auxi auxi Cuadernos de Información Nº2 / 1985 auxi auxi
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Prensa y terrorismo

MARÍA ANGÉLICA ARTEAGA, ADRIANA BENZANILLA Y MARIANA GRUNEFELD
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A lo largo de toda la historia grupos minoritarios se han valido de la violencia para la consecución de sus ideales. Sin embargo, la tecnología ha hecho que su uso sea actualmente un arma mucho más peligrosa que antes. El bienestar y los derechos de la gente común, la estabilidad del sistema estatal, la salud y paz necesarios para el desarrollo económico y la sobrevivencia de la democracia se ven hoy seriamente amenazados. Por esto, algunos estudiosos del tema llaman a nuestra época "La Edad del Terrorismo"1

Una causa decisiva parece ser el rol que juegan los medios de comunicación.

 

1. LA INFORMACIÓN INTERNACIONAL COMO CATALIZADOR DE LOS PROBLEMAS NACIONALES

El progreso del transporte y las comunicaciones, que recorren el globo en unos segundos, ha permitido que el mundo se observe a sí mismo, y que los pueblos se imiten unos a otros. El flujo transnacional de información es el medio que permite y facilita la penetración del mundo exterior en los asuntos domésticos de cada país, ya sean sociales, políticos o económicos.

Es así como los medios de comunicación han sido numerosas veces "vehículos de contagio" de diversas manifestaciones violentas, como las revoluciones europeas de 1848 o los movimientos pro-reformas universitarios en Latinoamérica, alrededor de 1917.2

Aunque hay muchas teorías que explican diferentemente las causas de la violencia humana colectiva, coinciden en que determinados factores favorecen este tipo de manifestaciones. Por ejemplo, la inestabilidad individual, social, económica y/o política, un ambiente de legitimación cultural e histórica de la violencia, eventos o coyunturas nacionales o internacionales de tensión y la necesidad física de violencia en algunos individuos. A esto hay que añadir una circunstancia propia de la industrialización, con la respectiva urbanización y secularización de la sociedad: El hombre moderno debe luchar por alcanzar sus objetivos, compitiendo con todos aquellos que buscan lo mismo, lo que no sería problema si hubiera igualdad de oportunidades y abundancia de recursos. Desgraciadamente, de hecho, las sociedades suelen tener profundos quiebres económicos y sociales.

Amy Sands Redlik3 sostiene que el flujo transnacional de información suele actuar como catalizador de los problemas, especialmente en sociedades divididas e inestables. Las más propensas a dejarse penetrar son las abiertas y/o en proceso de modernización.

Los levantamientos de grupos marginados contra las autoridades a los que creen responsables de su situación desventajosa suelen estar influidos por el conocimiento de descontento que experimentan otros grupos con los que sienten algún lazo en común. Una pequeña manifestación, distorsionada por los medios de comunicación, puede causar una mucho mayor en el pueblo vecino.

Una comunidad puede no tener una tradición violenta ella misma, pero si sus miembros ven que grupos similares, en cualquier parte del mundo, sacan ganancias a través de la violencia política, !o probable es que busquen justificaciones para usar ellos las mismas tácticas.

En resumen, el flujo transnacional de información puede afectar significativamente una crisis o evento en una sociedad, especialmente si es abierta o sufre de divisiones internas. Aún más, la información del exterior puede actuar como un catalizador para el nacimiento y desarrollo del terrorismo en circunstancias de tensión, sobre todo políticas.

 

2. LA EXPORTACIÓN DEL TERRORISMO

Amy Sands Redlik4 sostiene que hay principalmente dos razones por las cuales un grupo puede decidirse a usar el terrorismo como estrategia:

— Un abrumador desequilibrio de fuerza entre los rebeldes y sus opositores, lo que no deja a los disidentes casi ninguna otra opción.

— El flujo transnacional de información que puede proveer a los disidentes la inspiración y la chispa para lanzarse a la estrategia terrorista.

Cuando el sistema internacional de comunicaciones transmite información sobre guerras revolucionarias o actos terroristas, entrega datos muy fáciles de usar por otros grupos disconformes. Este "intercambio cultural" detallado de explicaciones sobre los móviles tácticos y estrategias de los grupos violentistas, pueden ser utilizados por otras organizaciones. Yonah Alexander5 piensa que cubrir extensamente el terrorismo es lo mismo que ser exportador de la violencia. Richard Clutterback agrega por su parte que6 "así como las noticias viajan a través de los medios formales de información, la gente que las oye, ve o lee, obtiene ideas sobre cómo hacer aquello ellas mismas". La prensa, por lo tanto, brinda a los terroristas en acción o en potencia, el apoyo táctico, estratégico y el conocimiento ideológico para desarrollar su "profesión". No son pocas las veces en que ha caído en detalladas reseñas sobre cómo confeccionar una bomba, tomar un rehén o planear un secuestro.

