Sería inexacto afirmar que el proceso de apertura política comenzó con el Ministerio presidido por Sergio Onofre Jarpa. Viene de más atrás y su desarrollo ha sido prolongado y oscilante. Como lo señalara en un lenguaje familiar un conocido ex parlamentario, este Gobierno, en su proceso de apertura, ha ido avanzando "a saltos y brincos".
Lo que parece evidente es que la etapa iniciada por Jarpa vino a romper un estado de peligroso inmovilismo que era fuertemente criticado y que se arrastraba por meses. No nos detendremos en este trabajo a emitir un juicio de valor sobre los posteriores efectos de dicha apertura ni de su repercusión en la prensa porque sería materia de otro análisis. Pero sí se puede afirmar que en el aspecto político ello significó el primer intercambio oficial de opiniones entre Gobierno y oposición.
El hecho de que actualmente se esté viviendo un paréntesis en el proceso de apertura, con motivo de la dictación del estado de sitio y de las consecuencias que él tiene en la actividad política y periodística, no invalida la experiencia global de este decenio en esta materia.
¿Cuál ha sido la relación, en estos años, entre apertura y prensa? ¿Han influido los medios de comunicación? Creemos que efectivamente la prensa ha jugado un papel importante como canal de expresión de todos aquellos sectores que consideraban necesario dar pasos hacia una plena convivencia democrática.
En general, los gobiernos autoritarios, por su propia naturaleza, tienden a ser bastante inmovilistas en el aspecto netamente político, privilegiando otras realizaciones que juzgan más inmediatas. Este Gobierno no ha escapado a esa característica y no ha ocultado tampoco su voluntad de postergar la normalización de este tipo de actividades, como quedó establecido en los artículos transitorios de la Constitución.
Es por eso que algunos consideran que estos gobiernos se mueven políticamente más por presiones que por una dinámica propia. Otros, tal vez los menos, piensan que por el contrario las presiones son negativas en sus efectos reales porque endurecen a los regímenes militares. De acuerdo a la experiencia vivida en estos años, compartimos la primera de estas dos posiciones. No obstante, advertimos que, a nuestro juicio, las influencias que más han incidido en impulsar períodos de apertura son las que provinieron de adherentes al Gobierno o de aquellos que han sustentado posiciones de independencia crítica, pero amistosa frente a él. Y esto se explica, como lo señaláramos anteriormente, por la naturaleza misma del régimen.
Haciendo un análisis retrospectivo de la prensa independiente nos encontramos que salvo casos aislados de una mal entendida cautela, en general, se ha estimulado en forma permanente la puesta en práctica de la Constitución del 80, el avance de la transición y el regreso hacia una plena democracia, a través de editoriales, crónicas o entrevistas. A la vez, se ha reflejado el pensamiento político de un gran sector de oposición, sin negar que por momentos han existido serias restricciones al respecto de parte del Gobierno como las que se reeditaron en este período.
Podrá ser discutible la constancia de la prensa independiente para obtener un mayor grado de apertura o la amplitud del caudal informativo que ha entregado, pero no hay duda que lo que ha ido sucediendo de parte del Gobierno, en los períodos que ha aumentado la flexibilidad política, ha sido siempre más cercano a lo que la prensa independiente venia exigiendo que a lo que propugnaban la prensa opositora o los grupos de presión internacional. Es un hecho objetivo que aquellos que han tendido a desconocerle toda realización al Gobierno han logrado más que nada efectos contraproducentes en relación a la apertura. Sin perjuicio de haber destacado información que ha enriquecido el debate.
Esta visión de la evolución política y su relación con la prensa resulta ser, a mi juicio, el papel de nuestro sector a fin de reactivar un proceso, el de la apertura, que es fundamental en el desarrollo institucional del período histórico que actualmente se vive.
(6-XII-1984)