auxi auxi Cuadernos de Información n° 18, 2005 auxi auxi
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Libros

Títulos de periodismo, medios y comunicación de masas reseñados por el equipo de profesores de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica

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Daniel Innerarity

La sociedad invisible

Espasa Calpe, Madrid, 2004, 227 páginas.

Que las cosas no suelen ser casi nunca lo que parecen es un principio elemental en la observación de las sociedades y las culturas. El filósofo español Daniel Innerarity, premio de ensayo Espasa 2004, afirma que si hubiera una plena coincidencia entre lo real y su representación no haría falta interpretar y las teorías serían un mero resultado de la agregación de datos y hechos sociales, tomados tal como aparecen, que nadie tendría motivos para discutir. Ese principio lo ha llevado desde hace varios años a desarrollar su teoría sobre la sociedad invisible, en la que advierte un creciente desajuste entre lo que se ve y lo que tan solo cabe suponer, y considera que ése es el rasgo definitorio más contundente de la sociedad contemporánea.

La teoría de la sociedad invisible aspira a formular una interpretación filosófica del siglo XXI y parte de la base de que vivimos en un mundo complejo, que escapa de nuestra comprensión teórica y de nuestro control práctico en una medida más inquietante que en otras épocas. Su hipótesis es que nos hallamos ante una contradicción: a pesar de que la sociedad actual se ha declarado a sí misma como transparente (tal como defiende Vattimo), por la omnipresencia de los medios de comunicación, esa visibilidad, a la que se otorga un valor central, asociado a otros como la sinceridad, la autenticidad o la transparencia, es ficticia. La sociedad que se ha ido generando en torno a la televisión está acostumbrada a no creer salvo lo que ve y a creer todo lo que ve. Sin embargo, aunque se tiene la impresión de que todo está a la vista, al mismo tiempo los poderes que de verdad nos determinan son cada vez más invisibles, menos identificables, y los signos son más difíciles de interpretar. Entramos en una cultura que se edifica cada vez menos sobre realidades visibles, donde la objetividad tiene menos fuerza que la suposición. Nuestro contacto con las cosas se da casi siempre a través de las simulaciones: así funciona la informática, se pilota un avión o se realizan los cálculos económicos. Y eso lleva a un escenario en el que los riesgos, las amenazas y las posibilidades son más reales que lo inmediato u objetivo. Un ejemplo clamoroso lo constituye la última guerra contra Irak. Como afirma Innerarity, el 2003 pasará a la historia como el año de la sospecha y la suposición, como la despedida definitiva de un mundo configurado por hechos que determinan los expertos y justifican las decisiones sobre una base objetiva. Los argumentos para justificar la invasión de Irak no se basaban en la objetividad reconocible (la existencia de armas de destrucción masiva), sino que se adentraron en el terreno de las hipótesis. Al final la cuestión no era si había armas, sino que podía haberlas; el hecho de que no se hubieran encontrado era la justificación más fuerte para la guerra. Nunca el lenguaje político había discurrido con tanta profusión por el espacio de la probabilidad.

Las evidencias escasean en un mundo globalizado, que se ha convertido en un lugar que es al mismo tiempo algo real e imaginario. Las relaciones que lo tejen son hechos pero también los significados que los actores sociales les dan. En ese sentido, la sociedad es actualmente un asunto interpretativo. El poder se convierte en algo informe y por eso la política tiene tantas dificultades para hacerse valer. La sociedad cada vez se entiende menos a partir de las acciones visibles de individuos concretos; se establece como una trama a partir de interacciones complejas y difíciles de identificar, que dan lugar a una nueva opacidad social en la que las amenazas del terrorismo son tan reales como difusas, el horizonte se puebla de conspiraciones secretas y el miedo se enfrenta a peligros sin rostro.

Las respuestas ante esta situación no son simples. Innerarity las plantea como las tareas y desafíos que actualmente debe afrontar la filosofía, pero a todas luces pueden hacerse extensivas a quienes defienden la necesidad de medios de comunicación responsables. Afirma que lo primero que debe advertirse es que existe una ceguera propia de la excesiva visibilidad, que ver no es lo mismo que comprender. Y realiza una crítica al mundo mediático: la visibilidad y transparencia de los medios, con su saturación de imágenes y hechos brutos, producen una ceguera específica que no permite ver la otra cara de la realidad, su carácter de mediación construida y, sobre todo, su superficialidad. El combate no es tanto contra el error o la mentira como contra esa forma de autoengaño que es la trivialidad y para ello es necesario rechazar lo demasiado evidente. La exigencia de la interpretación es más apremiante en un mundo menos claro. Para ello conviene que la función del filósofo (podríamos añadir: y del periodista) sea análoga a la del detective de las novelas policíacas, que desconfía, sospecha e interpreta. “El filósofo”, explica Innerarity, “no se puede conformar con registrar meramente los signos que aparecen en la superficie del mundo; más bien ha de esperar que el mundo termine por hacerle una confesión”. Sin embargo, si la sospecha lleva implícito un sentido crítico, éste debe huir de lo que denomina “la existencia de una especie de nostalgia de la crítica (en el ámbito teórico) y de la transgresión (en el ámbito práctico)”, que actualmente configura lo políticamente correcto. Efectivamente, hoy las opiniones críticas y las conductas asociadas con la transgresión resultan algo normal, que ni revelan algo oculto ni provocan ni alteran. La verdad ha de ser buscada fuera de la unanimidad del linchamiento y la adulación que gobiernan la opinión pública. Una buena crítica conduce a la invención de procedimientos alternativos, interpreta de un modo más clarificador los acontecimientos, indaga los principios normativos a cuya luz cabe criticar fundadamente el orden institucional de una sociedad, y muestra hasta qué punto los ideales normativos de una sociedad se transforman en prácticas de dominio. Ésa es la tarea del filósofo y ése es el desafío que tiene ante sí un periodismo de calidad.