Una vez decididos por la opción violenta, el progreso tecnológico en el campo de las comunicaciones, además, ha facilitado y exacerbado el conocimiento, interés y contacto entre los grupos revolucionarios, nacionalista y terroristas.

El intercambio de información sobre ellos es un hecho indiscutible desde el momento en que lo han reconocido abiertamente. Muchas veces se ha descubierto que junto a los terroristas del grupo que se atribuyó un atentado, han actuado también miembros de otras organizaciones que "solidarizan" con sus objetivos.

Los grupos revolucionarios de todo el mundo prefieren aparecer como una sola cosa para aumentar su fuerza, sobre todo en el impacto sicológico que esto produce al público.

La mayoría de los grupos, y sobre todo los más débiles, buscan ganar más apoyo asociándose a las líneas más radicales y fuertes como Frantz Farron, Fidel Castro o Mao, que justifican la violencia como el único medio de defenderse contra el imperialismo. Los grupos más pequeños se basan en esta retórica anti-imperialista y anti-colonialista, a pesar de que, en la mayoría de los casos, sus fines son locales. Ejemplos claros de esto son grupos terroristas como los croatas, vascos o los de Puerto Rico que siguen esta retórica a pesar de no tener nada en común con ella o con sus inspiradores.

"Las sociedades abiertas son las más vulnerables al terrorismo por e! fácil flujo de hombres y de información. Cualquier asunto interno pasa rápidamente a ser mundial porque otros grupos lo consideran parte de una estrategia global contra el imperialismo. El movimiento nacional se apoya entonces en prácticas e ideologías foráneas y va estrechando lazos con otros grupos revolucionarios. Todo esto, contribuye a aumentar el interés de los medios por cubrir los actos terroristas que pasan a ser de interés general"7.

 

3. MEDIOS DE COMUNICACIÓN: EL MEJOR AMIGO DEL TERRORISMO

La moderna tecnología ha brindado a los grupos terroristas el poderoso instrumento de las comunicaciones. Los distintos medios: radio, prensa, televisión, han sido presa fácil de la estrategia terrorista sirviendo a su propaganda y necesidad8.

Estos grupos son demasiado pequeños y débiles como para lograr grandes triunfos sólo en el "campo de batalla", por lo tanto, el éxito de cualquier operación depende, en la mayoría de los casos, de la publicidad que se obtiene. Browyer Bell señala que es bastante más útil aparecer en televisión o en la primera página de los diarios que seguir luchando en las "oscuras guerrillas de los bloques"9. Un ataque, en apariencia ilógico y estúpido, pero bien recogido por los medios, produce más efecto que una operación precisa y aparentemente más grave sin tal cobertura informativa. Terrorista e informadores parten de una misma hipótesis: los hombres que obtienen grandes titulares son los que tienen el poder, por lo tanto, ser informadores en primera página es un éxito político"10. Por esto, Walter Laqueur sostiene que "Los medios de comunicación son el mejor amigo del terrorismo". El atentado en sí mismo no es nada, todo lo hace la publicidad.

El terrorismo aumenta la efectividad de los mensajes, centrándose en incidentes espectaculares y/o manteniendo en el tiempo asuntos particulares. Nace con el propósito de que su acontecer se convierta en noticia y con ello lograr atención, reconocimiento y legitimidad. Por eso es que Humberto Ecco sostiene que "es un fenómeno propio de nuestra época, la época de los medios de comunicación en masa"11.

Desantes afirma que los terroristas cuentan de antemano con la "cooperación" de los medios, y que sitúan su acción en los lugares y circunstancias que facilitan la labor de las comunicaciones12. Mientras más dramático e inhumano sea el atentado cometido más posibilidad hay de obtener una intensa publicidad sobre él, y por ese medio conseguir que las demandas y actividades del grupo recorran el mundo.

