Y aunque referido a la realidad de los medios en ese país, el lector advertirá rápidamente que no son pocos los problemas comunes de la prensa norteamericana y de la chilena.
La década del 80 ha demostrado ser un capítulo notable en la historia de los medios informativos de Estados Unidos, especialmente en lo que respecta a cómo los ve el público.
Este informe tiene varios propósitos. Revisa y documenta el tema medios-confianza del público, e intenta poner dicho tema en perspectiva: cómo se originó y por qué ha cambiado. Para esto es esencial hacer una reseña de 50 años de investigación de la opinión pública y de los medios; sin embargo, dicha reseña no es capaz por sí misma de explicar el porqué el tema ha adoptado los giros y cambios que ha tenido en los últimos años. Finalmente, este informe brinda algunas conclusiones sobre lo que nuestro conocimiento actual recomienda para el futuro acerca del tema; en resumen, cómo podría darse una relación más favorable entre los medios y las personas.
¿De dónde provino la idea de una crisis en la confianza del público y cómo evolucionó? A principio de la década del 80, las principales revistas norteamericanas publicaron artículos sobre la grave preocupación del público acerca de los medios: juicios por artículos difamatorios en busca de millones de dólares; el escándalo de Janet Cooke en The Washington Post"; informes de organizaciones dedicadas a las encuestas, respetadas a nivel nacional, que indicaban que pocas personas tenían algo de confianza en la prensa y el reportaje central de la revista Time de diciembre de 1983: "El periodismo en entredicho: una creciente percepción de arrogancia amenaza a la prensa norteamericana", motivado por el incidente prensa-gobierno durante la invasión a Grenada. Anteriormente, en 1983, en un artículo que apareció en la revista especializada Presstime, el investigador de medios Maxwell E. Combs preguntó: "¿Cuánto nos odian realmente?". Y el título de un artículo publicado a principios de 1984 en la revista Columbia Journalism Review, por el encuestador Louis Harris preguntaba, "¿El público realmente odia a la prensa?"1. En 1984, Newsweek publicó un artículo con el título: "Los medios en el banquillo de los acusados", que especulaba acerca de si los casos de difamación señalaban el disgusto y la desconfianza generalizada del público hacia los medios
Estos y otros hechos colocaron la opinión que tenía el público con respecto de la prensa en el primer lugar de la agenda: el resultado fue una cantidad sin precedentes de encuestas que examinaban la actitud del público.
Rápidamente, The American Society of Newspaper Editors (ASNE), The Associated Press Managing Editors {APME), The Los Angeles Times y The Times Mirror Company encargaron estudios sobre opinión pública y actitudes de los periodistas. La Asociación Nacional de Radiotransmisores y la Asociación de Directores de Noticias de Radio y Televisión presentaron el tema del público y de los medios electrónicos en sus convenciones anuales. La escuelas de periodismo y de comunicación de masas también organizaron proyectos de investigación, la mayoría a nivel regional. Los resultados de toda esta actividad han llevado a entender cómo siente el público con respecto a los medios. Los estudios se expandieron a partir del trabajo iniciado en la década del 70 por periódicos tales como The Washigton Post, The Los Angeles Times, The Minneapolis Star y The Tribune, como también por la Public Agenda Foundation y otros, todos parte de una larga tradición de investigación acerca de la confianza del público, que data de la década del 30.
Pero el terreno del interrogante medios-confianza se extendió y cambió considerablemente.
En mayo de 1985, The American Society of Newspaper Editors presentó un informe sobre una encuesta hecha a 1.600 personas que daba "buenas" y "malas" noticias, desde el punto de vista de los medios. Lo que produjo asombro fue la conclusión del autor de que "tres cuartos de todos los adultos tenían problemas acerca de la credibilidad de los medios" {ASNE, 1985:13); que el público estaba abrumadoramente inclinado a creer que los reporteros estaban más preocupados de obtener noticias que de saber si herían o no a las personas; que "frecuentemente sobredramatizaban las noticias" y que "los medios ponen demasiado énfasis en lo que está mal y no en lo que está bien". La prensa obtuvo buen puntaje en las percepciones del público relacionadas con exactitud y objetividad.
En agosto de 1985, The Los Angeles Times publicó una serie de artículos basados en ambiciosas encuestas nacionales: una de cerca de tres mil personas y otra de tres mil reporteros y 587 editores de periódicos (Shaw, 1985). Cuando se les pidió "clasificar la actuación de los medios", más del 90% del público la calificó como buena o muy buena, y menos del 10% dijo que era mala o muy mala. Frente a preguntas generales acerca de exactitud e imparcialidad hubo respuestas similares. El "lado negro" de la encuesta fue que una mayoría dijo que sería favorable permitir a las cortes de justicia multar a los medios por reportajes inexactos o prejuiciosos, y una gran mayoría rechazó la idea de que éstas tienen el efecto contraproducente de inhibir investigaciones sobre temas importantes.
El estudio del Times también comparó las respuestas del público sobre ciertos temas con las de los periodistas, como lo hizo The Associated Press Managing Editors un mes después. Ambas encuestas intentaron examinar una de las principales críticas a los medios: que la prensa tiene "prejuicio liberal". Y lo que ambas encuestas demostraron fue que los periodistas —aquéllos que trabajan en periódicos— son, de hecho, un poco más liberales que el público en general sobre temas políticos. Pero, lo que tal vez es mucho más importante, la encuesta del Times indicó que la mayoría de la gente aparentemente no identifica esa diferen-cia en el contenido. Luego, al hacer un balance, el sondeo fue estimulante: a pesar de ciertos problemas, el público calificó bastante bien a los medios.
Luego, en enero de 1986, se hizo la más grande y más cara de las últimas encuestas de opinión pública acerca de los medios. El estudio Gallup-Times Mirror realizó más de cuatro mil entrevistas y empleó el análisis de datos más sofisticado usado hasta la fecha. Sus conclusiones fueron también optimistas. La más importante de ellas, que "no hay crisis de credibilidad de los medios de la nación". Si credibilidad se define como confiabilidad, entonces la credibilidad es, de hecho, uno de los argumentos más fuertes de los medios (Times Mirror, 1986:4). Mientras que el estudio pudo identificar algunas de las mismas opiniones anti-medios registradas en otras encuestas, también descubrió una crítica que, irónicamente, los medios ya sabían: que no son tan independientes de otras instituciones importantes como para cubrirlas en forma suficientemente agresiva; que no realizan su tarea de "guardianes".
Como era de esperar, los medios informativos recibieron estos hallazgos con algo de escepticismo. ¿Cómo, se preguntaron, se pueden conciliar estos informes con los otros de encuestas anteriores, como los de la ASNE? ¿Existe o no un problema serio de credibilidad en los medios?
De esto se trata el resto de esta reseña. Pero para responder a estas preguntas es esencial comprender que opinión pública es un "término-paraguas" bajo el cual hay, de hecho, muchos públicos diferentes con opiniones frecuentemente ambiguas e incluso contradictorias. Las opiniones acerca de los medios no son definitivas, monolíticas; en algunos contextos el público opina de una forma acerca de algunos medios, y en forma totalmente diferente acerca de otros. Sin embargo, si queremos entender los resultados de esta encuesta, debemos verlos primero desde su perspectiva histórica, examinando 50 años de investigación sobre el tema medios-confianza del público.
En el siglo XIX, los editores eran apedreados y, en algunos casos, linchados; algunas oficinas de periódicos fueron incendiadas hasta sus cimientos. En el siglo XX ha habido manifestaciones contra periódicos particulares y estaciones de radio y televisión. Pero desde la década del 30, el clamor acerca de los medios tiene un nuevo escenario. Encuestadores comerciales, universidades, agencias gubernamentales, organizaciones de noticias y otros han evaluado la actitud del público hacia los medios. Los que aquí se citan, salvo por algunas pocas excepciones que se destacan, han usado los métodos sistemáticos de investigación de encuestas que incluyen entrevistas telefónicas o personales puerta a puerta, como también cuestionarios por correo, con el fin de evaluar, en la forma más completa y justa posible, la visión que el público tiene de sus medios informativos.
David Gergen, ex director de comunicaciones de la Casa Blanca y actual director administrativo de la revista U.S. News and World Report, afirmó que la mala disposición hacia los medios no es un fenómeno reciente, sino que dichas animosidades han subido a la superficie con creciente frecuencia desde el comienzo de la era de la televisión.
Para apoyar este punto de vista, Gergen cita tres encuestas: la Roper, en 1939; la Gallup, en 1959 y la realizada por Ruth Clark y sus asociados para la American Society of Newspaper Editors, en enero de1984. Mientras que la encuesta de 1939 señaló que el 68% de los encuestados decía que las versiones de las noticias que aparecían en los diarios eran siempre o generalmente exactas, y la de 1968 dio un 70% de acuerdo sobre el mismo tema. La encuesta de 1984 demostró que el público estaba ligeramente inclinado contra la idea de que las noticias entregadas por los diarios (48% a 41%), y por la televisión (48% a 43%) son "generalmente exactas y casi siempre presentan los hechos como son". Por otra parte, John Nerone, historiador de comunicaciones sugirió, en un documento de antecedentes para The Gannett Center for Media Studies, en1985, que "históricamente las actitudes del público hacia la prensa [de EE.UU.] han sido inconsistentes. Los cambios han sido manifiestos y probablemente el público se ha preocupado menos de la prensa de lo que ésta se ha preocupado de la actitud del público hacia ella".
No existe consenso acerca de si la actitud actual del público hacia la prensa representa o no un cambio real, o si es sólo otra de una serie de fluctuaciones que la reciente atención de los medios podría haber desproporcionado. Por estas razones, la gente preocupada de las actitudes del público hacia los medios se pregunta la forma en que se podrían evaluar mejor aquellas opiniones, mediante qué estrategia y qué método.
En las secciones que vienen a continuación, presentaremos un tabla de lo que las encuestas de opinión pública dicen acerca de una cierta cantidad de áreas de interés, desde evaluaciones generales de la confianza del público a quejas más específicas que incluyen credibilidad y confianza, imparcialidad y exactitud, prejuicios, poder de la prensa, arrogancia de los medios, ética y prácticas periodísticas, "malas noticias", y libertad y autonomía de la prensa, todos temas de interés para encuestadores, eruditos, periodistas y público.
Cómo evaluar la confianza en los medios
Una encuesta realizada por The Los Angeles Times en 1985 a casi tres mil norteamericanos formuló una pregunta bastante similar a la usada por Gallup y otros para evaluar la "popularidad" de Presidentes: "En general... ¿cómo clasifica usted el tipo de trabajo que la televisión, los diarios, revistas y la radio realizan? ¿Diría usted que el trabajo que los medios hacen es muy bueno, relativamente bueno, o relativamente malo, o muy malo?" Un 30% dijo "muy bueno" y un 64% dijo "relativamente bueno", mientras que un 4% dijo "relativamente malo", y sólo un 1% dijo "muy malo". Esto da a los medios un rating de 94% de popularidad. En contraste, ningún Presidente, en 40 años de preguntas análogas, ha excedido jamás el 80%. Estos resultados demuestran que, a un nivel muy general, existe un apoyo público sólido a los medios. Pero, como muchos comentaristas, eruditos y críticos han observado, los estudios de la opinión pública no deberían medir solamente la popularidad, sino también evaluar cualidades vitales para el bienestar de la república, tales como credibilidad, confianza y fe. Aunque los medios no son elegidos, sí tienen un lugar preponderante en el esquema constitucional norteamericano. Este alto status obliga a los medios a trabajar a favor del flujo libre de noticias y opiniones. En conformidad con estas responsabilidades, la popularidad importa menos que la confianza.
