Francisca Alessandri
Periodista, Máster en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica y profesora en la Escuela de Periodismo de la misma universidad.
Marshall McLuhan introdujo, hace unas décadas, el concepto de aldea global, señalando que los medios de comunicación habían establecido una suerte de red entre los pueblos. «El nuestro es un mundo flamante de repenteneidad. El "tiempo" ha cesado, el "espacio" se ha esfumado. Ahora, vivimos en un aldea global [...] un suceder simultáneo. Hemos vuelto al espacio acústico. Hemos comenzado a reestructurar el sentimiento primordial, las emociones tribales de las cuales nos divorciaron varios siglos de alfabetismo».
El concepto mismo de aldea global -tan reiterado- conlleva una contradicción que merece ser analizada a la luz de lo que es el periodismo internacional, es decir, la entrega de acontecimientos aparentemente lejanos, que, por su interés, aparecen como cercanos.
¿Por qué una contradicción? Porque une, y de eso se trata, un concepto localista, limitado e incluso cerrado, como es el de una aldea, con el concepto de globalidad. Allí, en la aldea, se da una relación cultural estrecha que permite una unión total.
Ello evidentemente se contrapone con el concepto de globalidad. Nunca como ahora ha estado menos claro en qué se basa la pertenencia a la humanidad universal. El hombre se siente parte de un todo, pero no sabe a ciencia cierta por qué. Quizás únicamente por ser parte de un universo informativo.
Parece difícil, casi imposible, determinar ciertas variables que caracterizan esa universalidad. Pareciera que hoy ella se basa fundamentalmente en la percepción de ciertos peligros que amenazan por igual a todos los pueblos del planeta. Aristóteles afirma que para que haya una polis se requiere mucho más que intereses comunes. Y hoy ni siquiera los intereses son comunes. El interés no se ha internacionalizado, sino sólo las consecuencias de los hechos y de la relaciones internacionales. Existen en la actualidad ciertos temores comunes más que un proyecto universal. Hoy el hombre vive en un inmediatismo no sólo informativo sino universal. No hay una misión común.
El mundo vivió, después de la Segunda Guerra Mundial, en una inédita sensación de peligro. Sensación real que fue producto de una amenaza también real, como la introducción de las armas nucleares. La división ideológica, respaldada por ese siempre presente poder atómico, marcó la historia por cuatro décadas e hizo parecer al mundo a una pequeña aldea unida por un terror común.
La superación de dichas ideologías ha hecho desvanecer el terror a una inminente guerra nuclear. Pero entonces ha surgido otro temor, también real y también universal, como es el de la destrucción del equilibrio ecológico. La preocupación ecológica exportada por los países desarrollados al resto del planeta es el tema que encabeza la agenda mundial, traspasando fronteras e intereses locales.
Y esta propagación de intereses y temores sólo ha sido posible gracias a la información entregada a través de los medios de comunicación. No hay duda de que la influencia de una cadena televisiva como la CNN o la relevante influencia de la revista Time y del diario Financial Times, por nombrar algunos, han hecho que esta «aldea» se interese por aquello que algunos medios han globalizado.
¿Quiere decir, entonces, que hoy todos los seres humanos nos interesamos en lo mismo y que los periodistas que pautean en Washington coinciden con los de París, Nairobi y Santiago? Sin duda, no. Quizás hace un tiempo, gran parte de los editores de prensa del mundo pautearon para los titulares de sus noticiarios o primeras páginas la caída del Muro de Berlín, la guerra del Golfo Pérsico o la elección presidencial norteamericana. Pero no porque ello obedezca a un interés periodístico internacionalista, sino porque aquellos hechos tienen una repercusión mundial, que puede traducirse en una repercusión local. «Puede afectarme y por eso me interesa».
Este interés, aparentemente inexplicable, está en la esencia de la aldea global. Hoy, como nunca antes, el hombre tiene conciencia de que pertenece a un mundo, el que, aunque lejano, le afecta. Y le afecta en cuanto a que lo que allí sucede puede repercutir en su entorno inmediato, en su «aldea».
