La competencia televisiva y el exit poll en las elecciones del 11 de diciembre de 1993
Con motivo de las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias del 11 de diciembre de 1993, los principales canales de televisión de Chi¬le desarrollaron una contienda por el rating que incorporó la novedosa arma -desconocida hasta entonces en el país- del exit poll o encuesta de salida de urnas2.
De acuerdo a estudios previos provenientes de distintos institutos y empresas investigadoras de opinión públi¬ca, la elección presidencial no ofrecía mayores incertidumbres respecto de sus resultados, e incluso ningún pollster vaticinó la posibilidad de una segunda vuelta electoral3
¡Era simplemente la crónica de una elección presidencial anuncia¬da!
¿Qué hacer en estas circunstancias? ¿Cómo podrían los medios audiovisuales diferenciarse entre sí?
Al parecer, en la lucha por el rating, los canales de televisión más importantes del país creyeron encontrar en el adelantamiento de los resultados elec¬torales -que, en principio, la aplicación de diversos procedimientos de investigación puede proporcionar- la posibilidad de dar golpes noticiosos y entregar información anticipada a sus audiencias.
Para ello, tanto Televisión Nacional como la Corporación de Televisión de la Universidad Católica optaron por recurrir a la realización, cada una de ellas, de un exit poll y de un conteo rápido de una muestra de mesas.
En cambio, Megavisión prefirió -a pesar de la baja tasa de pene¬tración de los teléfonos en hogares particulares- efectuar exclusivamente entrevistas telefónicas en el Gran Santiago4.
Tal política podría ser considerada más cauta y la investigación mucho más barata que la de sus competi¬dores, los canales 7 y 13, y sus resultados -si en definitiva aparecían como erróneos-, podrían ameritar buenas razones expli¬cativas, en el sentido que la muestra, en el mejor de los casos, sólo representaba a los votantes en cuyos hogares habían teléfo¬nos5.
De esta manera, la com¬petencia intercanales se concentró en an¬ticipar la información de los resultados de la elección presidencial, de las senatoria¬les en las regiones impares y de algunos distritos diputacionales políticamente in¬teresantes. En tal condición estaba el Dis¬trito 23 de Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea, donde se preveía una lucha muy estrecha entre Andrés Allamand y Carlos Bombal, y cuyos resultados tenían alcances políticos de mucho mayor tras¬cendencia que la mera elección de un di¬putado más.
Los canales 13 y 7 asu¬mieron su competencia informativa prin¬cipalmente a través del exit poll, más que en los llamados conteos de muestras de mesas, cuyos resultados debían esperar mayor tiempo que los exit polls para ser proporcionados. Sólo el exit pollpermi¬tía el golpe noticioso.
Pero, ¿qué es precisa¬mente el exit poll y cómo puede caracte¬rizarse metodológicamente como varian¬te específica de las técnicas de survey sample o de encuestas por muestreo?
En un estudio de encues¬tas por muestreo, lo que normalmente ha¬cen los investigadores es diseñar un ins¬trumento de medición que contempla las preguntas relevantes o de mayor interés del estudio (estructuradas o semi estructuradas) y las preguntas de caracteri¬zación social de los entrevistados aleato¬rios (género, tramo etario, ingreso, pose¬sión de bienes para determinar nivel so¬cio-económico, etc.). Estas últimas, em¬pleadas como variables independientes, se utilizan para examinar características so¬ciales de las cuales dependerían las varia¬ciones de las variables dependientes (va¬riables de opiniones, actitudes, conductas. etc.)6.
El instrumento de medi¬ción se aplica a una muestra de la pobla¬ción o universo, lo que no es más que un sub-conjunto reducido del total de ella.
Tratándose de estudios de opinión pública y predicción electoral, el universo o población objeto de interés está constituido normalmente por las per¬sonas de ambos sexos de 18 años y más que están inscritos en los registros electo¬rales. Ellos son los electores potenciales que conforman el universo o población que interesa estudiar7.
Y se llega a los miembros de la muestra a través de un proceso de selección aleatorio. En los diseños muestrales que se debieran emplear se contemplan selecciones de las unidades muestrales a través de etapas. Así, en el caso de una ciudad, se puede, en cada co¬muna, seleccionar primero zonas censales, enseguida manzanas, posteriormente ho¬gares en las manzanas, y, por último, per¬sonas dentro del hogar8.
Cuando la muestra es probabilística y la selección de las unida¬des muestrales efectivamente aleatoria, los resultados de la muestra (estadígrafos muestrales) pueden inflactarse o expandir¬se, tomando en consideración las probabilidades de selección de cada una de las unidades muestrales en cada etapa (per¬sonas dentro del hogar, hogares en la man¬zana, manzanas dentro de las zonas censales, zonas censales dentro de las co¬munas, etc.)9.
De este modo, es posible inferir o estimar valores para el universo o población, llamados parámetros poblacionales, sirviéndose de los estadígrafos (valores de la muestra). En todo estudio en que un investigador trabaja con una muestra, la tarea consiste en estimar los parámetros por medio de las estimaciones obtenidas de la muestra.
En el caso del exit poll, ¿qué elementos distintos presenta respec¬to de un estudio común de opinión públi¬ca o de predicción electoral?
Al menos hay dos elementos diferentes
Primero, en la elabora¬ción de los diseños muestrales las unida¬des muestrales cambian. De la comuna hay que descender a los centros de vota¬ción, y de éstos a las mesas. Y en las me¬sas, aplicar un criterio sistemático de selección. por ejemplo entrevistar cada vi¬gésimo o trigésimo votante de la mesa10.
Por lo tanto, desaparecen de los diseños muestrales las zonas censales, las manzanas, los hogares y las personas en los hogares, y son sustituidos por centros de votación, mesas y votantes que concurren a sufragar11.
Desde el punto de vista del instrumento de medición, éste se sim¬plifica porque usualmente sólo importa conocer por cual candidato votó efectiva¬mente el entrevistado probabilístico o alea¬torio.
Las preguntas de caracterización o background social (género, tramo etario, etc.) se toman innecesarias, a menos que el investigador quiera con¬trolar estadísticamente su muestra.
Dado que los resultados de los exit polls sólo persiguen ofrecer con antelación las estimaciones de los porcen¬tajes de votación recibidos por los dife¬rentes candidatos para señalar a la audien¬cia quien ganó o perdió, no hay normal¬mente análisis cruzados en tablas de do¬ble entrada para establecer las influencias o determinaciones que las variables de ca¬racterización social tuvieron sobre el voto12. Simplemente no tienen importan¬cia. Lo atractivo del exit poll para los medios es informar con varias horas de antelación lo que todos sabrán posteriormente.
Tan clara es su finalidad predictiva, que es indispensable recordar que los exit polls surgieron por necesida¬des y/o aspiraciones de los propios me¬dios de comunicación de masas (estacio¬nes y cadenas televisivas), y no por inquie¬tudes de los metodólogos o de los investi¬gadores de opinión pública o conducta electoral. Estos últimos sólo recogieron las demandas de los medios e hicieron las adaptaciones de diseño muestral para man¬tener el rigor científico del procedimiento de muestreo13.
