auxi auxi Cuadernos de Información n° 9, 1994 auxi auxi
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Encuestas y periodismo II: Aportes informativos

Después de las elecciones de diciembre pasado, la prensa pareció haber perdido la perspectiva, condenando a las encuestas políticas en globo por haber subestimado a la derecha y por el hecho de que una empresa erró fuertemente en las exit-polls a la salida de los lugares de votación.

Por Rodrigo Berríos (economista y sociólogo, PhD, gerente general de Time Estudios).
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La falta de perspectiva con que se juzgaron estos errores llevó al extremo de llamar a la prohibición de las encuestas políticas, posición que a veces fue compartida por sectores diametralmente opuestos de la clase política. Tal vez una panorámica más global sobre estos métodos sea un elemento útil y necesario en un debate serio sobre el tema, que, postergado por la coyuntura reciente, deberá venir tarde o temprano.

Un primer parámetro importante en este debate es considerar el tratamiento otorgado a la publicación de encuestas políticas por el mundo considerado de-mocrático, libre, moderno y en general con economías no reguladas, y contrastarlo con aquel otorgado por una gran parte del mundo que aún no practica la democracia y/o que falla en uno o todos los anteriores indicadores de modernidad y libertad.

No es casualidad, por ejemplo, que la publicación de encuestas políticas esté totalmente prohibida en China, después del incidente de la Plaza de Tiananmen; asimismo, no resulta extraño saber que también estén prohibidas en Libia, Irán, Iraq y Siria. En la práctica, no se ven encuestas políticas con temas candentes en Sudáfrica, recién están siendo tímidamente aprobadas en Kenya y están del todo prohibidas en Tanzania.

En tierras más cercanas, es positivo saber que el presidente mexicano, Salinas de Gortari, en un intento por realizar una perestroika necesaria para su ingreso al tratado de libre comercio, ha dado un vigoroso apoyo a las encuestas políticas en su rol de facilitador en la formación de una opinión pública robusta y transparente, lo que contribuye antes que entorpece el ejercicio democrático. Este fue el tenor de su discurso al inaugurar el congreso latinoamericano de investigación de mercado y opinión en México en 1992.

En definitiva, las encuestas políticas deben asumir este papel de formación de opinión pública. Este consiste en parte importante en hacer transparente a la población y a la sociedad, en forma realista, las posibilidades de diversos eventos políticos. Por ejemplo, las encuestas políticas en Chile, de todas las firmas serias, fueron categóricas en señalar la cuasi imposibilidad de segunda vuelta, la cercanía al 58% del resultado Frei, las minoritarias posibilidades de Alessandri y las mínimas o marginales posibilidades de Reitze v Pizarro, quienes no creían en las encuestas.

Este rol de las encuestas es precisamente lo que las hace temibles para algunos grupos, así como se teme a la prensa objetiva en una sociedad libertaria.

Es justo reconocer que las encuestas pueden equivocarse. De hecho, son instrumentos llamados a tomar fotografías estáticas de una realidad política dinámica, dentro de un margen de error. Lamentablemente este error puede llegar a ser aún mayor que lo establecido estadísticamente debido a una serie de factores que sería largo discutir aquí.

¿Cómo se sanciona esto? En realidad, la mejor sanción es el mercado. Afortunadamente aún hay mentes frías en Chile que consistentemente al menos con los postulados liberales del modelo económico vigente, sostienen que las empresas que se equivocan sistemáticamente son eliminadas por este mecanismo y no por legislación. Este argumento, por lo demás, no es nuevo en Chile. En efecto, Eduardo Hamuy, sociólogo, al cual muchos llamarían con justicia el pionero de las encuestas políticas en Chile, señalaba que las encuestas de pronóstico electoral constituyen el único tipo de sondeos cuyas estimaciones pueden ser cotejadas con la realidad, y no se explicaba el porqué firmas de pronóstico que fallaban sistemáticamente sobrevivían en este mercado.

Cabe mencionar también que todos los actores intervinientes en el proceso de interpretar y divulgar los resultados de las encuestas, esto es la prensa, el público y las empresas investigadoras, tienen mucho que aprender de los errores cometidos.