Volvemos entonces a esa aparente contradicción que se nos presenta en el concepto de aldea global, concepto que parece explicar lo que ocurre en materia de información internacional y que se mantiene hoy con gran fuerza. De hecho, los medios locales han retomado gran importancia en el último tiempo, ya que nada sobrepasa en interés a lo que ocurre a los hombres en su entorno inmediato. Pero, simultáneamente, el público quiere saber qué pasa más allá de sus fronteras, porque, consiente de la creciente interdependencia de las relaciones internacionales, quiere conocer aquellos acontecimientos que pudiesen afectarle. Globalidad y localidad van, entonces, unidas, enjugando un fenómeno de apariencia contradictoria y que sólo los medios de comunicación son capaces de armonizar.
El periodista como nexo
Si se parte de la noción de noticia, no es posible hacer diferenciaciones respecto de la información internacional.
Las clasificaciones que suelen hacerse se basan generalmente m su contenido. Pero hay un elemento crucial que permite definir la noticia internacional y que se refiere al interés. Como afirma Pedro Lozano en El ecosistema informativo , toda noticia es en origen local, pero en función de la universalidad de su valor informativo, se convierte en internacional.
La noticia internacional es aquella que se genera en un acontecimiento ocurrido en un lugar determinado, pero por cuyo valor informativo merece ser difundida a nivel regional o mundial. El principal problema que enfrenta la noticia internacional se refiere a su comprensión por parte del destinatario. La gran diferencia entre la noticia local y la internacional radica en la necesidad de que el periodista realice un tratamiento adecuado. Ello implica que el informador tenga conciencia de las características y conocimiento que posee el público al que dirige su mensaje internacional.
Para lograr una cabal comprensión del mensaje es preciso considerar algunos factores externos que pueden tener incidencia en la noticia internacional. Entre ellos se puede nombrar: el entorno social, político y económico; las características geográficas, demográficas, culturales, etc.
Estos factores no siempre están presentes en el acontecimiento propiamente tal, pero requieren considerarse para completar el mensaje.
Esta realidad informativa provoca uno de los mayores riesgos a que se enfrenta el periodista que cubre la noticia internacional. Cuando se trata de una noticia local cualquiera, el público tiene cierto conocimiento del entorno que rodea al hecho noticioso. Maneja antecedentes; conoce a los actores involucrados, etc. Respecto de un hecho internacional, el público puede no conocer los actores involucrados, los antecedentes al hecho que se informa, al país implicado. A lo anterior se agrega que ese público no tiene la posibilidad de la comprobación.
Su único nexo con el exterior es el periodista que, a través de un medio determinado, le informa de lo que ocurre en otra parte del mundo. No estuvimos en las arenas del Golfo Pérsico; seguimos la guerra a través de los medios informativos internacionales, principalmente norteamericanos y supimos lo que esos medios quisieron y pudieron informarnos.
El problema de la objetividad
La objetividad está en completa vulnerabilidad cuando se trata de noticias internacionales.
José Ortego Costales señala al respecto: «El lector es un hombre cualquiera, como todos [...] vive encerrado en su pequeño mundo [...]. La mayoría no ha estado, ni estará nunca en el Oriente Medio. No conoce los Balcanes, ni tiene relación ninguna con el ex Congo belga [... ]. Vive de forma inmediata su pequeño mundo. El mundo de los grandes sólo lo conoce a través de la información. Y, sin embargo, en su alma este mundo grande está presente. Y tiene ansias de vivir la actualidad, toda la actualidad. Porque este hombre, aunque no lo sepa aunque jamás lo haya pensado, quiere vivir su mundo y los otros consigo y con los demás... » .