Como es natural advertir, muchos de los controles que habitualmente se adoptan para verificar que las entrevis¬tas se hagan efectivamente a los entrevis¬tados aleatorios se reducen o simplemen¬te se olvidan. Además, por el limitado nú¬mero de preguntas concentradas en torno a la preferencia electoral -si es que ella no es la única y exclusiva pregunta- ma¬nifestada en la votación declarada a la sa¬lida de urna, no es posible efectuar con¬troles de consistencia de respuestas como ocurre en una entrevista de extensión am¬plia realizada en el propio hogar del en¬trevistado probabilístico14.
Los alcances reales del exit polls, como técnica derivada o adapta¬da de la metodología del survey sample, no fueron suficientemente comprendidas por los canales y no se advirtieron los ries¬gos implícitos en su uso.
Tampoco lo hicieron los propios periodistas que participaron en la presentación y/o comentario de estos resultados, o en las entrevistas a los propios candidatos para señalarles que habían ga¬nado o perdido la elección
¡Nunca entendieron los alcances de las estimaciones estadísticas de los resultados, ni la manera más ade¬cuada de presentarlo a la audiencia! No tuvieron la prudencia necesaria para relativizar la presentación de los datos obtenidos y las asignaciones de triunfo o derrota presunta de los diversos candida¬tos que exhibieron alegrías y tristezas ante las cámaras televisivas.
El manejo comprensivo de lo que el exit poll puede entregar y so¬bre todo de sus limitaciones pareció estar absolutamente ausente, y la audacia reem¬plazó a la prudencia.
Después de todo, el gol¬pe noticioso y la lucha por la sintonía pa¬saron a ser los actores principales.
Este desconocimiento técnico de lo que era el exit poll y su me¬todología, tanto de periodistas como de reporteros llegó a tales extremos, que du¬rante la transmisión televisiva, éste reci¬bió distintas denominaciones. Algunos hablaron de "proyecciones"; varios de "pronósticos"; otros de "encuestas de voto emitido", y lo que se tornó más gracioso fue el empleo de la denominación de "aprontes" que emplearon dos periodistas como si se tratase de un sistema de apues¬tas de carreras de caballos, lo que podría estimarse inapropiado para la dignidad de los competidores electorales en su calidad de aspirantes a representantes del pueblo.
Tenemos la impresión de que los hombres de prensa que participa¬ron en la difusión de los resultados de los exit polls no entendieron su verdadera naturaleza.
Si hubiesen comprendido cabalmente lo que un estudio de encues¬tas por muestreo en general, y un exit poll en particular pueden ofrecer en términos de estimaciones estadísticas, su conducta ante las cámaras habría sido diferente.
El triunfalismo en la po¬sesión de resultados presuntamente casi in¬falibles y los arriesgados pronósticos de éxito o derrota de los candidatos no ha¬brían ocurrido. Tal triunfalismo fue pre¬cedido por una exagerada publicidad, tanto en los periódicos como en las pantallas televisivas, e incluso uno de los canales invitaba a la audiencia a sumarse a la fór¬mula ganadora que la estación representaba junto a la empresa sondeadora de opinión con la que se había asociado.
Las estimaciones del CEP-Adimark y Canal 7
A las 16:55 horas, el con¬ductor principal de Canal 7, en forma jubilosa, declaró estar emocionado porque había llegado el momento solemne en que se abriría el "sobre mágico" que contenía las estimaciones de los resultados de las elecciones presidenciales, de las eleccio¬nes senatoriales y de cinco diputacionales.
Las estimaciones proporcionadas por CEP-ADIMARK compara¬das con los resultados entregados por el Ministerio del Interior resultaron fallidas ya que sobreestimaron la votación de Eduardo Frei y subestimaron la de Arturo Alessandri, como se puede observar al comparar ambas fuentes de cifras:
Un estudio predictivo de resultados electorales no tiene por qué arrojar cifras exactamente iguales a las de la votación misma.
Lo importante es que, calculando los intervalos de confianza a partir de las estimaciones de punto entre¬gadas, tal intervalo contenga en su reco¬rrido -no con seguridad pero sí con deter¬minada probabilidad- al porcentaje de vo¬tación efectivamente producido. De no ocurrir ello, la estimación podría conside¬rarse como errónea, cualquiera que sea la causa o causas de ello.
Dado que los investigadores de CEP-ADIMARK, así como los conductores del programa, declararon rei¬teradamente a través de éste, que sus re¬sultados podrían tener un error del 3%, el límite inferior de la estimación de la votación de Frei no podría haber sido menor a 60,8% y la votación efectiva fue de 57,99%. En el caso de la estima¬ción de la votación de Alessandri, y supo¬niendo un error máximo de 3%, el límite superior de la estimación habría alcanzado a 24,8% y la votación real fue de 24,41%. CEP-ADIMARK no estimó adecuadamente la votación de Frei, pero sí la de Alessandri.
Los errores de estimación importantes se produjeron en los re¬sultados de las elecciones senatoriales. En la I Región, las discre¬pancias entre las estimaciones y el voto escrutado fueron marcadas.
Las estimaciones de CEP-ADIMARK subestimaron la votación de Julio Lagos en más de 6 puntos porcentuales, si consideramos el límite superior del intervalo de confianza (19,3%); y sobreestimaron la de Sergio Bitar, lo que hizo anunciar a uno de los conductores del programa que la Concertación por la Democracia había obtenido los dos senadores.
Una situación similar se produjo al entregar los resultados del exit poll en las elecciones senatoriales de la III Región, donde se sobreestimó a Sergio Carrasco y se subestimó a Ignacio Pérez Walker. Al primero de los nombrados se le dio por primera mayoría relativa, des¬plazando a Ricardo Núñez, y al segundo como derrotado.
Nuevamente, los resulta¬dos mostraban que la Concertación ob¬tendría dos asientos senatoriales, y así lo hicieron presente los conductores del pro¬grama y los periodistas del canal 7 en Copiapó al entrevistar a los candidatos que se suponían vencedores y perdedores.
Frente a las cifras de CEP-ADIMARK. Ignacio Pérez Walker declaró que se estaba en presencia de "un gran éxito de la Concertación o de un gran fracaso de CEP-ADIMARK".
En la V Región Cordille¬ra las discrepancias entre el exit poll y los resultados efectivos fueron mínimas. Pero en el caso de Sergio Romero el intervalo de confianza estimado no incluía la votación de éste.
En la V Región Costa, con¬siderada como una de las más disputadas, se sobreestimó la votación de Juan Hamilton y se subestimó la de Laura Soto y, sobre todo, la de Beltrán Urenda. Con estos resultados, la Concertación doblaba a la lista de la oposición y se quedaba con los dos cupos senatoriales. Frente a esta situación. Canal 7 entrevistó a un candi¬dato supuestamente ganador (Laura Soto) y a uno presuntamente perdedor (Beltrán Urenda). Los resultados reales demostra¬ron que el perdedor era realmente gana¬dor y el ganador, perdedor.
El límite inferior del intervalo de confianza de la votación de Juan Hamilton no podría haber sido inferior a 34,2%. Los límites superiores de las esti¬maciones de los intervalos de confianza para las estimaciones de votación de Laura Soto y Beltrán Urenda no podrían haber sobrepasado los valores de 27,7% y 23,2%, respectivamente.
