciones estables con políticos y burocracias públicas. Re laciones que van desde el departamento de policía hasta oficiales de prensa y funcionarios de muni cipalidades, hospitales, universidades, etc. La re colección diaria de noticias implica mantener el contacto con las organizaciones productoras de ítemes noticiosos, así como también cultivar rela ciones con las fuentes más informadas, aquellas que están más próximas a quienes regularmente son y hacen noticia. Por eso el teléfono, incluso hoy en la era del internet, sigue siendo una herramien ta indispensable.2

La segunda respuesta a cómo los periodistas lidian con la anarquía de los eventos tiene que ver con su dependencia a distintos tipos de recursos culturales, es decir, a cómo hacen uso de las ri cas reservas de lugares comunes, mitos, símbo los, formas y matrices narrativas presentes en su propia cultura. Ellos asimilan el nuevo aconte cimiento aparentemente novedoso, único y sin precedentes a maneras familiares de entender el mundo. Un auto es un carruaje sin caballos. Inter net es una autopista de información, una frontera electrónica o una asamblea popular digitalizada.

Quienes critican a los periodistas constante mente alegan que aquel esfuerzo por encajar las noticias en un molde convencional es algo inapro piado. El periodismo simplifica, reduce. Nos obliga a comunicarnos a través de estereotipos. Prematu ramente encaja a los actores en la escena con som breros negros y blancos.

Este es el argumento, por ejemplo, desarrolla do por Elisabeth Anker en un artículo que publicó en el Journal of Communication, y que trata sobre el melodramático reporteo del 11 de septiembre de 2001 que realizó Fox News. Anker analiza cómo, durante una hora de ese noticiario, se presenta a los ataques de Al Qaeda en Nueva York y Washing ton de manera melodramática, promoviendo así una visión maniquea del mundo. En ella los terro ristas islámicos representan el mal y el World Tra de Center y sus torres la inocencia y victimización de Norteamérica. Anker objeta esto. Para ella es una sobresimplificación del asunto, una que evita los pensamientos profundos y las ideas complejas. Según ella, debemos empezar cuestionándonos por la seducción que ejerce esta autocomprensión, de nosotros mismos, la cual alimenta una tenden cia a caer en la autovictimización y genera un he roísmo vengativo .3

Anker elige, sin embargo, no criticar el poder seductor de la autocomprensión que ofrece el ra dicalismo islámico, que también puede decirse alimenta la victimización y el heroísmo vengativo. En su texto, Anker presenta el ataque de Al Qaeda como un evento enteramente neutral y ambiguo, el que a su vez fue prematuramente convertido en melodrama por Fox News, reflejando y reforzan do una autopercepción norteamericana bastante peligrosa.

Pero los ataques del 11 de septiembre no fueron un terremoto o un tsunami. Fueron un acto huma no, cuidadosamente planeado a lo largo de los años y fruto de una visión de mundo que puede ser pro fundamente maniquea. Osama Bin Laden es candi dato a llevarse la medalla de oro como uno de los más exitosos proveedores y ejecutores contem poráneos de melodrama. Así, el evento en sí mis mo sugirió un grado superior de melodrama que otras categorías culturales disponibles, lo que a su vez produjo que éste se cristalizara en la forma en que fue habitualmente narrado.

Anker sugiere que el melodrama es la manera en que los medios norteamericanos miran inapro piadamente el mundo. Sin embargo, los perio distas cuentan historias que no tienen nada de maniqueas todo el tiempo. ¿Es Ariel Sharon bueno o malo? ¿Héroe o villano? ¿Vladimir Putin? ¿Tony Blair? ¿Jacques Chirac? ¿Hosni Mubarak? Los noti ciarios estadounidenses no presentan a ninguno de ellos en términos melodramáticos. El periodis mo deportivo nos muestra héroes todo el tiempo, pero muy raramente presenta enemigos. Las his torias de interés humano generalmente llaman nuestra atención por medio de ironías, rarezas y fenómenos que traicionan nuestras expectativas. Pero casi nunca ofrecen enemigos.

