Durante la reciente elección presidencial, un error de predicción anticipada, el exit poll, organizado por un canal de televisión y una conocida empresa de estudios de mercado, originó un gran debate y un cuestionamiento de las encuestas entre los participantes políticos, medios de comunicación y académicos.
Con más sensacionalismo que seriedad, algunos sectores estigmatizaron todas las encuestas y se propusieron las más draconianas medidas regulatorias, que iban desde prohibirlas hasta una férrea regulación estatal.
Estas críticas negativas tenían un común denominador: una falta de rigor técnico en el tratamiento de la materia. No hubo referencia alguna a la metodología de las encuestas (cuando no una desidia o despreocupación por ella) y se desconocieron todas las demás predicciones de las empresas encuestadoras, incluidas las de otras entidades que también hicieron exit polls con resultados muy satisfactorios.
Ya sea porque la elaboración en forma intensiva de encuestas políticas en Chile es de reciente data o porque en un comienzo (1988) aparecieron algunas empresas ficticias que «construyeron encuestas ad-hoc» para propósitos predeterminados, existen en algunos sectores prejuicios negativos sobre la validez y rigor de los estudios de opinión pública.
Veamos: En primer lugar, poca gente se preocupa de saber aquello que critica. La gran mayoría de los detractores de las encuestas no conoce sus fundamentos teóricos, el alcance y significado de los resultados y la metodología que se utiliza. No se ha esmerado por conocer algo sobre la ciencia estadística y cálculo de probabilidades que respalda a las encuestas.
Estas personas tampoco han reparado en que numerosas investigaciones de mercado o de datos económicos se obtienen de modo similar a las encuestas políticas y cuentan con amplio respaldo y aceptación. Por ejemplo, valga citar las encuestas de empleo, de ingreso, el IPC, etc.
En segundo lugar, otra falla o sesgo de la mayoría de los críticos de las encuestas es el desconocimiento de los éxitos de ellas. En efecto, durante las últimas elecciones de concejales y la presidencial, las empresas GEMINES, CERC Y ADIMARK predijeron los resultados con una exactitud más que satisfactoria. Lo mismo ocurrió para el plebiscito y la elección de Alywin.
Sin embargo, bastó el episodio del exit-poll para que los críticos se ensañaran con este punto negro y omitieran referirse a todos los demás aciertos.
Como en otros ámbitos del diario acontecer, existe en ciertos medios una desviación morbosa para destacar lo negativo y olvidar los miles de eventos positivos que ocurren. La «noticia» es lo que escandaliza; el que pisó la cáscara de plátano, el que metió las manos en el cajón, el choque macabro, etc. Basta que haya un par de funcionarios públicos cuestionados en su gestión, sin incluso existir aún el fallo de la justicia, para que se comience a hablar de corrupción generalizada. Para el resto, para los miles de funcionarios honestos... el anonimato.
Esta deformación también ha afectado a las encuestas. Esta moda perversa de destacar sólo lo negativo.
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