La Escuela de Periodismo cumple 25 años en un momento de múltiples desafíos.
En primer lugar, la revolución de las comunicaciones ha hecho tan complejo el rol de quienes trabajan en ella, que la antigua imagen del periodista, concebido básicamente como un hombre inquieto que sabía escribir bien, se ha abierto hacia una inmensa variedad de actividades que pueden incluirse bajo este concepto.
En segundo lugar, desde importantes sectores del país, con diversas perspectivas ideológicas y variadas manifestaciones concretas, han surgido intentos por desdibujar el carácter universitario de! periodismo. Este se expresa, en consideraciones como que cualquiera puede ser periodista, que todos deben ejercer funciones informativas, y por tanto, que el periodismo no necesita ser enseñado en la Universidad.
Tras estas concepciones subyace la confusión —consciente o inconsciente- de que el ejercicio del legítimo derecho de expresión y opinión, que debe garantizarse a todos, es homologable al periodismo profesional y su función de informar.
Por otra parte, afectan a la escuela, los diversos intentos externos por imponer a la prensa modos de acción que convienen a intereses particulares, que aún siendo legítimos en sí mismos son negativos para la función informativa en su conjunto, ya que redunda en la ideologización de los medios y de la sociedad chilena, en general.
Un último factor, y que se da tanto en el contexto nacional, como en el exterior, es el problema de la credibilidad de la prensa, que también incluye una desconfianza hacia el tipo de enseñanza o formación que se imparte a quienes deben trabajar en ella.
A pesar de estos diagnósticos negativos los indicadores objetivos de nuestra tarea son exitosos: casi no existe cesantía entre nuestro egresados que trabajan en la amplia gama de los medios informativos, y por otra parte los alumnos que ingresan tienen los promedios más altos de la Universidad. Considerando la variedad e importancia de estos desafíos, la Escuela decidió analizar y afiatar los principios más profundos que la sustentan, y el resultado de ese proceso —que yo llamaría nuestra mayoría de edad— es lo que hoy estamos celebrando, junto a ustedes, en nuestros 25 años.
El planteamiento de nuestro quehacer actual tiene dos dimensiones: lo que debemos enseñar, para obtener el profesional que deseamos y cómo se inserta la Escuela y ese profesional dentro de la sociedad.
El claustro de profesores de la Escuela de Periodismo, reunido en largas sesiones de trabajo, determinó —dentro del vasto campo de las comunicaciones, que incluye gran parte del quehacer social (como es el arte, el teatro, la dirección de cine y televisión, la publicidad, las relaciones públicas y la propaganda)— nuestro campo académico en la información social. Y esto, basado en el siguiente postulado: sin información adecuada no hay verdadera posibilidad de tener opinión propia, y como muchas personas no pueden o no quieren recoger personalmente los antecedentes que les serían necesarios, la información social, dada en forma ética y profesional, se les hace indispensable para ejercitar su derecho de opinión. Es la información, por lo tanto, clave para el desarrollo de una sociedad libre.
Este raciocinio justifica también plenamente la existencia del periodismo como carrera exclusivamente universitaria, porque una función social de tanta trascendencia no puede sino ser entregada a personas del más alto nivel de preparación intelectual y moral.
El diagnóstico exige que los objetivos académicos de la Escuela apunten principalmente a la comprensión y el mejoramiento de la información en sí misma, y del sistema por el cual ese contenido llega al público.
Así la información soda! se configura como un campo de acción que roza con la sociología, la psicología social, la ciencia política y también la educación, pero es definitivamente distinto a ellos. Los antecedentes que esas ciencias proporcionen son sin duda muy importantes para entender las relaciones del sistema informativo con otras realidades sociales, pero son insuficientes para comprenderlo desde una perspectiva interna y propia.
El periodismo universitario postula que de sus aulas egresa un profesional distinto, que aunque debe conocer particularidades de las ciencias que enriquecen su quehacer, tiene como rasgo principal una manera diferente de abordar la realidad multidimensional, siempre abierta a confrontar diversas alternativas y enfoques. Porque creemos que el rol del periodista debe ser entregar en forma profesional y ética el máximo posible de información, entendida como el relato, las interpretaciones y las diversas opiniones vertidas dentro de la sociedad, en relación a los hechos acontecidos en ella. Por otra parte, el periodismo debería propiciar el crecimiento social no por vía de presentar una sola visión global de la sociedad sino por exponer, en forma lo más adecuada posible, las diferentes versiones en torno a un hecho o tema, de modo de hacer una contribución efectiva a la búsqueda común de la verdad y el ejercicio de la libertad.