Incuestionablemente, las actitudes públicas más comúnmente estudiadas acerca de los medios implican credibilidad. A fines de la década del 30, George Gallup y Elmo Roper comenzaron a interrogar al público sobre si creía en la prensa. También preguntaron a los ciudadanos norteamericanos si pensaban que la prensa era exacta. Para no confundirse con términos pobres o simples, formularon la misma pregunta de una forma levemente diferente para verificar cuidadosamente cuan sólidas eran estas opiniones2.
En 1984 se demostró que el tema de la credibilidad continuaba vigente cuando la ASNE convirtió la "credibilidad de los diarios y la creación de la confianza del lector" en su proyecto principal del año. Los informes de este proyecto recibieron atención prioritaria en la convención nacional de la organización, famosa por los importantes discursos del presidente de los Estados Unidos y de los funcionarios del gabinete. El estudio llegó a la conclusión de que:
Tres cuartos de los adultos tienen algún tipo de problema en relación a la credibilidad de los medios, y cuestionan a los periódicos tanto como cuestionan a la televisión. Los resultados de la encuesta indican que un quinto de los adultos desconfían profundamente de los medios.
La envergadura del problema de la credibilidad está demostrado por los tres cuartos de encuestados que dicen que los reporteros sólo están interesados en obtener una buena historia y no se preocupan demasiado de no herir a las personas.
La profundidad del problema queda demostrada por el sexto de personas que expresaron su frustración a comienzos de la encuesta, cuando se les preguntó en qué pensaban al oír los términos "medios" y "la prensa". Estas personas respondieron que los medios están prejuiciados, que son sensacionalistas, que invaden la privada de las personas o que ponen demasiado énfasis en las malas noticias.
Muchos editores concordaron en que estos hallazgos eran señal de problemas serios. Mientras que la visión predominante fue que el estudio había identificado con exactitud las fallas que los medios tenían ante el público, algunos no estuvieron de acuerdo. El investigador Philip Meyer, por ejemplo, encontró la información "rica, con hallazgos incentivadores". El problema es igual al del "vaso medio-lleno/medio-vacío". Se está dando demasiada atención a una lectura lúgubre de los resultados, declaró. "El mismo estudio que produjo todas estas mea culpas, cilicios y titulares acerca del desgaste de la confianza del público en nuestra industria, contiene un alentador paquete de buenas noticias".
La buena noticia, agrega Meyers, es que cuando se excluyen temas relacionados sólo tangencialmente con la fe o la credibilidad, tales como si los juicios justos son más importantes que el derecho que tiene del público a saber, las evaluaciones de la credibilidad son más favorables. Al re-analizar respuestas adicionales a cuatro temas relacionados con la credibilidad de los diarios (si un diario no está prejuiciado, narra la historia completa, es exacto, se puede confiar en él), Meyer calculó que "el 55% tuvo por resultado un rating general favorable, un 16% estaba en un punto medio y sólo un 29% se inclinó hacia el lado desfavorable" (Meyer, 1985, pág. 27).
Del mismo modo, la encuesta Gallup-Times Mirror, que consideró la "credibilidad" primordialmente como núcleo de la confiabilidad, indica que (Times Mirror, 1986:10):
El público expresa algo semejante a un consenso. Ellos creen en las principales organizaciones de medios. De hecho, si la "confiabilidad" per se fuera el único tema de credibilidad, prácticamente se podría cerrar el tema de la supuesta crisis de confianza.
Entre aquellos que expresan opiniones, 86% del público da a la NBC buenas notas por confiabilidad; 87%, a la CBS; 87%, a la ABC. Las noticias de la TV local obtienen un 85%; y un 84% el "diario que usted conoce mejor."
Sin embargo, como señalaran los investigadores de Gallup-Times Mirror, la mayoría de las respuestas son suaves, en el lado positivo —pero no fuertemente positivo— de una escala de "confiabilidad".
Dejando de lado la controversia, dos hallazgos parecen incontrovertibles: La televisión está indiscutiblemente calificada como más creíble que los diarios. Y, al comparar los medios con otras instituciones (por ejemplo, negocios, gobierno, etc.) el hallazgo más común es que, en una lista de ellas, los medios no están ni más abajo ni más arriba en el ranking.
Los estudios hechos por Louis Harris y Asociados (1984) son ilustrativos. Harris pregunta: "En lo que respecta a las personas a cargo (nombre de la institución), ¿diría usted que les tiene mucha confianza, sólo un poco, o prácticamente nada?" La Tabla N91 muestra el porcentaje que expresa una gran confianza. Estos datos indican que, luego de disminuciones en la confianza del público, en catorce instituciones evaluadas desde la década del 60, se destacan dos años —1983 y 1984— como aquellos en que subió la confianza en la mayoría de las instituciones. (La baja de un punto que tuvo la prensa en 1983-1984 es estadísticamente insignificante). Las noticias de la TV, desde la primera encuesta en que fueron incluidas en 1973, sobrepasa permanentemente a las noticias impresas. En 1984 la TV ocupó el séptimo lugar entre 14 instituciones, mientras que las noticias impresas ocuparon el décimo-primer lugar, inmediatamente después de las "empresas importantes". Ninguna de las 14 instituciones está tan alto en opinión del público, especialmente en comparación con respuestas obtenidas a fines de la década del 60 y a principios de la del 70. En resumen, el público no se siente inclinado a dar a la mayoría de las instituciones, incluyendo los medios, un voto total de confianza, pero tampoco descalifica a todos.
Cuestión de exactitud
Intimamente relacionadas a la credibilidad y a las evaluaciones están las medidas relacionadas con la exactitud de las noticias. Una encuesta Roper, hecha en 1939 para la revista Fortune, indicó que el 23% de los encuestados pensaba que las versiones de los diarios eran casi siempre exactas, mientras que el 45% dijo que eran generalmente exactas (Erskine, 1970-1971).
Sin embargo, varias de las encuestas más recientes ofrecen una redacción ligeramente diferente de las preguntas. En 1984, una encuesta Gallup pidió a los encuestados establecer "si estas descripciones (de diferentes medios) son generalmente aplicables". Para los importantes medios informativos, aquéllos que decían que "exacto" era un término aplicable que fluctuaba entre el 73%, para "el diario que usted lee" y el 81% para las noticias televisivas, tanto de la red nacional como locales. Entre ambos porcentajes estaban las revistas noticiosas, la radio y los "diarios nacionalmente influyentes". En contraste, el 29% dijo que los "tabloides de supermercado" eran exactos.
En la misma encuesta se preguntó también: "¿Cuál ha sido su experiencia en asuntos que ha conocido o en los que se ha visto involucrado personalmente; los medios obtuvieron los hechos correctos, o fueron inexactos?". 46% contestó exactos, 37% inexactos y 17% no opinó. La encuesta ASNE de 1985 preguntó a los encuestados si los diarios que ellos leían o las noticias por TV que ellos veían "cubrían alguna vez noticias de hechos o temas de los que había tenido conocimiento personal" y calificó la exactitud (en una escala de 1 a 5) de la cobertura de los mismos hechos o temas. Un 73% dijo que había tenido experiencia personal con noticias que habían aparecido en el diario y 54% en televisión. Para ambos medios, casi cinco de diez encuestados dieron una calificación alta a la exactitud, cuatro o cinco en la escala (Meyer, 1985). Finalmente, la encuesta de The Los Angeles Times de 1985 pidió a los encuestados calificar, en términos de exactitud, sus diarios y sus programas noticiosos de televisión locales y nacionales. Para los diarios, la respuesta fue 39% muy buena; 52% bastante buena; con un 7% (combinado) que daba "malas" respuestas. Para las noticias de TV locales, la respuesta fue 50% muy bueno; 46% bastante bueno y 3% malo. Para las noticias nacionales de TV: 37% muy bueno, 52% bastante bueno y 4% malo.
Parecería que cuando al público se le presentan preguntas "de alternativa" acerca de la exactitud de los medios informativos (Clark, Martire y Bartolomeo, 1984; Gallup-Newsweek, 1984) los encuestados están menos inclinados a descalificar la exactitud de ellos.. Entretanto, los datos de ASNE demuestran que cuando los encuestados tienen conocimiento personal o por experiencia de las noticias, la mayoría da respuestas favorables, aunque cuatro de diez no lo hicieron. Estudios recientes indican que el público en general ve a los medios como bastante exactos, aunque una minoría importante no lo hace.
Prueba a la Imparcialidad
Se ha evaluado la imparcialidad de los medios en encuestas, tanto mediante estimaciones generales como con referencias específicas a ella, al cubrir individuos en particular o grupos (por ejemplo, el Presidente, los negros, los ancianos). En las estimaciones generales, los comentarios hechos acerca de la exactitud, antes mencionados, se aplican casi exactamente: una importante mayoría encuentra a los medios generalmente imparciales.
Cuando se interroga acerca de la imparcialidad de los medios a grupos específicos, los encuestados reaccionan en forma más crítica. La encuesta ASNE de 1985, por ejemplo, formuló un set de preguntas relacionadas con lo favorable que era la cobertura dada por las noticias de los diarios y la televisión a 21 grupos de personas (por ejemplo, policía, cristianos "renacidos", ambientalistas) acerca de si era demasiado favorable, apenas favorable o no favorable en absoluto. En cada caso, más de la mitad piensa que es "apenas favorable" y en todos, salvo en tres casos (ciudadanos sénior, gente próspera, o personas ricas), por lo menos dos tercios opinan que es "apenas favorable". Sin embargo, para casi dos tercios de los grupos nombrados, el número de los que calificó la cobertura como demasiado favorable es casi igual a aquellos que la calificaron de bastante favorable. En algunos otros casos las respuestas son "desequilibradas" por una de dos razones. La gente da respuestas estereotipadas acerca de lo que les desagrada (creen que la gente adinerada y la gente de negocios recibe cobertura demasiado favorable), y respuestas negativas acerca de la cobertura de noticias de grupos a los cuales pertenece un número substancial de personas (opinan que la gente joven, los ciudadanos mayores, las dueñas de casa, y la "persona promedio" reciben una cobertura que no es suficientemente favorable).
El informe ASNE y otros informes de investigación (Gunther y Lasorsa, 1985) indican que la gente está más inclinada a decir que los medios son imparciales cuando cubren grupos o intereses con los cuales ellos no están personalmente involucrados. Y parte de esta investigación muestra que mientras más involucrada está la gente, más critican la imparcialidad de los medios. El estudio ASNE también indica que el público no confía mucho en algunos aspectos de la imparcialidad de dichos medios: sólo cerca de la mitad concordó cuando se le pidió comentar sobre "los medios dan más cobertura a las historias que apoyan su propios puntos de vista que a aquellas que nos los apoyan". Y sólo el 34% estuvo de acuerdo, aunque el 47% no lo estuvo, en que si un diario apoya a un candidato en una editorial, "la cobertura de las noticias seguirá siendo imparcial para todos los candidatos" (ASNE, 1985, pág. 31).