Mar de Fontcuberta

 

Susan Sontag

Ante el dolor de los demás

Alfaguara, Buenos Aires, 2003, 149 páginas.

Susan Sontag, quien murió de cáncer en 2004, fue siempre una fascinante máquina de opinar. Sus obsesiones temáticas fueron la fotografía, la política y el sexo. Pero por sobre todo tenía una crítica mirada europea sobre la cultura estadounidense, fraguada por la genialidad del pensamiento y la obra de su maestro, Walter Benjamin.

En Ante el dolor de los demás, un breve pero fascinante ensayo sobre las imágenes que nos representan el sufrimiento y el desastre, la autora retoma y corrige la forma de considerar la lectura de las imágenes, tema que ya presentó, hace casi treinta años, en Sobre la fotografía, una de sus obras capitales. Ante el dolor de los demás presenta un sorprendente giro en su discurso, al considerar la propia compasión y la conmoción, casi absolutamente ausentes en las obras anteriores de esta provocadora. Antes había sostenido que si bien las fotografías vuelven más reales los hechos que testimonian, su observación reiterada va diluyendo su realidad. Afirmaba entonces, incluso, que finalmente llegan a producir una cierta empatía que debilita definitivamente su capacidad de testimoniar la realidad. En Ante el dolor de los demás, la Sontag da marcha atrás sobre lo andado: “Lo creía cuando lo escribí. Ya no estoy tan segura. ¿Cuál es la prueba de que el impacto de las fotografías se atenúa, de que nuestra cultura de espectadores neutraliza la fuerza moral de las fotografías de atrocidades?”

En esta obra, la autora se mueve en el espacio de análisis que le provee el imaginario colectivo propuesto por el periodismo o el arte a partir de Goya. Analiza, sigue su desarrollo y los efectos psicológicos en el espectador de las imágenes que representan la tragedia y el desastre.

A lo largo del libro, Sontag aventura una tesis sobre la falacia que encierra el difundido argumento de que “una dieta de imágenes del horror nos corrompe y nos vuelve insensibles”. Esta sospecha es el hilo conductor de este ensayo. Niega que la compasión extendida hasta sus límites termine siendo un anestésico. Al contrario de una opinión generalizada en Estados Unidos, sostiene: “Censurar el horror y la tragedia esconde una postura de un provincianismo espantoso. [...] Convierte en universales los hábitos visuales de una reducida población instruida que vive en una de las regiones opulentas del mundo, donde las noticias han sido transformadas en entretenimiento”. Según ella, este estilo de ver, circunspecto, es una de las principales adquisiciones de lo moderno: “Supone que cada cual es un espectador. Insinúa de modo perverso, a la ligera, que en el mundo no hay sufrimiento real”.

Para la autora, conocer es, sobre todo, reconocer. Las imágenes de las crueldades e injusticias terribles que afligen a la mayoría de las personas en el mundo, en su esencia, parecen decirnos –a nosotros, que somos privilegiados y estamos más o menos a salvo– que deberíamos sublevarnos, que deberíamos desear que algo se hiciera para evitar esos horrores. En suma, un libro de 149 páginas que se lee de un tirón y que busca despertarnos más que guiarnos.
Juan Domingo Marinello.

 

Loretta Napoleoni

Yihad. Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía

Urano Tendencias, Barcelona, 2004, 462 páginas.

[Modern Jihad. Tracing the Dollars Behind the Terror

Networks, Pluto Press, Londres, 2003.
Una mochila que explota y hace volar por los aires una estación de trenes; un avión de pasajeros que impacta y derriba un rascacielos en la mitad de la ciudad; un cilindro que libera su gas venenoso al interior de un carro de metro; una camioneta que estalla y derrumba el edificio de una sede comunitaria. Cuesta imaginar, desde la perspectiva que se quiera, un hecho con más atributos noticiosos que un atentado terrorista.

Así, los medios nos informan de los daños y sus costos, de las víctimas y su dolor, de los terroristas, sus métodos y consignas. Imágenes, testimonios, cronologías e infografías: todo para que el público pueda informarse cabalmente de los hechos y comprenderlos. Salvo que esto último rara vez se logra.

Probablemente por la multiplicidad de factores que intervienen en el hecho noticioso o por lo ajena que aparece su racionalidad al ciudadano normal, el fenómeno del terrorismo resulta esquivo y difícilmente comprensible. Más aun cuando su raíz y sus objetivos no se explican por circunstancias locales, como ocurre en el caso del islámico.

