auxi auxi Cuadernos de Información Nº 18, 2005 auxi auxi
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Editorial: Para una imagen más real del periodismo

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Carolina García Huidobro

Editora de Cuadernos de Información.

[cgarciai@uc.cl]

 

Hablar de la transparencia como uno de los máximos bienes de la sociedad occidental se ha vuelto uno de los ejes dominantes del discurso público. Lentamente y de manera creciente, observamos cómo en Chile la cultura de la opacidad y el secretismo que imperaba en muchas de nuestras instituciones ha ido cediendo terreno frente a un estilo que privilegia exponerse y dar cuenta de lo que se hace y cómo se hace, con todos los riesgos que esto involucra.

La tendencia es parte de la globalización e implica asumir –además de la supuesta expansión de las oportunidades– que todos nos hallamos inmersos en la llamada “sociedad del riesgo”. Las tecnologías de la información, con la consiguiente proliferación de nuevos medios cada vez más dinámicos y creativos –los blogs llevan la delantera–, hacen posible una transparencia casi total. Y en este nuevo escenario, el ciudadano con acceso a información relevante ha empezado a desafiar todo tipo de autoridad. “El estúpido, leal y humilde cliente, empleado o ciudadano, ha muerto”, aseguraban ya el 2000 Jonas Ridderstrale y Kjell Nordström, en un libro muy iluminador y a la vez provocativo: Funky Business: Talent Makes Capital Dance. “Los votantes desafían a los políticos; los subordinados, a los jefes; los estudiantes, a los profesores; los pacientes, a los doctores; los niños, a sus padres; los clientes, a las empresas, y las mujeres, a los hombres... Es un cambio de poder. Ahora, el poder está en manos de la gente”.

La creciente “pedida de cuentas” –producto del derrumbe de la autoridad vertical – también ha llegado a quedarse como una exigencia para los medios de comunicación, como un desafío a sus propietarios y a los profesionales que se desempeñan en ellos. Es un fenómeno que se impone en el mundo y también en Chile. Al periodismo dejó de bastarle con ejercer el rol de “custodio” de las otras instituciones de cara al interés ciudadano.

Ahora vemos cómo esta profesión también ha tenido que ponerse en vitrina; de ahí que hayamos elegido éste como el tema del Informe de estos Cuadernos de Información: qué riesgos, desafíos y oportunidades impone al periodismo la necesidad de transparentar sus métodos y rutinas ante las audiencias. Es un dossier que pretende incluir las aristas más significativas en este escenario. Así, por ejemplo, se revisa la importancia de la figura del ombudsman, el tratamiento del terrible atentado terrorista del 11-M en Madrid, la ética del secreto, el rol de la televisión y los medios en la reforma a la justicia chilena, la función de las empresas de comunicación estratégica y las bondades del lobby en pro de una sociedad más transparente.

Una mirada pesimista o escéptica podría asociar la visibilidad con una amenaza de mayor vulnerabilidad para la profesión. Sin embargo, una visión más sensata y no por eso ingenua –como la que expone en su artículo la periodista y académica peruana Úrsula Freundt– abre la posibilidad de aprovechar esta mayor apertura por parte de los periodistas y los ejecutivos de los medios para recuperar la pérdida de confianza que azota a los medios de comunicación.

Los índices de credibilidad en los medios de comunicación caen en la mayoría de los países del mundo occidental. En Estados Unidos, según un estudio del Pew Research Center, la credibilidad de los medios escritos y los canales de televisión norteamericanos ha disminuido de manera notoria en los últimos cinco años. Ni siquiera sale ileso el Wall Street Journal, que tenía los mejores índices y que ahora cae del 41% al 24 %.

Se han cometido errores que sin duda han contribuido a este malestar.

En Estados Unidos, resulta imposible no recordar, entre muchos, el caso de Jayson Blair, el reportero de The New York Times que no sólo redactó sus notas como corresponsal en distintos estados de EE.UU. sin moverse de su departamento neoyorkino, sino además escribió un libro contando cómo había realizado “la gracia” de haber inventado todo sin que nadie lo notara. Fue el mismo periódico el que descubrió el engaño mediante una investigación interna y el que publicó el mea culpa. Fue tal el bochorno para el prestigio de ese diario que creó un nuevo cargo –el de public editor– para dar una señal de responsabilidad frente a errores tan graves como éste.

En España, el diario de mayor circulación y más influyente a nivel nacional, El País, también dedicó varias páginas, si no a pedir perdón, a dar explicaciones a los lectores por el grave error que cometió tras el 11-M, cuando tituló la portada con “Matanza de ETA en Madrid”.

Los medios chilenos tampoco han salido ilesos de este desafío de exponer la inside story, tanto en los aciertos como en los pasos en falso y también en las situaciones más polémicas. Sólo por mencionar algunos de los casos de mayor impacto, pensemos en todas las explicaciones y el perdón final en pantalla que debió rendir Canal 13 a raíz de la transmisión de la primera entrevista a Gemita Bueno, la testigo que falseó todo su testimonio para involucrar al senador Jovino Novoa en la red de pedofilia de Claudio Spiniak. O todas las consecuencias que debió enfrentar Chilevisión, cuando transmitió aquel lapidario reportaje –en el que se utilizaron cámaras secretas– que mostraba al juez Daniel Calvo entrando a un sauna gay. Amén de las acciones judiciales (Jaime de Aguirre debió abandonar por un tiempo la Dirección Ejecutiva del canal), Chilevisión tuvo que argumentar largamente la validez de esa forma de hacer periodismo.

Por el mismo caso, El Mercurio publicó el domingo 3 de noviembre de 2003 una entrevista al empresario Claudio Spiniak en el recinto carcelario donde aún está recluido. El artículo despertó la inmediata polémica, porque no había grabación de por medio; Gendarmería dijo que el inculpado jamás había tenido conciencia de haber hablado para un medio periodístico. Ante los cuestionamientos, el diario publicó una entrevista al día siguiente a Luis Hermosilla, abogado de Spiniak, quien respaldó totalmente el trabajo del periodista Eduardo Sepúlveda. Además, ese martes el periodista explicó con lujo de detalles, en una nota del cuerpo C, cómo se había gestado y desarrollado su encuentro con el empresario.

Hasta en los mejores aciertos, los medios chilenos han debido explicar cómo lo hicieron. Así ocurrió con el reportaje de Contacto, de Canal 13, que facilitó la captura de Paul Schaeffer: los responsables del golpe periodístico debieron explicitar qué fuentes utilizaron, cuánto tiempo tardaron en encontrar la pista, cómo fue el proceso de chequeo de la información, cuántos profesionales trabajaron en el caso, qué habría ocurrido sin la intervención periodística, etc.

El periodismo se pone en vitrina. Los medios de comunicación líderes a nivel mundial lo han asumido como una realidad y, los más optimistas, como una oportunidad para recuperar la con.anza del público. Para sumar y no restar. La clave será, entonces, asumir una actitud más humilde y menos autocomplaciente cada vez que nos miremos al espejo y evaluemos cómo lo estamos haciendo. Una vez más, la apuesta es por la calidad.

 

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