En la VII Región Norte los pollsters asociados al Canal 7 fueron más cautos y advirtieron que los resulta¬dos podían revertirse.
Comparativamente, con los resultados finales se subestimó, más allá del límite superior de la propia esti¬mación de CEP-ADIMARK, lo que fue la votación del principal candidato a sena¬dor de la oposición en esta circunscripción senatorial. A Francisco Javier Errázuriz se le estimó una votación de 30.4% y obtuvo 37.84%.
En la IX Región Sur, las estimaciones de CEP-ADIMARK sobre¬estimaron en más de 10 puntos porcentuales la votación de Jorge Lavandero y subestimaron la de Víctor Carmine más allá del margen de error que señalaría el límite superior del intervalo de confianza.
Para Lavandero habían predicho un 52,6% y obtuvo un 39.31%. El límite inferior del intervalo de confian¬za de la estimación de Lavandero no de¬bió ser inferior al 49,6%.
CEP-ADIMARK y Ca¬nal 7 no entregaron estimaciones de exit polls en las regiones VII Sur y IX.
En cuanto a las estimaciones para las elecciones de diputados, solamente se proporcionaron resultados en cuatro distritos: 26 (La Florida), 13 (Valparaíso), 44 (Concepción) y 22 (San¬tiago Centro).
En el Distrito 22 (Santia¬go Centro), los pronósticos resultaron fa¬llidos. Se subestimó a Alberto Cardemil en más de 8 puntos de porciento y se se¬ñaló que la Concertación habría elegido a sus dos candidatos, situación que llevó al diputado Schaulsohn al ser entrevistado, a declarar que se trataba de "un hecho his¬tórico", porque nunca la alianza de gobier¬no había obtenido tan alta votación. En el Distrito 26 (La Flo¬rida). las estimaciones proporcionadas por CEP-ADIMARK sobreestimaron la vota¬ción de Mariana Aylwin en más de 6 pun¬tos porcentuales, pero no estuvieron fuera de los intervalos de confianza las estima¬ciones para los otros candidatos, con ex¬cepción de Gustavo Alessandri.
En el Distrito 23 (Las Condes, Vitacura, Lo Bamechea) las esti¬maciones de CEP-ADIMARK resultaron acertadas.
Al igual que en la elec¬ción senatorial de la VII Región Norte, Roberto Méndez advirtió que las estima¬ciones por él entregadas no permitían ase¬gurar quiénes serían los vencedores.
En el Distrito13 (Valparaíso), las estimaciones de CEP-ADIMARK subestimaron en más de 9 puntos de porciento a Francisco Bartolucci, e incluso los periodistas dieron por elegido como segundo diputado de la Concertación a Jorge Molina (ver gráfico).
Las estimaciones de vo¬tación para el Distrito 23 constituyeron. tal vez, el más importante fracaso esti¬mativo de CEP-ADIMARK, ya que suma¬das las estimaciones de votaciones de los dos candidatos de la Concertación (Cor¬nejo y Molina) la suma no sólo doblaba la estimación de la votación de la lista de oposición, sino que la superaba en 10,4 puntos de porciento adicionales.
En el Distrito 44 (Con¬cepción), las estimaciones de votación para José Miguel Ortiz y Sergio Arteaga estuvieron fuera del intervalo de confian¬za, más no así las de José Antonio Viera-Gallo.
Tanto los resultados de CEP-ADIMARK como los del Ministe¬rio del Interior demostraron que la Concertación elegía los dos diputados.
Como puede advertirse de las comparaciones de los resultados del Ministerio del Interior con los proporcionados en las estimaciones entregadas a tra¬vés de Canal 7, las predicciones electora¬les de los exit polls dejaron mucho que desear.
De las predicciones de CEP-ADIMARK, en tres de las seis elec¬ciones senatoriales se estimaron resulta¬dos gruesos que resultaron equivocados: ni Julio Lagos en la I Región, ni Ignacio Pérez Walker en la II Región, como tam¬poco Beltrán Urenda en la V Región per¬dieron los escaños que detentaban en la cámara alta.
En lo que respecta a las predicciones de las elecciones de diputa¬dos, los pronósticos del Canal 7 resulta¬ron diferentes en dos de los cinco distri¬tos estudiados, acertado en otros dos y en el Distrito 23 (Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea) se suspendió todo juicio al respecto, ya que los resultados no permi¬tían afirmar quienes serían ganadores y perdedores.
En estricto rigor, los re¬sultados estimativos de CEP-ADIMARK para el distrito 23 fueron científicamente correctos, ya que las votaciones reales que en definitiva recibieron cada uno de los candidatos estaban en los intervalos de confianza calculables a partir de las esti¬maciones de punto ofrecidas. Y como las diferencias entre estas estimaciones de punto eran tan reducidas, no les era posi¬ble a los analistas de CEP-ADIMARK aventurar un juicio de triunfo o derrota para los principales candidatos.
A pesar de ello, el prin¬cipal conductor del programa televiso, al entrevistar a Eliana Caraball señaló que "según la proyecciones de CEP-ADIMARK sería bastante improbable que usted se perdiera".
Las estimaciones de TIME y Canal 13
El Canal 13 realizó su exit poll con la empresa TIME, la que se¬ñaló que sus resultados se basaban de "5.400 entrevistas tabuladas" y cuyas es¬timaciones tenían un error de muestreo de +/- 1,7%15.
Las estimaciones que anunció Elías Selman. ejecutivo máximo de TIME, arrojaron los siguientes resultados para la elección presidencial (ver gráfico16):
Lo primero que llama la atención de estos "pronósticos" como los denominó Elías Selman es que aparezcan votos "nulos" y "blancos" como acerta¬damente reparó Carlos Figueroa, en su calidad de Director de Comunicaciones del Comando de Eduardo Frei, por la extrañeza que representaba que un exit poll arrojase porcentajes de votos nulos y blan¬cos.
Carlos Figueroa no dejaba de tener razón, ya que a menos que los entrevistados probabilísticos hubiesen manifestado expresamente que habían anulado el voto o que hubiesen votado en blanco, tales cifras resultaban sorprendentes y sin explicación.
Los intervalos de confianza calculables a partir de las estima¬ciones de punto de TIME, permiten soste¬ner que sus estimaciones fueron correctas para todos los candidatos con excepción de Frei, porque el límite inferior de la estimación de la votación de éste no com¬prendía el valor del resultado electoral efectivamente producido.
Sin embargo, las estima¬ciones de TIME fueron incorrectas para la mayor parte de las elecciones senatoriales. En la I Región, las esti¬maciones proporcionadas fueron (ver gráfico17):
Después de leer los resul¬tados, Elías Selman señaló que la Concertación obtenía los dos senadores, lo cual aparecía correcto de acuerdo a la estimación de TIME, ya que si se calculaba el límite inferior de la estimación de la vota¬ción conjunta de Bitar y Palza ésta llega¬ba a 55,9%, cifra más alta que el límite superior de la estimación de la votación sumada de Julio Lagos y Julio Dittborn (27,2%).
Lo que no dijo el espe¬cialista de TIME es que, considerando los límites inferior y superior de los intervalos de confianza, la votación de la Concertación no doblaba a la de la oposi¬ción.