Hay un estudio que se destaca por su insistencia acerca de que la imparcialidad es el criterio con el que el público mide los medios informativos. El público, dice John Immerwahr y John Doble (1982), apoyaría leyes "tendientes a mejorar la imparcialidad" impuestas por el gobierno para garantizar la diversidad y el equilibrio de los puntos de vista. De hecho, esta investigación dio lugar a muchas discusiones acerca de cuan lejos estaría dispuesto a llegar el público al demandar imparcialidad (Bogart, 1982; Kalven, 1982; Whitney, 1982).
Percepción de la tendenciosidad
Una gran parte del público cree que los medios están prejuiciados. Sin embargo, las investigaciones de las encuestas, con sus preguntas redactadas de diferentes formas y sus variados alcances acerca de lo que significa "prejuiciado" o "tendencioso" han llevado a diferentes interpretaciones acerca de cómo la gente piensa que dichos medios se encuentran efectivamente prejuiciados. Ya en 1939, Roper formuló así la pregunta del prejuiciamiento: "En general, cree usted que los diarios en que se leen noticias moderadas son desfavorables a": políticos amistosos (49%, sí), amigos del editor (48%), grandes avisadores (41%), negocios en general (30%), sindicatos (22%) (Erskine1970-71). Más de 40 años después, una encuesta nacional de The Washigton Post, en 1981, preguntó a los encuestados si estaban de acuerdo o en desacuerdo con esta proposición: "Los principales medios informativos a menudo cubren historias que deberían ser reporteadas". Un 53% estuvo de acuerdo, mientras que un 35% no lo estuvo.
Las acusaciones por tendenciosidad surgen de las objeciones del público frente a la mezcla de hechos y opiniones. Además, el grado en que la gente cree que los medios están políticamente en desacuerdo con ellos. Las encuestas de 1985 acerca de las actitudes hacia los medios informativos —las de The Los Angeles Times y los de la American Society of Newspaper Editors— tratan de estos temas. La encuesta ASNE indicó que una minoría (42%) pensaba que "la mayoría de los medios no hacen un buen trabajo al separar hechos de opiniones", aunque la gran parte (58%) concordó que "la mayoría de dichos medios son cuidadosos al separar hechos de opiniones". En una pregunta relacionada, el 54% estuvo de acuerdo en que "el prejuicio personal de los reporteros a menudo se muestra en sus reportajes", mientras que un 46% opinó que "los reporteros están capacitados para mantener sus prejuicios fuera de sus informes de noticias". En otra pregunta de elección forzada, el 36% concordó en que "hay tanto prejuicio en los medios informativos que con frecuencia es difícil distinguir los hechos"; el 64% dijo que "aunque existe algo de prejuicio en los medios, la persona promedio tiene suficientes fuentes de noticias como para distinguir los hechos". Estas dos últimas preguntas parecen ofrecer apoyo a los medios; al mismo tiempo, la redacción asume que hay algo de prejuicio en dichos medios. El investigador Albert Gollin (1982, págs. 11.1 y 112) dice que hay problemas para garantizar respuestas imparciales a las preguntas sobre prejuiciamiento o tendenciosidad de los medios. El incluir el término "prejuicio" en una pregunta puede llevar a concordar en que los medios están efectivamente prejuiciados.
La acusación específica de que existe un "prejuicio liberal" en los medios data por lo menos, del discurso de Des Moines del Vicepresidente Spiro T. Agnew, en 1969. Incluso antes, durante la administración de Franklin D. Roosevelt, la crítica acusó de liberales a los reporteros, mientras que los editoriales reflejaban opiniones conservadoras de los directores. Más recientemente, las encuestas a los periodistas del círculo del este realizadas por S. Robert Lichter y Stanley Rothman (1981), que demostraban que dichos periodistas tendían a ser política y socialmente liberales, han sido interpretadas por algunos para demostrar que la noticia en sí tiene un tinte liberal. Varios comentaristas han negado categóricamente que exista algún nexo entre las ideologías políticas de los reporteros y lo que aparece en las noticias (Gans, 1985; Robinson, 1983; Clancey y Robinson, 1985a y 1985b, Robinson 1985). Como ha expresado el sociólogo de medios Herbert Gans, Rothman y Lichter "no refutan, y ni siquiera discuten una cantidad considerable de estudios acerca de los cuales investigadores observaron y conversaron con periodistas y que indican que sus creencias políticas personales son irrelevantes, o casi, en la forma en que cubren las noticias" (Gans, 1985 , pág. 32). En todo caso, ni Rothman y Lichter, ni sus críticos responden la pregunta acerca de si el público percibe algún prejuicio político en los medios.
Sin embargo, una cantidad de otras encuestas sí lo hace. Una encuesta de The Washigton Post realizada en 1981 indicó que el 41% del público consideraba a los medios informativos más liberales que ellos mismos, mientras que sólo un 26% los veía como más conservadores. El resto opinó que los medios tenían casi la misma perspectiva (18%), no opinaron, o dijeron que dichos medios carecían de punto de vista político (14%). En una fecha más reciente, la encuesta de The Los Angeles Times de 1985 preguntó si los periodistas son políticamente diferentes de sus lectores; si el público cree que las noticias están prejuiciadas y si alguien realmente se preocupa de ello. Al abordar el tema que plantean estas preguntas, la investigación del Times es más extensa, e incluyó a periodistas y organizaciones de medios a nivel nacional y local.
¿Son diferentes los valores políticos de los periodistas de los del público? Sí lo son, según los periodistas de diarios encuestados por el Times. La encuesta pidió a los periodistas y al público exponer sus puntos de vista políticos. Luego se entregó una batería de 14 preguntas relacionadas con el tema. Con respecto a su punto de vista ideológico, el 55% de los periodistas declaró ser liberal, mientras que el 17% dijo ser conservador. Sin embargo, sólo el 23% del público se identificó como liberal y el 29% dijo ser conservador. Los periodistas no sólo son bastante más liberales que el público en general, sino que son levemente más liberales que los profesionales que se han educado en aquellas universidades incluidas en la encuesta pública, de los cuales el 38% se identificó como liberal y el 30% como conservador (Schneider and Lewis, 1985). Del mismo modo, los periodistas eran más liberales en temas sociales que sus colegas educados en universidades, y bastante más liberales que el público, un patrón que también se dio en relación a temas de política exterior. Sin embargo, sobre temas de economía, el patrón fue menos claro. Por ejemplo, los periodistas y el público estaban igualmente dispuestos a simpatizar con trabajadores que con empresarios en debates laborales, mientras que los profesionales universitarios estaban más propensos a tomar el partido de los empresarios. Sin embargo, tanto periodistas como profesionales y el público se mostraron a favor de aquellos incapaces de automantenerse, y en un margen de dos a uno, apoyaron los esfuerzos gubernamentales para reducir las irregularidades de los ingresos. De manera significativa, los directores de los diarios importantes eran menos liberales que el staff periodístico de los mismos.
Si el público sabe o se preocupa mucho acerca de la posición política de los medios en general, o de una organización de noticias en particular, es menos claro. La encuesta del Times encontró que la opinión de los encuestados estaba casi igualmente dividida en cuartas partes al considerar a sus diarios como liberales, moderados o conservadores; el cuarto restante no opinó. Al ser interrogados acerca de la posición política de sus estaciones de televisión, los encuestados dieron respuestas similares —aunque algunos más veían a las estaciones como moderadas, y los menos, como conservadoras—. Sin embargo, cuando se les pidió describir "la posición de los medios (tele-visión, diarios, revistas y radio) con respecto a materias políticas, el 30% la definió como liberal, el 13% conservadora, el 27% moderada y el 30% dijo no saber o no respondió. Para algunas personas existe una clara diferencia entre "los medios" que son más liberales, y "mi medio" que no lo es.
Sobre la política editorial de los diarios que leían los encuestados, el escritor del Times, David Shaw (11 de Agosto, 1985, pág.l) opina: "Una gran mayoría del público —66% en promedio— dice ni siquiera saber (o no estar seguro de) lo que el diario que leen más frecuentemente "opina acerca de dichos temas". En el 28% restante hay una división pareja entre aquellos que dicen saber las posiciones específicas sobre los temas, de acuerdo con lo que realmente aparece en las páginas editoriales, y aquellos que lo saben por la cobertura que se da a las noticias. Esto llevó a Shaw a preguntar: ¿Significa esto que 15% del público en general piensa que las columnas de noticias están prejuiciadas? ¿O estas cifras sugieren que muchas personas simplemente no distinguen entre lo que dice un diario acerca de un tema en su página editorial y lo que dice en sus páginas de noticias? Cualquiera sea el caso, agrega: "Es evidente que la mayoría de los lectores simplemente no sabe cuál es la opinión de su diario acerca de la mayoría de los temas" El informe ASNE indica que una importante minoría del público no tiene claro si en los diarios existe una separación entre hechos y opiniones (ASNE, 1985, págs. 31-34)
Por lo tanto, la percepción del público acerca de si las noticias están prejuiciadas es compleja. Para la mayoría de aquellos que responden a las encuestas, el denominado prejuicio político sólo importa a una minoría. Sin embargo, estudios recientes indican que una percepción de prejuiciamiento liberal tiene relativamente poca importancia: algunas personas obviamente creen en ello, pero una gran cantidad aparentemente no.
El factor poder
Tal vez en ninguna otra área han sido tan contradictorios los recientes hallazgos como en lo que respecta a la percepción del poder de los medios. El argumento popular acerca de la "declinación" del apoyo público a los medios generalmente une dicha declinación a la percepción de que el poder de ellos ha aumentado, visión que crea inquietud en el público. Existe, al menos, algo de apoyo para una parte de esta ecuación. La encuesta de The Washigton Post de 1981 indicó que el 64% concordaba en que "la influencia de los principales medios informativos ha ido en aumento", mientras que sólo el 7% opinó que había disminuido. Pero cuando se les preguntó: "¿Cree usted que los principales medios informativos deberían tener más influencia, la misma, o menos de la que tienen actualmente en la vida norteamericana?, el 18% dijo que más, el 36% dijo que la misma y el 39% que debería tener menos. Desgraciadamente, la encuesta del Post, a diferencia de otras que se analizan a continuación, no pidió a los entrevistados comparar el poder de los medios con el de otras instituciones, como por ejemplo con el gobierno.
La investigación hecha usando rankings comparativos y preferencias en modelos de la población en general demuestra que los medios tienen menos influencia. Un estudio realizado por Leo Bogart en Mayo de 1982 (1984), por ejemplo, preguntó cuánto poder "tenía cada una de nueve instituciones para afectar las vidas de las personas que vivían en [ciudad del encuestado]". Los periódicos locales ocuparon el séptimo lugar y la televisión, el último en rankings adicionales entre el porcentaje de "mucho poder". Los diarios eran vistos como de menor poder que —en orden— el gobierno federal, el gobierno estatal, el gobierno de la ciudad, las principales empresas, la mano de obra organizada y los bancos. Entre los diarios y el último lugar de las estaciones locales de TV estaban las iglesias locales.
Nuevamente, se puede citar la encuesta de The Los Angeles Times de 1985 como la evidencia más reciente de la percepción que el público tiene del poder de los medios. Compatible con la investigación anterior, la gente tendió a pensar que el poder de dichos medios está aumentando: el 40% opinó que los medios "tienen más y más influencia sobre las opiniones de la gente en su comunidad", y sólo el 9% pensó que tenían menos. En una pregunta de seguimiento, virtual-mente el mismo número (cerca del 17% cada uno) opinó que los medios deberían tener más influencia en las opiniones de las personas de su comunidad que los que pensaban que deberían tener menos. Se les preguntó a los encuestados cuánta influencia tenían varias personas y grupos en las opiniones de las personas de su comunidad. Los resultados se muestran en la Tabla N82.