 

Matrices naturales

El reporteo que vino inmediatamente después del 11 de septiembre tendió a lo que he llamado perio dismo solidario en vez de periodismo no involucrado.4 Es cierto que los relatos tendían a dividir el mundo entre nosotros y ellos (de hecho, Fox no fue el único medio con imaginación melodramática). Pero esto no fue algo permanente ni una condición que se mantuviera en el tiempo.

El New York Times, por ejemplo, volvió a repor tear como siempre antes de que concluyera sep tiembre de 2001. El día 28 de ese mes, el Times mostraba cómo los demócratas y republicanos discutían en el Congreso las medidas apropiadas para combatir el terrorismo. En ese contexto, un columnista atacó al nuevo héroe nacional, el al calde Rudolph Giuliani, por sus planes de per manecer como alcalde por tres meses más de lo que le correspondía (de hecho el editorial princi pal del diario condenaba abiertamente al alcalde por esa idea terrible ). Hubo también una his toria sobre cómo los residentes de Manhattan se estaban quejando a las autoridades de la ciudad por las demoras en las restauraciones de sus ca sas y oficinas. La historia de portada de ese nú mero recogía los esparcidos pero atemorizantes casos en que los disidentes habían sido criticados o, en algunos pocos casos, despedidos de sus tra bajos producto del fervor patriota. Incluso, otro artículo mostraba cómo algunos norteamerica nos estaban usando artilugios, y se hacían pasar por fundaciones de caridad para así explotar la generosidad post-traumática de sus compatrio tas. En un solo día el New York Times reporteaba conflictos, pelambres, puñaladas por la espalda, luchas de poder: el producto de la bajeza de la politiquería, el egoísmo de la lucha por el diario vivir, la ratera ignorancia de nuestros conciuda danos (con los ocasionales héroes que surgen de vez en cuando). Era asombroso tener esto de nue vo, colándose, atravesando la superficie de la uni dad patriótica que se había asentado en el país. No es posible leer ese ejemplar del periódico más influyente de la nación norteamericana y todavía creer que los medios de comunicación eran po seídos por una imaginación melodramática de au toafirmación nacionalista.

Ahora, tomando en cuenta que no es raro que las noticias se valgan de otros recursos cultura les, ¿por qué Fox News eligió el melodrama en la tarde del 11 de septiembre de 2001? ¿Qué otras categorías estaban disponibles? ¿Era posible otra alternativa?

Otro de los mecanismos narrativos familiares en las noticias es la ironía. El teórico de medios Ja mes Ettema examinó el marco irónico usado por los medios masivos estadounidenses para cubrir el asesinato de Yoshiro Hattori en 1992.5 Hattori era un estudiante de intercambio japonés de 16 años de edad, quien, una noche de Halloween, se disfrazó y golpeó la puerta de la casa equivocada. La mujer que respondió se asustó y llamó a su ma rido, quien cargó una Magnum 44 y gritó: Alto . Al no entender que esto significaba permanecer quieto, Hattori caminó hacia dentro de la casa y el hombre le disparó, provocándole la muerte.

Como muestra Ettema, este asesinato sin mu cho sentido fue presentado como una ironía. Mientras se relataba una y otra vez, el hecho se fue convirtiendo en un caso-ejemplo para quienes criticaban la cultura norteamericana y su particu lar amor por las armas. Las horrorizadas respues tas y opiniones de los japoneses, al otro lado del Pacífico, fueron constantemente incluidas de ma nera favorable en el continium del relato. En otras palabras, la ironía pasó a ser la plataforma des de la cual Norteamérica desplegaba su autocrítica moral. Con el relato del 11 de septiembre, en cam bio, a pesar de que se levantaron algunas críticas ocasionales (historias sobre por qué nos odian tanto ), lo que prevaleció fue el melodrama.