Era imposible, de acuer¬do al +/- 4% de error muestral declarado por TIME, sostener que la Concertación había hecho elegir a sus dos candidatos a senadores.
De la comparación con los resultados oficiales, al igual que el exit poll de CEP-ADIMARK y Canal 7, se subestimó la votación de Julio Lagos.
En la III Región, Time no proporcionó resultados, pero sí lo hizo en V Región, en las dos circunscripciones se¬natoriales, Costa y Cordillera.
En la V Región Costa sus estimaciones fueron (ver gráfico19):
A pesar de que las esti¬maciones resultaron poco precisas, Selman señaló que estaría saliendo elegi¬do Juan Hamilton y que el segundo cupo estaba peleado entre Laura Soto y Beltrán Urenda. Aún cuando el exit poll de TIME, en esta circunscripción senatorial sobreestimó la votación de Juan Hamilton y subestimó la de Laura Soto y Beltrán Urenda, la consideración de los límites superior e inferior de la estimación de la votación de la Concertación Demo¬crática y del Pacto por el Progreso de Chile lo hizo adoptar un juicio prudente al no vaticinar la derrota de Urenda. En la V Región Cordillera, las estimaciones de Time fueron las siguientes:
TIME pronosticó que saldrían electos Ominami y Romero, lo que resultó cierto, pero la estimación de su intervalo de confianza no comprendió el porcentaje de votación de Ominami.
En la VII Región Norte, el estudio de TIME estimó los siguientes porcentajes de votación:
En esta circunscripción también se produjeron sobreestimaciones y subestimación. Errázuriz fue subesti¬mado en 4 puntos de porciento, pero al considerar el intervalo de confianza no podría calificarse como una estimación errónea. Pero, sí merecería este reproche la efectuada para Jaime Gazmuri.
En la VII Región Sur, los pronósticos estimativos de TIME fueron muy desacertados, ya que dieron dos se¬nadores para la Concertación por la De¬mocracia y perdedor a Hernán Larraín.
Sus resultados estimados fueron:
No se dieron estimacio¬nes para los restantes candidatos. Los intervalos de confianza para Hernán Larraín y Jorge Tarud no contuvieron la votación real de estos candidatos.
Frente a las conclusiones de uno de los conductores del programa de que saldrían elegidos ambos candidatos de la Concertación, Selman respondió afirmativamente, pero agregó que eso se¬ría así de "mantenerse la tendencia".
Lo que tal vez no reparó el investigador era que la estimación ya estaba formulada y, por lo tanto, no podía haber nuevos datos de su propio exit poll que la hiciesen variar.
En la IX Región Norte, TIME entregó los porcentajes de votación estimados para tres candidatos, omitien¬do a los restantes.
Ante estos resultados, uno de los conductores del programa vaticinó el triunfo de los dos candidatos de la Concertación, lo que fue corrobora¬do por el experto de TIME. Sin embargo, las estimaciones de TIME sobreestimaron, más allá del límite inferior del intervalo de confianza, la votación de Roberto Muñoz.
En la IX Región Sur, las estimaciones fueron:
Estos resultados no fue¬ron comentados ni por los conductores del programa ni por Elías Selman. Las estimaciones de TIME subestimaron a Eduardo Díaz y sobreestimaron a Jorge Lavandero, más allá de los límites correspondientes de sus intervalos de confianza.
Para las elecciones de di¬putados, TIME dio a conocer sus estima¬ciones exclusivamente en dos distritos, absteniéndose de entregarlos en el distri¬to 23 de Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea, por considerar su ejecutivo máximo que los resultados no permitían augurar ningún pronóstico.
En el Distrito 22 (Santiago Centro) las estimaciones entregadas por TIME fueron las siguientes:
Elías Selman cautamen¬te se abstuvo de señalar que la Concertación por la Democracia obtendría los dos diputados, y todas sus estimaciones de in¬tervalo de confianza resultaron correctas para cada uno de los candidatos del Dis¬trito 22.
En el Distrito 26 de La Florida, las estimaciones de Time mostra¬ban un claro triunfo para los dos candidatos de la Concertación.
Sin embargo, TIME sobreestimó y subestimó las votaciones predichas. En el caso de Mariana Aylwin, el límite inferior de la estimación del inter¬valo de confianza era de 37,7% y la vota¬ción de ésta fue de 32.91%. Y en el caso de Gustavo Alessandri, de acuerdo a la estimación del límite superior del intervalo de confianza de TIME no podría haber superado al 22,5% y la votación de éste fue 27,05%
Por último, en el Distrito 23 de Las Condes, Vitacura, y Lo Barnechea, Elías Selman no quiso pronosticar ningún resultado respecto de quienes se¬rían electos por considerar que las cifras estaban "dentro de los márgenes de error", agregando que "no quisiera dar por gana¬dor a alguien y por perdedor a otro".
¿Fueron mejores las estimaciones de TIME que las de CEP-ADIMARK? No nos parece que el des¬empeño de TIME haya sido mejor que el de CEP-ADIMARK, aún cuando sus erro¬res estimativos resultaron menos notorios que los de su competencia.
Sus desaciertos estima¬tivos más gruesos fueron en las eleccio¬nes senatoriales de la I Región y de la VII Región Sur.
En ambas circunscripciones senatoriales TIME predijo el triunfo de los candidatos de la Concertación por la Democracia y las derrotas de Julio La¬gos y Hernán Larraín.
En sus predicciones, TIME proporcionó subestimaciones y sobrestimaciones, más allá de los límites inferiores y superiores de sus intervalos de confianza, en todas las circunscripcio¬nes y distritos electorales donde trabajó y entregó resultados.
Sin embargo, sus predic¬ciones para la elección presidencial fue¬ron correctas, a diferencia de las de CEP-ADIMARK, que sobreestimó la votación de Frei.
Ello, junto a la antelación horaria con que el Canal 7 difundió los resultados predictivos de la presidencial, tal vez marcaron diferencias que hicieron aparecer a CEP-ADIMARK como propor¬cionando resultados deficientes y a TIME no.
Las mismas protestas del Comando de la Candidatura de Arturo Alessandri y del Partido Comunista de que los canales habían entregado resultados cuando aún las mesas de votación estaban abiertas, aumentó la notoriedad de los des¬aciertos estimativos de la dupla Canal 7 y CEP-ADIMARK.
Los lecciones del exit poll para los pollsters
Las empresas autoras de las primeras experiencias de exit polls transmitidos por televisión en Chile no han publicado ningún artículo que diagnosti¬que los posibles errores cometidos y las enseñanzas obtenidas para no repetirlas en el futuro20.
De ambos trabajos no se conoce ningún antecedente detallado de carácter metodológico y muestral, salvo los relativos a los tamaños de las mues¬tras. Se ignoran las características del di¬seño muestral, la distribución de la mues¬tra en distintas regiones, comunas y cen¬tros de votación. Se desconoce cómo en las mesas seleccionadas aleatoriamente se escogió a los votantes de la muestra.
Del trabajo de CEP-ADIMARK sólo sabemos -por declaracio¬nes en cámara del propio Roberto Méndez que su muestra alcanzó a 29.000 observa¬ciones, que el trabajo de entrevistas se cerró pasado el mediodía y que sus esti¬maciones tenían un error de muestreo de +/- 3%.