Estos encuestados colocaron a los medios entre el Presidente, los negocios y los obreros. Pero un número levemente inferior a aquellos que expresaban la misma visión acerca del Presidente, opinó que los medios locales no tenían "prácticamente ninguna" influencia. Estas respuestas, por lo tanto, son levemente diferentes a las de Bogart. La encuesta Times también preguntó cuál de estas cuatro instituciones —negocios, medios informativos, obreros organizados o el gobierno— "debería disminuir su poder por el bien del país". El gobierno recibió un 37%, los obreros un 26%, los negocios un 14% y los medios sólo un 6%.
Por lo tanto, en general, tiene menos sentido preguntar si la gente piensa que los medios son poderosos (ciertamente casi siempre lo son) que preguntar si piensan que dichos medios son demasiado poderosos, y, si es así, comparados con qué.
¿Una creciente percepción de arrogancia?
Junto con la percepción del poder está la percepción de la arrogancia. Un cargo con frecuencia citado en contra de los medios, especialmente por aquéllos que están en los medios informativos, es que el público encuentra arrogantes a los periodistas y- a sus organizaciones. Por ejemplo, la historia principal de la revista Time de 1983 tenía como subtítulo principal: "Una creciente percepción de arrogancia amenaza a la prensa norteamericana". Sin embargo, algunas informaciones de encuestas, no lo confirman. La encuesta Gallup-Neewsweek de 1984, por ejemplo, indicó que eran muchas más las personas creían que los medios informativos eran sensacionalistas, políticamente prejuiciados, patriotas, imparciales y exactos, que invadían la privacidad de la gente y que informaban en forma inteligente que las que creían que eran arrogantes (Tabla NS3).
Y una encuesta de The Washington Postáe, 1981 indicó que el 35% concordaba, pero el 50% estaba en desacuerdo con la aseveración de que "los reporteros y los editores de los principales medios son más arrogantes que las personas de otros ámbitos". En general, la prensa parece estar menos preocupada que el público de su propia arrogancia. Sin embargo, los intereses éticos están relacionados con las percepciones de arrogancia, lo cual trataremos a continuación.
Evaluación de la ética periodística
A través de los años se ha formulado una amplia variedad de preguntas acerca de la ética de los medios informativos. Una muy conocida pregunta de Gallup pedía al público que evaluara "los estándares de honestidad y de ética" de varias profesiones y ocupaciones en una escala de cinco puntos. La encuesta de 1985 puso al clero en el primer lugar y a los vendedores de automóviles al final de una lista de 25 empleos o carreras. Los reporteros y comentaristas de T.V. ocuparon el noveno lugar, mientras que los periodistas y los reporteros de diarios ocuparon el undécimo y el duodécimo, respectivamente. En décimo lugar estuvieron los encargados de funerarias; los profesionales de publicidad ocuparon el vigesimotercer lugar. Un resultado algo más brillante para "los medios" provino de la encuesta de The Los Angeles Times de 1985. Preguntó si los negocios, los medios, los obreros o el gobierno contaban con los estándares más altos de honestidad e integridad; los resultados fueron: 43% de aprobación para los medios, 19% "no estoy seguro" o ninguna de las instituciones, 13% a los negocios, 15% al gobierno y 9% a los obreros.
La encuesta del Times también sondeó las actitudes acerca de la ética de la prensa. Se solicitó a los encuestados emitir un juicio absoluto acerca de la ética de los medios; "¿Cree usted que el periodismo en norteamérica es básicamente ético, o no demasiado ético? (Si es básicamente ético): ¿Diría usted que es esencialmente ético o que necesita mejorar? (Si no es demasiado ético); ¿Diría usted que necesita muchas mejoras, o es básicamente no ético y necesita reformas fundamentales?" Los resultados fueron: esencialmente ético: 23%; ético, pero necesita mejoras: 45%; necesita muchas mejoras: 8%; necesita reformas fundamentales: 9%. En otras palabras, el 68% estuvo de acuerdo con la pregunta inicial que decía que "el periodismo en norteamérica es básicamente ético", pero una décima parte de los encuestados pensaba que necesita reformas fundamentales.
Cuando se ha solicitado una estimación general de la ética de los medios, el público ha puesto a los medios notas más bien altas. Sin embargo, no lo hace cuando se trata de temas específicos. La encuesta de The Washington Post de 1981, por ejemplo, indicó que 63% concordaba en que "los principales medios informativos frecuentemente violaban la privacía de los ciudadanos", y en un estudio de seguimiento, el profesor de periodismo Ralph Izard (1984) encontró un 70% de acuerdo. La encuesta Izard informó acerca de un virtual lazo entre aquellos que estaban de acuerdo y los que no lo estaban acerca de que "hay demasiadas situaciones en las cuales los periodistas adornan información para cubrir su fracaso para conseguir más detalles. En forma similar, la encuesta Neewsweek de 1981 señaló que el 58% de los encuesta-dos creía que el incidente Janet Cook-The Washington Post era un caso aislado, pero, al mismo tiempo, una tercera parte de los encuestados estuvo de acuerdo en que los reporteros frecuentemente "adornan los hechos".
En el estudio ASNE de 1985, el 78% estuvo de acuerdo en que a los reporteros de noticias "sólo les interesa obtener una buena historia y nos les preocupa mucho si hieren a las personas". Sólo el 22% dijo que pensaba que los medios hacían lo contrario, que a los reporteros sí les preocupaba "que sus historias podrían herir a la gente". En el mismo estudio, el 63% dijo que "la prensa a menudo se aprovecha de las víctimas de las circunstancias que son gente común y corriente".
El síndrome de las "malas noticias"
En estudios hechos sobre las actitudes de los medios, las malas noticias están bastante desprestigiadas como material periodístico. De hecho Maxwell McCombs (McCombs y Washington, 1981) las sitúa como una de las tres principales causas (las otras son: la disminución general de la confianza del público en todas las instituciones, y la preocupación por los abusos en la práctica del periodismo) de la mala disposición hacia los medios informativos. David Gergen (1984) repite el cargo y relaciona las malas noticias con la percepción que tiene el público de que la prensa da carácter sensacionalista a las noticias.
Para apoyar esta tesis, Gergen cita una encuesta ABC-The Washington Post de 1983, que indicó que el 73% concordaba en que "la T. V. se concentra demasiado en las malas noticias y no lo bastante en las buenas". Usando un contexto levemente diferente, una encuesta de una comunidad local (Whitney 1981) indicó que el 64% estaba de acuerdo con que "los medios informativos gastaban demasiado tiempo reporteando malas noticias y no el suficiente en las buenas". Por otra parte, una encuesta ASNE de 1984 (Martire, 1984), que duplicó algunas preguntas del estudio Immerwahr y Doble de 1979 dio los resultados que se muestran en la Tabla NS4.
La encuesta ASNE también señaló que el 63% concordaba—y sólo el 21% no— en que "los medios informativos ponen demasiado énfasis en lo negativo que ocurre en Estados Unidos y no bastante en lo positivo". Lo que estos datos generales demuestran es que el público opina que hay demasiadas malas noticias, especialmente en comparación con las "buenas".
Sin embargo, Gollin (1982) presenta una calificación importante. En una encuesta realizada a cuatro comunidades en 1981, él preguntó: "¿Hay algo de lo que aparece en su diario que usted encuentre desagradable? ¿Algo que lo moleste?". Cerca de dos tercios de los encuestados contestaron afirmativamente, y la mitad de ellos se refería noticias relacionadas con crímenes. El observa:
Que algo sea calificado como "malas noticias" ...no significa que los lectores lo eviten, ni que rechacen el diario que regularmente lo pone en evidencia. La mayoría de los lectores reconoce aquellos hechos que despiertan emociones como aspectos importantes de la sociedad real cambiante y compleja que esperan que su diario cubra... Es muy posible que la crítica hacia el diario surja cuando los lectores descubren un patrón en la presentación de las noticias que ellos estiman que excede el punto de vista de algunas normas (la moral o el buen gusto). Por lo tanto, no son las malas noticias per se, sino "demasiadas" noticias lo que se define como desagradable, prejuiciado o tratado en forma sensacionalista, y lo que probablemente es la fuente de crítica por parte de los lectores. La percepción de tales defectos es materia de grados o de equilibrio, en la mayoría de los casos. Cuando se cita un exceso de "malas noticias" como causa de la lectura reducida o irregular de un diario, lo más probable es que en las mentes de los lectores sea el mundo, y no el diario, lo que ellos desean tener al alcance de la mano (págs. 43 y 44)
Mientras que una simple historia puede destacarse en un punto (por ejemplo, entrevistas de T.V. a los desconsolados familiares de los infantes de marina asesinados en Beirut)3, tales historias atraen y repelen al mismo tiempo. Sin embargo, el patrón debería preocupar a los periodistas. Además, el trabajo experimental de Haskins (1983), en el que los alumnos universitarios evaluaron diarios simulados con cinco niveles de noticias que iban desde "extremadamente malas" a "extremadamente buenas" indicó que las evaluaciones positivas de los diarios aumentaban desde temas "extremadamente malos" a "extremadamente buenos" en 15 de 16 evaluaciones de "imagen". Como otros lo han hecho, Haskins pregunta si "demasiadas" malas noticias es algo malo.
Percepción de las prácticas periodísticas
La opinión del publico acerca de cómo hacen su trabajo los periodistas varía entre una cantidad de temas, incluidos la ética, la sensibilidad de los periodistas hacia la personas y las relaciones prensa-gobierno. A través de los años, este interés se ha traducido en interrogantes acerca de si los periodistas deberían tener derecho legal a la confidencialidad, si las técnicas de "emboscada" de los reporteros investigadores son aceptables y si los periodistas se inmiscuyen en el dolor privado.
Las encuestas Gallup regularmente han formulado al público preguntas acerca de la actuación de los medios. Por ejemplo: "Suponga que el reportero de un diario obtiene información de una persona que desea que su nombre permanezca en el anonimato para un artículo que está escribiendo. En su opinión, ¿se le debería o no exigir al reportero que revelara el nombre de esta persona si es llevado a la corte para testificar en relación a la información contenida en su artículo?" Un estudio realizado en 1979 señaló que con un margen de 69-21% la gente pensaba que al reportero no se le debería exigir tal cosa. En 1957, el 57% respondió en forma negativa. En forma similar, la encuesta ASNE de 1985 indicó que el 69% estuvo de acuerdo en que "la protección de las fuentes de información de un periodista es igual a los derechos que tienen los médicos y los sacerdotes", mientras que el 31% opinó que "la confidencialidad es más importante para los médicos o para los sacerdotes que para los periodistas". La misma encuesta informó acerca de un 69% de apoyo en protección de los periodistas, pero también señaló un 71% de acuerdo en que "el derecho de una persona a un juicio justo es más importante que el derecho del público a ser informado".
En 1981, la encuesta de The Los Angeles Times redactó la pregunta en forma diferente: "Suponga que una historia noticiosa ayudará a poner en prisión a un culpable, pero sólo si se revelan las fuentes de información confidenciales. Ese tipo de historia, ¿se debería dar a conocer casi siempre, algunas veces, dependiendo de circunstancias particulares, o no se debería dar a conocer nunca?" La respuesta fue: siempre, 32%; algunas veces, 46%; nunca, 18%.
