Tenía ya mi artículo listo y de repente, ¡CLIC!: todo borrado. No aparece por ninguna parte. Busco y busco en el directorio, pero nada. Parece que algo hice mal y todo mi trabajo ahora está perdido...
¿Le suena conocido un lamento como éste? Hoy son pocos los periodistas en Chile que trabajan en un diario o en una revista y que pueden declarar orgullosos que no tienen problemas para "sobrevivir" sin un computador. Las facilidades que un procesador de texto da para el despacho y edición de artículos lo han hecho una herramienta casi imprescindible. Pero también es a veces fuente de las mayores tensiones, como cuando los documentos simplemente... desaparecen.
Si usted ha estado en esa situación recordará seguramente el pésimo rato. Y si le sirve de algún consuelo, no es el único. En un periódico tan grande como The Miami Herald pasaron tres años antes de dejar al sistema libre de errores o— como prefieren decir sus gerentes Armando González y Sam Verdeja— "error-free".
Esto significa, aparte de controlar cada uno de los componentes, que dentro del programa estén consideradas, por ejemplo, todas las combinaciones posibles de teclas. Es decir, que si usted —por error— presiona dos al mismo tiempo, el computador no quede con un gran signo de interrogación en su tecnológico cerebro y —asustado ante lo desconocido— pare todo el sistema. Tal vez incluso sus compañeros de redacción le tengan que "agradecer" su gracia, porque los documentos de ellos también se han perdido.
Cuando el sistema está "error-free" se supone que esto no ocurre. Por el contrario, un computador con un programa de esas características debería estar en condiciones de avisar —con ese dejo de ironía que sólo una máquina puede tener— que "usted se ha equivocado". .. pero sin mayores consecuencias para su artículo ni los de sus colegas. Aun así, según reconocen los expertos de los diarios nacionales, el error humano sigue siendo una de las principales causas de fallas en los sistemas de redacción electrónicos.
Hay otros "factores de riesgo": un corte en el suministro de energía eléctrica —ya superado hace tiempo gracias a los generadores de emergencia—; o la falta de respaldo en la información con que se ha alimentado el computador. Todos problemas que hay que solucionar casi en el mismo momento en que se producen: nadie va a esperar ni un minuto si el periódico se atrasa.
Se "murió" el disco
En la mayoría de los diarios que tienen incorporada la computación, no fue posible contar con un tiempo de rodaje previo. La introducción del computador se hacía urgente y aparte de realizar pruebas y capacitación fue necesario resolver los problemas sobre la marcha.
Edgardo Opitz, ingeniero de sistemas del diario La Época recuerda que una de las fallas más graves podría haberse resuelto fácilmente:
—Casi en los inicios del diario, falló uno de los drives (unidades de disco) por mala ambientación, por polución Se "murió" el disco y no había repuestos. El de respaldo costaba 230 mil pesos y lo que se perdió fue mucho más. Hubo que hacer el diario afuera, en otra empresa que tiene un sistema similar y con las máquinas de la revista Hoy. Ahora eso no nos pasa, aprendimos la lección y nos preocupamos de tener un buen sistema de respaldo.
La solución por la que optaron es la de tener un "sistema espejo". Cuentan con dos computadores que se graban mutuamente y cada uno es la copia exacta del otro. Si uno falla, asume el segundo y la actividad en el diario no se ve perjudicada.
Roberto Fuenzalida, gerente de operaciones de El Mercurio piensa que los computadores no son los principales responsables de los problemas que se dan en los medios, sino "los errores humanos, la mala operación. Es el caso, por ejemplo, de algún periodista que haga una operación no autorizada desde un terminal remoto y trabe el sistema. Ahí hay que pararlo para destrabarlo. Pero los sistemas rara vez dan problemas. No tengo recuerdo de un problema grave de sistema en los últimos años".
Adiós a mi vieja Underwood
Justamente porque siguen siendo los mismos operadores de las máquinas los que se "equivocan" y hacen que éstas a la vez se declaren en huelga, es que la capacitación se hace una herramienta indispensable para evitar fallas.