El trabajo de Loretta Napoleoni –especialista en terrorismo árabe internacional e investigadora de The London School of Economics– apunta a desentrañar los vericuetos de la violencia islámica siguiendo el hilo del financiamiento que la soporta. De este modo, muestra las relaciones entre los actores involucrados y las condiciones que han hecho posible la existencia de redes y organizaciones cuyas extensiones son perturbadoramente globales.

Napoleoni da cuenta de cómo el origen de los recursos y los esfuerzos para conseguirlos condicionan en buena medida el carácter de las organizaciones insurgentes. Para ilustrarlo, recurre, entre otras, a Sendero Luminoso, a las FARC, a la Contra nicaragüense, a ETA, a IRA y a un buen número de grupos islámicos. Constata que allí donde la organización ha respondido exclusivamente al financiamiento de una potencia extranjera –como era habitual durante la Guerra Fría– el grado de depredación y desarraigo popular alcanza su nivel máximo. Sin embargo, incluso en grupos que han tenido ese origen, como es el caso de Al Fatah (que nació bajo el auspicio de los servicios de seguridad de Egipto y Siria), una aspiración común es lograr vías alternativas de financiamiento –casi siempre delictivas– que le permitan una mayor autonomía en sus fines y estrategias.

Otras veces el autofinanciamiento aparece promovido por los propios financistas extranjeros. Así ocurrió –se afirma– con los costos de la lucha de los muyahidines contra la ocupación soviética en Afganistán. Inicialmente fueron solventados por Estados Unidos y Arabia Saudita. Sin embargo, con el incremento de sus gastos, se apoyaron en el tráfico de heroína, como lo reconoció un ex director de la CIA al admitir que la agencia había sacrificado el combate contra la droga para privilegiar la Guerra Fría.

A pesar de sus inicios auspiciados por gobiernos extranjeros, Al Fatah se transformó luego en el ejemplo más completo de arquitectura de autofinanciamiento: consiguió recursos de impuestos territoriales en las zonas que controlaba, del narcotráfico y el contrabando, entre otras actividades delictivas, pero también de donaciones privadas, algunas directamente en el mundo islámico y otras a través de fundaciones de beneficencia creadas como fachada en diversos lugares del mundo. Parte de esos dineros se destinaron a levantar una red de empresas legítimas que contribuirían luego al financiamiento de la organización.

Tras mostrar la estructura de financiamiento, la atención de Yihad se vuelca sobre el destino de esos recursos. Es entonces cuando los antecedentes entregados por Napoleón aportan una perspectiva distinta a la que habitualmente puede hallarse en la prensa nacional. Por ejemplo, la Organización de Liberación Palestina (OLP) aparece como una agrupación cuyas actividades se ramifican mucho más allá de lo militar. Es lo que Napoleoni llama un estado embrionario. La OLP asumió en las zonas controladas las funciones de un estado inexistente: desde lo policial a la recolección de basura; desde la administración de escuelas a la mantención de hospitales. Es esa complejidad de funciones la que lleva a preguntarse por la conveniencia de distinguir las diferentes organizaciones que se mencionan en Yihad. Pero Napoleón no hace esas distinciones, y engloba todo dentro de lo que ha llamado la "economía del terror".

Luego de tratar la dinámica interna de las organizaciones insurgentes, Yihad pasa a revisar cuáles son las condiciones externas que han facilitado y promovido su gran crecimiento durante los últimos años, desde Cachemira a los Balcanes, con efectos en otros lugares del mundo.

Napoleoni plantea la tesis de la Yihad como una cruzada a la inversa. Se enamora de la idea y dedica un capítulo entero a mostrar la simetría que existiría entre ambos movimientos. Es un intento algo forzado que, afortunadamente, no tiene ninguna incidencia en el resto del texto. Pero en ese empeño, haciendo una analogía con la caída del Imperio Romano, explica un factor que pareciera decisivo para entender la inestabilidad del Asia central: el desmembramiento de la Unión Soviética y la crisis institucional, económica y social en la que cayó toda la región.

El segundo factor mencionado es la promoción del islamismo wahabi desde Arabia Saudí. La relación entre la dinastía Saudí y el wahabismo no es casual ni reciente. En los años 30, Abdul Aziz Al Saud, fundador de la actual Arabia Saudí, usó el wahabismo como un instrumento para legitimar y consolidar su dominio sobre la población de la península Arábica. Esa alianza sigue vigente hasta hoy, pero sólo a partir de la crisis del petróleo contó con recursos para lograr efectos relevantes más allá de las fronteras de Arabia. Desde entonces, miles de millones de dólares se han destinado a promover el Islam en el mundo, a través de mezquitas, escuelas, becas de estudio y otras actividades que han propagado la tendencia wahabi, que dentro del islamismo sunni se caracteriza por su marcado integrismo, intransigencia y activo proselitismo. Ése es el islamismo que ha emergido los últimos años; el mismo que habría servido como seña de identidad y fuerza unificadora para los grupos armados.