Otro ejemplo del apoyo general a los medios, que se contradice con opiniones más específicas sobre el tema, proviene de dos encuestas que interrogan al público acerca del reportaje de investigación. Una encuesta Gallup de 1981 preguntó si el público generalmente aprobaba o desaprobaba el "reportaje de investigación, que descubre e informa acerca de la corrupción y el fraude en negocios, agencias gubernamentales y otras organizaciones". Un 79% aprobó este tipo de reportaje, mientras que el 18% lo desaprobó. Por otra parte, un 66% manifestó que le gustaría ver más reportajes de investigación, mientras que un 19% expresó que le gustaría ver menos. Pero cuando a los encuestados se les preguntó acerca de cuatro técnicas de reportaje de investigación, sólo una minoría aprobó el uso de cualesquiera de ellas: "Con reporteros que no se identifiquen como reporteros" (32% aprueba); "uso de cámaras y micrófonos ocultos" (38%); "elaborando historias que mencionan una fuente anónima, en lugar de dar el nombre de la persona" (42%); "pagando a informadores por su información o testimonio" (32%).
Temas expresados en forma similar fueron abordados en el estudio ASNE de 1985, con resultados muy parecidos; no hubo un caso en que alguna de las técnicas recibiera el apoyo de la mayoría.
La encuesta de The Los Angeles Times de 1981 preguntó: "¿Cree usted que los medios deberían ser más o menos agresivos al reportear acerca de [líderes obreros, líderes de la iglesia, líderes gubernamentales, líderes de los negocios], o cree que deberían seguir siendo tan agresivos como lo son actualmente?". Un tercio opinó que deberían ser más agresivos al reportear a los líderes obreros y de la iglesia; casi la mitad pensaba lo mismo acerca de los líderes de negocios y del gobierno; en cada caso, sólo cerca de un octavo opinó que el reportaje debería ser agresivo. La encuesta de 1985 cambió la pregunta a "más crítico o menos crítico" al referirse a "actividades y funcionarios" del gobierno, de negocios y de la iglesia, y obtuvo respuestas muy diferentes, con aproximadamente uno de cinco que deseaba una cobertura gubernamental más crítica; uno de seis, una cobertura menos crítica; uno de cuatro, una cobertura de negocios más crítica; uno de nueve, menos; uno de seis, una cobertura más crítica de la iglesia; y uno de cinco, menos.
Varias encuestas recientes (ASNE, 1985; Izard, 1984; The Los Angeles Times, 1981) han preguntado a los encuestados si se debería reportear o no cierto tipo de historias noticiosas. Tales casos hipotéticos casi siempre representan importantes y verdaderos dilemas éticos para la prensa. El estudio ASNE de 1985, por ejemplo, presentó nueve historias noticiosas hipotéticas seguidas de la interrogante "¿debería ser reporteada esta historia noticiosa — casi siempre — dependiendo de las circunstancias — casi nunca?". Los resultados aparecen en la Tabla No 5o.
¿Cuál es la utilidad de los resultados de estas encuestas mezcladas? ¿Qué diferencia hay en que el público apruebe u objete una práctica de reportaje en especial? Las actitudes del público sí tienen algo de influencia en la capacidad de los medios para desempeñar su trabajo. Y ciertamente, las actitudes del público finalmente se pueden reflejar en las cortes de justicia o en la legislación. En un sentido más inmediato, los informes de las encuestas, como los que aparecen en la tabla, brindan a reporteros y editores algún "indicio" de cómo los ve el público, a ellos y a sus prácticas. Esto no significa necesariamente que los medios deberían guiarse por los conceptos populares al cubrir una historia, pero dicha información sí da una pauta para comunicarse en forma sensible con la audiencia de noticias.
Libertad y autonomía de los medios
El campo de actitudes más importante que podríamos estudiar es la forma en que el público ve la relación entre los medios y el gobierno, especialmente acerca de la autonomía y la libertad de la prensa.
Como era de esperar, desde 1930 (Erskine, 1970-1971) las encuestas han dedicado mucha atención a la percepción que el público tiene de la imparcialidad al reportear acerca del gobierno, las elecciones, los partidos políticos y especialmente acerca de los Presidentes, (por ejemplo, un item de Gallup de 1937: "Los diarios que usted lee, ¿son imparciales con la administración Roosevelt?": 63%, sí; 23%, no). La encuesta de The Washington Post de 1981 es un ejemplo especialmente bueno. Se preguntó si los principales medios habían sido demasiado favorables, demasiado críticos, o generalmente equilibrados en su cobertura de tres presidentes: Reagan (quien hacía siete meses ejercía como Presidente en el momento en que se realizó la encuesta), Cárter y Nixon. Para Reagan, el 6% opinó que la cobertura era demasiado crítica, 17%, demasiado favorable y un 74% generalmente equilibrada. Para Carter, 11% demasiado favorable, 42 generalmente equilibrada. Para Nixon, 18% demasiado favorable, 32 generalmente equilibrada.
Además, desde hace mucho tiempo las encuestas se han preocupado de cuestiones relacionadas con elecciones y partidos políticos, muy habitualmente acerca de si los medios están prejuiciados hacia uno u otro candidato o partido. En otra sección hemos hecho observaciones acerca de las informaciones durante una elección: una mayoría de aquellos que saben acerca del tema, invariablemente dicen que los medios informativos deberían retener los resultados de las urnas del día de votación hasta que ésta termine.
Más generalmente, las encuestas de opinión han preguntado, de muchas formas diferentes, acerca de las relaciones de la prensa con el gobierno. Una vez más, dos ejemplos surgen de la encuesta de The Washington Post de 1981: "¿Diría usted que los principales medios informativos son demasiado críticos con el gobierno (25% concuerda), o no demasiado crítico (40%), o cómo es?. Otro 17% respondió que "en una cantidad justa", mientras que un 11% dio distintas respuestas. Otra pregunta decía: "De vez en cuando, los principales medios informativos dan a conocer noticias que los altos funcionarios de Washington dicen que no son ciertas. En esos casos, ¿quién cree usted que dice la verdad: los medios o los altos funcionarios del gobierno?" El 57% declaró estar de parte de los medios; el 17% de parte de los funcionarios gubernamentales; el 6% dijo que ninguno de ellos era de confiar; y un 12% dio otras respuestas calificadas. Una encuesta ASNE más reciente (1985), señaló que sólo un 24% estaba de acuerdo con la siguiente afirmación: "La prensa siempre interviene, y los funcionarios públicos no pueden hacer el trabajo para el que fueron elegidos", mientras que el 76% eligió una segunda afirmación: "La prensa ayuda a mantener la honestidad de los funcionarios públicos".
Pero fue la invasión de Grenada, durante el otoño de 1983, lo que estimuló el más reciente resurgimiento de interés acerca de la relación de la prensa con el gobierno, y la mayoría de los estudios sobre el problema pusieron en duda los sondeos informales que hizo la revista Time acerca de la opinión del público contra la prensa y en apoyo de la administración. Una encuesta de Louis Harris de 1983, sólo dos meses después de lo de Grenada, indicó que una mayoría (65% a 32%) estaba de acuerdo con que "se debería haber permitido a un pequeño grupo de reporteros acompañar las tropas cuando Grenada fue invadida, con el propósito de informar al pueblo norteamericano", y un número semejante (63% a 34%) coincidió en que "al no permitir informar acerca de una invasión a, por lo menos, un pequeño grupo de reporteros, un Presidente o las fuerzas armadas podrían verse inclinadas a ocultar errores o pérdidas de vidas".
Otra encuesta señaló un 68 % de acuerdo en que "es importante para el público tener a la prensa presente cada vez que se envíe un número importante de fuerzas armadas norteamericanas a otro país" (Clark, 1984), y una encuesta Gallup preguntó: "¿Cree usted que se debería permitir a la prensa acompañar a los soldados norteamericanos a zonas de combate (59% estuvo de acuerdo) — o piensa que la prensa debería estar restringida de ahora en adelante, como lo estuvo en Grenada (31%)?
Pero lo que se puede deducir de los sondeos de Grenada es cuestionable. Tal vez la opinión del público se vio condicionada por el desarrollo de los acontecimientos, ante el hecho de que la misión militar estadounidense fue, según la administración y la mayoría de la prensa concuerdan, un "éxito". Un indicador de esto es otra encuesta al estilo Grenada realizada por la Roper Organization (Roper, 1985) en la que a los encuestados se les preguntó, dos meses después de lo de Grenada, cuál de tres opciones pensaban era la mejor: "La prensa debió haber estado presente durante la invasión desde el principio" (19%); "La prensa no debió enterarse de la invasión hasta el aterrizaje de las tropas, pero luego debió habérsele permitido entrar a Grenada inmediatamente" (25%); o "Se debió haber mantenido alejada a la prensa hasta que la misión tuviera éxito, como realmente ocurrió" (47%) (se agrega el énfasis). En la encuesta Gallup-Neewsweek del otoño de 1984, también se formuló una pregunta levemente diferente: "A su juicio, ¿es más importante que el gobierno sea capaz de censurar las versiones de noticias, cuando cree que amenazan la seguridad nacional, o es más importante que los medios puedan informar acerca de los casos que ellos piensan son de interés nacional?" Sobre este tema, el 38% permitiría la censura del gobierno, un 50% opta por los medios y el 6% declara que son de igual importancia.
Antes de Grenada, la encuesta de The Washington Post de 1981 había pedido a los encuestados apoyar una de las dos afirmaciones siguientes: "En materias de seguridad nacional, se debería permitir al gobierno federal revisar y censurar las versiones de noticias antes de que aparezcan en los principales medios informativos", o "Se debería permitir a los medios informativos publicar cualquier versión de una noticia sin la revisión o censura previa del gobierno, aún cuando dicha versión tenga relación con materias de seguridad nacional". Cerca de un 65% apoyó la opción de censura gubernamental, y sólo el 28% apoyó la de la publicación libre. Y una encuesta de CBS News de 1970 había preguntado: "Excepto en tiempo de guerra, ¿cree usted que los diarios, la radio y la televisión deberían tener derecho a informar cualquier hecho, aún cuando el gobierno crea que es perjudicial para nuestros intereses nacionales?" Mientras que un 42% contestó afirmativamente, un 55% lo hizo en forma negativa. Finalmente, la encuesta de Immerwahr y Doble en 1979 decía: "Un diario tiene derecho a imprimir una noticia acerca de cómo se fabrica una bomba H, aún cuando el gobierno declare que ello podría ayudar a otros países a fabricar ese tipo de armas. ¿Está de acuerdo o no?" Sólo el 14% estuvo de acuerdo, mientras que el 77% lo desaprobó.
Estos informes, las preguntas acerca de Grenada y otras que aparecen a continuación, muestran la profunda inconsistencia en la evaluación que hace el público de los papeles propios de la prensa y del gobierno en casos de emergencia nacional. Cuando la seguridad nacional, o el interés nacional, o la guerra forma parte de la pregunta, el público en general, al ser interrogado, se inclina a respetar los deseos del gobierno, aún cuando el mismo público pueda estar menos inclinado a confiar en el gobierno que en la prensa.