Las noticias internacionales pueden ser las más fácilmente manipulables y muchos actores suelen confundirlas con la política exterior de un determinado país. Los hechos internacionales ocurridos en los últimos años, referidos fundamentalmente a la caída de los regímenes comunistas, demostraron cuan influyente era la información internacional en el comportamiento de los pueblos. Los soviéticos, mientras estuvieron encerrados en sí mismos, con un conocimiento lejano de lo que ocurría al otro lado del mundo, no cuestionaron mayormente al sistema. Una vez que éste se abrió, iniciando lo que el entonces Presidente Mijaíl Gorbachov llamó la glasnost, el derrumbe fue inevitable. Esa apertura informativa no sólo afectó el devenir político de ese país, sino que además influyó en el tratamiento informativo que la prensa occidental dio a la información proveniente de la entonces Unión Soviética.
La manipulación de la información internacional ha sido una constante en la vida de los actores internacionales. Ejemplos hay muchos. Elocuente resulta el hecho de que, en relaciones internacionales, se considere a los medios informativos como un instrumento de política exterior. Es a través de ellos que los actores internacionales tratan de influir en el comportamiento de los demás. Hace algunos años, el entonces Presidente de El Salvador, Napoleón Duarte, señalaba que más que convencer a la Casa Blanca de las bondades de su política interna, debía convencer a The New York Times.
El problema de la objetividad en la información internacional es de suma importancia en cuanto a que a través de los medios fácilmente puede conducir a una desinformación, producto no sólo de una deformación deliberada de lo procesos o acontecimientos, sino también producto de un tratamiento incompleto.
Lozano afirma que, para que la información internacional sea correctamente recibida, es preciso presuponer no sólo una realidad noticiosa que suministre la materia prima, sino además, una sociedad receptora que se interese por lo que ocurre fuera de las fronteras de su país de manera casi personal . Y ello implica de parte de los medios y de los periodistas especializados en el área de las relaciones internacionales, la entrega cotidiana de información veraz, completa, oportuna y pertinente.
La opinión pública internacional: evitar la confusión
Se ha hecho referencia en estas líneas al creciente interés del público por la información internacional, interés que está supeditado a una realidad local, pero que dada una interdependencia mundial cada día más estrecha, ese interés que es en origen local, se hace universal. Es en virtud de ese verdadero apetito informativo actual, que se puede afirmar que existe una opinión pública internacional.
Según Marcel Merle, la opinión pública internacional sólo puede surgir de la aproximación de la convergencia entre diferentes opiniones nacionales. Su origen estaría en tres fuentes:
• por la convergencia de las opiniones expresadas por los gobiernos.
• por la confrontación del contenido de los mensajes de los distintos medios de comunicación de masas.
• por las manifestaciones dirigidas por grupos de presión que logran un activismo más o menos concertado en varios países .
Para que surja una opinión pública internacional debe existir un acontecimiento internacional que merezca la adopción de una actitud común que a la vez se exprese en una opinión o pronunciamiento.
En este punto es particularmente delicada la función del periodista que trata noticias internacionales. Puede existir una tendencia a «opinar» más que a informar en cuanto a los hechos internacionales. La línea divisoria entre la opinión y la interpretación -a veces-parece desdibujarse a la hora de analizar un hecho internacional. Constituye un riesgo para el tratamiento de la información internacional una posible confusión entre la opinión pública internacional, la opinión pública nacional y el rol informador. El periodista debe distinguir claramente cada una de esta áreas en el sentido de que su deber profesional es informar, lo que conlleva como consecuencia la formación de opinión, ya sea nacional o internacional. La alteración de este rol implica alterar también el proceso informativo.
Los medios de información forman opinión como consecuencia de la entrega de mensajes que no necesariamente implican opinión. Por definición, los medios están llamados a entregar información y opinión. Ambas de la mano, pero muy bien delimitadas. La opinión sin información previa es mera manipulación. Y ello es particularmente fácil y riesgoso en la información internacional, donde el destinatario, como ya se ha dicho, no tiene la posibilidad de la comprobación y muchas veces tampoco experiencia previa; por ello, la influencia individual del periodista es mayor.