"Los actuales medios, sobre todo los audiovisuales, por su facilidad para resaltar los aspectos llamativos de los fenómenos, han venido a convertir la violencia política en un entretenimiento. Los actos y grupos más espectaculares son los que reciben mayor atención. Revolucionario ha llegado a ser sinónimo de fumable y los propios protagonistas acaban por "programar" un espectáculo allí donde habían anunciado un gesto de revolución"13.

El norteamericano Browyer Bell (USA) hizo estudios en su país sobre los "casos límite" para la retransmisión televisiva directa de sucesos terroristas, y concluyó que éstos, luego de una serie de ensayos sucesivos, han "aprendido a montar la coreografía" para un proceso ideal periodístico14. Gerbner, decano de la Anneberg School of Communications, llega a decir que "los atentados terroristas son eventos para los medios. Si éstos no fueran cubiertos, los terroristas no los harían"15.

Es un hecho que la información sobre el terrorismo comporta siempre, inevitablemente, una posición propagandística. Se produce además una inexorable transmisión de juicios al reproducir los actos terroristas16. Esto porque:

a) El terrorismo se presenta con firma, es decir, los autores confiesan serlo públicamente, lo que no es más que una apología a la violencia. Todos los movimientos han manipulado a los medios con el propósito de que cunda el terror y su descontento e ideología sean publicitados. La idea es que sus "hazañas violentas"17 aparezcan como gestos heroicos.

b) Los medios suelen retransmitir los comunicados de los grupos terroristas, lo que no es más que pura propaganda de la violencia.

c) En si mismo el terrorismo es una propaganda científica fundada en el terror y su fin es la publicidad.

Un dato decidor es el resultado de un informe Rand realizado sobre ios 63 principales casos de secuestro entre 1968 y 1974. Esclareció que el 79 por ciento de todos los terroristas que intervinieron esquivaron el castigo a la muerte y en un 100 por ciento obtuvieron mayor publicidad; todo esto con independencia de que el tratamiento de la noticia les fuera hostil o que se juzgara sus acciones con indignación.18. La experiencia estaría comprobando que la sola repetición de los mensajes terroristas y/o de sus ideales les otorga cierta autoridad ante el público. El aparecer en los medios es una vía de prestigio en sí misma.

Con la ayuda de la radio, la prensa y la televisión, los terroristas obtienen al menos uno de los dos siguientes propósitos comunicacionales:

a) Aumentar la efectividad de su violencia, creando un estado emocional de extremo terror en ciertos grupos, alterando su comportamiento y disposiciones; y lograr un cambio general en la estructura de gobierno o la sociedad. (Leyes antiterroristas, restricción a la libertad de información, estados de emergencia, etc.)

b) Ganar forzadamente la atención de "todo el mundo" esperando que estas audiencias estén preparadas, en determinado momento, a actuar o dejar de hacerlo, en favor de la causa que los terroristas presentan.

Otro aspecto de considerar en la relación prensa-terrorismo es que los medios, además, pueden intervenir en las operaciones pertinentes en cualquier atentado de este tipo. Muchas veces éstos han estorbado la acción de la ley y la policía, arriesgando el éxito de su labor. Un caso típico es el que los periodistas, en su afán de obtener el "scoop" sobre el hecho, han conseguido entablar contacto directo con los terroristas en forma independiente a la policía. "Preferimos que los informadores no hablen por teléfono con los pistoleros". La falta de una coordinación total entre las dos partes eleva al máximo las posibilidades de un fin violento de los acontecimientos. También ha sucedido que los informadores han dado a conocer detalles al público que dentro de una estrategia global contra los delincuentes, no hubiera convenido hacerlo. Otro problema es que los medios han exacerbado la presión sobre las autoridades responsables, levantando al público contra ellos, obligándolos a tomar decisiones apresuradas y/o sentimentales. Un recurso común de presión son las entrevistas a los familiares de las víctimas y las historias melancólicas sobre las mismas.

También hay quienes piensan que, en cierto modo, los medios han contribuido a relajar situaciones conflictivas. Harold Coffman, siquiatra de la Universidad de Georgetown, sostiene que "cubrir los actos terroristas es útil, porque permite a los extremistas tener algún sistema de ventilación para su ira y frustración, haciendo que sus resentimientos y quejas sean conocidos"19.

Yonah Alexander piensa que los medios, sin rendir sus prerrogativas ni el derecho del público a saber, deben colaborar con la justicia en una acción mancomunada, estando en estrecho contacto con ella, sobre todo ante incidentes con posibles repercusiones sociales graves20.