La última parte de Yihad se dedica a mostrar las profundas interrelaciones existentes entre la llamada "economía del terror" y el resto del sistema económico, ciertamente muy profundas, pero explicables dada la amplitud de la definición de "economía del terror" que usa Napoleoni.

Su texto entrega también, de manera continua, antece dentes muchas veces intrigantes, como que la primera orden de captura internacional contra Osama Bin Laden haya sido solicitada por Muamar Gaddafi. O que el actual gobernante de Afganistán, Hamid Karzai, fuera el negociador de la petrolera Unocal frente al régimen Talibán en un frustrado proyecto de oleoducto que hubiera permitido explotar los ricos yacimientos de la ribera del mar Caspio. Y así, decenas de antecedentes que dejan muy en claro la multiplicidad de intereses y la complejidad de relaciones que se entrecruzan continuamente.

La tesis central de Yihad es la siguiente: “Como en las cruzadas, la religión no es más que un instrumento para reclutar efectivos; la verdadera fuerza impulsora es la economía”. Es reforzada en una entrevista concedida por Loretta Napoleoni a La Vanguardia (periódico de Barcelona). Cuando se le pregunta por qué el terrorismo islámico no es religioso, ella responde: ”Es económico; mueve 1,23 billones de euros al año”.

En esa respuesta se condensan las debilidades de su tesis. Con la misma facilidad podría afirmarse que la Iglesia Católica o la Cruz Roja son fenómenos económicos, porque mueven millones de dólares. El componente económico es sin duda fundamental para comprender la dinámica y las condiciones que hacen posible cualquier actividad de gran alcance. En Yihad se revelan factores de ese tipo que facilitan y hacen posible la irrupción violenta del integrismo islámico, pero la afirmación de que su móvil es únicamente monetario no se sostiene a partir de los antecedentes entregados.

El segundo elemento de la respuesta es la cifra. Para llegar a ella, Napoleoni considera recursos de origen tanto legal como ilegal, y destinado a fines tanto pacíficos como violentos. Todo lo incluye en lo que llama "la nueva economía del terror", que para la autora parece ser otra forma de referirse al Islam.

El principal mérito de Yihad es la monumental cantidad de información que logra reunir de las más diversas fuentes y cómo la presenta, de un modo ágil y atractivo. En ese plano alcanza un alto nivel. Muy superior al de las tesis y conclusiones que plantea, que quedarán en mejores manos si las asume el propio lector.

Pablo Julio

 

José Donoso

El escribidor intruso. Artículos, crónicas y entrevistas

Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago,

2004, 381 páginas.
José Donoso tuvo una extensa producción periodística, publicada en su mayoría por la revista Ercilla en los años sesenta, antes de que vieran la luz sus más conocidas e importantes novelas. En ese medio pudo ejercitar su pluma y ejercer el periodismo; en su carrera literaria ya figuraban Coronación, y Veraneo y otros cuentos.

El escribidor intruso reúne artículos para todos los gustos. Se habla de arte, de literatura, de geografía, de historia, de política y de la sociedad. Pero no del modo tradicional como suele cubrirse estos tópicos, sino con una mirada distinta y particular, que revela la autoría del escritor.

¿Cómo era el periodismo de Donoso? Con el sello de su obra de ficción. La pluma de Donoso está ahí, sin duda. Desde la observación de pequeños y evocadores detalles, la curiosidad por la vida y su entorno, la caracterización de los protagonistas de sus relatos, hasta las temáticas de los artículos y crónicas revelan la narrativa que caracterizó al escritor chileno. En más de una ocasión los protagonistas de sus relatos parecen personajes salidos de sus creaciones de ficción. El estilo de este “escribidor intruso” –apropiado título para la recopilación– es uno solo: no podemos separar al Donoso-literato del Donoso-periodista. Y nada de eso le resta valor a su producción de prensa.

Prolijamente seleccionado y ordenado en siete secciones temáticas, esta compilación a cargo de Cecilia García Huidobro da cuenta del amplio espectro de intereses y mundos que rodearon a Donoso: hay, entre otros, crónicas literarias, reseñas de viajes, una imposible entrevista a Ezra Pound –imposible por lo malhumorado y parco del poeta– y una crítica elaborada de la selección de la Academia Sueca a la hora de definir el Nobel de Literatura.

Son relatos de hechura y gustos personales. A veces resultan tan personales que, en algunos, la médula de la historia está detrás de la historia: un registro de cómo realizó Donoso su tarea, explicación a veces más interesante que el objeto de la nota periodística propiamente tal.

Con todo, Donoso no se limitaba a los comentarios: analizaba, argumentaba, estudiaba y se documentaba para escribir sus crónicas, por más personales y editorializantes que parecieran. Con un foco claro, recurre a reveladoras escenas y descripciones. Así, el gran regreso de la Callas a la Scala de Milán da pie para dar cuenta de los aspectos menos glamorosos de la gala: el mercado negro de las butacas, la ausencia del presidente italiano, la obra de Donizetti y los aficionados a la ópera.

