Harry Smith
Periodista de la cadena de televisión británica International Televisión Network (ITN) y profesor de la Thomson Foundation, de Glasgow.
Para un periodista británico de tele visión como yo, la oportunidad de pasar cuatro semanas mirando programas noticiosos en Chile prometía ser una experiencia fascinante e instructiva. En Gran Bretaña los estilos cambian con gran lentitud. Los ratings están tan finamente equilibrados que los productores no pueden darse el lujo de hacer modificaciones drásticas.
Pero en Chile, cuando llegué, todo estaba cambiando. Canal 7 acababa de relanzar su programa principal de noticias. Canal 13 había rediseñado Teletrece, y luego apareció Megavisión. Todo el mundo aprovechaba la nueva libertad para experimentar con estilos y programas. Cada canal trataba, con gran empeño, de hacer algo diferente. A veces, parecía que el afán por la diferencia era excesivo.
El programa principal de noticias de Megavisión, por ejemplo, se transmití desde un estudio que parecía una pintura de Salvador Dalí. Dominaban los colore chocantes y los ángulos desconcertantes El efecto visual contradecía extrañamente el estilo de los presentadores, que trataban desesperadamente de estar relajados. Aparte de lograr ser diferente era difícil entender qué pretendía el efecto escenográfico.
Canal 7, en cambio, eligió un set que era copia del de la CNN. Los presentadores aparecían sobre una sala de prensa en plena faena que daba como resultado un fondo recargado. Sentados codo a codo, trataban —sin éxito— de reaccionar uno respecto del otro de manera despreocupada. Como televidente me sentí distraído, tanto por el fondo como por la incomodidad de un presentador que no tenía nada que hacer.
Muy largos
La lección que aprendí con esto fue que siempre es un error copiar un estilo sin pensar, en primer lugar, por qué se desarrolló ese modo particular. La CNN no es un programa noticioso; es un flujo continuo de información a medida que ésta ocurre. La transmisión está diseñada para proporcionarle al espectador distracciones que disimulen el hecho de que todo es un caos. En otras palabras, buena parte de la entrega de la CNN está organizada para empatar tiempo, mientras alcanzan el rápido acontecer de los hechos. Por el contrario, un programa de noticias televisivas está diseñado para hacer un uso lo más económico posible del tiempo. Si uno está constantemente empatando, la teleaudiencia cambiará de canal.
Canal 13, por contraste, mantuvo un estilo estrictamente formal. El tono de su programa principal de noticias quedaba establecido en la primera toma. Se veía grande, sólido, serio e intrincado. Si no hubiera sido por los colores de tono pastel, habría quedado convencido de que Teletrece se transmitía desde el interior de una catedral. Impresión que quedó reforzada con la aparición de un sacerdote en la mitad del programa. Las noticias se entonaban en un lenguaje muy formal. ¿No es mejor para un lector de noticias, que narra una historia en la intimidad de un hogar, expresarse en un lenguaje más de acuerdo con ese entorno?
Lo primero que me llamó la atención sobre las noticias en los tres canales fue la extensión de los programas. En Gran Bretaña el noticiario más largo, en cualquiera de los canales principales, es de 30 minutos. Los programas de actualidad varían entre media hora y una hora. Un informe de actualidad que durase una hora y media o dos sería considerado "inmirable" por la mayor parte de los televidentes.
Otra cosa que me llamó la atención desde un comienzo fue la estructura de los programas, que segregan las noticias extranjeras del resto. En Gran Bretaña los programas de noticias se diseñan de una manera muy simple. Cada relato es evaluado por su importancia informativa y se hace una lista en orden de importancia. Esa lista es el programa. Cada historia es entregada por el reportero que junta todas las piezas en un solo paquete y así un paquete sigue al otro sin que importe si es o no sobre Gran Bretaña, Europa o el del mundo.
Cuando pregunté por qué los programas noticiosos y de actualidad en Chile eran tan largos, a menudo se me contestó: "porque siempre ha sido así". No tiene nada de malo seguir viejos hábito televisión. Por el contrario, los ejecutivos de los canales en todo el mundo emplean mucho tiempo tratando de averiguar cuáles son las costumbres de los televidentes para asegurarse de que los programas coincidan con ellas.