 

4. LA PENETRACIÓN SICOLÓGICA

Dada la actual saturación de temas de interés periodístico que existe en el mundo, es fundamental para cualquier organización terrorista que busca ganar apoyo a través del flujo transnacional de información, el sensibilizar a la sociedad de todos los países ante su problema.

El propósito es que sus demandas se conviertan en tema de atención, con espectacularidad y contundencia.

Hay dos puntos a considerar, primero el terrorista piensa que le es "lícito" matar porque se siente amparado por una autoridad superior, la justicia de sus demandas. El otro, es que sus acciones consiguen paralizar a los demás miembros de la sociedad quienes, aterrorizados, adoptan una actitud pasiva. Es una cesión interna que lleva a ver como normales o —al menos— justificados los actos del terror.

Se ha comprobado que independientemente de la connotación, hostil o favorable, de los mensajes sobre terrorismo, éstos, por sola repetición, consiguen penetrar al público, quien, sin darse cuenta, tiende a justificar los medios violentos de ciertos grupos que aparecen como tan perjudicados dentro de la sociedad.

Según Ellul21 "el terrorismo es verdadera y propia propaganda, no en el sentido clásico que implica el cambio o la modificación de las ideas, sino en el sentido de que aspira a obtener la adhesión profunda (activa y pasiva) tanto de los autores de la violencia como de aquellos que cabalmente la sufren".

Aunque la violencia haya existido siempre, es un hecho que a partir de las guerras de descolonización en los años '50, con la "colaboración" de los medios de comunicación, algunos modos de ella han llegado a aparecer como aceptables en amplios sectores de la sociedad, para solucionar ciertas injusticias sociales. Cada día son más los que piensan que es normal y justo que en el mundo haya una "cadena de luchadores" que apure y presione la obtención de objetivos superiores, aunque esto signifique pasar sobre derechos tanto o más importantes que aquellos por los que se está luchando.

El gran problema es que la táctica terrorista de penetrar a la sociedad "produciendo" hechos noticiosos que serán el medio para que sus demandas lleguen al público, es una escalada sin fin. Al principio el terrorismo se valió principalmente de secuestros para captar la atención de la gente, luego empezaron los sabotajes aéreos y la toma colectiva de rehenes para llegar hoy a las bombas y las muertes masivas. Laqueur asegura que "la necesidad que tienen los medios de buscar ideas y fórmulas nuevas y variadas hace que los terroristas se vean obligados a innovar acciones".

 

5. ALGUNOS ALCANCES SOBRE EL TERRORISMO Y LA DEMOCRACIA

Ya hemos visto que el flujo transnacional de información juega un rol sumamente importante en los asuntos nacionales e internacionales, esto por los logros en la rapidez y perfección con que las informaciones recorren el mundo, lo que incide notablemente en el tipo, tiempo y grado de la inestabilidad individual o social.

De acuerdo a lo anterior, es fácil deducir que aquellas sociedades que den mayor libertad de movimiento y acceso a todo tipo de información serán más vulnerables a la penetración de informaciones potencialmente peligrosas. Es una forma de "jugar con el peligro". Ahora, si una sociedad además de ser abierta está inestable social, económica o políticamente, o bien está viviendo un proceso de modernización, los riesgos son mucho mayores22. Amy Sands Redlik sostiene que el progresivo desarrollo que experimentan las comunicaciones y las características desestabilizantes propias de un constante proceso de modernización, han llevado a un sistema internacional más accesible, interdependiente y permisivo que es tierra fértil para el nacimiento de la violencia política en la forma moderna del terrorismo”23.

De este modo los países con gobiernos abiertos o democráticos se encuentran ante la disyuntiva de conciliar la libertad de prensa y el derecho del hombre a saber, con la necesidad de defenderse de ideas que puedan minar su propio sistema. Dejar libres los canales normales de comunicación es como entregarles las herramientas a grupos extremistas para que los usen para publicitar sus mensajes y ganar el apoyo del público aunque sea por la efectividad de la repetición e imitación. José Luis Dader asegura que "los países de orientación liberal están en un callejón sin salida: o contribuyen al deterioro de la democracia permitiendo sólo al poder establecido conocer ciertos hechos, o sirven de plataforma a la expansión de la violencia"24.