Donoso tenía ojo y oreja para descubrir y cubrir historias sabrosas y para contarlas bien. Quizás es por eso que las dos secciones finales de esta recopilación son las más interesantes. Allí da cuenta de un Chile de personajes cotidianos, de seres humanos simples pero reconocibles, que simplemente fueron testigos y protagonistas de ricos relatos de humanidad: la vida circense, el terremoto de 1960, las peregrinaciones a Yumbel o el culto por las animitas. Es ahí donde se cumple la afirmación de la compiladora en la introducción: “La lectura de estos artículos equivale a obtener un pasaporte para visitar un Chile profundo”. Ahí, lejos de Chirico o los familiares de James Joyce, donde se puede evocar los desastres de la fuerza del mar en la costa valdiviana, las elecciones en Curicó, los internos de los manicomios.

El grueso del libro es de ágil lectura. Si bien el paso de los años pesa en algunas crónicas, la claridad y extemporaneidad del resto permite disfrutar de un trabajo periodístico que, sin ser sobresaliente, es suficiente para dejar satisfecho al lector.

Ingrid Bachmann

 

Sissela Bok

Secrets: On the Ethics of Concealment and Revelation

[Los secretos: sobre la ética del encubrimiento y la revelación]

Vintage Books, Nueva York, 1984, 332 páginas.

Sissela Bok, escritora, filósofa y académica nacida en Estocolmo en 1934, es hija del único matrimonio que ha recibido el Premio Nobel en categorías diferentes. Su padre, el sueco Gunnar Myrdal, obtuvo el galardón en Economía, junto al austriaco Friedrich von Hayek, por su teoría monetaria y de fluctuaciones económicas, y por su análisis de la interdependencia de los fenómenos económicos, sociales e institucionales. Su madre, la diplomática sueca Alva Myrdal, recibió, junto con el mexicano Alfonso García Robles, el Nobel de la Paz en 1982 por su contribución al desarme internacional.

La influencia de la extraordinaria carrera y vida de sus padres en la formación de la autora de Secrets se complementó con una excelente educación escolar en Suiza y luego universitaria en Francia. Cuando estudiaba sicología en la Sorbonne, conoció al abogado nor teamericano Derek Bok, con quien se casó en 1955, a los 20 años. Contra la opinión de sus padres, la pareja se mudó a Estados Unidos, donde Sissela Bok continuó sus estudios. Ahí obtuvo un Master of Ar ts en sicología, en la George Washington University, que profundizó luego con un doctorado en Har vard, en 1970. Su marido llegó a ser rector de esta universidad entre 1971 y 1991.

Actualmente, Sissela Bok se desempeña como Senior Visiting Fellow en el Centro de Estudios de Población y Desarrollo de Har vard. Bok tiene una prolífica y premiada trayectoria como autora de libros y artículos sobre ética en ámbitos de la interacción social tan diversos como el ejercicio de la ley, la religión, la política, la empresa, la ciencia, la defensa,la policía, los chismes y el periodismo. A lo largo de su carrera, ha explorado la solución práctica de problemas éticos cotidianos, ya que es una firme creyente en la capacidad de cada ser humano para mejorar sus circunstancias de vida. Es una convencida de que la forma como se abordan los problemas, expresa y conforma el carácter y modela la vida de las personas.

En Secrets, con una pluralidad de casos reales muy bien documentados y conclusiones de un profundo análisis filosófico, la autora examina las implicancias éticas del secreto tanto en la vida pública como privada, y los conflictos morales que genera al interior de cada persona. “Todos somos, de algún modo, expertos en secretos”, dice la primera frase de la introducción. La autora describe con lujo sicológico y sociológico las razones, emociones y fantasías asociadas tanto al poder y la responsabilidad de conocer un secreto relevante, como también al desamparo de desconocer un secreto que lo afecta a uno.

Secrets es par te de una trilogía formada además por Lying: Moral Choice in Private and Public Life (1978) y Mayhem: Violence as Public Enter tainment (1998) (Mentir: La elección moral en la vida privada y pública, y El estrago: La violencia como entretención pública, respectivamente). Los tres tratan problemas morales cotidianos, que para la autora están relacionados entre sí, ya que la mentira permite cuidar y obtener secretos, los que se pueden usar para ocultar formas de engaño, violencia y traición. Desde el comienzo de la humanidad, afirma Bok, los mitos, las épicas, las fábulas y las historias han tratado desventuras relacionadas con aquellas acciones; en las últimas décadas, la televisión, el cine y la internet las han relatado en forma gráfica y masiva.

Entre los numerosos aspectos del secreto tratados en el libro, tres son de gran interés para el ejercicio del periodismo. El primero es la distinción entre el secreto –el encubrimiento intencionado– y la privacidad, como aquella condición de estar protegido del acceso no deseado por par te de otros, sea de carácter físico, de información personal o de atención.

Por otro lado, Bok concluye que los medios cumplen su mandato cuando permiten el mayor acceso público a la información sobre asuntos que pueden afectar el bienestar de las personas. El inherente secretismo de los gobiernos y de las instituciones públicas requiere de la mayor vigilancia por par te de los medios. Y aunque también agrega que los medios deben informar sobre asuntos que despiertan simple curiosidad por par te del público, señala que se debe poner especial cuidado en el respeto de la privacidad individual.