Esta concepción deriva de un enfoque específico en nuestra docencia. No se trata de entregar meras técnicas de correcta expresión además de conocimientos en un área, sino de preparar un tipo de profesional, capacitado para ejercer el periodismo, pero que a la vez tenga estudios en estos conocimientos que hemos llamado información social, a un nivel de licenciatura, (equivalente a lo que pudiera ser la ciencia jurídica, política o económica). De modo que se convierte en un emisor calificado para distinguir de la realidad aquellos aspectos que meritan ser transformados en información, de acuerdo a las condiciones señaladas.
Por otra parte, la Escuela ha comprendido que la variedad de enfoques que requiere un medio de comunicación en su amplia gama de contenidos, hace deseable para el periodismo nacional que quienes se interesen por trabajar en estos medios, proviniendo de otra formación inicial (llámese abogados, economistas, profesores, geógrafos, biólogos, etc.) puedan hacer un currículum diferente que no les otorgue el nivel de licenciado —que ya tienen— sino que les entregue solamente el título profesional de periodistas. A su vez la licenciatura en información social habilita a los egresados de la Escuela para seguir estudios de post-grado en el área del saber en la que quieran desarrollar su labor.
Para cumplir con los desafíos de esta doble estructura curricular, que además tiene un nivel mayor de exigencias que el de los currículos anteriores, la Escuela está dividida en dos grandes departamentos: Fundamentos de Actualidad y Sistemas Informativos.
El objetivo del departamento Fundamentos de Actualidad es, en síntesis, desarrollar en el alumno una capacidad de comprensión de los acontecimientos que lo rodean, apoyado en una serie de otros conocimientos, tales como historia, ciencia política, filosofía, sociología y economía.
A modo de ejemplo de esta enseñanza que tiene por objeto aumentar el bagaje cultural y la capacidad de captación y transmisión de ideas complejas, los alumnos tienen un curso llamado Grandes Ideas de la Civilización Occidental en el cual se les pone en contacto con textos originales de grandes pensadores. También tienen otro curso llamado Taller de Actualidad, en el cual a partir de los hechos noticiosos del momento, analizan las causas, consecuencias, raíces y perspectivas de los hechos, guiados por un grupo interdisciplinario de profesores.
Por su parte, el Departamento de Sistemas Informativos introduce al alumno en el complejo mundo de la información, a través del estudio común de las fuentes informativas y la ética y deontología profesional; así como a los estudios diferenciados de la prensa escrita, la radio, la televisión. Para esto la Escuela ha debido incorporar nuevas tecnologías: a la antigua y tradicional "Sala de Máquinas" se le ha agregado un Teletipo cuyos servicios fueron donación de la Agencia EFE durante el año pasado. También se cuenta con 3 computadores que pueden usarse como procesadores de palabras, o para manejo computarizado de registros de información y de imagen. Incluso, a partir del próximo año se estará en condiciones de entregar cursos sobre video texto, tecnología que no está aún en uso en Chile.
Por su parte, la Escuela cuenta con el único laboratorio de fotografía del país, especialmente diseñado para la docencia, y un estudio de radio y televisión, que aunque modesto permite trabajar a los alumnos en la elaboración y edición de trabajos periodísticos para la televisión en colores.
Pero la labor de los Departamentos no se resume en la docencia. En esta etapa de la Escuela los profesores han comprendido que un proyecto de esta naturaleza solamente se sustenta en una acuciosa investigación sobre las materias que les son propias. Y en Chile hay poco o nada de investigación seria sobre la historia, el funcionamiento y las condiciones del proceso informativo. Por esta razón y con un esfuerzo que creo importante destacar, 10 de los 14 profesores jornada completa de la Escuela de Periodismo se encuentran participando en algún proyecto de investigación, aprobado por concurso en la Dirección de Investigación de la Universidad.
Las materias de estas investigaciones se refieren, por ejemplo a la prensa durante el Estado de Sitio, la situación de la prensa regional, historia del retrato periodístico, tipos de propiedad y financiamiento del medio televisivo y sus relaciones con la programación de los canales, catastro y análisis de las investigaciones desarrolladas en Chile sobre el sistema informativo, aparición y desarrollo de los géneros periodísticos en Chile, entre otros.
