Habitualmente, al periodismo de espectáculos se le llama 'periodismo de entretención’. Pero, la especialidad, aunque incluye la diversión -tan importante para el individuo-, no es sólo eso. Tiene principalmente por misión ser el puente, el nexo, entre las creaciones artísticas y el público. No sólo con el fin de informar. Tiene otras responsabilidades también: colaborar en la superación del artista, a través de críticas basadas en conocimientos; proporcionarle al público los antecedentes que le permitan apreciar y comprender más cabalmente el espectáculo que está presenciando, para ir formando cada vez un espectador más preparado; y propender a la elevación del nivel de aquellos espectáculos que llegan a la gran masa, en especial de la televisión.
En Chile, es quizás la rama del periodismo que mayor crecimiento ha experimentado en el último tiempo. Hace algo más de una década, los medios de prensa estaban recién formando sus secciones de espectáculo. Hoy, éstas ocupan diariamente varias columnas y existen diversos suplementos especializados en la materia.
Sin embargo, en la misma medida que ha ido creciendo, este periodismo se ha ido frivolizando. Varios factores han contribuido a este fenómeno. Entre ellos, la masificación de la televisión que es, sin dudas, la mayor fábrica de ídolos populares. Y la situación de crisis nacional y mundial: es sabido que la entretención es una efectiva válvula de escape en períodos de crisis.
Pero también los periodistas del área tenemos una importante cuota de responsabilidad por el estado en que se encuentra actualmente nuestra especialidad. En la creencia de que lo liviano e intrascendente es más vendedor, elegimos el camino que estimamos más fácil para llegar al lector. A menudo, no es el talento ni la calidad lo que impera. Las mujeres bonitas, escasas de ropas -muchas veces también escasas de talento- son habitualmente figuras muchísima más cotizadas por las secciones de espectáculos que los grandes artistas y las grandes creaciones.
Este es un camino muy discutible. Cabe preguntarse cómo surgen estos ídolos pasajeros. ¿Por sus propios méritos o porque los medios de comunicación los convierten en tales al darles una gran difusión? ¿Raquel Argandoña aparece tanto en la prensa porque es famosa o es famosa porque aparece tanto en los diarios?
Tal como la prensa colabora al crecimiento de estos ídolos, debiera ser capaz también de despertar interés en el público por creaciones artísticas de alto nivel. La venida de Claudio Arrau dio una buena pauta al respecto. El pianista se convirtió en una figura netamente popular, sin serlo en absoluto; su quehacer, su vida, interesó al público más diverso. ¿Hasta qué punto influyó en esto el gran despliegue de informaciones de prensa? Estudios posteriores determinaron que tuvo un rol bastante definitivo en el asunto. Quedó en claro que si los medios se proponen despertar interés por obras o artistas selectos, logran alentadores resultados.
El problema está en encontrar el justo equilibrio entre las informaciones anecdóticas, intrascendentes, y aquellas con conceptos y conocimientos enriquecedores. Ambos elementos deberían estar presentes en toda sección dedicada a los espectáculos. El desequilibrio reinante hoy ha llevado a que el periodismo de espectáculos no tenga su verdadera dimensión. Se ha perdido de vista que el arte, como factor de la educación, es algo fundamental; que es un contrapeso que equilibra la tremenda presión y angustia que siente el hombre de hoy por la situación crítica que atraviesa el mundo. El arte de las herramientas para poder pensar, para comprender la realidad contingente, y a los periodistas de espectáculos nos corresponde realizar esfuerzos por hacer llegar estas herramientas a la gran masa.
La tremenda escasez de críticos especializados es también un factor que va en detrimento de esta especialidad. De la labor conjunta de los periodistas con un buen equipo de críticos en cada materia debiera surgir el nuevo periodismo de espectáculos. El periodista no puede seguir asumiendo el rol de crítico, porque no le corresponde; no se puede ser realmente especialista en materias tan diversas como ópera, cine, televisión, música selecta y popular y ballet, a la vez. El artista, el creador, merece que su obra sea analizada por personas con real autoridad en la materia. Un ambiente artístico sin críticos, sin esa opinión que oriente tanto al público como al artista, adolece de una grave cojera para poder ascender en el camino de la calidad.