También alerta sobre la cuestionable práctica periodística de ocultar la identidad de la fuente para obtener información, procedimiento que sólo justifica en muy contados casos. En su opinión, este tipo de reporteo ha contribuido a mermar los niveles de confianza del público en los medios. Bok argumenta que a la hora de tomar decisiones editoriales, sobre todo en el caso de dar a conocer una noticia “golpeadora”, se debería tomar en cuenta los posibles costos en términos de credibilidad.

La lectura de Secrets es altamente recomendable para todo quien se interese en uno de los aspectos más apasionantes de la comunicación: su ocultamiento. No cabe duda de que este libro es resultado de la valiosa vida profesional y personal de una mujer que por sobrados méritos integró entre 1988 y 1997 la comisión que otorga el premio Pulitzer, el “Nobel” del periodismo.

Cristóbal Edwards

 

UNIVERSIDAD ALBERTO HURTADO

Premio Periodismo de Excelencia 2004

Ediciones B, Santiago, 2004, 286 páginas.

Ya es un cliché: el producto diario del periodismo termina, al día siguiente, como envoltorio de desperdicios en el Mercado Central. La realidad se ha encargado de demostrar que al menos el buen periodismo puede tener un destino más alentador. Un buen ejemplo son las numerosas antologías que desde hace varios años se vienen publicando en Estados Unidos y Europa, que reúnen textos originalmente concebidos para ser leídos al día, a la semana o al mes siguiente del suceso narrado. Al ser traspasado al formato de libro, el buen periodismo adquiere –muchas veces– un impacto y una belleza similares a los de la literatura de ficción.

En Chile, el panorama editorial de las publicaciones de ese tipo era, hasta hace un par de años, deficitario. Aquí persistía una sensación de inferioridad de los periodistas frente a los “verdaderos” escritores, los de ficción. En Europa y Estados Unidos esta baja autoestima es un asunto superado. Basta citar los casos de Truman Capote, Tom Wolfe o Hunter S. Thompson, periodistas no sólo leídos y apreciados, sino también admirados como íconos populares. En Chile, a pesar de la buena pluma de Francisco Mouat, o la agudeza y rigor de Raquel Correa (por citar sólo dos casos entre muchos), están lejos de alcanzar el estatus y reconocimiento de las figuras norteamericanas.

Es por eso que la iniciativa de la Universidad Alberto Hurtado, iniciada en 2003, es tan valiosa. Incluso antes de analizar su contenido, su pertinencia la transforma en única y necesaria. Es una idea original con un fin muy loable: premiar y destacar lo mejor de nuestra prensa escrita. El libro es el resultado de un concurso anual de periodismo escrito de excelencia, que reúne una selección de los mejores trabajos en los diferentes géneros (reportajes, columnas y entrevistas). Libros como éstos son también un material necesario para el estudio del tema a partir de nuestra propia realidad y no sólo –como hasta ahora– sobre la base de textos extranjeros.

Esta antología 2004 contiene artículos de gran calidad, que aprovechan cada vez mejor recursos literarios como el manejo de las voces, las escenas, las estructuras novedosas y los cambios espaciales y temporales en la narración. El reportaje ganador, “La sangre de un poeta”, fue escrito por Cristóbal Peña a partir del asesinato de Víctor Jara y sus implicancias actuales. Gracias a un excelente reporteo –que incluyó la investigación de expedientes judiciales e informes de autopsias–, el autor recrea los momentos cercanos a la muerte del cantante, con escenas vívidas, diálogos e impresiones de quienes observaron directamente los hechos. Esa historia, la del pasado, se intercala con la del presente, representada en las impresiones de Amanda Jara, su forma de vida, sus recuerdos, sus resquemores. Publicado en la revista Rolling Stone, este reportaje logra informar pormenorizadamente sobre lo que sucedió (los procesos, las investigaciones, la autopsia, etc), pero además consigue cautivar emocionalmente al lector gracias a la cercanía con los personajes, a la dosificada inclusión de diálogos, a la recreación de escenas a partir de testimonios y a la estructura dramática. Por este texto, Cristóbal Peña recibió el premio Lorenzo Natali de la Comisión Europea, que se entrega a artículos sobre derechos humanos y democracia.

El reportaje “30 años” también refleja el buen nivel del libro y –sobre todo– las posibilidades del periodismo chileno. Realizado por el equipo de la revista Paula, da cuenta de las tres décadas transcurridas después del golpe de estado. Treinta minihistorias muestran la pequeña realidad escondida bajo los grandes acontecimientos políticos y sociales que marcaron esa época: un niño hijo de aviador que dejó su barrio (y a sus amigos), luego de que "el 11" los separara en dos bandos; un adolescente que se acostumbró a correr para evitar el toque de queda; una mujer que ayudó a un dirigente político a ingresar clandestinamente a Chile, y terminó casada con él; una niña que fue concebida el día que triunfó "el No". Son treinta miniaturas domésticas que logran la emoción desde la sutileza, desde la sensibilidad de los periodistas para captar el detalle significativo de cada historia.