Hay tres formas en que se pueden caracterizar las opiniones del público acerca de la libertad de prensa: 1) Se ha demostrado que el apoyo del público a la libertad de prensa es grande, pero es ma- yor cuando las preguntas se formulan en forma general. Mientras más específica sea la pregunta, y más entren en conflicto los diferentes derechos, más parecerán disminuir los derechos de la prensa; véase también McClosky y Brill (1983). 2) Los investigadores de encuestas casi siempre han preguntado acerca de la autonomía de la prensa en términos prensa-gobierno. Sólo pudimos encontrar un estudio que tratara de algo que no fuera amenazas gubernamentales o libertad de prensa (tales como iglesias, grupos de presión, etc.). En 1985, se pidió a los encuestados de ASNE elegir entre dos afirmaciones: "Los medios frecuentemente son manipulados por gente poderosa" (36%), o "Los medios informativos son bastante independientes a pesar de los esfuerzos que hacen grupos de presión para manipularlos" (64%). 3) El apoyo público a la libertad de prensa permanece más bien alto. Sin embargo, no todos leen la Primera Enmienda exactamente como está escrita, y el público —dice Martire (1984)— parece no pensar que la libertad de prensa se ve crecientemente amenazada.
¿Qué hay acerca del apoyo público a la libertad de prensa? Gallup preguntó en 1936: "¿Cree usted que la prensa debería tener derecho a decir lo que quiera acerca de los funcionarios públicos?" Mientras un 52% estuvo de acuerdo en que sí debería, el 42% opinó lo contrario. Cuando Roper preguntó en la encuesta Fortune, en 1937, "¿Cree usted que se debería permitir a los diarios y a las revistas imprimir todo lo que quieran, excepto casos difamatorios?" El 55% estuvo de acuerdo y un 39% no. En la misma encuesta, se consultó si se debería permitir a diarios y revistas atacar al partido comunista, y el 64% estuvo de acuerdo. Del mismo modo, el 54% concordó en que se les debería permitir atacar a los nazis, y el 49% en que se les debería permitir atacar al Presidente (43% no estuvo de acuerdo); pero sólo un 12% concordó, mientras que el 80% estuvo en desacuerdo, en que se debería permitir a diarios y revistas "publicar un ataque a un funcionario público, sin publicar su respuesta". Sin embargo, otro set de 1.939 preguntas Roper-Fortune señaló que el 74% no estaba de acuerdo en que "el gobierno debería ser el propietario de los diarios, o controlarlos más estrechamente", y un 69% no estaba de acuerdo en que debería "ser el propietario o controlar más estrechamente las radio transmisoras".
Más recientemente, varias encuestas han prestado mucha atención al control de la prensa. Estas incluyen la encuesta Gallup de 1979 y la ya mencionada encuesta Immerwahr y Doble de 1979 (1982), las encuestas de The Los Angeles Times de 1981 y 1985,y los estudios ASNE de 1984 (Martire) y 1985. La encuesta Gallup preguntó: "¿Cree usted que las actuales restricciones aplicadas a la prensa son demasiado estrictas, o no son suficientemente estrictas? Un 17% las encontró demasiado estrictas, el 37% no bastante estrictas, mientras que un 32% opinó que estaban bien y un 14% no opinó. Por el contrario, en una muestra Gallup de 1958, el 21% dijo que aprobaría la dictación de restricciones mayores a lo que los diarios publican, mientras que el 58% desaprobó y el 21 % no contestó o no dio su opinión.
La encuesta de The Los Angeles Times de 1981, en una serie de preguntas que se repitieron en la encuesta de 1985, preguntó acerca de la libertad de prensa en una forma bastante intrincada. Las preguntas y las respuestas aparecen en la Tabla Nfi6.
El estudio Immerwahr y Doble, como se ha observado, señala que el público es altamente ambiguo acerca de la libertad de prensa. Después de una introducción que decía: "La libertad de expresión tiene diferente significado para diferentes personas; ahora me interesa saber qué significa para usted", se pidió a los encuestados que dijeran "si éste es o no parte del derecho a la libertad de expresión". Entre las respuestas estaban: "Los candidatos de los principales partidos tienen derecho a tener tanta cobertura en los diarios como sus oponentes" (91% estuvo de acuerdo); "Los noticieros de T.V. tienen derecho a dar menos cobertura a candidatos de partidos menores —como el Partido Norteamericano de George Wallace— que la que da a los Republicanos y a los Demócratas" (22% estuvo de acuerdo); "Un diario tiene derecho a dar menos cobertura a los contrarios en un tema polémico, como el tratado SALT, que la que tienen aquéllos que están a favor del mismo" (22% estuvo de acuerdo).
A los encuestados también se les preguntó: "Dígame si usted está de acuerdo en que esto es o no parte del derecho a la libertad de expresión: El gobierno tiene derecho a arrestar a un reportero que está continuamente criticando al Presidente" (19% estuvo de acuerdo); "Los miembros del partido Nazi tienen derecho a publicar su propio diario" (59% estuvo de acuerdo); "Un grupo de homosexuales tiene derecho a obtener cobertura en un diario para protestar contra las leyes que creen son discriminatorias para ellos" (57% estuvo de acuerdo); "El Presidente tiene derecho a cerrar un diario que publica noticias que en su opinión están prejuiciadas o son inexactas" (22% estuvo de acuerdo).
Luego se pidió a la gente apoyar o rechazar una cantidad de leyes que los autores llaman "incentivadoras-de-imparcialidad" (lo que otros podrían decir es un eufemismo para la censura), incluyendo lo siguiente (aparece porcentaje a favor): "Una ley que exigiera a los noticieros de televisión/periódicos dar a los candidatos de un partido importante... la misma cobertura" (TV, 81%; diarios, 82%); "Una ley que exigiera a los noticieros de televisión/periódicos dar a los oponentes de una política que causa polémica tanta cobertura como la que tienen aquellos que están a favor de la misma" (TV, 74%; diarios 73%); "Una ley que prohíba las noticias de televisión y diarios que incomoden al Presidente, al gobierno o al país" (TV, 29%; diarios, 26%).
Finalmente, a medida que los temas se volvían más complejos, se pidió a los encuestados elegir entre dos afirmaciones: "Las normas que exigen imparcialidad e igual tiempo [en el caso de la TV., N. de los E.] realmente aumentan la libertad de expresión", o "Las normas que exigen imparcialidad e igual tiempo son una amenaza a la libertad de expresión, porque dan al gobierno demasiado poder". Un 42% respaldó la primera afirmación y un 39% apoyó la última, mientras que el 20% no pudo elegir o no contestó. Immerwahr y Doble comentan (1982, pág. 185):
Obviamente, la mayoría de los norteamericanos cree que los principales medios informativos deberían presentar todos los aspectos de un tema; al mismo tiempo, están preocupados acerca de la intervención con "mano dura" del gobierno. Nuestra interpretación es que la gente no ha logrado resolver las complejidades que representa considerar estos dos principios...
La encuesta ASNE de Clark, Martire de 1984 agrega una postdata. Según se observó anteriormente, esta investigación duplicó una cantidad de temas de la encuesta de Immerwahr-Doble de 1979. Varias de ellas aparecen en la Tabla No7.
Una gran minoría, tanto en 1979 como en 1984, ve una disminución de la libertad de prensa. A juzgar por las respuestas a los segundo y tercer ítems, parecería que había mayor apoyo a la libertad de prensa en 1984. Sin embargo, en televisión no se advirtió dicha tendencia.
Un set adicional de preguntas apareció en la encuesta de The Los Angeles Times de 1985, y las respuestas a ellas no muestran un patrón de apoyo popular a la libertad de prensa. Mientras los encuesta-dos no dieron el favor (33% lo hizo, pero el 50% se opuso) a "permitir a un funcionario del gobierno impedir que los medios publicaran una noticia, porque él cree que es inexacta", la opinión estuvo en contra de los medios en relación a otras tres preguntas. El público estuvo de acuerdo en que "son favorables los juicios costosos por difamación en contra de los medios, porque hace que éstos sean más cuidadosos acerca de los hechos que informan". El 48% escogió esta opción, mientras que el 33% eligió la contraria: "Son desfavorables, porque desalientan a la prensa a reportear noticias que podrían ser de interés público" Además, el 45% favoreció los "límites al acceso de los medios a los informes y archivos del gobierno", mientras un 33% se opuso, y lo que tal vez sea más ominoso, más de la mitad (52%) estuvo a favor de "permitir a las cortes de justicia multar a los medios informativos por publicar o trasmitir noticias prejuiciosas o inexactas"; sólo el 23% se opuso y un 25% no estaba seguro.
En resumen, es claro que los ítems "medios-gobierno-libertad" que involucren intereses conflictivos hacen difícil que el público respete la libertad o la autonomía de la prensa. Cuando hay principios conflictivos en juego, el público generalmente no está al lado de la prensa. Esto es especialmente cierto en temas relacionados con la seguridad nacional. La prensa obtiene un apoyo bastante más considerable cuando los intereses de los políticos y de los funcionarios gubernamentales se oponen directamente a los de los medios.
Es evidente, a partir del trabajo de encuesta de opiniones presentado aquí, que "la actitud del público hacia los medios informativos" no es un área notoriamente consistente: el público, en 50 años de investigación de opiniones, da respuestas positivas, negativas e intermedias, a menudo de una forma absolutamente contradictoria.
Y lo hace por muchas razones. La primera es que muchas encuestas, a propósito, formulan preguntas en que se enfrentan valores: Al público se le pide elegir entre un juicio justo y una prensa libre, entre el derecho de un individuo a su privacidad o a la fama y el derecho público a la información. Más aun, ha habido poca consistencia en temas específicos, en la redacción de las preguntas: la más mínima variación puede inducir a respuestas muy variadas.
No obstante, encuestadores y eruditos han buscado respuestas en "la prensa", en "los medios informativos", en "su diario", en el "noticiario de T.V. que ve con más frecuencia", y casi en cualquier otra forma de comunicación de noticias. Como lo indica la Tabla No3, la gente tiende a evaluar a la mayoría de los medios en forma similar, dando respuestas un poco más favorables acerca de las noticias de sus propios diarios, radio y televisión locales.
Hasta aquí nuestro estudio ha dejado de lado los temas principales acerca de los cuales el público tiene opiniones. Ahora consideraremos la forma en que diferentes segmentos del público perciben estos temas.
Los públicos y las opiniones de los medios
"El público" es un término que conviene a los encuestadores, porque dentro del público en general hay muchos "públicos", intereses y grupos, cada uno de los cuales opina en forma diferente acerca de los medios informativos. En efecto, esos medios frecuentemente están dirigiéndose no sólo a un público, sino a varios, cada uno de los cuales reacciona ante ellos en forma distinta.
No existe un modelo simple que explique cómo la gente se forma las opiniones que tiene de los medios, pero se han hecho considerables esfuerzos para tener una visión de las relaciones que hay entre características individuales de los encuestados y sus opiniones acerca de los medios. En general, los hallazgos indican que los tipos habituales de las ciencias sociales muestran sólo relaciones menores con las opiniones acerca de los medios. A continuación aparecen seis de los condicionantes de esos tipos: demografía, perfil sicológico, conexiones institucionales y políticas, conocimiento de los medios, uso y experiencias con los mismos.
Demografía. En forma muy general, se ha descubierto que los hombres tienen visiones más extremas que las mujeres, y en algunos ítems se muestran más partidarios de los medios que éstas. Las personas jóvenes generalmente son un poco menos críticas que las de más edad, aunque varios estudios han descubierto que los segmentos más jóvenes de la muestra son más favorables a medidas evaluativas, mientras que al mismo tiempo son más partidarios del "mejoramiento de la imparcialidad" o de medidas restrictivas. (Immerwahr y Doble, 1982; The Los Angeles Times, 1981).
