auxi auxi Cuadernos de Información n° 12, 1997 auxi auxi
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Periodismo público: nuevas respuestas a preguntas clave

El periodismo público es una idea que está siendo explorada y discutida tanto por periodistas como por no periodistas, que tratan de encontrar nuevas respuestas a tres preguntas relacionadas entre sí: Primero, ¿cuál es el rol de los ciudadanos en una democracia? Segundo, ¿cuál es el rol de los periodistas en una democracia? Tercero, ¿cómo coinciden esos roles? En otras palabras, qué obligaciones tienen los periodistas hacia los ciudadanos y cómo pueden ser cumplidas. Davis «Buzz» Merritt estuvo en un seminario para profesionales en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica e intentó dar respuesta a estos interrogantes.

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Davis «Buzz» Merritt

Editor y vicepresidente de The Wichita Eagle, consultor sobre temas de periodismo público para la cadena Knight Reader [bmerritt@wichitaeagle.com]

 

Lo primero que es necesario entender acerca del periodismo público es que éste es una idea; una filosofía. No es una práctica establecida o una serie de técnicas.

Es una idea que discuten y exploran personas, tanto periodistas como no periodistas, que buscan nuevas respuestas a tres series de preguntas relacionadas entre sí:

Primero, ¿cuál es el papel de los ciudadanos en una democracia?

Segundo, ¿cuál es el rol de los periodistas en una democracia?

Tercero, ¿de qué manera coinciden estos dos roles? En otras palabras, qué obligaciones tienen los periodistas hacia los ciudadanos y cómo pueden cumplirse esas obligaciones.

Es necesario que abordemos esas preguntas, esas series de preguntas, una después de la otra si queremos entender lo que el periodismo público está tratando de lograr y lo que puede significar.

La primera pregunta, ¿cuál es el papel de los ciudadanos en una democracia?, no es tan simple como parecería a primera vista. La respuesta a esta pregunta depende de nuestra visión de la naturaleza humana. ¿Es la gente realmente capaz de mantener una democracia? O estamos tan envueltos en nuestras preocupaciones personales y estrechas que no somos capaces de pensar y de actuar de una manera pública, cooperativa? ¿Posee la mayoría de la gente la inteligencia y el juicio necesarios como para entender su conexión y la necesidad de cooperación, o debe dejarse esto a los líderes?

 

Los ciudadanos no sólo votan

Hace sesenta años, en Estados Unidos, dos filósofos influyentes discutieron largamente sobre estas preguntas, y el resultado de ese debate dio el tono y estableció el modelo para la democracia y para el periodismo estadounidenses que aún existen hoy en día. Es ese tono, esa visión, la que el periodismo público trata de cambiar.

Uno de esos filósofos influyentes, Walter Lippmann, argumentó que era imposible que una democracia de gente común y corriente funcionara en el mundo posterior a la Revolución Industrial. Ese mundo, decía él, era tan complejo que era necesario imponer algún tipo de «habilidad» entre el ciudadano privado y su medio ambiente. Los sociólogos, sostenía él, debían encabezar las decisiones en vez de quedarse detrás de ellas.

Esos «expertos desinteresados» debían dirigir sus opiniones no al ciudadano medio sino que a una elite gobernante, protegiendo de tomar decisiones a quienes él llamó ciudadanos del deber y del rigor, desesperadamente ineptos, confundidos, prejuiciados, frívolos e indiferentes. Sus decisiones debían limitarse a emitir un voto ocasional. Ese voto sería simplemente favorable a «los que están adentro», si las cosas andaban relativamente bien y favorable a «los que están afuera», si no era así.

John Dewey, el otro filósofo, no estaba de acuerdo. En realidad, decía él, «La mismísima ignorancia, confusión, frivolidad, celos, inestabilidad que supuestamente incapacitan» a los ciudadanos comunes y corrientes para gobernarse a sí mismos, los vuelven aún menos capaces de someterse pasivamente a la autoridad de una elite gobernante.

Lippmann comparaba al público con espectadores que van al teatro y llegan en la mitad del tercer acto, se sientan en el balcón más apartado, y se van antes de que termine la función. Ese tipo de personas no tienen ni la capacidad ni el interés para dirigir los asuntos públicos de manera responsable. Lo mejor que pueden hacer es elegir sabiamente a sus líderes.

Dewey argumentaba que la única legitimidad que podía tener un gobierno provenía directamente de la gente; es una autoridad prestada, no regalada. La diferencia, sostenía él, entre la elite y el ciudadano medio de Lippmann no era tanto la inteligencia o las buenas intenciones como la posesión de información.

Sin embargo, la visión de Lippmann prevaleció durante sesenta años y aún se refleja en gran parte de la vida pública en los EE.UU. Los expertos se encargarán de todo; los ciudadanos sólo deben acatar y de vez en cuando calcular cuán contentos están y expresarlo en las urnas.