Los ingleses de América
Pero tuve la impresión de que los hábitos de los televidentes chilenos también están cambiando. Hablé con dos recién nombrados jefes de información que consideraban que una de las tareas más importantes que tenían por delante acortar los noticiarios. Ambos reconocían que la presión de producir noticias para una sociedad ya no constreñida por un gobierno militar se hacía demasiado grande para los recursos disponibles. Según mi experiencia, el periodista que debe competir intensamente por el espacio para contar su historia es aquel que va a cubrir el mejor método para que su relato sea fácilmente accesible a la mayor audiencia.
Cuando pregunté por qué las noticias del exterior se trataban como algo aparte dentro del programa, se me dio una gama variedad de razones técnicas: todas noticias extranjeras venían con la voz de un locutor foráneo incluida; la llegada satélite siempre ocurría demasiado próxima a los cierres y no quedaba tiempo para reeditar.
Pero yo creo que la razón verdadera tiene mucho más que ver con la visión tiene Chile de su lugar en el mundo, la cual ha sido inevitablemente distorsionada los últimos dieciséis años. Me impresionó mucho lo europeo que es Chile. No me quedó la menor duda de que muchos chilenos se sienten europeos y diferentes del resto de Sudamérica. En el mismo aliento, mis informantes me hablaban del enorme apetito que los chilenos tienen por la información internacional. Este es un apetito que aún no ha sido satisfecho.
De varias otras maneras descubrí que el enfoque de las noticias se contradecía con las demandas de los televidentes. Por ejemplo, el primer deber de las noticias en televisión es proveer de imágenes del acontecer diario. A menudo, a lo visual se le asignaba una prioridad demasiado baja. En una edición de Teletrece el relato principal era sobre unos rehenes tomados por unos criminales en el centro de Santiago. Este hecho produjo algunas de las imágenes noticiosas más dramáticas que he visto, pero el programa estuvo en el aire dos minutos antes de que estas imágenes fueran mostradas. La prioridad se le dio a un informe en vivo, en el lugar de la escena, donde en ese momento ya nada ocurría.
Asimismo, Megavisión ocupó un largo trozo de su primer programa haciendo un enlace en vivo, con el parlamento en Valparaíso, para transmitir una entrevista a dos políticos que tenían muy poco que decir. En ambos casos el deseo de mostrar que la televisión tenía la tecnología para transmitir desde allí primó sobre el deber del periodista de entregar a sus televidentes la mejor historia con la mejor imagen.
Las conferencias de prensa no son noticia
Como periodista que ha experimentado varias revoluciones tecnológicas entiendo perfectamente lo fácil que es fascinarse con el equipo electrónico que usamos. Sé lo fácil que es olvidar que el televidente no está ni la mitad de fascinado con esa tecnología. Pero parte de la disciplina que implica ser periodista está en el conocimiento de que el relato es más importante que el relator y que entregar las historias periodísticas es un antiguo arte que puede ser destacado por la tecnología sólo si ésta se mantiene en el papel de sirviente y no asume el de amo.
Lo que me pareció mucho más difícil de entender fue el tratamiento que se le da a los políticos chilenos en televisión. A menudo se les permite volverse hacia la cámara y dirigirse directamente a los telespectadores. No soy capaz de imaginarme una situación donde un periodista de prensa escrita le pasara su pluma al Ministro de Información y lo invitara a, escribir unas pocas palabras para sus lectores. Pero eso, es en efecto, lo que hace un reportero de televisión cuando le permite al ministro saltárselo y hablarle di rectamente a la audiencia.
Igualmente me sorprendió la importancia que se le da a las conferencias de prensa en los noticiarios de televisión Estas son muy útiles fuentes de información para los periodistas, pero rara vez son relatos noticiosos en sí mismas. Para un periodista de televisión la conferencia de prensa tiene, además, la desventaja de ser visualmente muy poco interesante. La mayoría de los reporteros con los que conversé aceptaban este hecho, pero explicaban que años de seguir la línea del gobierno había producido una dependencia de la información oficial que todavía afecta su manera de trabajar. Pero no todo el mundo empleaba las mismas reglas y a medida que avanzaba mi permanencia en Chile, más crecía mi admiración por aquellos reporteros que claramente tenían más respeto por la verdad que por los políticos a los cuales interrogaban.
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