Ahora, ¿por qué el 11 de septiembre fue com puesto como melodrama y el asesinato de Hattori como ironía? ¿Pudo haber sido al revés? ¿Hubie sen podido los medios jugar con la ironía de que el mayor desastre ocurrido en suelo Norteameri cano fue guiado por un hombre entrenado y fi nanciado por Estados Unidos en Afganistán, que trabajó codo a codo con el gobierno para derrotar a los rusos? ¿Pudo haber sido la historia de Hatto ri un melodrama donde Norteamérica se protege a sí misma de las invasivas hordas de estudian tes asiáticos? O, tal vez más plausible, ¿un melo drama sobre una cultura norteamericana violenta y enfermiza, que termina por cobrar víctimas jó venes e inocentes? Hubo elementos de esto últi mo en el reporteo de la noticia; sin embargo, el arrepentimiento y sentimiento de culpa expresa do por el hombre que mató a Hattori dificultaron asumir ese punto de vista. El asesinato pudo ha ber estado últimamente relacionado con la cultu ra de las armas, pero en lo inmediato tenía que ver con un malentendido, y los malentendidos siem pre son irónicos.

En resumen, es más difícil presentar la historia de Hattori como melodrama o el 11 de septiembre como ironía, que hacerlo de la manera contraria. No es que los periodistas no hayan tenido alter nativas de recursos culturales para cada una de las historias. Pero tampoco era una cuestión de seleccionar cualquier matriz que se les ajustara. Lo que ocurre es que naturalmente y sin mucho pensamiento de por medio, los periodistas usan las matrices narrativas que según creen calzan mejor con las circunstancias de los eventos que tienen ante los ojos.

 

Matrices morales

La ansiedad del relato periodístico es doble. No sólo hay ansiedad por identificar qué es la histo ria, sino también por hacerlo de una manera que mantenga la atención de la audiencia. Esto no es un asunto de rating o estudios de mercado; es un problema de conocimiento y aprendizaje tácito, de simpatías humanas y significados compartidos que existen en una determinada sociedad en un determinado momento.

En la campaña presidencial de 2004 se criti có bastante a los medios por cómo cubrían el pro ceso. El veterano de Associated Press Walter Mears escribió al respecto: Hay demasiadas digresio nes que terminan en trivialidades, demasiados juegos para los sondeos de opinión, demasiadas palabras sobre quién va adelante y quién va de trás. Pero hay una razón. Y ésta es lo que la gente quiere saber. Nunca me han pedido en un cocktail que describa las posiciones de los candidatos res pecto del problema relacionado al balance de los pagos. Siempre me preguntan cuál candidato va a ganar la elección eventualmente . Para Mears, la discusión de las políticas públicas se asimila a una carrera ecuestre; ésta es una característica de las elecciones que precisamente posibilita esas discusiones y las hace atrayentes. A mí me pare ce , escribió, que la competencia entre los candi datos cada cuatro años la carrera de caballos, si se quiere usar esa terminología provee una opor tunidad de reportear sobre la competencia que hay entre sus ideas. Si te pones a escribir de te mas en abstracto, terminarás con textos que no serán leídos mayormente. Escribe acerca de la ca rrera entre dos candidatos rivales y los problemas involucrados en su rivalidad, y lo que obtendrás será un ejemplar que atraerá lectores .6

Las elecciones siempre son intentos de simplifi cación. Son instancias donde se congregan persis tentes discusiones políticas, sin un claro comienzo ni final. Discusiones que a su vez poseen muchas variables y gamas de grises, y que se reducen a una simple opción binaria de elección entre dos parti dos. En el fondo, la alternativa no es entre políticas sino entre líderes, a quienes se relaciona con un determinado conjunto de temas y preferencias. De hecho, la democracia en sí misma no solamente las historias acerca de ella nos apremia constante mente con relatos de ominosa rivalidad.