Pese al escaso número de profesores jornada completa tampoco se ha dejado de lado la extensión. La Escuela ha participado en los últimos años en numerosos proyectos que extienden su misión hacia afuera y que van desde charlas, seminarios y mesas redondas hasta asesorías a empresas en materia del área o servir de unidad revisora de una carrera del Instituto Profesional del DUOC, por ejemplo. Sin pretender enumerar aquí el tipo de evento organizado en cada caso y sólo mencionando la labor de este último tiempo creo que es ilustrativo saber que la Escuela ha trabajado con la Embajada Norteamericana, con Goethe Institut, con Endesa, con Lan Chile, con Televisión Nacional, con Videomédica, con el Ministerio de Relaciones Exteriores, con la Asociación Nacional de la Prensa, con el Colegio de Periodistas, con Unicef, con la Asociación de Radiodifusores Católicos, con la Compañía de Jesús y con el Centro de Comunicación Social del Episcopado.
Paralelamente a su trabajo de docencia, investigación y extensión, la Escuela ha iniciado también algunas actividades de perfeccionamiento de su propio profesorado. En la planta cuenta actualmente con dos doctores, dos master, dos candidatos a master y tres postítulos.
El año pasado, se realizó una actividad académica de perfeccionamiento a cargo del profesor Gehard Maletzke, uno de los más importantes teóricos en el campo de investigación de medios. Actualmente —además— está a punto de iniciarse un proyecto de intercambio con la Universidad de Texas, que tiene considerado comenzar con los profesores pero que espera mantener por varios años, para los alumnos.
Antes de terminar quisiera agradecer a los profesores de la Escuela el esfuerzo invertido en desarrollar este proyecto, a los alumnos la comprensión y el interés que han demostrado en él, y a las autoridades universitarias el apoyo para que la Escuela pueda llevarlo a cabo. Los frutos, espero que se verán en algunos años. Pero para que esos frutos se hagan efectivos juegan un rol muy importante los periodistas que están actualmente en ejercicio. Nuestra aspiración es que, al cabo del mismo tiempo de experiencia, sea mejor profesional aquel que pasó por nuestras aulas que el que no lo hizo. Pero quisiera recordar a los profesionales de los medios, que la formación de nuestros alumnos termina en manos de ustedes, son a ustedes a quienes admiran y son ustedes quienes los introducen en las condicionantes de la práctica profesional.
La Escuela está consciente de que hay quienes sostienen que un periodismo completamente objetivo es imposible y que por lo tanto es preferible - escribir crónicas o desarrollar noticieros que defiendan tal o cual postura ideológica.
Es cierto que, el qué informar, el cómo informar, y el cuándo informar pueden convertirse en interrogantes muy angustiosas en el mundo de hoy y que muchos recurren para solucionar ese conflicto a un periodismo ideológico, de' trinchera, que les señala qué decir y qué ocultar en función de las metas de esa ideología.
Los medios de definición ideológica tienen el peligro de fomentar fuertemente la división social en la medida en que la gente tiende a informarse en aquellos que le son afines y a dudar de todo lo que se dice en los contrarios. Esto termina por dividir a la sociedad en verdaderos compartimentos estancos, sin posibilidad de contacto, puesto que no comparten ni siquiera el conocimiento de la realidad. La Escuela sostiene que si bien no es posible un periodismo que tenga un perfil propio que esté, en primer lugar, al servicio del público y de la información.
Actuar de esta manera requiere, sí de una sólida estructura moral.
Y la doctrina cristiana, fuente de esta Universidad, la proporciona sin atar la información y sin ponerla al servicio de grupos, sin sujetar al periodista a compromisos humanos que limitan su labor informativa.
Desde esta perspectiva las obligaciones de informar veraz, objetiva y responsablemente pasan a ser reflejos de la fe cristiana. La búsqueda de la verdad se eleva del plano de una prensa objetiva hacía sí mismo y hacia el público para pasar a ser una forma de búsqueda —consciente o inconsciente— de Dios.
Este sentido de la acción periodística tiene a la verdad como valor último. Por lo tanto todos los otros valores por importantes que sean en sí mismos (justicia social, orden, participación, unidad, democracia, seguridad, etc.) no pueden determinar el proceso informativo.
En cambio, la búsqueda honesta de la verdad debería contribuir a mostrarlos en la perspectiva equilibrada.
La objetividad nace a su vez de darle a todos los hombres y a sus respectivos planteamientos, una igualdad de oportunidades por un sentido de justicia, que no es una dádiva del periodista, sino consecuencia de creer que cada hombre es una persona, un ser creado y trascendente merecedor del máximo respeto. La responsabilidad en la información se ve guiada por el convencimiento de estar jugando un rol de unión y comprensión entre personas y grupos humanos que es parte del plan de Dios.
Esa concepción la recibimos quienes nos formamos en el viejo San Isidro, esa concepción es la que tratamos de inculcar a nuestros alumnos y creo que esa misma concepción será lo que estará más vigente de todo lo dicho, cuando ya pasado el año 2.000, la Escuela se reúna a celebrar su cincuentenario.
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