La sistematización de la enseñanza del Periodismo —fenómeno viejo en Estados Unidos, pero que en Chile sólo comenzó en las Universidades hace unos 30 años— parte tradicionalmente de una separación fundamental: Periodismo Informativo y Periodismo de Opinión. Al mirar cualquier diario chileno, esta separación —al menos en teoría— debe hacerse evidente: la información aspira a ser objetiva, organizada sobre el clásico modelo de la "pirámide invertida", respondiendo las preguntas de qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué. La opinión, en cambio, es un juicio de valores, basado también en hechos objetivos y una equilibrada ponderación de antecedentes, pero donde cabe una clara orientación ideológica, filosófica o política.
En el curso de estos años, sin embargo, los periodistas y, sobre todo, los estudiantes y profesores de Periodismo han advertido que las fronteras no son tan claras y precisas. Por el contrario, la tendencia, que surgió especialmente en la Escuela de Periodismo de la U. de Chile cuando la dirigía Mario Planet, a introducir un nuevo término, el de "Periodismo Interpretativo", parece haber contribuido a aumentar la confusión. De hecho, en la actualidad se habla de "interpretar" tanto para designar un género periodístico respetable como para ejemplificar algunos abusos que deben ser rechazados.
¿Qué ha ocurrido?
A nuestro juicio, lo que para un número creciente de profesionales empieza a ser una realidad —hablar de tres "géneros", incluyendo la interpretación paralelamente a la información y a la opinión— todavía no ha sido entendido claramente por el público en general. Aunque el diccionario es bastante categórico (interpretar es "explicar o declarar el sentido de una cosa") y en ninguna parte altera sustancial mente esta idea, para muchos todavía se trata de un sinónimo de manipulación o una fórmula para cargar con intencionalidad una información.
El punto no puede resolverse con facilidad. Para los tratadistas norteamericanos, interpretative journalism es principalmente una profundización del periodismo habitual de diarios, sin mayores matizaciones. Algunos franceses utilizaron —sobre todo en las primeras décadas de este siglo— la expresión journalisme d'explication para indicar una manera de enfocar la actualidad que sobrevive hasta hoy en "Le Monde". Y hay más complejidades, como se verá más adelante.
Sin pecar de audaces, nos ha parecido —especialmente en el curso de diversos seminarios de título del Departamento de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la U. de Chile; y eventualmente en algunos aportes personales a la Escuela de Periodismo de la U. Católica— que es del caso proponer una nomenclatura que ayude a solucionar los malentendidos.
Creemos que se debería hablar de "géneros" al referirse al Periodismo Informativo, al Interpretativo y al de la Opinión. Si se parte de la premisa básica de que la información y la opinión son fáciles de diferenciar, bastaría una pequeña explicación adicional. El Periodismo Interpretativo responde, más que nada, a la complejidad de la comunicación moderna. Lo que hemos llamado "la fórmula Time" es la respuesta dada por Henry Luce a la necesidad de dar un servicio "al hombre ocupado", que no tiene tiempo para leer todos los diarios todos los días y requiere de la "asesoría" profesional de un periodista que le explica ("interpreta") los acontecimientos más importantes o con más repercusiones para el futuro. La complejidad del lenguaje especializado hace todavía más importante esta función de "traductor" de los informes que surgen de todos los ámbitos de la noticia.
El Periodismo Interpretativo se sitúa, de alguna manera, en un punto intermedio entre la opinión pura y la información aséptica y objetiva. Esto permite dudar muchas veces de su objetividad y hace posible un cierto contrabando ideológico, deliberado o no. Pero eso —hay que subrayarlo— no es un problema del género en sí mismo, sino de quienes lo han instrumentalizado o, simplemente, mal utilizado.
Sería largo entrar aquí en más detalles. Se puede recalcar que en años recientes esta idea ha logrado un notable grado de aceptación. Subsisten, sin embargo, algunas barreras. La más importante: el hábito de hablar de "géneros" periodísticos al tratar de especialidades, como el deporte, los espectáculos, la crónica policial, etc. Otra: la aparición de diversos apellidos: el Periodismo "humanista", del profesor Alex Edeltein, de Seattle; el Nuevo Periodismo, de Tom Wolfe; el Periodismo "existencial" de Merrill, etc. Como hemos tratado de probar en un artículo en Comunicación y Medios N° 3, se trataría más bien de "estilos". Ello explica que su aplicación vaya más allá de los artículos habituales de revistas, escenario por excelencia, pero no único, del Periodismo Interpretativo.
Para periodistas y académicos, estas consideraciones tienen importancia. No se trata sólo de desquisiciones en el aire, sino de aspectos vitales de una profesión que no termina todavía de definirse y cuyo carácter universitario aún se cuestiona.
Nuestro enfoque personal es relativamente simple: si se quiere opinar, está claro que cualquiera puede hacerlo. Ese es el sentido de la libertad de expresión; si se quiere "reportear", es decir recoger datos, organizarlos conforme a las claves clásicas ("pirámide invertida", los "elementos" y las seis "w") y escribirlos, bastaría eventualmente con cierta dosis de "oficio" y la ayuda del complicado aparataje electrónico en boga. Pero si se quiere un profesional realmente capacitado para entender los problemas y los complejos desafíos de la actualidad, hay por lo menos dos requerimientos cuyo nivel es indiscutiblemente universitario: la exigencia ética y la capacidad de manejar la "interpretación". Sólo así se podría servir "veraz, leal y oportunamente" a quien requiere una orientación en el fárrago de los acontecimientos políticos, nacionales o internacionales, económicos o culturales, artísticos o científicos, que superan el campo necesariamente limitado del simple "cazador de noticias".