 

Más que simple información

Tal como lo previó Dewey, no obstante, apareció una enorme división entre la elite gobernante y el ciudadano común. Uno de los síntomas de esta brecha en la vida de los EE.UU. en los años 90 es el rápido crecimiento del movimiento conservador. Otro, es un amplio y cada vez mayor esfuerzo de los ciudadanos por crear sus propias iniciativas alrededor de o a pesar del gobierno.

Es así como los problemas fundamentales planteados por Lippmann y Dewey han vuelto a la superficie para ser discutidos una vez más. Quienes participamos del periodismo público pensamos que la visión que Dewey tenía del público era la mejor para una democracia saludable. Nosotros sostenemos que la deprimente visión de Lippmann ha sido puesta a prueba durante seis décadas y declarada defectuosa.

De tal manera que la respuesta del periodismo público a la pregunta ¿cuál es el papel de los ciudadanos en una democracia? es algo como: La democracia funciona mejor cuando los ciudadanos participan a todo nivel; cuando sus puntos de vista informan y guían las acciones de representantes elegidos. Pero en un mundo complejo inundado de información, los ciudadanos necesitan ayuda para separar la información importante de la información irrelevante y necesitan un método para participar en conversaciones acerca de las implicaciones de esa información.

Es ahí donde el periodismo público empieza a contestar la segunda pregunta: ¿Cuál es el rol de los periodistas en una democracia?

Nosotros pensamos que el rol de los periodistas va mucho más allá de la simple entrega de información. Ciertamente es nuestro trabajo entregar noticias acerca de los hechos y de las tendencias, pero si nos limitamos a eso, no servimos ni los intereses de la democracia ni los nuestros.

Esta opinión constituye para nosotros, sin embargo, un problema muy práctico: cómo movernos más allá de la simple entrega informativa. La cultura periodística que creció alrededor de la visión de Lippmann es una cultura de indiferencia, de desconexión entre los periodistas y los ciudadanos. Los periodistas, en el moldede Lippmann, sirven a la clase especializada de administradores y expertos que están gobernando. Los periodistas, la elite gobernante y los líderes son, piensan ellos, los más aptos para debatir y decidir acerca de lo que debería ocurrir. Tal actividad está simplemente fuera de la capacidad del ciudadano medio.

Esa cultura del elitismo periodístico está firmemente incrustada. Cambiar la cultura del periodismo en los EE.UU. no constituye una tarea fácil, pero ésa es la tarea que el periodismo público se ha fijado.

Aún no sabemos cómo lograr ese cambio. Estamos recién empezando a explorar y experimentar. Nuestro mayor objetivo consiste en aprender cómo transformar el periodismo para lograr que los ciudadanos participen más profundamente en la democracia, en la vida pública.

Lo que nos lleva a nuestra tercera serie de preguntas: cómo se juntan los roles de los ciudadanos y de los periodistas; en otras palabras: ¿qué obligaciones tienen los periodistas hacia los ciudadanos y cómo pueden cumplir esas obligaciones?

 

Los periodistas también somos ciudadanos

Ciertamente es la democracia la que otorga a los periodistas los privilegios y las libertades de que gozan. Es por ello que los periodistas están interesados en que la democracia, la vida pública, sea vigorosa y sana. No debería pasarse por alto –pero a menudo lo hacen los periodistas estadounidenses– que nosotros también somos ciudadanos. Tenemos, inevitablemente, todas las obligaciones de los ciudadanos.

De tal manera, nuestra breve respuesta a la pregunta de cuál es el rol de los periodistas en una democracia es: los periodistas tienen la obligación de ayudar a que la vida pública, la democracia, funcione bien haciendo nuestro trabajo de una manera que ayude a los ciudadanos a participar directamente. A ver a la gente no como espectadores de un hecho o como una audiencia que es necesario entretener sino que como ciudadanos capaces de actuar.

Ese simple cambio de perspectiva cambia también, y mucho, la manera en que los periodistas trabajan. Pero lograr que se den cuenta de la necesidad de ese cambio es muy difícil y requiere de un cambio cultural a largo plazo.

Sospecho que mucho de lo que he dicho debe parecer evidente. Es necesario recordar que varias generaciones de periodistas estadounidenses nunca han conocido la falta de libertad. Durante 220 años han gozado de una total libertad para hacer lo que mejor nos parezca. Esta libertad, sin embargo, ha tenido por consecuencia separar a los periodistas de la ciudadanía, porque no comprenden la profunda conexión entre su trabajo y la democracia.

Conversando con periodistas de todo el mundo durante estos últimos años, tengo que reconocer que la mayoría de los que no son estadounidenses, que actúan en otras democracias de larga data, entienden muy bien esta conexión. Los chilenos han sido parte de la lucha por la democracia.