En pocas ocasiones como ante la noticia internacional, el público se presenta desvalido, abierto y vulnerable a la entrega del mensaje periodístico. Nunca como en esta área, el periodista es el único nexo entre el mundo y su público. Siempre, pero en esta especialidad con mayor rigor, el periodista debe demostrar que es un profesional de la información.
Chile: Periodismo sin recursos
La tendencia mundial en materia de cobertura de la información internacional, tanto en la prensa escrita como en los medios audiovisuales, especialmente en la televisión, es cubrir los hechos destacados a través de corresponsales o de enviados especiales.
La información entregada por periodistas ubicados en el lugar de los hechos permite conseguir el efecto de «aldea global». La televisión ha conseguido impactar con la entrega de información inmediata y desde el lugar de los hechos. La transmisión en directo de los acontecimientos internacionales permite al destinatario ver con sus propios ojos lo que ocurre en un lugar apartado del mundo. Pero ese «ver» no necesariamente implica «comprender». La entrega de imágenes «objetivas» impactan y muchas veces manipulan, sin que el destinatario realmente aprehenda la noticia entregada. De allí que sea necesario la valoración, la que debe ser «local».
Cada vez que recibimos información internacional corremos el riesgo, como receptores, de valorar esa información bajo un prisma subjetivo, impregnado de nuestra realidad inmediata. Por eso, tal valoración local permite -a partir de nuestro entorno- explicar esa realidad diferente en que se enmarca el hecho noticioso. Cada acontecimiento es parte de un todo que lo explica. Esa explicación se hace más necesaria hoy, debido al cúmulo de informaciones que recorre el mundo y que bombardea a los destinatarios.
El uso del corresponsal o del enviado especial sin duda que permite tener una información internacional oportuna y completa, pero ello no reemplaza la necesidad del análisis, que entregue la aproximación necesaria para que el público local comprenda esa noticia lejana.
Es necesario hacer una distinción muy clara entre el trabajo del corresponsal y el del enviado especial. El primero tiene la gran ventaja de enviar información extranjera conociendo a cabalidad su gestación, desarrollo, posibles consecuencias, el escenario, sus actores y factores involucrados. En cambio, el enviado especial, si bien permite al medio tener información de primera mano, puede caer en el «pecado» de subvalorar o generalizar a la hora de enfrentar los hechos internacionales. Una guerra tras otra, un golpe de Estado tras otro, puede llevar a estos periodistas a perder una visión general: la realidad se parcializa, se hace «irreal», pues al enfrentar siempre acontecimientos críticos -que son la oportunidad en que los medios envían a sus periodistas-, el informador puede perder la capacidad de distinguir diferentes entornos, distintos conflictos, en definitiva, tratar cada noticia como lo que es, única e irrepetible.
El mayor problema que enfrenta nuestro periodismo internacional se manifiesta en la dependencia existente en fuentes externas. Los medios de información locales se nutren de noticias internacionales casi exclusivamente a través de otros medios informativos. Es decir, se utiliza la fuente indirecta.
En la prensa escrita, la fuente de información en el campo internacional es la agencia informativa, algunos servicios de diarios extranjeros y en casos de gran excepción, el enviado especial o el corresponsal.
En las cadenas de televisión, las agencias informativas son imprescindibles para la noticia diaria de último minuto. Pero a diferencia de la prensa escrita, la televisión tiene una enorme dependencia externa en cuanto a las imágenes. Ante la incapacidad de contar corresponsales y enviados especiales (principalmente por un problema financiero), los canales de televisión chilenos cuentan con servicios extranjeros que entregan a diario imágenes sobre los acontecimientos más relevantes.
El grave inconveniente que esto implica es que «la pauta internacional» no se hace con plena autonomía en los departamentos de prensa locales. De alguna manera, viene dada por otros noticiarios o servicios externos. La selección de noticias no siempre se hace de acuerdo con el interés del público chileno, sino de acuerdo con el material recibido.