No hay acuerdo sobre cuál es la mejor política a seguir, unos propugnan la restricción de libertades en bien de un fin superior como la paz social; otros piensan que, considerando la importancia de la prensa como voz de todos y control de las autoridades, es más peligroso restringirla que los supuestos males que puede traer el mantenerla totalmente libre. Se ha visto que, en general, los sistemas democráticos de Occidente que creen en la libertad de opinión y el pluralismo, han negado cualquier tipo de restricciones. Una excepción es el Gobierno de Alemania Federal.

Mientras no hayan estudios acabados sobre la influencia real de los medios en las actitudes de la gente, las intenciones de frenar la utilización que hace el extremismo de los medios informativos no se concentrarán más que en iniciativas desarticuladas25. Hasta ahora medios como el "Chicago Sun Times", "Courier Journal", "Louisville Times", UPI y CBS News se han impuesto límites unilateralmente para cubrir las acciones terroristas, y otros como el "Washington Post" o WMAL TV of Washington han establecido normas especiales ante un caso específico. Pero no hay un lineamiento mundial, y ni siquiera nacional, claro que rija las políticas de los medios al respecto.

 

6. LOS CRITERIOS DE LA VIOLENCIA CLÁSICA

Aunque no hay claridad de criterios sobre cómo tratar informativamente el terrorismo, sí los hay algunos en relación a la violencia clásica.

— Se considera reprobable propagar informativamente la idea de la violencia, cualquiera sea la forma que adopte, sin que esto signifique suprimir cierta dosis de información sobre los hechos y actos violentos, siempre y cuando no constituya una apología de la violencia26.

— Si se admite un cierto grado de información sobre violencia es porque al receptor éste es susceptible de producirle rechazo.

— El factor cuantitativo y cualitativo es el problema central en las determinaciones jurídicas y éticas de la información sobre la violencia. Sobre esto hay cientos de teorías divergentes, sin embargo, priman dos corrientes.

a) El verismo informativo, muy emparentado con el sensacionalismo. Dice que la información sobre actividades delictivas o antisociales actúa como catarsis individual y social.

b) Los partidarios de una información parca y prudente. Estos insisten en la eficacia negativa y multiplicadora que tiene la presentación de la violencia a través de los medios informativos, que a su juicio, acentúan las tendencias violentas.

 

7. TEORÍAS SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN

Está claro que la utilización que hace a la violencia el terrorismo de los modernos medios de comunicación ha dado a la violencia un carácter novedoso y alarmante con respecto a la violencia tradicional. Estando conscientes de estos riesgos han surgido variadas teorías sobre cómo deberían tratar la información terrorista los medios de comunicación.

Cherrillon postula que "es importante que se reflexione con profundidad sobre la información del terrorismo, se asuma una clara posición y se intente ser coherente con ella en el terreno informativo"27.

a) La Tesis del Silencio

La única manera de frenar la ola terrorista es silenciando implacablemente sus acciones a través de un pacto entre los medios de comunicación. Sin embargo esta tesis tiene múltiples enemigos, por ejemplo:

— Humberto Ecco: "Los medios son demasiado poderosos como para controlarlos”.

— Carlos Soria: "El silencio extremo es inviable, negativo y contraproducente"28.

— Andrés Saldaín: "Es casi imposible pensar que los medios se pongan de acuerdo, y si lo hicieran, empezaría el rumor. Este silencio llevará a sobrevalorar los actos terroristas"29.

— Campany: "Resulta muy caro defender la democracia a base de prescindir de uno de sus más elementales y necesarios derechos: la información..." (A falta de información clara y exacta) "el silencio lleva a la dictadura del miedo"30.

b) La Tesis de la Información Selectiva

Según Carlos Soria, esta tesis es contraria a la teoría del silencio informativo; pero tampoco nace de la información el máximo derecho o el máximo deber, es su principio básico, pero hace excepciones. En su artículo Carlos Soria establece:

— Diferenciar con la mayor nitidez los hechos de las opiniones, limitando la información sólo a los hechos, sin disminuir su importancia o sus consecuencias.

— No apoyar la propaganda directa de los terroristas, no transmitir sus comunicados, notas o explicaciones.

— Excluir la información en los casos en que estén en juego vidas humanas, es el caso de rehenes, secuestros, etc. La idea es que exista un riguroso y prudente silencio voluntariamente aceptado por los medios luego de ponderar el riesgo de vidas humanas. Debe haber un estrecho contacto entre los informadores y la policía.

— "Cuidado exquisito" en el empleo de la terminología para no caer en peligro de propaganda. Por ejemplo no hablar de "impuesto revolucionario", "juicio del pueblo", "tributo popular", etc.