De la labor investigado¬ra de TIME conocemos que el tamaño muestral para el exit poll que estimaba los resultados de la elección presidencial fue de 5.400 entrevistados y que las estima¬ciones tenían un error muestral de +/-1,7%.
Estos datos de tamaño muestral y errores máximos de las estima¬ciones fueron proporcionados para los exit polls que estimaban la elección presiden¬cial. Para los otros sondeos de salida de urna destinados a estimar los resultados de las elecciones senatoriales y diputacionales seleccionadas para investigar se omitió toda información.
Ante tal carencia de datos técnicos de naturaleza pública, ¿qué se puede conjeturar como posibles factores responsables de las estimaciones falli¬das?
Un primer elemento a considerar es el que las muestras no ha¬yan sido probabilísticas, o que, habiéndolo sido en intención, su ejecución haya des¬naturalizado ese carácter21.
En la ejecución de los exit polls se plantea siempre una necesi¬dad de entrega pronta de los resultados y tal exigencia se traduce para muchos in¬vestigadores en la tentación de emplear muestras de cuota.
Independientemente que muchos pollsters chilenos crean todavía -equivocadamente, a nuestro juicio- en las bondades del muestreo de cuotas para hacer estimaciones paramétricas del valor de alguna variable, hay otros que por conve¬niencia -y confiados en que no produci¬rían resultados muy diferentes a los de una muestra probabilística- recurren a ellos22.
Nada se ha dicho del carácter probabilístico o intencional de las muestras empleadas, ni por CEP-ADIMARK ni por TIME.
De haberse empleado muestras intencionales de cuota, hallaría¬mos en este factor una explicación posi¬ble de las estimaciones erróneas. Máxime en el caso de CEP-ADIMARK cuyo ta¬maño muestral de 29.000 observaciones debería haber proporcionado estimaciones -de haberse empleado una muestra probabilística- con errores muestrales bastante inferiores al 3% declarado reiteradamen¬te durante el transcurso del programa23.
Si ocurrió que efectivamente se emplearon muestras de cuotas, ello implicaría una confirmación adicio¬nal a la larga serie de estimaciones equi¬vocadas que entregan los estudios reali¬zados con este tipo de muestras. Ella se inicia -para mencionar los casos más co¬nocidos- con los resultados del Literary Digest en 1936 en Estados Unidos, conti¬núa en el mismo país con las predicciones de George Gallup en las elecciones presidenciales de 1948 y sigue, en fecha más reciente, con la debacle generalizada de los pollsters británicos en las elecciones generales de 199224.
Otro problema relaciona¬do con la naturaleza probabilística de la muestra es el concerniente a la hora de cierre de la recolección de los datos. Como es natural entender, los entrevistados son aquellos que concurren en las primeras horas de iniciada la votación y no los que asisten a votar durante las ocho o más ho¬ras previstas legalmente para concurrir a sufragar25.
La necesidad de procesar los datos, computarlos e inflactarlos con los ponderadores para ofrecer las estima¬ciones paramétricas correspondientes a la población total de votantes obliga a poner término a las entrevistas varias horas an¬tes del cierre de las urnas, si se desea en¬tregar los resultados a las 17:00 horas.
Además, hay en las elec¬ciones en Chile muchas mesas que se cons¬tituyen con retardo, después de las 8:00 horas AM que prevé la ley electoral y que por mandato legal deben permanecer abiertas durante el lapso de ocho horas continuadas.
En tal circunstancia, ¿qué probabilidades de ser seleccionados tie¬nen, a pesar de ser votantes, los electores que han asistido a sufragar, después de concluida la hora de término para efectuar las entrevistas que tenían planificada las empresas e institutos investigadores?
Indudablemente una probabilidad cero
CEP-ADIMARK señaló que las entrevistas las había concluido pasado el mediodía del día de la elección, TIME no mencionó la hora de término de su recolección de datos, pero debió haber sido a una hora similar, ya que de lo con¬trario las restantes etapas del proceso de investigación no habrían podido concluir adecuadamente para estar en condiciones de entregar los resultados a las 17:00 horas.
Si eso fue así, entonces las muestras utilizadas por CEP-ADIMARK y TIME no fueron muestras estrictamente probabilísticas del universo de electores que concurrieron a votar el 11 de diciembre de 1993, sino tan sólo -en el mejor de los casos- de los votantes de las primeras horas de votación.
Y surge una pregunta, que ha sido formulada en otros países don¬de se ha utilizado el exit poll: ¿tienen los votantes que concurren en las primeras horas de votación las mismas característi¬cas socio-políticas y, sobre todo, iguales preferencias electorales que los asisten en la ultimas horas, cuando ya han cesado las entrevistas de los pollsters?26.
En el caso de Chile, no lo sabemos. Pero, por el sesgamiento producido en las estimaciones de CEP-ADIMARK y TIME, tal posibilidad no podría descartarse. Siendo el muestreo probabilístico un tipo de muestreo caracterizable por la propiedad de que to¬das las unidades componentes del univer¬so tienen una probabilidad conocida o cog¬noscible de aparecer en la muestra, cuyo valor es positivo y distinto de cero, los diseños muestrales de los exit polls no lo serían. O se trataría de diseños muestrales probabilísticos de quienes votan entre las 08:00 horas y las 12:00 horas del día, pero no del universo total de electores que vo¬tan entre las 08:00 horas y la hora del cie¬rre de las mesas, (16:00 horas, 17:00 ho¬ras o más).
La temporalidad del muestreo es un punto importante a respe¬tar si se quiere aplicar un diseño muestral probabilístico.
Una segunda hipótesis explicativa podría encontrarse, bajo el su¬puesto de que las muestras hubiesen sido efectivamente probabilísticas, en que la ejecución de la recolección de los datos a través de las entrevistas realizadas haya perdido tal carácter por incumplimiento de instrucciones de los entrevistadores o por reemplazos decididos por ellos.
De hecho, en un exit poll la realización misma de la ejecución de la recolección de datos de un diseño muestral probabilístico se hace muy difícil de con¬trolar por los supervisores encargados de vigilar el trabajo de los entrevistadores.
Una tercera hipótesis po¬dría ser la ocurrencia de una alta tasa de no respuesta, es decir, de personas aleatoriamente seleccionadas para ser en¬trevistados y que se negaron a responder. Una alta tasa de no respuesta, sobre todo cuando quienes rehúsan ser entrevistados después de votar poseen distribuciones de votaciones que no son proporcionalmente las mismas a los votantes que sí aceptaron ser entrevistados, sesga las estimacio¬nes y la magnitud del sesgo es desconoci¬do para los investigadores porque son sis¬temáticas y no aleatorias27.
Tanto en los exit polls como en cualquier otro tipo de estudio efectuado con las técnicas del survey sample. las altas tasas de no respuesta pue¬den sesgar las estimaciones y de hecho lo hacen cuando las distribuciones de res¬puestas de los respondentes son diferen¬tes a los de los no respondentes.