Un punto fundamental es que no debe sobrevenderse ni entenderse a las encuestas como instrumentos infalibles de pronóstico, lo que las encuestas no pueden ser por definición, ya que son probabilísticas. Asimismo, debe aprenderse que la encuesta es un instrumento más que no puede ni debe reemplazar a otros criterios, sino complementarlos, en la realización de un pronóstico final.

¿Y qué hay de las controvertidas exit-polls?; ¿cumplen algún rol? Sí, lo cumplen en el sentido de información, discusión política seria y show televisivo en Alemania, Inglaterra, Italia, Francia, España y Estados Unidos. En la mayoría de estos países, la publicación de las exit polls se autorregula a horas en que se asume que han cerrado las mesas, las ocho de la noche en Francia por legislación y por autorregulación en Estados Unidos.

¿Se equivocan las exit-polls en el mundo desarrollado? Así es, y también se equivocan las encuestas políticas. Una de las mayores equivocaciones en 30 años ocurrió en 1990 en Inglaterra, donde todas las grandes firmas encuestadoras, Gallup, Harris, Mori, ICM, NOP, trabajando para la BBC, ITN y prestigiosos diarios como The Sun, dieron consistentemente como ganadores a los laboristas, por hasta 7 puntos sobre su votación real, y como perdedores a los conservadores, contrariamente a lo que ocurrió.

Las exit-polls también se equivocaron, aunque en menor cuantía. ICM siguió dando por ganadores a los laboristas; las restantes, mostraron un increíble cambio respecto a las encuestas políticas de una semana o días anteriores, dando correctamente por ganadores a los conservadores. Ninguna firma, sin embargo, apuntó correctamente a la composición del parlamento. En la experiencia chilena, también había un precedente de error serio en la exit-poll para el plebiscito de 1988, donde el voto No era dado abrumadoramente como ganador por la firma Sofres, de Francia, resultado que prudentemente no fue divulgado.

Las críticas y discusión consiguientes a la falla de las encuestas son por supuesto mucho más elevadas y serias en los países desarrollados. Esto, además de explicarse por una cultura de mayor racionalidad, se debe por cierto al clima más consensual en que se da la política en estos países.

En cualquier caso, es interesante contrastar los términos en que se da la crítica en ambas partes del mundo. En nuestro país no faltaron las acusaciones de enterrador de campañas, ineptitud, traición a un sector político, etc. En Inglaterra, en cambio, tras el fuerte error de 1990, la Royal Society of Statistics y expertos panelistas políticos se abocaron a una revisión exhaustiva de la composición de las muestras, los datos censales, la tasa de no respuesta y otros factores, concluyendo que tras examinar todos estos factores lo que en realidad ocurrió fue un cambio volátil en la intención de voto en la última semana. En suma, el debate sobre las exit-polls y las encuestas políticas en el mundo moderno es un debate serio y por sobre todo, informado.

Cabe decir que las encuestas políticas no sólo están orientadas a hacer pronósticos electorales. En realidad cumplen una función mucho más amplia en su contribución a elaborar la agenda pública. La información suministrada por ellas permite aproximar una jerarquización de temas que interesan a la opinión pública, centrando la discusión y esfuerzos de los diferentes actores y sectores públicos alrededor de estos temas, y no otros que frecuentemente algunos actores públicos tratan de presentar como prioritarios pero que prueban estar muchas veces alejados de la preocupación del gran público. Un ejemplo conocido de lo anterior fue la incorporación prioritaria a la agenda pública (durante el primer semestre del año 93) del tema de la seguridad ciudadana y la delincuencia. Todos los estudios de opinión de diversas empresas coincidieron en que el tema era de principal preocupación para la ciudadanía.

Finalmente, tal vez más cínico en el ataque a las encuestas es que una hipotética prohibición de su divulgación sólo suprimiría su conocimiento público pero no privado, porque aún aquellos sectores que más las han criticado no vacilan en utilizarlas para tener un pronóstico aproximado de la realidad en el cual basar propias agendas.

 

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