La educación ha mostrado los patrones más inconsistentes. En la encuesta de The Los Angeles Times, por ejemplo (Lewis, 1981), la educación parece tener poco impacto; cuando se producen diferencias, los encuestados más educados dan más respuestas "pro-prensa". Esto coincide con el trabajo realizado por Herbert McClosky (McClosky y Brill, 1983) que señala que las "élites" son generalmente más partidarias de las libertades civiles, y específicamente de la Primera Enmienda, que el público en general. Dos estudios (Bogart, 1984; Anast, 1961), sin embargo, han informado que los encuestados muy bien educados son más críticos que los menos educados. Es posible que las inconsistencias sean más aparentes que reales. Puede ser que los encuestados sean partidarios de la libertad de prensa y, al mismo tiempo, altamente críticos del desempeño de ésta. Sus evaluaciones y las de los menos educados pueden ser relativamente negativas comparadas con las de aquellos que están en un término medio. En el caso de los muy bien educados, esto se puede deber al mayor conocimiento que ellos tienen de los temas relacionados con los medios. En el caso de los menos educados, puede estar relacionado con la falta de contacto con dichos medios (véase por ejemplo, ASNE, 1985, págs. 45-49).
Perfil del Encuestado. Un estudio presentado (Becker, 1978) que analizó la crítica de la prensa a la cobertura de Watergate señaló temas sicológicos, tales como el optimismo personal de la gente, el optimismo del consumidor, y la percepción de la crisis moral, según los cuales los más "enajenados" eran los más críticos (véase también ASNE, 1985).
Conexiones Políticas o Institucionales. Un hallazgo general es que los miembros de algunos grupos tienden a evaluar el rendimiento de la prensa en relación con sus propias instituciones en forma más negativa que el público en general (Roper, 1985; Gunther y Lasorsa, 1985). La ideología política y otras medidas que brindan interpretaciones de intensidad rango-orden generalmente muestran un patrón esperado: aquellas que se encuentran en el extremo de la medida (por ejemplo, ultra-liberales, ultra conservadores) generalmente ofrecen evaluaciones más negativas que aquellos que están más cerca del centro. *
Conocimiento de los Medios. Mientras que Gallup (1980) ha observado que el 75% del público norteamericano es incapaz de decir lo que dice la Primera Enmienda (incluyendo un 60% con algo de educación universitaria), este estudio no expresa dicho conocimiento, o falta de él, en actitudes partidarias o no partidarias concernientes a los medios informativos. Los pocos estudios existentes que analizan la relación entre el conocimiento de los medios y las opiniones hacia ellos sugieren que las personas con más, y con menos conocimientos son las más críticas (ASNE, 1985), pero un estudio basado en una encuesta a una sola comunidad (Whitney, 1984) sugiere además que los que tienen más conocimientos son altamente críticos de los medios informativos, mientras que se encuentran levemente bajo el promedio con respecto al apoyo a los derechos de la prensa.
Uso de los Medios. La pregunta que aún debe ser satisfactoriamente respondida, es: ¿afectan las actitudes hacia los medios la cantidad de atención que se les presta, o es todo lo contrario? Cobbey (1980) informó que la lectura de diarios está relacionada con actitudes positivas hacia éste (los lectores más frecuentes están más satisfechos con el diario); pero Bogart (1984), usando diferentes medidas de actitud, sugiere que los lectores más cuidadosos son los que más critican a los diarios. La gran cantidad de literatura sobre credibilidad de los medios se relaciona con evaluaciones para hacer uso o confiar en un medio en particular: es más probable que los que ven mucho la televisión y leen poco los diarios encuentren más creíble a la primera; mientras, los atentos lectores de diarios son más propensos a encontrar más creíbles a éstos. Es probable que se den patrones en los que las personas que más y aquellas que menos se exponen a los medios sean los más críticas.
Un Asunto de Experiencia. Recientemente, varios estudios han sugerido que podría haber un punto obvio: que las actitudes de la gente hacia los medios dependen de su experiencia con éstos, especialmente cuando esa "experiencia" involucra algo más que leer, observar o escuchar en forma pasiva. Como ya se mencionó anteriormente, "aquellos que creen que la prensa ha sido inexacta al tratar noticias relativas a sus propias vidas están más propensos a favorecer restricciones a la prensa que aquellos que sienten que los hechos fueron tratados con exactitud" (Gallup, 1980, pág. 7)
"La experiencia con los medios informativos varía claramente en intensidad y en calidad. Las encuestas de muestra general realizadas en los últimos años tienden a mostrar que ambas están relacionadas a las opiniones acerca de la prensa" (Gannet Center, "Sondeos a dos comunidades", 1985; Times Mirror, 1986). Del mismo modo, un estudio realizado a los residentes de la península de San Francisco (Gunther y Lasorsa, 1985) indicó que a medida que el interés en un tema público en particular aumentaba, también lo hacía la confianza del público en la cobertura que hacían del tema los medios, excepto entre "partidarios extremos" del tema, cuya confianza declinó en forma drástica. Presumiblemente, dichos grupos partidistas siguen la cobertura del tema que hacen los medios en forma más estrecha, tienen fuentes de información y opiniones independientes y un contacto y experiencia más directos con los medios sobre el tema.
Hay dos estudios que proporcionan evidencia que apoya esta idea. Uno, acerca de la actitud de los científicos hacia los periodistas que cubren su área de acción. Por ejemplo, Dunwoody y Scott (1982) señalaron que mientras más contacto tenían los científicos con los reporteros, se volvían más críticos de sus reportajes. Es interesante observar, sin embargo, que el deseo de los científicos de ser fuente de información aumentó en la medida en que lo hacía la frecuencia de sus contactos con los medios. Tillinghast (1983) señaló que entre las fuentes regulares de noticias en San José, California, el número de errores que encontraban en las noticias era inverso al número de años que habían servido como fuente: a mayor cantidad de años, menor cantidad de errores informados. Estos dos últimos estudios parecen indicar que cuando la "experiencia con los medios" es amplia, como en el caso de las fuentes noticiosas habituales, hay más habilidad en el trato y más conciencia de las limitaciones de la prensa5.
"Públicos" de los medios. Una importante y reciente contribución para comprender quién tiene qué actitud ha surgido a través de intentos analíticos para identificar sub-grupos amplios dentro de la masa de público. Un primer esfuerzo (Whitney y Goldman, 1982) sugirió que el público en general se podría subdividir en "bajo", "medio" y "alto", diferenciados por edad, educación y conocimiento de los medios. En el grupo bajo estaban las personas mayores, menos educadas y con menos conocimientos que se exponían menos a los medios, pero que tenían opiniones bastante más negativas acerca de éstos en general e incluso era más probable que apoyaran el control de los medios. Al centro estaba el grupo medio que era el más partidario de los medios, pero que no estaba muy comprometido con el apoyo. El público alto, muy bien educado y con conocimientos acerca de los medios, generalmente criticaba su actuación de, pero no se mostraba muy firme en su apoyo al control de los mismos. Un análisis muy similar surgió de la encuesta ASNE de 1985 (véase especialmente el anexo técnico ASNE-MORI, 1985: 68-82). Identificó dos sub-grupos, rotulados "los más mal informados y sospechosos" y los "escépticos sofisticados". Cada uno de ellos representó cerca de un cuarto de la muestra, como aquellos que "tienen problemas con los medios". Los más mal informados y sospechosos tuvieron un alto porcentaje en una "mini-prueba" de enajenación mental y uno bajo en atención y compromiso con las noticias y los asuntos públicos; cuando ponían atención a las noticias, era principalmente a las que daba la televisión. Este grupo tendía a demostrar poca educación, a ser desproporcionadamente joven y viejo, de bajos ingresos y, en términos de actitud hacia los medios, bastante más inclinado a verlos como inmorales y controlados por gente poderosa. Y, en tanto estaban más dispuestos a aceptar que el gobierno tiene derecho a solicitar los archivos y notas confidenciales de los reporteros, también se mostraban más dispuestos que otros a valorar el reportaje de investigación. Por otra parte, los "escépticos sofisticados" también tenían opiniones generalmente negativas hacia los medios, aún cuando estaban bastante interesados en las noticias y en los asuntos públicos, y tenían conocimientos acerca de los medios. Estaban ubicados, indiscutiblemente, en la parte alta de la escala: tenían bastante más contacto y experiencia con los medios, incluso gran parte de ellos como fuentes noticiosas; el informe señala: "Se muestran escépticos hacia los medios debido a lo que saben, no a lo que no saben" y son "un grupo que posiblemente ejerce muchísima influencia" (ASNE, 1985:47). En relación a las actitudes hacia los medios, estaban bastante más inclinados a ver a dichos medios como políticamente prejuiciados y a culpar a la prensa acerca de una cantidad de estándares de actuación. Sin embargo, se mostraban algo más inclinados a concordar en que es importante tener una prensa libre, aún cuando ocasionalmente actúe en forma irresponsable.
Sin embargo, el análisis más extenso sobre los públicos de los medios surgió del estudio Times Mirror-Gallup (Times Mirror, 1986) que identificó a seis sub-grupos, tres con actitudes generalmente favorables, y tres desfavorables. Entre los hallazgos de la investigación fue que los partidarios de la prensa sobrepasan, en más de dos a uno, a los que la critican. Losindicadores demográficos no se definen claramente en una dirección: entre los muy educados hay, por ejemplo, tanto críticos como defensores; los que más saben acerca de los medios tienden a ser los más críticos, y aquellos con opiniones anti-prensa tienden a demostrarla más intensamente que los que mantienen opiniones pro-prensa.
¿Actitudes de los Medios? Una Postdata. Una característica adicional del estudio Times-Mirror fue el conjunto de preguntas dirigidas a evaluar la importancia que la gente adjudica a los medios y los niveles de conocimiento que tiene de ellos. Las respuestas a estas preguntas fueron un tanto desconcertantes: menos de un cuarto dijo que jamás hablaban de los periodistas y pusieron a éstos en el octavo lugar entre nueve grupos ocupacionales (la gente habla aún menos de los científicos). Cuando se les mostró fotografías de norteamericanos prominentes, menos de la mitad pudo poner un nombre a la cara de Dan Rather, y menos de dos de cinco pudo nombrar a Mike Wallace, Tom Brokaw o Ted Koppel. Cuando se les formuló una pregunta más sencilla: "¿Ha oído alguna vez hablar de las siguientes personas?", menos de la mitad recordó haber escuchado alguna vez acerca de Jack Anderson o Ted Turner, y sólo uno de seis había oído alguna vez mencionar a Rupert Murdoch. Tres de diez sabían algo acerca del intento, ocurrido en ese entonces, del senador Jesse Helms por asumir la dirección de la CBS, pero sólo dos de diez pudo identificar a la CBS como la red de la que él quería hacerse cargo. Apenas más de un cuarto sabía que las revistas Time y Neewsweek pertenecían a diferentes empresas, y cuando se le pidió al resto adivinar la respuesta a esta última pregunta, apenas más de la mitad contestaron correctamente. Finalmente, al preguntárseles; "¿Sabe, por casualidad, en qué parte de la Constitución de los EE.UU. se hace mención a la libertad de prensa?", sólo tres de diez mencionaron la Primera Enmienda; cerca del 10% mencionó la Declaración de Derechos.