Las tasas de no respuesta fueron omitidas tanto por CEP-ADIMARK como por TIME, a pesar de que el Presidente de la UDI, Jovino Novoa, en un coloquio del Canal 7 donde partici¬pó, solicitó este dato.
Una cuarta y última con¬jetura, es lo que Marta Lagos ha denomi¬nado "el voto oculto de la derecha". Apoyándose en las ideas teóricas y las investigaciones empíricas realizadas en Alemania por Elizabeth Noelle Neumann, Marta Lagos ha soste¬nido que parte de los votantes de Arturo Alessandri y de los partidos de derecha, ocultan -al sentirse en minoría- sus reales preferencias políticas y sus verdaderas conductas electorales.
Esta posibilidad de voto oculto fue mencionada por Alfredo Torres del Grupo Apoyo del Perú, quien asesoró a CEP-ADIMARK. Este señaló, ante una pregunta sobre el voto oculto en favor de Alessandri y la centro derecha, cuando era evidente que las estimaciones habían re¬sultado sesgadas, que éste "existe y es mayor en Chile por su historia reciente". Desgraciadamente, no aclaró a "qué his¬toria reciente" se refería y cómo ésta se hacía presente en el sesgamiento de las es¬timaciones.
Agregó, a mayor abun¬damiento, que cuando las personas se rehúsan a ser entrevistadas a la salida de urnas, el error de las estimaciones se tor¬naba grande.
El "voto oculto", aunque interesante como explicación plausible de la constante subestimación que entregaron distintos institutos y empresas investigadoras de opinión pública sobre la intención de voto por Alessandri y los partidos de la Centro Derecha en los sondeos preelectorales y en los exit poll, amerita más estudios a futuro.
Creemos que el llamado voto oculto de la centro derecha o dere¬cha no es consistente ni con los supuestos ni con las proposiciones específicas de la teoría de la "espiral del silencio''. El que tal ocultamiento de voto sólo se manifieste en algunos votantes de la derecha y no en el de otras expresiones políticas minoritarias como lo fueron los votantes de Max Neef, Piñera, Pizarro o Reitze, no es coherente con lo que debería esperarse de acuerdo a las ideas de Elizabeth Noelle-Neumann. A menos que se pudiese pen¬sar que los votantes de otras expresiones minoritarias eran más fuertes en sus convicciones que los votantes de centro dere¬cha.
De existir un hipotético voto oculto de la derecha o de cualquier otra minoría política habría que recurrir en el futuro, al menos en algunos sondeos preelectorales de intención de voto o en los exit polls, a procedimientos alternativos a la entrevista personal.
Uno de ellos podría ser la simulación del voto, en que en vez de pre¬guntar al entrevistado probabilístico por quién votará (en estudios de intención de voto) o por quién sufragó, en los exit polls, se le entrega un símil de voto y se le pide votar, sin que el entrevistador observe por quien vota el entrevistado. Este termina depositando su voto en una urna de plás¬tico, cuya transparencia permite -a dife¬rencia de la de cartón o de madera- otor¬gar más confianza sicológica en el senti¬do de que se trata efectivamente de un estudio en que otras personas ya han vota¬do.
Este procedimiento ha sido aplicado en Chile por Roy Carter y Orlando Sepúlveda en la década de los 60, por Erika Himmel en los 70 y por Gabriel Davidovics y Guillermo Chadwick en los 80.
¿Cuál de todos estos factores o conjunción de factores, que en calidad de explicaciones hipotéticas hemos presentado, serían los responsables de las estimaciones sesgadas que se entregaron?
Ciertamente no lo podremos saber, a menos que los propios inves¬tigadores de CEP-ADIMARK y TIME suministren la información pertinente para sacar lecciones de esta malograda expe¬riencia. Tal apertura de información se toma indispensable, ya que el exit poll es una técnica de investigación que adecua¬damente empleada y sorteando los incon¬venientes que presenta su aplicación -de ser ello posible- puede ser de enorme uti¬lidad para los medios de comunicación masivos durante el desarrollo de los pro¬cesos electorales.
No creemos que el exit poll haya muerto en Chile, como señalase un conocida investigadora de opinión pú¬blica. No está "muerto" ni hay que "ente¬rrarlo". A lo sumo, debería hibernar un cierto período antes de pretender resurgirlo. Lo que debemos hacer es exami¬nar sus fallas en las elecciones del 11 de diciembre de 1993. Hay que resucitarlo y hacerlo reaparecer en escena paulatina¬mente, previas pruebas de su eficacia como técnica estimativa para que no com¬prometa el prestigio de los medios de co¬municación.
Creemosquelos pollsters chilenos deberían, en las próxi¬mas elecciones municipales, hacer estudios con el exit poll y confrontar sus esti¬maciones con los resultados que se pro¬duzcan.
Tratándose de pruebas destinadas a mejorar la técnica del exit poll, sería inconveniente dar a conocer sus resultados por las pantallas televisivas -y es muy improbable que los principales canales televisivos se arriesgasen a ello teniendo tan fresca en la memoria los acontecimientos recientes.
¿En qué condiciones de¬bería -a nuestro juicio- experimentarse con el exit poll?
Varias condiciones nos parecen indispensables.
Primero, hay que enfatizar el empleo de muestras efectivamente probabilísticas en que la obtención de los datos se haga exclusivamente en los vo¬tantes aleatorios de la muestra, sin reem¬plazo de ninguna especie cuando estos rehúsan ser contactados. Esto permitiría conocer realmente las tasas de no respuesta28.
También se hace necesa¬rio utilizar como penúltima unidad de muestreo la mesa de sufragio y no los pun¬tos de salida del centro de votación.
Esto puede ser difícil, pero no imposible y nos parece mejor, ya que los votantes de todas las mesas ten¬drían posibilidades de ser seleccionados en la muestra. Al considerar a los votan¬tes de una mesa como conglomerado po¬drían calcularse los coeficientes de correlaciones intra-clase y estimarse mejor los errores muestrales.
En seguida, es necesario mantener en las mesas seleccionadas aleatoriamente la temporalidad muestral durante las ocho o más horas de votación.
Con ello se podrían ha¬cer dos distribuciones de estimaciones de resultados. La primera comprendería a los votantes de la mañana (08:00 - 13:00 hrs.) y a los de la tarde (13:01 horas al cierre).
Estos resultados y su comparación permitiría despejar las dudas respecto de las similitudes o diferencias en las distribuciones de preferencias elec¬torales, entre los votantes de la mañana y los de la tarde.
De ser distintos los patrones de votación, obtendríamos una gran enseñan¬za para la realización a futuro de exit polls con resultados efectivamente comunica¬bles a través de las pantallas televisivas.
Sería factible proporcio¬nar dos tipos de resultados. Las estima¬ciones para los votantes de la mañana y las estimaciones para todos los votantes (mañana y la tarde).
Estas estimaciones tota¬les, presentadas como estimaciones con sus respectivos intervalos de confianza, siempre podrían ser difundidos con algu¬nas horas de anticipación a los resultados del Ministerio del Interior.
Por ultimo, creemos in¬dispensable que se recoja la información de votación a través de un símil de voto y de una urna transparente (de plástico). Ello posibilitaría disminuir las tasas de recha¬zo y los errores de respuesta (votos ocul¬tos o tergiversados).
