Partamos por la teoría y digamos que el acceso del periodista a las fuentes informativas es un requisito para que los ciudadanos pueden ejercer su derecho a ser informados, deforma de poder—a su vez—decidir y asumir posiciones, en lo público y en lo particular, con la debida responsabilidad.
A partir de esta teoría vamos a advertir cómo el ejercicio del derecho ciudadano a tomar decisiones informada y responsablemente puede ser conculcado o reducido a través de un arma tan sutil como es la relación que se establezca entre la prensa y sus fuentes informativas.
Y que, sin dejar prácticamente "huella", puede atentar, de hecho, contra la correcta información.
"Culpables" en esto de entorpecer la buena relación entre la información y sus fuentes, encontraremos de un lado y de otro. De parte de los organismos encargados de entregar la información, en el caso de que no establezcan los canales expeditos. Y de parte de los periodistas que, al no consultar las suficientes fuentes —por desidia o intencionalmente—, pueden llegar a deformar, por este conducto, la información.
Muchos son los problemas "insalvables" o "salvables" sólo en la utopía, en esta complicada relación. Baste mencionar, entre ellos, la larga lucha que da el periodista por su derecho a mantener en reserva su fuente de información. O las limitaciones que al contacto fuente-periodista puede poner la sujeción de este último a una empresa periodística, o la fidelidad por parte de la fuente hacia sus ideas o principios, que podrían llevarla a no entregar "todos" los datos requeridos.
Por eso es que estimo más oportuno referirse a situaciones prácticas que, al darse hoy con bastante frecuencia y al ser perfectamente subsanables, vale la pena tratar.
LA FUENTE PRECISA PARA EL ASUNTO
La primera de estas situaciones es la que se refiere al acceso a la fuente precisa para dilucidar un asunto de su incumbencia e informar acerca de él.
Por ejemplo, ante un atochamiento de los caminos, quien debe informar es el encargado oficial de la Vialidad. Y no debiera ocurrir que la ciudadanía no sepa cómo hacer frente a tal atochamiento hasta que el ministro del ramo tenga el momento para tratar el tema.
Parece obvio.
Pero nos encontramos demasiado a menudo con que las cosas no se dan así. Es más, son muchas las reparticiones públicas donde se ha instruido, incluso, al personal a no aceptar entrevistas o siquiera contactos con la prensa. Sólo la autoridad superior —se responde— es la autorizada para hablar. Sea cual fuere la dimensión de la materia.
Desconfianza, producto, a nuestro parecer, de una mala organización y de un abierto desmerecimiento hacia la información.
Bastaría con que la instrucción fuera en otro sentido: que el funcionario puede conceder entrevistas o entregar informaciones, sólo que exclusivamente, sobre los temas o materias de su ámbito.
La información sería más expedita. Capaz que hasta más exacta.
Y una instrucción así evitaría incluso ese extremo contrario, que también se da, de funcionarios que gustan de informar o dar su parecer "oficial" sobre asuntos ajenos a su quehacer, sembrando no poco desconcierto.
LOS SECTORES Y SUS COMPROMISOS
Otra situación conflictiva, puntual y subsanable dentro de esta relación periodista-fuente informativa es la que se advierte, muchas veces en los llamados “sectores”.
Es natural que el "sector" pase a convertirse en un grupo humano en el cual se crean estrechas relaciones. El tema les es común, todos los días se reúnen los mismos periodistas y las fuentes informativas son también todos los días las mismas. El hecho es que así es como se advierte que de pronto, el periodista del "sector" llega a confundir sus fidelidades o compromisos. Suele ocurrir que ya no sabe si trabaja para el medio que lo envió a ese centro informativo o si está al servicio de su fuente de información, a la que trata de interrogar en forma agradable o favorecer con datos positivos.
Este juicio se escucha muchas veces de parte de los televidentes, al ver a todos los periodistas de un "sector" entrevistando a su personero representativo. Les huele a "arreglo" —dicen— ese "duelo periodístico". Y no siempre están en el error.
FUENTES NO IDENTIFICADAS
Un tercer tema plantean las "fuentes no identificadas". Los lectores se preguntan —con razón— quiénes son esos proveedores anónimos de noticias. Y hasta ponen en duda su existencia.
Es propio, casi siempre, que esa fuente que pide no ser mencionada espere que la información que entrega, el periodista la haga suya. Y eso es algo que pone al profesional en un compromiso que no le corresponde, además de contribuir a desconcertar a la dirección de su medio y, en último término, a su lector.
Parecería —a nuestro juicio— oportuno, entonces, que los periodistas pusieran todo su empeño en que esta costumbre de las fuentes de no identificarse no se extienda, puesto que para ellos conlleva un riesgo hacia su credibilidad. Y que, en caso de verse obligados a aceptar tal compromiso, uniformaran sus normas, especificando en cada caso que la información la entregó "un funcionario que habló con la condición de no ser identificado".
De hecho, los funcionarios que habían con esa precaución lo hacen por muchas razones, no todas ellas altruistas. Quieren, de partida, que se expongan sus puntos de vista; que se den a conocer "sus" datos.
UN RECUERDO Y UNA EXPERIENCIA
Si pensamos, es simplemente el respeto por el derecho del ciudadano a estar informado el que debiera llevar a su fin a este género de problemas como los que enumerábamos.
Serios, diligentes y sin concesiones, nosotros, los periodistas. Abiertos, documentados, precisos, circunscritos a su tema, las fuentes.
No es fácil. Pero la experiencia enseña.
Recuerdo una conversación —o discusión, más bien—, que sostuve hace pocos años con un alto funcionario a pocos días del despacho, por parte suya, de una legislación que afectaba muy profundamente y a una gran cantidad de ciudadanos. Todo era secreto, en ese proyecto, hasta el momento de ser despachado. Como periodista, trataba de romper ese cerco. El personero me explicó, entonces, su punto de vista: es mejor hacer estas cosas "de sorpresa", me dijo. Los debates previos enredan las cosas, no las dejan salir. Ante los hechos consumados, en cambio, los detractores reaccionan todos juntos y se les pueden dar las explicaciones todas, también, de una vez.
Así fue.
Sólo que ahora, algunos años después, estamos presenciando un cambio completo de esa legislación que se estudió con participación de los sectores organizados que estaban involucrados, pero que no contó con la información que habría permitido a las personas afectadas por ella y no consultadas, exponer sus puntos de vista en forma oportuna.