He escrito como si los acontecimientos fue sen una cosa ahí, afuera, en el mundo y otra el hablar de ellos en los medios, como si esto últi mo fuese un orden separado de realidad. Esto es contrario a las bases del pensamiento crítico con temporáneo. Además, es eventualmente erróneo, pues las percepciones humanas y los moldes que tenemos del mundo también le dan forma a la realidad, que, por una especie de ilusión óptica, aparece ante nosotros como si actuara de mane ra independiente. Aun así, por motivos prácticos, es razonable pensar que hay acontecimientos a los que podemos dar forma, distorsionar, reinterpre tar, pero no fundamentalmente cambiar. Por ejem plo, un asesino mató al presidente Kennedy. Este hecho concreto puede leerse de muchas maneras, pero ninguna de ellas restauraría la vida de Ken nedy. Él realmente murió.

Casi toda la crítica de medios y gran parte de la academia dedicada al tema es alimentada por la indignación que provoca la supuesta brecha que existe entre la realidad como la concibe el autor y la reducción (o representación) de esa realidad en los medios. Anker objeta la importación moral de una matriz narrativa a las noticias. Pero lo hace más que nada porque aquella matriz es inconsis tente con sus propias preferencias morales y polí ticas. Ettema, en cambio, juzga como benigna, o incluso beneficiosa, a la moralización de una histo ria que es consistente con sus propias preferencias morales. A diferencia de Anker, él entiende que las noticias son básicamente una forma cultural que combina muchos géneros, que se vale de varios re cursos culturales, y que éstos pueden ser dispares o estar en conflicto. Más importante aún, Ettema advierte que de vez en cuando aquellos recursos le permiten a los periodistas arrojar una luz crítica sobre las instituciones norteamericanas. En otras palabras, cubrir las noticias de manera condescen diente y con altos grados de autosuficiencia no es algo que esté predestinado.

Los periodistas estadounidenses escriben me lodramáticamente aquí, irónicamente allá, có micamente en algún otro lugar, reverenciosa y piadosamente en otros contextos. Ellos realizan preferencias, eligen entre una variedad de formas y convenciones narrativas. Tenemos la tarea pen diente de entender cómo llevan a cabo esas elec ciones, comprender por qué el melodrama parece ser casi inevitable aquí y la ironía irresistible allá. Personalmente, no tengo respuestas a estas pre guntas. Lo único que he querido sugerir aquí es que esas respuestas no serán independientes de las características que heredaron de los eventos reporteados.

 

Notas

1 Este punto lo he discutido largamente en Why Democracies Need an Unlovable Press , en Cook, Timothy E. (editor): Freeing the Presses. Louisiana State University Press, Baton Rouge, 2005, pp. 73-86.

2 Hay literatura bastante extensa sobre la sociología involucrada en la producción de noticias. Personalmente, la he resumido en The Sociology of News. W. W. Norton, Nueva York, 2003, y provisto una revisión de aquella literatura en Curran, James y Gurevitch, Michael (editores): Mass Media and Society. Cuarta edición, Hodder Arnold, Londres, 2005, pp. 173-197.

3 Anker, Elisabeth: Villains, Victims, and Heroes: Melodrama, Media, and September 11 , en Journal of Communication. Oxford University Press, Oxford, volúmen 55, número 1, marzo de 2005, p. 36.

4 Schudson, Michael: What s Unusual About Covering Politics as Usual , en Allan, Stuart y Zelizer, Barbie (editores): Journalism After September 11. Routledge, Londres, 2002, pp. 36-47.

5 Ettema, James: Crafting Cultural Resonance: Imaginative Power in Everyday Journalism , en Journalism. Sage, volúmen 6, número 2, mayo de 2005, pp. 131-152.

6 Mears, Walter R.: A Reporter s Look at the 2004 Campaign , en Journalism Studies. Routledge, volúmen 6, número 2, 2005, p. 231.

 

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