Sin importar lo que estos resultados digan acerca de la ignorancia del público o de su apatía, tal vez lo más importante es lo que dicen acerca de la prominencia del tema de la confianza del público en los medios de información. Porque la mayor parte del público está interesado e involucrado en cosas que son más importantes para ellos que la forma en que los medios hacen su trabajo. No obstante, al ser consultadas sus opiniones acerca de la prensa, la gente responde, y una minoría, generalmente interesada y activa, con frecuencia tiene opiniones sólidas. Al parecer, en la actualidad, una parte importante —tal vez una mayoría— de aquellos que tienen opiniones sólidas acerca de los medios, no sólo se muestran bastante críticos, sino que están deseosos de expresar sus opiniones públicamente. Por lo tanto, como ocurre con cualquier asunto, el tema de la confianza del público en los medios está a veces dominado por una minoría ruidosa e interesada que, por el momento, podría definir el curso de la agenda pública para sugerir que la "opinión pública" tiene un tinte particular, aún cuando las encuestas de opinión indiquen otra cosa.
Pero, ¿qué hay de la gente que compone la mayoría menos interesada, peor informada y generalmente más crítica? Nuestra reseña indica que ellos, a pesar de su apoyo general, sí cuestionan ciertas prácticas periodísticas y que —con el beneficio de muy poca información y reflexión— apoyarían más restricciones gubernamentales a la prensa, las que bien pueden entrar en conflicto con la Primera Enmienda; pero, en lo que respecta al interés de estas personas hacia los medios, éste es sólo limitado y es poco probable que actúen resueltamente en un tema de esta naturaleza. Aún queda, sin embargo, la posibilidad de que en momentos de crisis el tema pueda llegar a ser lo bastante sobresaliente como para que el apoyo del público a los medios se desgaste rápidamente. Al mismo tiempo, sin embargo, y dada la notable estabilidad de las opiniones acerca de los medios de los últimos 50 años y a la creciente capacidad de las organizaciones encuestadoras para proporcionar informes claros y oportunos de la opinión del público, los "reportajes" a la opinión pública han llegado a ser menos defendibles, y la sugerencia de que existe una crisis de confianza, injustificada.
Conclusiones
Los que trabajan en los medios, ¿se encuentran más preocupados de las actitudes del público hacia ellos de lo que está el público en realidad? Un item en la encuesta de The Los Angeles Times de 1985 (Lewis, 1985) toca tangencialmente este tema: se les preguntó a editores, redactores de noticias de diarios y al público: "¿Cree usted que el público está de acuerdo con su opinión acerca de la clase de trabajo que los medios informativos están haciendo? ¿Diría usted que el público piensa que es muy bueno, razonablemente bueno, bastante malo o muy malo?" Los resultados son interesantes desde dos puntos de vista: primero, las evaluaciones del público fueron bastante similares en cuanto al trabajo general que los medios hacen; la respuesta más frecuente fue aquella de que otras personas pensaban que los medios estaban haciendo un trabajo bastante bueno. Con frecuencia, los periodistas creían que el público no tenía una buena opinión de ellos. Los editores estaban, en forma casi pareja, divididos entre aquellos que pensaban que el público diría "bastante bueno" y los que decían que la respuesta sería "bastante malo";la mayoría de los redactores de noticias creían también que la evaluación del público era "bastante mala".
La encuesta APME de 1985 a periodistas de diarios descubrió altos grados de preocupación, especialmente entre editores sénior, acerca de la confianza del público. La encuesta señaló que los periodistas pensaban que sus diarios eran más confiables y exactos de lo que el trabajo ASNE anterior había revelado que el público creía que eran. Pero quizás su más importante hallazgo fue un casi unánime acuerdo en que los periodistas veían su propia credibilidad como un problema público.
En nuestra opinión, un estudio de la literatura sobre opiniones sugiere que hay áreas de carácter favorable hacia la prensa y muchos items en los cuales una mayoría apoya a los medios. Sin embargo, aún en muchos de estos items hay minorías importantes de "resistencia". Tales hallazgos pueden conducir a la metáfora del "vaso medio lleno-medio vacío" (Mac-Neil, 1985;Meyer, 1985). Sin embargo, el estudio también ha señalado una cantidad de áreas en las cuales la mayoría es crítica y no partidaria de los medios informativos, como los informes que señalan que dichos medios invaden la privacidad, que no deberían entrevistar a víctimas, publicar resultados el día de elecciones o contravenir los derechos presidenciales acerca de la seguridad nacional, y que deberían ser multados por las cortes de justicia por cobertura prejuiciosa o inexacta.
El tema dice relación, menos que con el grado, que con la naturaleza de preocupación que tienen los que trabajan en los medios acerca de la opinión que el público tiene de ellos. Los periodistas, por ejemplo, parecen estar más preocupados que el público acerca de las supuestas "percepciones de arrogancia" por parte de éste. Obviamente, las respuestas institucionales tendrían muy poco efecto sobre algunos temas. La percepción del prejuicio en los medios perdurará por razones que están más allá de su control; lo mismo ocurrirá con el grado de confianza general que la gente deposita en ellos. Los roces entre la prensa y el gobierno son igualmente endémicos; las instituciones tienen roles conflictivos para expresarse. Sin embargo, en otras áreas, el trabajo de los medios podría ser más apropiado: se puede comunicar con más sensibilidad cuando existe privacidad y consideración a la aflicción; y la prensa puede también explicar mejor sus demandas de libertad y autonomía.
A comienzos de este documento dijimos que existen intereses interrelacionado y sobrepuestos por parte de los investigadores y de los medios para averiguar las opiniones que el público tiene acerca del trabajo informativo. Ciertamente, de eso se trata. Mientras muchos individuos e instituciones encuentran útil e instructivo el producto de 50 años de investigación de opiniones acerca de los medios, ésta es de mayor utilidad para ellos. Porque son, después de todo, los que más se preocupan acerca de lo que el público piensa de ellos. Son también los que publican las encuestas. Por estas razones sería apropiado preguntar qué es lo que los mismos medios pueden aprender de este análisis. ¿Hasta qué punto son ellos capaces de distinguir entre el mito y la realidad y de separar los verdaderos intereses del público de aquellos inventados por los comentaristas?
La evidencia es clara acerca de varias cosas. Sin duda, la credibilidad y la confianza en los medios, especialmente en lo que dice relación a la ética de los periodistas, los editores y las organizaciones informativas, están en la mente del público. Temas más fundamentales, tales como la libertad de prensa y la autonomía frente a los grupos de presión e influencias económicas, rara vez obtienen la atención constante. Los líderes de los medios y los críticos son aficionados a los discursos graves acerca de la "arrogancia de la prensa" pero no hay evidencia de que esto sea de mucho interés para el público. Las "malas noticias" están también en la mente del público, pero aquí el "maten-al-mensajero" se confunde algunas veces con una crisis de confianza. Al público puede desagradarle mucho cierto tipo de noticias negativas, pero sigue apoyando firmemente y teniendo confianza en los medios informativos. Separar los intereses genuinos del público de los temas de discusión internos, propios de la profesión, de aquellos de los que se preocupa la gente, debe ser una tarea constante.
Reconocimientos
Este informe y el proyecto Confianza Pública han recibido la importante ayuda de: Louis Boccardi de Associated Press; Osborn Elliot, de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia; Albert Gollin, del Newspaper Adversting Bureau, David Lawrence de la American Society of Newspaper Editors y Detroit Free Press; Maxwell E. McCombs, de la Universidad de Texas; Philip Meyer, de la Universidad de Carolina del Norte; Eleanor Singer, de la Universidad de Columbia, editora de The Public Opinión Quarterly, y Thomas Winship, del Gannett Center for Media Studies, editor emérito de The Boston Globe. También queremos agradecer a LA. Lewis de The Los Angeles Times, Kristin McGrath y Cecilie Gaziano de Minnesota Opinión Research Inc. y a la American Society of Newspaper Editors, por haber compartido con nosotros su material de investigación. ■
* El presente trabajo está reproducido del original The Media and the People: Ameri-cans' Experience with the News Media: A Fifty-Years Review, producido por The Gannett Center for Media Studies, uno de los institutos de investigación de medios más prestigiosos de los Estados Unidos. The Gannett Center funciona en la Universidad de Columbia (Nueva York) y nació en 1985 con los aportes de la Gannett Foundation. (Se han eliminado del texto sólo las referencias estrictamente locales.)
La palabra medio está referido en este estudio exclusivamente a medios de información (news media), para diferenciarlos de los medios de comunicación en general. En la mayoría de los casos se ha preferido la traducción simple de "medio" en vez de "medio de noticias" o "medio informativo". (Nota de los Editores)
** Janet Cooke obtuvo el Premio Pullitzer, gracias a un reportaje acerca de un niño drogadicto. Luego se decubrió que toda la historia era falsa. (N. de los E.)
1 El énfasis está en el original en ambos casos.
2 Un comentario acerca de este trabajo y una cantidad considerable de investigación posterior aparece en las fuentes que se indican a continuación: Se puede encontrar una reseña de informes de credibilidad en Abel y Wirth (1977); Alter (1984); Baxter y Bli-ttner(1974); Bishop; etal. (1969); Bishopy Schultz (1967); Cárter y Greenburg (1965); Chang y Lemert (1968); Edelstein y Tefft (1974); Gantz (1981); Greenberg (1966); Greenberg y Roloff (1974); Jacobson (1969); Lee (1978); Lipset y Schneider (1983); Meyer (1974); Mulder (1980 y 1981); Reagan y Zenaty (1979); Roper (1983); Shaw (1973); Singletary (1976); Westley y Severin (1964 y 1974). *** Fairness en el original (N. de los E.)
3 Dichas historias y su impacto en las opiniones son generalmente importantes para comprender la actitud de los medios. Mientras puede ser —según dicen muchos periodistas—que a las familias de las víctimas no les importa, o de hecho reciben bien la cobertura de los medios en momentos de aflicción (véase, por ejemplo, un excelente reportaje de C. Fraser Smith: "Reportaje sobre la aflicción: La familia de los infantes de marina hacen una reseña sobre la invasión de la prensa", Washington Journalism Review, marzo de 1984), el público encuentra perturbadores tales informes. Una encuesta Roper realizada en 1984 señaló que un 67% opinaba que la prensa debería dejar de "entrevistar a miembros de la familia inmediatamente después de que habían perdido a alguien en un accidente o crimen violento y de preguntarles cómo se sentían..." En comparación, el 31% opinó que la prensa debería dejar de dar información personal acerca de figuras públicas, y el 49% dijo que la prensa debería dejar de publicar evidencia contra alguien acusado de algún delito antes de que tuviera lugar el juicio.
4 Estos casos hipotéticos también fueron formulados a 1.333 periodistas de diarios en la encuesta de la Associated Press Managing Editors de 1985; en cada caso, los periodistas se mostraron más inclinados que el público a publicar, pero en siete de nueve casos la respuesta del periodista fue "a veces". Las excepciones: la historia del día de la elección, en la que la respuesta fue "nunca", y la pregunta "Grenada" a la que casi dos tercios contestó "siempre" (APME, 1985:30).
5 Para mayor información acerca de la relación entre la experiencia con los medios y las actitudes hacia ellos, en muestras de público en general, véase Gannett Center for Media Studies: Los Medios y las Personas: Sondeos a dos comunidades, noviembre de 1985, págs 18 y 19.
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