Este trabajo pretende una primera aproximación crítica al concepto de "prensa de élite" formulado en la obra de John Merrill (1). Se busca discutir el tema y crear las bases para que en el futuro se logre una definición operacional de esta prensa, lo que será un aporte útil para crear diarios de élite en Latinoamérica.
Merrill califica la situación de la prensa diaria como de una mediocridad general. La ve dominada por medios populares que llenan de trivialidades al lector, convirtiendo la lectura de noticias en un juego que ayuda a olvidar la realidad. Estos diarios, dedicados fundamentalmente a entretener, son agentes de la mantención del statu quo. También, el periodista norteamericano, plantea que la prensa popular es aquella que maneja al lector aprovechando sus emociones y prejuicios.
Dentro de esa realidad ve como excepciones, en no más de veinte países, diarios que con una orientación intelectual y un tono serio hacen pensar: la prensa de élite. Los diarios que la forman tienen la doble connotación de ser conciencia tanto de su país como del mundo entero y que sus lectores son la élite de la sociedad donde ellos; circulan y son leídos.
En su trabajo distingue dentro de esta prensa a una de prestigio, desarrollada en países con sistemas autoritarios y otras de calidad, propia de las sociedades política y socialmente abiertas. La prensa de prestigio está formada por medios influyentes y restringidos que dicen al lector lo que debe saber para estar bien integrado a la sociedad. La de calidad, de la cual es abiertamente partidario, la conforman diarios que tienen como característica principal el despertar el entendimiento de sus lectores y no sus emociones y prejuicios. Estos, además de presentar los hechos, se aseguran de interpretarlos a fondo y juzgarlos con opiniones valientes. Esta valentía de la que se habla, implica no caer en servilismos con gobiernos, partidos o grupos de presión. De hecho es una valentía que tiene como soporte la independencia económica.
Para Merrill el diario de élite no sólo debe ser un reflejo de la sociedad, sino que también debe estar un paso adelante de ella, sirviéndola como líder y educador. Esta labor se desarrolla estimulando a las personas influyentes del país en el desarrollo del mismo, en el compromiso con la humanidad y en el progreso social.
Este sitial dentro de una sociedad sólo se puede alcanzar mediante un alto grado de credibilidad de parte de los lectores. Confianza que se mide en la recepción de noticias: se debe lograr que, independiente de cual sea la opinión del lector sobre la editorial del diario, al leer los hechos se sienta frente a un resumen verídico de lo sucedido. El marco para lograr todo esto, según el autor, es la escritura seria y una tipografía digna.
Lo anterior constituye un bosquejo de las principales ideas de Merrill. El primer problema que encontramos es la dificultad para determinar entre las distintas características descritas, cuáles serían las fundamentales. Esto se complica aún más por la amplia gama de diferencias que existe entre los diarios de prestigio y los de calidad.
Una forma de aclarar los rasgos definitorios de la prensa de élite es mediante el análisis de las características que definen la antítesis de ella que es la prensa popular.
Según Merrill la prensa popular hace olvidar su realidad al lector y transforma en entretención la lectura de noticias, en esta forma lo maneja aprovechando sus emociones y prejuicios. Creo que en estas palabras están las características de fondo de un diario popular, el resto: color, tamaño de los titulares, tipo de fotografía o redacción son sólo aspectos formales. Por lo tanto si la prensa de élite es lo contrario, los aspectos de fondo que no pueden faltar en un diario que pertenece a ella son: la capacidad de hacer pensar, de mostrar la realidad con la información y la ausencia de todo manejo del lector.
Aquí aparece una importante contradicción en el trabajo de Merrill, si estudiamos a fondo su concepto de prestigio y los diarios que en él incluye, encontramos algunos que no tienen las características necesarias para pertenecer a la prensa de élite. Hablo de diarios que a pesar de ser leídos por la élite del país, de tener la seriedad y el tono requerido, de estar bien escritos; es decir a pesar de que tienen un claro parecido formal con esa prensa, ni informan la realidad, ni se abstienen de manejar al lector.
Si el diario popular no permite ver la realidad al llenar al lector de trivialidades que entretienen, este supuesto diario de prestigio lo hace al ocultar o transiversar deliberadamente los hechos. Luego, si comprendemos las palabras de J.R. Higgins, director ejecutivo del Washington Post: "Los ciudadanos parcialmente informados no tienen una opinión propia, sino la de quienes seleccionan para ellos la información" (2), veremos que estos diarios también están manejando al lector.