Incluso, sería interesante hacer pruebas comparativas de resultados de muestras con empleo de urnas y con cédulas de entrevistas, no sólo de las vo¬taciones mismas sino también de las mag¬nitudes de los rechazos.
Estas condiciones deben ser sometidas a prueba, obtenerse las con¬clusiones respectivas, y mientras no se ten¬ga una razonable seguridad que el exit poll trabaja bien en su función estimativa de resultados electorales, no debemos lanzar¬lo a una nueva derrota en las pantallas de televisión.
No sólo está comprome¬tido en los éxitos y fracasos del exit poll el prestigio de los institutos y empresas sondeadores de la opinión, también lo está la credibilidad pública de los medios. Máxime cuando el grueso público y aún la gente educada, no entiende adecuada¬mente lo que los resultados de este tipo de estudio proporcionan.
Las lecciones que el exit poll dejó a los medios de comunicación
Las experiencias de los exit polls debieran dejar algunas leccio¬nes a los medios. No cabe duda que los eje¬cutivos que decidieron emprender la aven¬tura del exit poll no estaban plenamente conscientes de sus limitaciones. Como señaló la ejecuti¬va de un canal: "A mí me aseguraron que los resultados serían absolutamente ciertos”29.
Lo que los directivos de los canales no conocían realmente, es que ningún estudio en base a muestras, y el exit poll es sólo una variedad de los estu¬dios de encuestas por muestreo, puede ofrecer certeza.
Ni el estudio que posea el mejor diseño muestral o que se haya de¬sarrollado a la perfección en la recolec¬ción de datos puede hacerlo. Ello por la propia naturaleza del carácter estimativo que todo resultado muestral entrega res¬pecto de los valores en el universo o po¬blación y que impide presentar los resultados en la forma como lo hicieron los con¬ductores de los canales de televisión.
En cualquier exit poll y/o estudio de encuestas por muestreo de na¬turaleza electoral, sólo se pueden ofrecer estimaciones de los porcentajes de votación dentro de ciertos límites y con una probabilidad determinada que nunca alcanza a 1 (certeza).
Bajo el supuesto de que la muestra sea probabilística, que la tasa de no respuesta sea cero (no haya no respondentes) y que no existan errores de respuesta (la gente declare que votó por el candidato por el cual efectivamente su¬fragó) se puede, a través de las estimacio¬nes de punto, construir los intervalos de confianza para un nivel de seguridad o confianza estadística determinado.
En términos menos téc¬nicos, con los resultados de los datos muestrales (estadígrafos) se pueden infe¬rir los resultados del universo o población (parámetros poblacionales) previas inflactaciones o ponderaciones en función de las probabilidades de selección de las unidades muestrales de cada etapa.
Así, por ejemplo, si un estudio establece un 58% de votación para Frei (estimación de punto), se torna posi¬ble establecer, de acuerdo a un juicio de probabilidad, como sería un 95 % de se¬guridad o confianza estadística, que la votación de Frei estará en el universo o población de votantes entre tal límite como inferior y cual límite como superior. Y así, si el error de estimación calculado a posteriori hubiese sido de 3.2% de puntos de porcentuales, el investigador debería presentar sus resultados señalando que de acuerdo a sus datos, existiría una proba¬bilidad de 95% de que la votación de Frei en el universo estaría entre 54.8% como límite inferior y 61,2% como límite superior30.
Ello implicaría que hay un 5% de probabilidades que la estima¬ción ofrecida arroje una estimación de in¬tervalo que no contenga en su interior al parámetro poblacional (resultado efectivo de la votación por Frei).
¿Y se podría tener certeza?
¡Nunca! Sería factible, eso sí, al determinar los requerimientos muestrales, elevar el nivel de seguridad estadística a 96%; 97%; 98%; y hasta 99,7%, pero nunca hasta 100% (certeza), porque al trabajar con muestras siempre hay una probabilidad -por pequeña que ésta pueda ser- que nuestros intervalos de confianza no comprendan el parámetro poblacional.
La propia naturaleza de la inferencia estadística debería hacer pen¬sar a los medios de comunicación que cer¬teza no tendrán jamás, porque científica¬mente la inducción de parámetros no la permite.
Así como el olmo no da peras, las inferencias a partir de una mues¬tra no dan certeza. Lo único que la estadística como disciplina matemática posibili¬ta, a partir de los resultados de una única y exclusiva muestra dentro de miles o mi¬llones de muestras posibles del mismo ta¬maño y obtenibles con igual diseño y pro¬cedimiento de selección, es una estima¬ción de parámetros que permita construir los intervalos de confianza. El punto esti¬mado no es la mejor estimación bajo nin¬gún aspecto. Lo es el intervalo de confian¬za con la mención de sus límites superior e inferior, y el nivel de seguridad con que se expresa la probabilidad que el interva¬lo contenga al parámetro.
Y esto siempre que no se haya producido rechazo de los entrevista¬dos probabilísticos (los que efectivamente debieron ser entrevistados por ser seleccionados aleatoriamente, y no hayan errores de respuesta (ocultamiento de vo¬tos o mentiras).
Rechazo de los entrevistados probabilísticos siempre hay en todo estudio y el exit poll no escapa a esta condición. También se presenta en cualquier estudio el error de respuesta, el que puede ser variable según la naturaleza del tipo de estudio de que se trate.
En los exit polls el entrevistado aleatorio (de serlo) responde, al ser interrogado por quién votó, nombrando la persona o personas por las que sufragó. El exit poll no constituye una metodolo¬gía que permita -más allá de la honesti¬dad del entrevistado- corroborar de algu¬na manera la veracidad del dato de votación. Mal entonces se hace en llamarlo "encuestas de voto emitido a la salida de urnas" y mejor denominación sería "en¬cuestas sobre voto declarado a la salida de urnas".
Estas consideraciones téc¬nicas no fueron suficientemente pondera¬das por los medios y el rating los obligó a bailar en una cuerda floja de la cual final¬mente cayeron.
¿Qué lecciones se pueden aprender de esta experiencia que también daña a los medios televisivos y no sólo a los sondeadores?
Reconociendo el tremen¬do esfuerzo humano y financiero que para los canales 13 y 7 representó la realización de los exit polls, creemos que hay una gran elección a aprender y ella no es otra que no comprometerse a futuro en este tipo de estudios, hasta que la técnica esté lo suficientemente probada a través de un número apreciable de experiencias de resultado positivo.
Al margen de la calidad profesional de quienes emprendan esta cla¬se de estudios y de los controles técnicos que se planifiquen, el exit poll tiene dema¬siados riesgos que ha hecho que no sólo haya fracasado en Chile en su debut televisivo, sino también en otros países31.
Ni George Gallup ni Louis Harris, como tampoco Daniel Yankelovitch, para nombrar a algunos pollsters de reputación reconocida, podrían garantizarle certidumbre en resultados afec¬tos a la posibilidad de tantos tipos de erro¬res. Ni aún Warren Mitosky, tal vez el más conocido y prestigiado investigador de exit polls, podrían ofrecerle a los medios de comunicación la certeza que estos requeri¬rían para dar por ganador o perdedor a un candidato.