Pero para que esto resulte, es fundamental una buena recepción de las innovaciones por parte del equipo periodístico. En la empresa El Mercurio todavía se recuerda cuando se instalaron los primeros computadores y Julio Martínez escribió una sentida y clarividente columna en Las Ultimas Noticias con el título de "Adiós a mi vieja Underwood". Como el comentarista deportivo, aún hoy hay algunos que se resisten terminantemente al uso de la nueva tecnología. Un reportero con varios años de experiencia en un matutino se queja de la "imposición" del computador:
—No le ahorra tiempo al periodista sino que a la empresa, porque le permite eliminar varias operaciones internas. Pero lo mismo que se hace con el computador yo lo podía hacer con la máquina de escribir: si quería borrar, borraba, y si tenía que agregar algo nuevo, lo añadía con un lápiz.
Otra periodista, también con bastante tiempo de profesión, le contesta:
—Pertenezco a otra generación. Nunca había visto un computador. Tuve que ponerme al día y me costó. Es un aprendizaje de algo totalmente nuevo y da susto. Pero superado eso, es tal la dependencia que crea que uno se da cuenta de que con la máquina de escribir perdía mucho tiempo. Al principio, pensé que iba a ser un problema insuperable; hoy creo que es lo mejor que me podía pasar.
Ese proceso se ha repetido en general en todos los medios. González y Verdeja, los ejecutivos de The Miami Herald, cuentan que cuando se hizo el cambio, cinco viejos periodistas se negaron a usar esas "máquinas infernales". La dirección no dijo nada. Pero pasaron un par de meses y tres de ellos ya estaban frente a las pantallas; los otros dos tuvieron que irse: "Se sintieron marginados por sus mismos compañeros", dicen.
Los directivos del diario norteamericano aprovecharon también de despedir a los correctores de prueba. ¿La razón? "Ya no eran necesarios. Si un periodista es profesional, debe saber hacer bien su trabajo la primera vez, sin necesidad de que otro le revise la ortografía o la redacción".
Aquí en Chile el cambio no fue muy distinto. Roberto Fuenzalida recuerda los primeros inconvenientes:
—Nos pasó lo que a todos los diarios. Éstos no habían tenido ningún cambio tecnológico en los últimos 80 años, desde la invención de la rotativa y la linotipia. Luego, alrededor del año 60 comenzaron a aparecer los primeros terminales inteligentes. El Mercurio comenzó a incorporarlos. Fue en ese momento cuando se produjeron los primeros problemas por parte del personal debido al temor frente a la disminución de fuentes de trabajo.
Pero al final, como a aquella periodista, el computador termina seduciendo:
—Los redactores son fanáticos por el computador. Para ellos es como un juguete. Ya la máquina de escribir pasó a ser prehistórica.
La experiencia parece ser el factor primordial a la hora de dar consejos. Los errores han ayudado a que los medios aprendan a navegar cada día mejor en el mundo de la tecnología. Para Roberto Fuenzalida, la mejor medida que debe tomarse es la de dar una educación adecuada:
—No se saca nada con comprar una máquina maravillosa sin tener los choferes que sepan manejarla.
Ricardo Tepper, subgerente de operaciones de La Tercera, agrega a esta condición la de buscar sistemas de fácil operación:
—Una de las cosas importantes es nunca olvidarse de que se está trabajando con gente que no es técnica. Por eso hay que priorizar en la compra de equipos amistosos que no sean difíciles de operar por parte del periodista. También es indispensable contar con una buena protección para los computadores, tomar todas las precauciones posibles en el caso de la duplicación de información.
En ese diario han optado por tener dos computadores diferentes cada uno con una CPU (Unidad Central de Procesamiento) independiente. Esto, porque si se tienen dos aparatos que se copien recíprocamente, "si se comete un error en un computador, el otro lo copiará también y entonces tendremos todo el sistema parado", dice Tepper.
Esos son los riesgos. Pero las ventajas de la tecnología se imponen cada día más sobre éstos. Una prueba de ello es que las empresas periodísticas continúan de manera vertiginosa incorporando nuevos equipos y ampliando las capacidades de los sistemas que ya poseen.
Reporteó Marcela Horca
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