La inclusión de estos periódicos, que sólo se justifica por la enorme influencia que tienen, amenaza la definición de prensa de élite ya que poseen algunas de las características básicas de la prensa popular. Esto se puede solucionar reformulando la división prestigio-calidad desde otro punto de vista. En vez de dividir por el tipo de gobierno que los controla la división se debiera hacer a partir de la política editorial de los mismos. Entonces podríamos definir como de prestigio al que opte u adhiera abiertamente a una ideología, pensamiento o gobierno en especial y sólo profundice en él; sería el caso del Osservatore Romano, por ejemplo. Lo importante es que se de prestigio o calidad, el diario de élite tenga como característica principal el despertar el uso del entendimiento y la lógica del lector, lo que implica hacerle pensar, mostrarle la realidad y abstenerse de manejarlo.
De lo anterior se podría deducir un desafío pluralista para la prensa de calidad, que puede ser fuente de una interesante polémica. Esto es muy importante en Latinoamérica, donde la marcada división política hace que los diarios opten por presentar sólo un punto de vista de la realidad. Luego, resulta que sólo los adherentes a la postura de el diario tienen con él la credibilidad que exige Merrill. A esto se agrega la dificultad económica para unos, y de tiempo para otros, para leer más de un diario; lo que estaría obligando a vivir parcialmente informada a la mayoría del país.
Diane Bradier exige para un país bien informado una prensa que realice su trabajo con exactitud, cubriendo en forma completa los hechos y con distintos diarios que polemicen al hacerlo. Al hablar sobre esta polémica la autora acepta que los medios por separado no tienen una información verdadera, sino que esta existe quizás, en el conjunto (3).
Conscientes de esto nace el desafío del que hablo: ¿cómo hacer diarios pluralistas con controversia interna?, ¿cómo permitir que en un diario escriba un grupo heterogéneo de periodistas, con la jefatura de un editor que acepte que se publiquen distintos puntos de vista en las noticias conflictivas? Este paso le daría mayor objetividad al diario y credibilidad a sus noticias. Lo convertiría en un constante educador de valores democráticos y en un estímulo a lo más humano del hombre, su entendimiento.
Merrill nos demuestra que para alcanzar todo lo anterior es fundamental la característica valentía que tienen los diarios de calidad para interpretar y juzgar a fondo los hechos. Nos habla de no caer en servilismos con partidos o grupos de presión, en el fondo demuestra la importancia de la independencia de estos diarios. Este es un problema que se ha ido agravando junto con el crecimiento de la influencia de la prensa. En la práctica hoy en el mundo sólo se puede hablar de una independencia relativa.
Esto se agudiza en Latinoamérica donde por problemas económicos los diarios dependen informativamente de las agencias noticiosas internacionales. El hecho que un grupo de países controle el derecho a determinar lo que se debe saber y cómo esto debe ser conocido, afecta cualquier posibilidad de una prensa de calidad en el continente.
Como nuestros gobiernos no han podido idear mecanismos de defensa, la responsabilidad de hacerlo cae en manos de los diarios que pretendan entrar a la élite como diarios de calidad. Esto obligaría, por ejemplo, a desechar la costumbre de publicar directamente lo que envían las agencias. Un buen diario requiere de periodistas especializados por zona mundial, que reciban las principales revistas de su sector y que tengan contactos de confianza en el terreno. Esta persona debería recibir todos los cables de noticias sobre su zona y elaborar un "recocido" en el que de las dudas de veracidad sean compartidas con el lector. Para las noticias latinoamericanas el trabajo debería ser realizado por la comunidad de diarios de calidad del continente, quienes idealmente podrían organizar una agencia que con independencia de los gobiernos e ideologías, mediante el trabajo pluralista, elabore noticias que den confianza tanto al resto del mundo como a los otros diarios latinoamericanos.
NOTAS
1. El tema ha sido tratado en los siguientes libros:
John C. Merrill: The élite Press: great newspapers of the world. Pitman Publishing Co., New York, 1968.
John C. Merrill, Cartel Bryan, Maivin Alisky: The Foreign Press. A survey of world journalism Louisiana State University, Louisiana, 1973.
John C, Merrili, Harold Fisher: The world's great dailies. Profiles of fifty newspapers. Hasting House, New York, 1980.
2 y 3. Diane Bradley: The newspapers; its place in a democracy. Van Nostand, New York, 1965.
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