Mientras el exit poll no pruebe sus bondades de eficacia en Chile, parece prudente, si se quiere anticipar los resultados electorales, continuar utilizando el método de muestras de mesas con vota¬ción escrutada.
Ello permite ganar varias horas de antelación a los resultados oficia¬les del Ministro del Interior, sin asumir los riesgos del exit poll. Al estimar resultados con muestras de mesas de votación efecti¬va y no con meras declaraciones de vota¬ción, los medios televisivos tienen la posi¬bilidad de anunciar resultados prácticamen¬te seguros.
Basta con que las exigencias de diseño muestral contemplen altas precisio¬nes para las estimaciones y elevados nive¬les de confianza estadística, como, por ejemplo, el pedir que las estimaciones ten¬gan un error de no más del 1 % bajo el su¬puesto de varianza máxima con un nivel de seguridad estadística del 99,7%.
Todo buen periodista bus¬ca la difusión objetiva de hechos a través de la información y la interpretación de los acontecimientos que constituyen las noti¬cias. Sin embargo, ¿cómo se puede lograr una total objetividad si somos seres huma¬nos? y ¿cómo interpretar a cabalidad un hecho si no poseemos suficiente conoci¬miento, o nos falta experiencia para hacer¬lo?
Frente a los resultados de una encuesta en general, un periodista po¬dría preguntarse ¿qué puede ser más obje¬tivo que un número?Sin embargo, la lec¬tura de las páginas anteriores indican que esto no es así y que debe primar la cautela al dar a conocer los resultados.
Considerando la expe¬riencia norteamericana con los exit polls, y debido a la competencia, para todo canal siempre existe la presión por ser el prime¬ro en dar los resultados. Sin embargo, es necesario reconocer que a mayor rapidez en las proyecciones, menor será la exacti¬tud. De hecho, el padre de los exit polls, Warren Mitofsky, en conjunto con la cade¬na de televisión CBS, nunca han sido los primeros en dar a conocer a los presuntos ganadores, pero sus estimaciones han sido las mejores.
Incluso, en una oportunidad en que las cifras de las primarias de Wisconsin en 1976 eran muy estrechas, Mitofski pre¬firió no entregar los resultados. Otros ca¬nales de televisión sí se aventuraron, pro¬porcionando resultados erróneos. El inves¬tigador declaró que el más grande éxito que logró fue el mantener su boca cerrada.
La precaución en la entre¬ga de los resultados del exit poll es, a nues¬tro juicio, responsabilidad tanto de los ca¬nales como de los investigadores. Esto ne¬cesariamente exige un claro entendimien¬to entre ambos, como lo tuvo Mitofsky y William Leonard, director de noticias de la CBS en 1967, cuando efectuaron el primer exit poll difundido en televisión. El fin de semana antes de los sufragios, Mitofsky recuerda que Leonard fue a su oficina y dijo que no le importaba cuánto se demorase, porque quería que las estimaciones fueran correctas. Esto era lo que el investigador quería oír... la sustancia era más importan¬te que la velocidad de la entrega de los cóm¬putos.
En segundo lugar, la cau¬tela dice relación con un hecho que ya ha sido probado en Estados Unidos: los pe¬riodistas son los primeros en ser convenci¬dos por los resultados de los exit polls. De nada sirve señalar constantemente que se trata de resultados preliminares, si se organiza el espacio informativo con entrevistas a los supuestos ganadores y perdedores de la encuesta de voto declarado a la salida de las urnas. Además, sabiendo que la interpretación de los resultados requiere de la visión de los expertos, es mejor destinar el mayor tiempo posible a ellos para explicar sus resultados y permitirles sacar conclusiones, aunque se corra el riesgo de que el televidente comience a hacer zapping.
Por lo mismo, se debe evitar poner palabras en la boca del pollster dándole tiempo sólo para decir un sí o un no; él es la fuente de la noticia. Una elección no tiene por qué ser tan excitante para el telespectador como un partido de la selección nacional en el Mundial de Fútbol.
Además, cualquier el exit poll siempre va a estar sujeto a posibles errores y en la información se deben entre¬gar todas las caras de una noticia. Frente a ello, la experiencia de uno de los canales chilenos de situar al pollster en una esqui¬na de la mesa junto a políticos de distintas tendencias, no sólo le disminuye cautamen¬te el perfil a los resultados obtenidos, sino que, además, permite el diálogo y sobre todo las críticas inmediatas de los presun¬tos afectados.
Las reflexiones anteriores nos llevan a concluir en la necesidad de un periodista especializado y de un periodis¬mo de precisión. Meyer define a este últi¬mo como un periodismo más científico, "esto significa tratar el periodismo como si fuese una ciencia, adaptando el método, la objetividad y los ideales científicos al entero proceso de comunicación"32.
En otros países, como Estados Unidos, la divulgación de resultados de exit polls a través de la televisión ha generado un constante debate, intentos de regulación a nivel federal y la prohibición expresa de su realización en algunos esta¬dos.
En la profesión periodís¬tica también se mantiene una fuerte con¬troversia sobre la conveniencia de realizarlo o no. Destacan entre los argumentos desfa¬vorables el que los periodistas, al entregar los resultados de un exit poll y al interpre¬tarlos, no se refieren a un hecho conocido o sabido porque realmente ocurrió, sino que caen en el terreno de la adivinación. Otros sostienen que las proyecciones del exit poll no tienen otra función que elevar el orgu¬llo profesional de los departamentos de noticias de las cadenas televisivas. Y no faltan los más drásticos en su critica, que señalan que estos estudios de exit poll han sido diseñados exclusivamente para aumen¬tar el rating y obtener más dinero por me¬dio de los comerciales. Tal objeción no es¬tuvo ausente en la calificación que muchos han hecho de las conductas y motivaciones de los canales de televisión chilenos el 11 de diciembre de 1993.
La crítica política más re¬currente en los Estados Unidos para atacar la difusión de los exit polls por los medios de comunicación audiovisuales es la de sostener que ellos interferirían en la elec¬ción misma y afectarían sus resultados. Debido a las diferencias horarias en los Estados Unidos, se ha sostenido que los electores de la costa oeste que votaban por el candidato perdedor en las elecciones pre¬sidenciales disminuirían sus motivaciones para concurrir a las urnas, cuando en cono¬cimiento de las proyecciones del exit poll se percataban de la inutilidad de su asis¬tencia a los lugares de votación.
Tal argumentación no tie¬ne sentido en nuestro país, porque ni hay diferencias horarias ni el votar es un derecho que pueda ejercerse voluntariamente una vez que se está inscrito.
Independientemente de que los canales de televisión no obraron bien al comunicar sus resultados cuando aún había mesas electorales funcionando, pretender que la difusión de los resultados de los exit polls tuvieron un impacto en las conductas electorales de los votantes tar¬díos constituye una especulación cuyo peso de prueba recae en los que así lo han afir¬mado.
Por su parte, los defensores del exit poll en Estados Unidos, espe¬cialmente las principales cadenas que se han comprometido en la realización y di¬fusión de estos estudios, invocan las liber¬tades de trabajo y prensa como sus princi¬pales argumentos, sin dejar de advertir que la libertad de información de los medios debe ejercerse responsablemente.
¡He aquí un tema de reflexión para nosotros!
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