Ambos reportajes reúnen procedimientos que se manifiestan por separado en muchos otros, como las recreaciones de historias pasadas con escenas y diálogos (en “Chile en el aire”, “Yo sobreviví a un fusilamiento” o “Un niño hecho trizas”). Hay, también, buenos ejemplos de entrevistas, que transmiten un nivel de empatía muy profundo con los personajes (como “El sueño imposible” o “Longueira desarmado”).

A pesar de que aún existe una considerable distancia frente al nivel de las mejores antologías norteamericanas –las de las revistas Rolling Stone, Playboy y Esquire son absolutamente recomendables–, este libro de la Escuela de Periodismo de la UAH es una buena noticia para el periodismo escrito chileno. El proyecto, además, fue distinguido recientemente como uno de los merecedores del Fondo del Libro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes: este año celebraremos una nueva edición.

Llama la atención, por último, que la selección no incluya “noticias duras” (con la excepción de la entrevista a Claudio Spiniak), pero esa debilidad bien puede atribuirse a nuestro periodismo más que a los criterios de selección de los textos. Al parecer, los redactores chilenos necesitan más tiempo y distancia para atreverse a construir sus historias con todos los recursos de que disponen.

Con todo, se repiten ciertos patrones: el fracaso (de una carrera espacial, de un encuentro mapuche con el Presidente), la violencia (con Víctor Jara, con un niño), el absurdo (la tortura que sufre una persona absolutamente inocente)... Así, a partir del ejercicio diario, semanal o mensual del periodismo –esa actividad supuestamente desechable al día siguiente–, este libro logra transmitir algo del Chile más profundo. Como para guardarlo en una biblioteca.

Adrián Puentes

 

Hugh Hewitt

Blog: Understanding the Information Reformation that’s Changing your World.

[Blog: cómo entender la innovación informática que está cambiando el mundo]

Nelson Books (Thomas Nelson Publishers), 2005, 256 páginas.

Probablemente uno de los temas que más ha sonado en torno a internet en el último tiempo es el de los blogs. Aunque no es algo tan nuevo como parece, sí lo es la importancia que ha tomado en los años recientes (o meses, para algunos). Recogiendo esto, Hugh Hewitt, creador de uno de los blogs políticos más visitados de Estados Unidos, publicó este libro, que busca dar cuenta y explicar el crecimiento de esta nueva plataforma, la importancia que deben darle los medios de comunicación y el eventual significado para nuestra sociedad. Aunque es una visión desde Estados Unidos, da buenos ejemplos de un fenómeno que se ha expandido mundialmente en importancia y cantidad.

La primera pregunta que le hace el autor al lector del libro es por qué lo compró. La respuesta es sencilla: porque su portada tiene la palabra blog en un gran tamaño y porque probablemente se debe preguntar lo mismo que mucha gente: “¿Qué es un blog y qué importancia puede tener para mí?”.

Hewitt, profesor de derecho constitucional y conductor de un programa de radio que se escucha en más de setenta ciudades de Estados Unidos, tiene fama de ser un comentarista conservador, muy crítico y directo. Este libro reúne su particular visión, desarrollada a lo largo de sus años de trabajo radial y también a través de su experiencia en su exitoso blog político: www.hughhewitt.com.

Existen blogs de cuanto tema uno pueda imaginar. Sólo en Estados Unidos habían, a fines de 2004, aproximadamente 4 millones y medio. Sin embargo, según algunas mediciones, sólo 50 mil blogs se actualizan regularmente.

Uno de los temas interesantes del libro es la explicación de una serie de casos ocurridos en la política estadounidense, donde la influencia de los llamados poliblogs ha sido clave. Hewitt parte de la premisa de que la mayoría de los medios de comunicación se mueven dentro de una agenda, con un margen algo estrecho. En cambio, los blogs empezaron a publicar temas que, pese a su relevancia, no eran cubiertos por los diarios, la radio o la televisión. En este escenario, la presión de los blogs fue tal, que esos temas entraron en la pauta y más de uno tuvo consecuencias importantes. Un caso ejemplar resultó el del periodista de la CBS Dan Rather, quien debió abandonar su trabajo cuando se comprobó –vía blog– que había presentado documentos falsos sobre el servicio militar de George W. Bush.

Hewitt sostiene que los blogs –y sobre todo los políticos– han empezado a representar una creciente amenaza para los medios tradicionales, especialmente por el uso de un lenguaje sin restricciones, crudo, directo y claramente opinante. Tanta importancia han logrado, que los mismos congresistas y miembros del gobierno han intensificado sus visitas a los blogs. Incluso, como ejemplifica Hewitt, muchos de ellos ya los utilizan como una forma de testear sus ideas y propuestas antes de que sean publicadas en los medios tradicionales.

Para el autor, la decepción de una parte del público estadounidense frente a la cobertura de los medios tradicionales tiene como contrapartida a estos nuevos sitios, que le ofrecen al público un producto diferente y más dinámico para informarse, conocer opiniones y tener una visión más completa de la sociedad. En un mundo donde la credibilidad ha disminuido, estos espacios aparecen como una salida. Si los medios tenían la misión de ser los fiscalizadores de la sociedad, ahora aparecen los blogs –o más bien sus autores, los bloggers– como los nuevos custodios del poder, muchos de los cuales emiten fuertes críticas a prestigiosos diarios o canales de televisión, al gobierno y a políticos de todos los colores. Según Hewitt, los medios deben preocuparse, ya que una buena parte del público está creyendo más en los columnistas que escriben blogs que en ellos.