La información internacional en nuestro país, especialmente en la televisión, depende en extremo de los medios extranjeros. Esta dependencia va en desmedro de una «localización» de la noticia internacional, es decir, vemos con ojos extranjeros hechos lejanos, lo que dificulta su comprensión.
Si la entrega de información en el mundo moderno se ha complejizado debido a su creciente importancia, tanto más compleja parece esa entrega cuando se trata de noticias internacionales. Y no porque haya dificultad en su difusión -los avances tecnológicos han roto la relación tiempo-espacio- sino porque precisamente esa instantaneidad puede hacer perder calidad y claridad a esa información.
Conclusiones
1.- El hombre moderno, por necesidad y por interés, requiere conocer lo que ocurre en su entorno. Por primera vez, el sistema internacional se ha unificado no sólo en cuanto a relaciones internacionales, sino también en lo que se refiere a información. No hay punto del planeta que no sea susceptible de ser cubierto por los medios de comunicación y no hay pueblo en el mundo que viva totalmente aislado de toda información externa. Esta realidad permite afirmar que existe una suerte de «aldea global».
2.- Este concepto que parece contradictorio en sí permite definir el fenómeno que caracteriza a la información internacional, la que interesa por su consecuencia local y universal a la vez.
3.- El periodista que maneja la información internacional es quien «ve» el mundo y entrega aquello a sus receptores.
4.- La información internacional conlleva una serie de riesgos ya que el público que la recibe no tiene la capacidad de la confrontación, carece de todos los antecedentes previos para formarse un juicio autónomo y desconoce el origen de las fuentes utilizadas. Por todo lo anterior, la información internacional es más susceptible de manipulación que en otras áreas.
5.- El hecho de que el lector no tenga la posibilidad inmediata de comprobar si la información internacional que recibe es real o parcial -como muchas veces puede hacerlo con la noticia nacional- hace recaer sobre el periodista de este ámbito una mayor responsabilidad. La noticia internacional debe tener un tratamiento adecuado, que permita comprenderla en su verdadera magnitud. De allí que deba entregarse información referente al entorno en que se produce el acontecimiento internacional.
6.- La interdependencia de los actores mundiales, la cobertura inmediata y global de los medios informativos, no sólo se ha traducido en una integración planetaria a un proceso informativo generalizado, sino además han ayudado a la formación de una opinión pública internacional, cuya actuación es preciso percibir frente a hechos mundiales destacados. Su actuación quizás se no se detecta directamente, pero sí se hace presente a través de las élites políticas, económicas, intelectuales e informativas.
7.- Una de las deficiencias o debilidad de los medios informativos locales es la dependencia externa para la consignación y cobertura de los acontecimientos internacionales. Dependencia que si bien es manifiesta en los medios escritos, tiene una mayor incidencia en los medios audiovisuales, especialmente en la televisión. La instantaneidad y diversidad de la información que cada día recogen por diferentes vías nuestros medios chilenos, permite -sin embargo- suplir en parte aquella dependencia. Asimismo, resulta favorable la marcada tendencia de los departamentos de prensa locales a preferenciar la información de corresponsales y enviados especiales. Este trabajo -sin embargo- aún es deficiente no sólo por una evidente escasez de recursos, sino porque además, muchas veces el reporteo en un país extranjero suele ser difícil, impreciso y poco oportuno.
Notas
MC LUHAN, MARSHALL: El medio es el masaje, Paidós, Buenos Aires, 1969, p. 63
LOZANO, PEDRO: El ecosistema informativo, EUNSA, Pamplona, 1974, p. 115.
Ortego Costales, José: Noticia. Actualidad. Información, EUNSA, Pamplona, 1976, p. 151.
LOZANO, PEDRO: op.cit., p. 95.
Cfr. MERLE, MARCEL: Sociología de las relaciones internacionales, Alianza Universitaria, Madrid, 1978.
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