Concuerda con esto la postura de Andrés Saldaín: "Hay veces en que el terrorismo por su impacto es noticia de primera plana y se le otorga un espacio especial en televisión como un ataúd de lujo, pero el terrorismo no debe tener siempre esos trágicos honores. La mayoría de las veces debería ir en la sección policial que no tiene tinte político, ya que en el fondo son asesinatos fríos y alevosos” 31.

c) La Tesis de la información Selectiva de Calidad

Acepta en líneas generales la tesis anterior, pero proponiendo dos nuevas cuestiones que piensa es necesario resolver.

Teniendo en cuenta que: la idea periodística de noticia, es decir, la novedad, la ruptura de la normalidad, facilita la manipulación externa de la información. Basta con "originar" noticias excepcionales. Bechelloni agrega que es así como "se montan grandes espectáculos para presionar sobre el mundo de la información, obligando a los informadores a afirmar que se trata de "importantes noticias" que no pueden soslayarse ni disminuirse”32.

Jorge Esteban afirma al respecto que el terrorismo en ocasiones no es más que un "atentado informativo": se efectúan actos con el solo objetivo de que se vean reflejados en los medios de comunicación a los que esos grupos no tienen acceso33. Esta manipulación extrínseca de los medios constituye su vulnerabilidad.

Es así como el objetivo central de la tesis de la información selectiva de calidad es reducir la vulnerabilidad de los medios.

En primer lugar se postula diferenciar muy acusadamente el tratamiento informativo del terrorismo, lo que va a depender en gran medida de la prudencia y criterio del periodista y/o el editor responsable. Contempla el no apoyar la propaganda directa del terrorismo, no transmitir sus comunicados, no informar de nada que pueda poner en peligro la vida de las personas y tener un cuidado extremo en el empleo de la terminología. (Por ejemplo, no llamar "ejército" o dar demasiada publicidad a un atentado cometido por un número reducido de personas). Rafael Gómez Pérez34 sostiene que la publicidad sirve sólo si la causa que propone es entendida como buena, útil o conveniente por el público. Por lo tanto, la información de calidad implica el condenar, o al menos desprestigiar, sutil e inteligentemente, el terrorismo explicando a fondo la irracionalidad de sus métodos. Se trata de transmitir algo más que los puros medios terroristas.

La regla es: a terrorismo pequeño: información escasa y cuando sea intrínsecamente importante: información de calidad.

La calidad se refiere —antes que nada— a la reacción de los informadores ante el fenómeno terrorista. Bechelloni sostiene que las acciones terroristas son sobrevaloradas y que deberían considerarse como "hechos previsibles"35. La previsibilidad atenúa la novedad y la ruptura de la normalidad de esas noticias, quitándoles valor informativo. Es indispensable que se distinga el terrorismo realmente importante del que no lo es.

La idea es informar ampliamente, sobre el hecho, pero explicando la subjetividad de sus protagonistas y el contexto social que los ha hecho emerger. Para combatir a un enemigo que no se conoce, para aislarlo, es necesario conocérsele bien. Por lo tanto se trata no sólo de registrar y divulgar la acción, sino que ésta sea sopesada con los valores humanos, sociales, políticos y culturales que están en juego.

Este nuevo nivel informativo más completo, o de mayor calidad, exige que la Administración Pública y la Policía faciliten la información a los medios y en cuanto a los informadores, exige que se ejercilite el "periodismo activo" de que habla Luca Brajnovic: "aquél cuya labor no se reduce a un simple registro de los acontecimientos e ideas o a la popularización o divulgación de las noticias producidas por otros, sino que dedica una permanente atención a la dinámica de los valores humanos y de las fuerzas sociales, políticas y culturales”36.

Según esto, habría que tener claro que:

— El informar sobre hechos terroristas no puede llegar al punto de presentar esas conductas irracionales bajo el prisma de la racionalidad y el beneficio de las explicaciones causal y motivada

— La reivindicación cruel, jactanciosa e inhumana de estos hechos no puede ser presentada con un timbre de gloria, sino como lo que es: la confusión soberbia, anónima, mezquina y sin arrepentimiento37.

— Los comunicados terroristas no pueden ser publicados, de lo contrario, se vuelven una forma de contaminación cívica, humana y moral que representa —además— quitar a la víctima hasta el último resto de dignidad y honor.

— El lenguaje debe cuidarse en extremo. Las víctimas, por ejemplo, nunca deben aparecer como "ejecutadas" o "condenadas a muerte", sino simplemente asesinadas.