Estas distintas historias plantean, me parece, algunas preguntas importantes: ¿Cómo se puede usar la experiencia chilena en la apreciación del vínculo entre la democracia y el periodismo para evitar los errores que han ocurrido en los EE.UU. durante los últimos sesenta años?

Dentro de sesenta años, ¿encontrarán los chilenos que su democracia y su periodismo sufren de la desazón que afecta a esas instituciones en los EE.UU.? O bien, ¿practicarán un periodismo que vuelva la democracia vigorosa y permanente y asegure la credibilidad de su profesión?

Yo pienso que la filosofía del periodismo público ofrece algunas respuestas a estas preguntas, y espero que aquellos que participan en periodismo público en Chile puedan encontrar esas respuestas.

 

Periodismo público: Bibliografía comentada

Bibliografía básica

• Anderson, Rob; Dardenne, Robert y Killenberg, George M.: The conversation of journalism: communication, community, and news, Praeger, Westport, Conn., 1994. HHH

• Black, Jay (ed.): Mixed news: the public/civic/communitarian journalism debate, L. Erlbaum Associates, Mahwah, N.J. 1997. HH

• Boyte, Harry y Kari, Nancy N.: Building America: the democratic promise of public work, Temple University Press, Philadelphia, Pa., 1996. HH

• Charity, Arthur: Doing public journalism, Guilford Press, New York, 1995. HH

• Christians, Clifford G.; Ferre, John P. y Fackler, Mark: Good News: Social Ethics and the Press, Oxford University Press, 1993. H

• CQ Researcher, Vol. 6, Nº 35, Sept. 20, 1996. HHH

• Davidson, James: Before the Shooting Starts, Free Press. HHH

• Dionne, E. J.: Why Americans hate politics, Simon & Schuster, New York, 1991. HHH

• Fallows, James M.: Breaking the news: how the media undermine American democracy, Pantheon Books, New York , 1996. HHH

• Fowler, Robert Booth: The dance with community: the contemporary debate in American political thought, University Press of Kansas, 1991. HH (Una buena visión de las discusiones académicas acerca de las comunidades. Puede ahorrar muchas otras lecturas).

• Gerzon, Mark: A house divided: six belief systems struggling for America’s soul, G.P. Putnam’s Sons, New York, 1996. H

• Harwood, Richard: Meaningful Chaos: How People Form Relationships with Public Concerns, Kettering Foundation (www.kettering.org) HHH

• Harwood, Richard: Tapping Civic Life, Pew Center for Civic Journalism, Washington D.C. (www.pewcenter.org/PUBLICATIONS/TAPPING/toc.html) HHH

• Iyengar, Shanto: Is anyone responsible?: how television frames political issues, University of Chicago Press, 1991. HHH

• Mathews, Forrest David: Politics for people: finding a responsible public voice, University of Illinois Press, 1994. HHH

• Neuman, W. Russell; Just, Marion R. y Crigler, Ann N.: Common knowledge: news and the construction of political meaning, University of Chicago Press, 1992. HHH

• Postman, Neil: Amusing Ourselves to Death, Penguin, Viking, Nueva York, 1985. HHH

• Putnam, Robert D.; Leonardi, Robert y Nanetti, Raffaella Y.: Making democracy work: civic traditions in modern Italy, Princeton University Press, New Jersey, 1993. HHH

• Rheingold, Howard: The virtual community: homesteading on the electronic frontier, Addison-Wesley Pub. Co., 1993. HHH

• Yankelovich, Daniel: Coming to Public Judgment, Syracuse University Press, 1991. HHH

 

Bibliografía asociada

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• Garreau, Joel: Edge city: life on the new frontier, Doubleday, New York, 1991. HHH (Una gran obra acerca del futuro de las comunidades).

• Bloom, Allan David: The closing of the American mind, Simon and Schuster, New York, 1987. H

• Kunstler, James Howard: The geography of nowhere: the rise and decline of America’s man-made landscape, Simon & Schuster, New York, 1993. H

• Lappe, Frances Moore y Du Bois Paul Martin: The quickening of America: rebuilding our nation, remaking our lives, Jossey-Bass Publishers, San Francisco, 1994. HHH

• Stamm, Keith R.: Newspaper use and community ties: toward a dynamic theory, Ablex Pub. Co., Norwood, N.J., 1985. HH

• Bellah, Robert N. et al.: Habits of the heart: individualism and commitment in American life, University of California Press, Berkeley, 1996. HH

• Tocqueville, Alexis de: La democracia en América, varias ediciones. HH

 

HHH Lectura obligada HH Lectura recomendada H Buena lectura relacionada con el tema

 

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