En 1945, mientras ordenaba su cocina, George Orwell se encontró con una copia del tabloide amarillista Daily Mail, de nueve años antes. Al detenerse en sus páginas, Orwell no se sorprendió al verificar que estaban plagadas de asesinatos espeluznantes, infidelidades de opereta y matrimonios secretos entre aristócratas y plebeyos. Sí le llamó la atención que un diario de 1936 omitiera ciertos temas: básicamente, todo lo que tenía que ver con un mundo que se iba al infierno y una Segunda Guerra Mundial a punto de estallar. Orwell le echó la culpa a la codicia de los propietarios del diario, sumada a la demanda de los lectores por una mentalidad de Bilz y Pap.
Es cierto que hoy vivimos en una época bastante diferente, pero los vicios y virtudes del periodismo siguen llamando la atención tanto o más que en los tiempos de Orwell. Uno de los problemas más elementales se refiere a si los medios de comunicación están dándonos una imagen adecuada de la realidad. Si las herramientas de reducción y simplificación de la actual industria informativa ayudan o entorpecen nuestro correcto entendimiento del mundo.
Este número, Cuadernos de Información se concentra en este problema. El tema no sólo es relevante para familiarizarse con algunos de los dilemas que hoy enfrentan los periodistas dentro de las salas de redacción, sino también para entender el rol que el periodismo está ejerciendo en la sociedad contemporánea. Mal que mal, vivimos en una era donde la información prolifera y se multiplica a un ritmo sin precedentes mientras los medios de comunicación acaparan los ámbitos e instancias por las que las personas miran al mundo e intentan comprenderlo. ¿Qué voces e imágenes se privilegian, a qué se le da prioridad en la pauta informativa? ¿Cuáles son los efectos que el reduccionismo periodístico produce en la opinión pública y la comunidad? ¿Quién tiene la culpa?
Responder estas preguntas no es una tarea fácil. Como Adrian Monck y Michael Schudson muestran en sus respectivos artículos, parte de la reducción y simplificación obedece a requerimientos propios del oficio, a los fundamentos del ars periodístico y la comunicación social. Otras veces, como ejemplifica el artículo de Ángel Arrese sobre periodismo económico, el problema está en la posición intermedia de la profesión, que debe batirse entre conocimientos específicos, rigurosos, y las audiencias masivas.
Sin embargo, hay ocasiones en que agendas políticas o presiones económicas sí juegan un papel central en la simplificación. En una entrevista exclusiva para Cuadernos, la analista Susan Moeller explica cómo esto afecta no sólo a los medios locales sino también a la industria de noticias internacionales y sus principales actores.
Cualquiera sea la respuesta en cada uno de los casos, en Cuadernos no quisimos cometer el mismo error que criticaba Orwell e integramos una variedad de perspectivas y argumentos. Muchos de ellos son complementarios y otros, incluso, contradictorios. Por eso, si hay algo que podemos decir a ciencia cierta es que, al menos en periodismo, el problema de la reducción no es nada de simple.