— Informar sobre el terrorismo: sí. Pero una información que sirva para el verdadero dolor y solidaridad humana, que explique los alcances negativos provocando la catarsis social y la reacción del público en contra. Pero que nunca se convierta en "publicidad de los sicarios de la muerte y la violencia”38.

Como es imposible que los medios sean totalmente neutrales en el tratamiento de la información terrorista, mientras no haya un criterio claro para diferenciar el terrorismo verdaderamente importante del que no lo es, y el modo correcto para tratarlo en los medios de comunicación, la política a seguir debe ser la prudencia.

 

CONCLUSIONES

Hemos llegado a definir el Terrorismo como un fenómeno del siglo xx que independientemente de sus perpetradores, de las técnicas o estrategias empleadas o del medio donde opere, debe ser identificado por la naturaleza misma del acto. Estos son siempre crímenes que comprenden la violencia organizada, sistemática y tecnificada, o la amenaza de su uso, en conjunción con demandas específicas. Los objetivos son principalmente civiles y los motivos, políticos; su fin es socavar las bases de la sociedad occidental.

Las acciones están destinadas a conseguir —sobre todo— publicidad, aspiran a producir efectos sicológicos que van mucho más allá que el daño físico inmediato: el terror.

Sus perpetradores son, en la mayoría de los casos, miembros de un grupo organizado que, a diferencia del criminal común, reclaman como un mérito lo hecho.

El terrorismo internacional existe y todos los países "dicen" condenarlo, sin embargo, no hay acuerdo en cuanto a lo que este concepto incluye en sí mismo. Un extremo afirma que es cualquier forma de violencia, o la amenaza de usarla, con fines políticos, religiosos o sociales; el otro, excluye de esta categoría a los movimientos de liberación nacional que luchan por la autodeterminación, y considera que es justificable contra regímenes totalitarios u opresivos. Entre estas dos posturas se dan todos los matices imaginables.

Esta polémica ha dificultado el llegar a formar internacionalmente una convención contra el terrorismo, que sancione este tipo de acciones. Hay consenso en el peligro que éste significa para el mundo, pero los acuerdos para afrontar esta amenaza mancomunadamente han sido de alcance muy restringido y han demostrado tener poca efectividad.

Un factor negativo en la búsqueda de cualquier entendimiento es el apoyo que ha ido otorgando la Unión Soviética a movimientos terroristas (o de liberación nacional), con el objeto de usarlos como instrumento para ir minando las democracias de Occidente. Este se ha llevado a efecto especialmente a través de su principal satélite, Cuba, y de otros países como Libia o Yemen del Sur, canalizándolo a través de organizaciones como la OLP a casi todos los movimientos terroristas del mundo. Debido a que este respaldo comprende dinero, armas, entrenamiento guerrillero, información; estos movimientos —independientemente de su ideología— están prestos a aceptarlo, aunque esto les implique servir a los propósitos de la Unión Soviética en su lucha contra el "imperialismo", ya que es el mejor medio de que disponen para lograr sus fines locales.

El avance científico y tecnológico actual ha reforzado más que nunca el poder de las organizaciones terroristas, proporcionándoles armas de gran sofisticación, facilidades de interconexión entre ellas, pero, sobre todo, otorgándoles la posibilidad de tener propaganda gratuita a través de los medios de comunicación.

Hay que considerar que el terrorismo es esencialmente una violencia destinada a producir efectos. No está sólo dirigida a las víctimas directas, sino a una audiencia mucho mayor. El terrorismo es un teatro; desde sus estados embriónicos ha hecho un esfuerzo constante y deliberado para manipular los medios de comunicación en favor de sus objetivos.

Como éstos funcionan en base a noticias impactantes y espectaculares, son fácilmente manipulables por parte de los terroristas. Esta simbiosis prensa-terrorismo facilita la dispersión mundial de este último.

El flujo transnacional de información ha actuado como exportador de la violencia, incitando a sectores disconformes a lanzarse al terrorismo inspirados en los aparentes éxitos de otros grupos similares. La información internacional proporciona el apoyo estratégico, táctico e ideológico para que surjan nuevos terroristas.

Contacta además a las distintas organizaciones terroristas del mundo quienes se han unido en una estrategia global "contra el imperialismo".

Dando gran cobertura a los actos terroristas, los medios dan la impresión de simpatizar con la causa terrorista, creando un clima congeniante con la violencia.

