El pueblo salvadoreño los ha denominado "las víboras de Camino Real". Son corresponsales, huéspedes del hotel de ese nombre -el más lujoso de San Salvador-, que sin moverse de su confortable y seguro alojamiento, "informan" al mundo sobre las alternativas del dramático conflicto que trae desgarrada a esa nación.
No buscan la noticia en el terreno donde se mueve la guerrilla, ni en los campos o poblados que sufren las consecuencias. No, ellas les son entregadas como quien dice "a domicilio": en sus habitaciones, en el bar o en el "lobby" del hotel. No se preocupan mayormente de verificarlas, pero igual no más, las difunden con todo desparpajo. Tampoco les interesa la exactitud informativa. En cambio sí, y mucho, que las noticias coincidan con los perjuicios o intereses ideológicos propios o de sus mandantes.
Extraña manera de hacer periodismo. Pero, en punto a originali- dad; no es la única. En nuestro medio hemos conocido últimamente otro sistema.
La receta es simple: se juntan unas decenas de disidentes premunidos de pancartas, lienzos y elementos análogos; se reúnen en un sitio adecuado -escalinatas de templos, patios universitarios o esquinas concurridas- y, previo aviso a los corresponsales de que se realizará una "protesta", se desarrolla el acto con vocerío de consignas y clamores surtidos. Que todo esto traduzca una realidad o no que persiga un fin útil o no que responda a sentimientos generalizados de la opinión o no, carece de importancia. Lo positivo es que se ha provocado y logrado el despacho de mensajes al exterior, que se han difundido fotos e imágenes a todo el mundo (de preferencia por televisión), y que se ha creado, mantenido o exagerado la impresión de que Chile vive una situación próxima al caos.
¿Qué se persigue con esto? Obviamente la desestabilización del régimen. Políticamente por un lado, al presentarlo como si estuviese al borde del colapso, y económicamente por otro, al sembrar la inquietud y el desconcierto entre proveedores e inversionistas, los que se retraen de abrir créditos o de formalizar sus aportes, ante el sombrío panorama desplegado ante sus ojos. Porque no nos engañemos, el efecto de éstas operaciones publicitarias, tan sencillas cuanto sincrónicamente montadas, es grande en el exterior. Cualquier chileno con amigos o parientes en Europa o el resto de América lo sabe, gracias a las cartas o llamados telefónicos que lo asedian después de las protestas.
¿Quién está detrás de todo este tinglado? ¿las internacionales políticas? ¿las sindicales? ¿la KGB? ¿el Príncipe de la Mentira? Difícil resulta precisarlo. Lo que sí queda claro es la habilidad de quien haya montado la tramoya. Su efecto es tal, que simultáneamente alienta a los adversarios y desarma a los amigos. Para el espectador foráneo, este es un país sumido en los conflictos más atroces, donde no se respetan los derechos más elementales, y en el que cualquier cataclismo es posible dadas las tensiones existentes. Sólo los observadores muy estudiosos o informados están hoy al cabo de la realidad. Si pretendieran, no obstante, levantar la voz en favor de la verdad, seguramente los paralizaría la "certeza" generalizada en sentido contrario de cuantos han "visto" lo que ocurre. Claro que lo han visto. Informantes dignos de crédito me han comunicado, que canales europeos de TV han llegado a difundir, como actuales y locales, imágenes tomadas en el Chile de la Unidad Popular o filmadas en cualquier otro sitio del planeta.
La combinación semeja a ese lance de billar conocido como carambola por tres bandas. Lo corriente es que la bola roja golpee directamente, una después de otra, las dos blancas. Pero la jugada es así muy obvia, carece de "lujo" y no demuestra mayor pericia. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la información originada en Chile y difundida luego por Radio Moscú. Basta conocer el intermediario, para poner la noticia en cuarentena. Existe, en cambio, el juego por tres bandas. La bola del jugador debe tocar a lo menos tres veces en una o más bandas, antes de golpear a la segunda bola blanca. Esta ignora así el punto de dónde partió la primera, o dónde recogió la energía de su impulso, pero el impacto resulta limpio, inobjetable y eficaz.
Si las informaciones tendenciosas se sujetan a una trayectoria parecida, el efecto es similar: no interesa el curso si se siente el golpe. Y, esto es lo que realmente cuenta.
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