Actualmente se publica una cantidad apreciable de noticias referentes a la Iglesia Católica en los medios de prensa. Sin embargo, estas informaciones por lo general vienen afectadas por una doble distorsión.
Por una parte, las noticias relacionadas con la Iglesia frecuentemente aparecen impregnadas de un sesgo político. Ello ha sido creciente desde la opción adoptada por la jerarquía católica —durante el gobierno militar— de ser "la voz de los sin voz" y de amparar diversas inquietudes sociales y políticas, en su línea de favorecer una mayor participación.
Las actuaciones directamente políticas de miembros del clero en el campo reservado a los laicos también han contribuido a que la prensa y la opinión consideren a la Iglesia como una fuerza de influencia política importante.
Por otra parte, en la mayoría de los obispos y del clero se observa un indisimulado recelo hacia la prensa, derivado de un desconocimiento del verdadero papel de los medios de comunicación, de sus posibilidades y de sus limitaciones.
Si distinguimos entre los cargos que se le hacen a la prensa, veremos que el clero más tradicional reclama de los medios un papel moralizados, que va más allá del rol de orientación que pueda cumplir un comunicador. Quisiera este sector ver una mayor difusión de temas pastorales, sin considerar el interés que el público demuestre por ellos y sin tomar en cuenta las condiciones económicas a que está sujeto un medio.
El sector más "progresista" rechaza en cambio de modo violento a la mayoría de los medios de comunicación tradicionales, a los que les exige una actitud de denuncia, que también va más allá de la función habitual de la prensa. Este rechazo ha tenido como consecuencia la creación de una prensa paralela que se manifiesta en un sinnúmero de boletines –que sumados abarcan un público considerable— y en los que este sector canaliza sus propias inquietudes pastorales y políticas. Desde ellos se ataca abiertamente a la prensa establecida, atribuyéndole silencios maliciosos o confabulaciones contra la verdad. El desquiciamiento de algunos de estos boletines mereció la preocupación del Arzobispo Fresno, quien llamó expresamente a los sacerdotes a cuidarse "tanto en sus actuaciones como en sus escritos y boletines pastorales, de no transmitir enseñanza alguna que se aparte de la doctrina oficial de la Iglesia" (Mensaje de Cuaresma, 1983).
El repudio de este sector a la prensa tradicional es tan agudo que incluso rechaza a los comentaristas religiosos que han logrado un lugar en ella, por considerar que su presencia avala lo que allí se dice.
Finalmente, hay quienes atribuyen a los medios de prensa difundir informaciones de Iglesia con "anteojeras religiosas", es decir, enfatizando las que coinciden con la orientación del medio minimizando las otras. Si bien es cierto que esto ocurre a veces, también es efectivo que se desconoce la necesaria selección de informaciones que debe hacer un periodista.
Sea cual fuere el origen del recelo de la Iglesia hacia la prensa, hay que señalar a esta actitud como algo generalizado —salvo importantes excepciones— entre los obispos y el nivel más intelectual del clero, que son justamente aquellos que deberían sostener un mejor contacto con los medios.
El divorcio descrito no es bueno para la prensa, cuyo objetivo es informar lo mejor posible sobre el recto sentido de las cosas, ni para la Iglesia, porque se limita en algo que es básico para su fundación: la comunicación.
Las soluciones que la Iglesia, en subsidio, ha tratado de organizar han resultado poco adecuadas o insuficientes. No es el caso de hablar aquí de los boletines netamente pastorales, o de las revistas religiosas que no pretenden reflejar la voz oficial de la Iglesia. Tampoco se discute la conveniencia de un órgano tipo "L'Osservatore Romano", que sirva de fuente de consulta de textos y pronunciamientos de los obispos. Nos referimos más bien al sistema de establecer medios de prensa que, con el patrocinio de la Iglesia, entran a competir en el mismo plano que los medios particulares, arriesgando contaminarse de los mismos defectos que achacan a la prensa tradicional, lo que puede colocar a la jerarquía en situación incómoda y comprometer a muchos católicos.
El remedio más natural para este divorcio está en el camino de que cada organismo desempeñe su propia función, y en que exista entre ambos una relación que les permita el máximo provecho mutuo. Debería promoverse entonces un acercamiento que elimine, de partida, las desconfianzas y que vaya despejando la vía para un mejor entendimiento.
En el campo de las soluciones concretas, cabe señalar que actualmente los contactos jerarquía-prensa se dan casi exclusivamente en entrevistas ocasionales o en conferencias de prensa, cubiertas por reporteros. Es indispensable ampliar esa relación hacia los directores, redactores y en general hacia las personas responsables de la edición de las noticias, que son los que pautean y evalúan las informaciones.
A la inversa, los periodistas deberían contar con un acceso definido hacia personas de Iglesia que sean capaces de darles orientación y responder a sus inquietudes en forma expedita. Esto podría concretarse, por ejemplo, a través de un vocero autorizado de alto nivel, o mediante una lista de personas especializadas en diversos temas que estuvieran dispuestas a responder a la prensa.
Por otra parte, la Iglesia debe tomar en cuenta la creciente falta de cultura religiosa que se advierte en el país y suplir esta carencia con información anexa que oriente los pronunciamientos de la jerarquía. Ni los periodistas ni el público están a veces preparados para entender determinadas materias, lo que los hace desviarse hacia temas laterales.
También cabe señalar que en el campo de una presentación (atractiva) de las noticias religiosas hay mucho camino por recorrer.
Por último, como medida a largo plazo, es necesario enfrentar la formación de periodistas católicos, que más que imponer ideologías, busquen una mejor aproximación a la verdad. Lo que se necesita en definitiva no son medios de prensa católicos, sino periodistas católicos que trabajen en medios de prensa.