Las sociedades abiertas son las más vulnerables a esta penetración, también las que sufren inestabilidad social, política o económica y/o están en proceso de modernización.

Los medios suelen estorbar la acción de la ley y la policía, especialmente cuando no se actúa coordinadamente entre las partes.

La tesis de suprimir totalmente la información terrorista no cuenta con mucho apoyo ya que, además de otros factores, la falta de datos produce rumor, pánico y finalmente la pérdida de confianza en la prensa y en las autoridades.

Imponer límites a la prensa probablemente impulsará a los terroristas a escalar más niveles en la violencia para lograr llamar la atención.

Además como su fin es crear anarquía y minar la autoridad, si ven que por su causa se está optando por reprimir libertades, pueden tomarlo como una victoria para su causa.

Si se opta por entregar información terrorista, esto deberá hacerse a través de una responsable selección de material. Es decir, intentando diferenciar lo que es realmente importante de lo previsible, aislado, o coyuntural.

La divulgación de comunicados, mensajes o explicaciones de los terroristas no conviene trasmitirla directamente, sino dentro de una explicación completa y que nunca excluya la connotación negativa del periodista sobre los hechos.

En definitiva, estos supuestos corresponden a la tesis de la información selectiva de calidad.

Cualquier iniciativa que hayan tomado los medios, a mutuo proprio, por buscar criterios comunes y coherentes al respecto, es positiva.

Finalmente, ¿existiría el terrorismo sin el apoyo de la prensa? Sería muy aventurado afirmarlo. Sin embargo, con todos los antecedentes reunidos en esta investigación, podemos concluir que las actuales organizaciones terroristas serían mucho más débiles y reducirían su impacto mundial.

 

NOTAS

1 YONAH ALEXANDEK, PAVIL WILKINSON y DAVID CAKLTON, ed., Terrorism, Theory and Practice, (Colorado: Westview Press, 1979], p. 159.

2 Op. cit., capitulo 3, p. 73.

3 Op. cit., capítulo 3, p. 75.

4 Op, cit., capítulo 3, p, 84.

5 Op. cit., capítulo 7, p. 163.

6 Ibidem.

7 Op. cit., capítulo 3, p. 88.

8 CARLOS SORIA, Ethos Informativo y Terrorismo. En Problemas y Perspectivas de la Información, Mario Urzúa ed. (Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de Chile, 1982), p. 120.

9 Op. cit., nota (1), p. 86.

10 WALTER LAQUEUK, Terrorism (París, 1979), en Op. cit. nota (8) p. 125.

11 CARLOS SORIA, Op. cit., nota (8) p. 131.

12 CARLOS SORIA, Op. cif. nota (8) p. 125.

13 JOSÉ LUIS DADER, El Absurdo en el Escenario, en Op. Cif., nota |8), p. 141

14 Op. cit., nota (1) p. 124.

15 Ibidem.

16 Op. cit., nota (1) p. 126.

17 Op. cit., nota (1) capítulo 7, p. 160.

18 CARLOS SORIA, Op. cit., nota (8] p. 124.

19 Op. cit., nota (1) capítulo 7, p. 166.

20 Op. cit., nota (1) capítulo 7. p. 170.

21 JACQUES ELLUL, Terrorismo y Violencia Sicológica, citado por Carlos Soria, en "Ethos Informativo y Terrorismo", Op. cit., nota (8) p. 126.

22 Op. cit., nota (1) capítulo 3, p. 83.

23 Op. cit., nota (1) capitulo 3, p. 86.

24 Op. cit., nota (1) p. 139.

25 Op. cit., nota (1 capítulo 7, p. 168.

26 J.M. DESANTES, La Función de Informar, Op. cit., nota (8) ps. 241-243.

27 CARLOS SORIA, Op. cit., nota (8| p. 131.

28 Ibidem.

29 ANDRÉS SALDAÍN, La Información Ante el Terrorismo, Op. cit., nota (8) p. 142.

30 Ibidem.

31 Ibidem.

32 CARLOS SORIA, Op. cit., nota (8) p. 135.

33 CARLOS SORIA, Op. cit., nota (8) p. 136.

34 CARLOS SORIA, Op. cit., nota (8) p. 139.

35 Ibidem.

36 CARLOS SORIA, Op. cit., nota (8) p. 137.

37 ANDRÉS SALDAÍN, Op. cit., nota (8) p. 125.

38 Ibidem.

 

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