La propuesta de Hewitt es un llamado a todos –periodistas, medios, políticos e instituciones– a introducirse en el mundo de los blogs; en la llamada blogósfera.

El libro, aunque tiene un importante contenido político, es un buen punto de partida para entender este fenómeno en Estados Unidos, un ejemplo que puede servir como paradigma de lo que se avecina en otros lugares.

Serdio Goldenberg

 

Dominique Wolton

La otra mundialización. Los desafíos de la cohabitación cultural global

Gedisa, Barcelona, 2004, 191 páginas.

[L’autre mondialisation, Flammarion, 2003]

“La mundialización de la información vuelve al mundo pequeñito pero muy peligroso. Cada cual percibe todo, sabe todo, pero advierte también qué cosas lo separan de los demás, sin desear necesariamente acercarse a ellos. El otro, ayer, era diferente pero estaba lejos. Hoy también es diferente pero está en todas partes [...]. Habrá que hacer, pues, un esfuerzo considerable para entenderse. En todo caso, para soportarse”.

Desde esta premisa inicial, que se ha constituido en una de las problemáticas más significativas del mundo globalizado –"mundializado", en su versión francófona–, el director de investigación del área Comunicación y Política del Centre National de la Recherche Scientifique de Francia plantea en su último libro la urgencia de (re)pensar teóricamente la construcción de una convivencia cultural pacífica de nivel planetario.

Wolton desarrolla su análisis a lo largo de cinco capítulos. En los tres primeros presenta el fenómeno y avanza en su descripción, sus conexiones y sus complejidades, con la mirada puesta en la influencia sociocultural y política de la información y la comunicación en este proceso. Los dos restantes los reserva para abordar la problemática francesa en sus dinámicas internas y relaciones de ultramar –“trabajos prácticos de convivencia cultural”, como les llama– y para detenerse en Europa, una primera experiencia “en tiempo real” en este campo.

El atractivo de la lectura radica en los acentos multidimensionales con que explora los temas, y en las preguntas y revisiones que va proponiendo durante su recorrido. Punto de partida de este trazado es el cuestionamiento a la supuesta correlación entre información y comprensión en este escenario de alcance planetario. A su juicio, los adelantos tecnológicos permiten una mayor proliferación y penetración geográfica de los mensajes así como el desarrollo de industrias culturales y técnicas globalizadas. La contradicción está en que tales avances no tienen como contraparte sustratos culturales, sociales, políticos y comunicacionales verdaderamente mundializados.

Esta heterogeneidad en los espacios, tiempos, valores, intereses y universos simbólicos de emisores y receptores es el foco en torno al cual gira la reflexión del director de Hermès. Su análisis lo lleva a afirmar que transmitir y consumir no equivalen hoy a comprender y menos aún a adherir. La información, por tanto, puede llegar a ser no sólo instrumento para la emancipación y el progreso, sino también fuente de incomprensión y de tensiones. “Más información no siempre acerca puntos de vista y culturas. Las injusticias se tornan más visibles para una opinión pública consciente”, explica.

Dentro de este marco, Wolton enlaza las transformaciones en comunicación con fenómenos culturales y políticos contingentes, como la reivindicación de la localidad y las demandas de países emergentes por una mayor participación en el mercado de las representaciones. La tesis resultante es la exigencia de una teoría integral, que examine los nuevos nexos entre información, comunicación, conocimiento, identidad, cultura y democracia a escala global. Es decir, que analice los desafíos geopolíticos de la comunicación con el objeto de establecer las condiciones para el diálogo y la convivencia multicultural.

Si bien en este planteamiento es posible reconocer reflexiones expuestas por el director del CNRS en diversos ensayos y debates anteriores, el libro sistematiza dichos contenidos y aporta prioridades y recomendaciones. La profundización en las experiencias francesas de ultramar, por ejemplo, enriquece el debate al ofrecer perspectivas desde las cuales rescatar “comunidades de historias”. Esta investigación otorga al texto una apertura vigorosa en dirección a la integración y socialización de las identidades en desmedro de su culturización, origen de emergentes conflictos en la sociedad globalizada.

No obstante estas cualidades, es importante efectuar una lectura desapasionada de La otra mundialización. La urgencia con que el autor aborda el tema de la cohabitación cultural global lo lleva a efectuar afirmaciones categóricas y a criticar, incluso hasta la descalificación, modelos, sistemas y procesos, lo que le otorga una excesiva subjetividad a ciertos pasajes.

Quienes se hayan enfrentado a otros textos de Wolton reconocerán aquí su tradicional posición censuradora del modelo de información- comunicación occidental, en particular de Estados Unidos, y del acento técnico-económico que ha alcanzado su desarrollo. Pero, junto con ello, encontrarán también reflexiones valiosas para una exploración teórica respecto de cómo organizar la convivencia con la diversidad cultural, y sobre el impacto de la información y la comunicación en el terreno del encuentro y la intercomprensión.

Paulina Gómez

 

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