auxi auxi Cuadernos de Información Nº3/ 1986 auxi auxi
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Discurso del decano de la Facultad de Letras Jaime Martínez Williams en la Conmemoración Académica

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En cualquier obra humana, un cuarto de siglo es tiempo suficiente para acreditar eficiencia y para establecer los valores y la calidad a que se aspira. La Escuela de Periodismo, que completa este año esa edad en su desarrollo, celebra hoy una importante trayectoria, una personalidad definida, una esperanzadora vitalidad.

Hemos querido simbolizar este trabajo, que es de muchos, en nombres representativos de los diversos grupos que a él contribuyen. De los actuales profesores, con quienes ya nos reunimos en la familiar confianza que caracteriza nuestra vida académica, y de los antiguos, en la personalidad inconfundible y nunca olvidada de Octavio Marfán, ese verdadero maestro. De los funcionarios, en la señora Olivia Gibson, que ha acompañado desde los comienzos las alegrías y tristezas de sus hijos, como llamó siempre a los alumnos y sigue llamando a quienes lo fueron y forman ahora la mayoría del cuerpo docente. De los estudiantes, en el Presidente de su Centro y en aquellos que han probado ser los mejores en sus especialidades y entre los recién egresados. De los exalumnos, en los dos primeros titulados de una larga serie que, en su conjunto, cumplen -pese a su juventud- las tareas de mayor responsabilidad y más alto prestigio a través de todo el sistema informativo nacional. A esas veintiuna promociones les pedimos que escuchen el llamado que se les está haciendo para vincularse permanentemente a su Escuela. Pero, de manera especial, rendimos homenaje a quienes hicieron posible su crecimiento dirigiéndola en distintas etapas y bajo condiciones diferentes. Los que conocimos aquella época tradicional, con Patricio Prieto, Sergio Contardo y Cristian Zegers guiendo un equipo pequeño y abnegado, sabemos de dónde nace el impulso que hoy continúa con fuerza renovada.

Ya entonces la Universidad comprendió la importancia de la información en la sociedad contemporánea, importancia que luego no ha cesado de crecer. "El hombre —se ha dicho— se diferencia del animal por la información" (1), porque ella permite -lo que no hacen las simples señales de la naturaleza- componer mentalmente el mundo y las relaciones con él. Así se ha señalado una mutua influencia: "la extensión y complejidad cada vez mayores de las comunidades... están siendo posibles merced a la información..." y ésta, debido a "la proliferación de las relaciones comunitarias... se impulsa e intensifica" (2). Así, también, se explica que desde hace más de un decenio las ocupaciones relacionadas con la recolección, tratamiento o distribución de material informativo en su más amplia acepción hayan sobrepasado la mitad del total de puestos de trabajo en Estados Unidos.

"El hombre vive pues en un mundo que le construyen los grandes medios informativos" (3). Aunque éstos sean —y ordinariamente lo serán— de carácter privado, ellos y quienes en ellos operan cumplen una decisiva función social y política que les es reconocida con un no desdeñable ingrediente de hostilidad y recelo. Por lo demás, esto ocurrió desde el principio. En efecto, informar configura un poder en ocasiones admirado y muchas veces temido, objeto de fuertes críticas en su ejercicio y cuya cotidiana e indispensable labor, en todo lo positivo que generalmente tiene, es estimada sólo normal, sin que se le suelan atribuir otros méritos que el cumplimiento de un deber, o a lo más provoque pasmo por un despliegue de recursos gráficos o electrónicos.

Falta, sin duda, una apreciación equilibrada que pondere los graves desafíos de la hora y, junto a las deficiencias, el gigantesco esfuerzo que supone el intento de superarlos. Estamos, en verdad, frente a una explosión tecnológica en esta materia. En los años ochenta se ha multiplicado el uso de la informática, tan relacionada con esta actividad, y se han hecho accesibles a la televisión por cable, el video. el teletexto, la telecopia a domicilio y los satélites de comunicaciones, que en su avance son capaces de enviar señales a los receptores del público consumidor con prescindencia de fronteras o de restricciones legales y administrativas. Sin embargo, mayor aún es el peso de los condicionamientos humanos que sucesivamente impone a la sociedad. En 1910, Max Weber se interrogaba, debido a ellos, sobre el futuro de la prensa, con preguntas que siguen siendo válidas y a las cuales se suman las originadas en nuevos y acelerados cambios en las costumbres, educación y aspiraciones de las múltiples que se incorporan al ámbito de la información.

Ambos grupos de factores plantean importantes problemas éticos sobre los cuales volveremos desde diversos ángulos a lo largo de los actos académicos en que la Escuela seguirá recordando sus 25 años. Así ocurrió también durante la Misa con que el señor Cardenal dio comienzo a las celebraciones, en cuya homilía nos instó a cumplir nuestros deberes como periodistas cristianos. El ideal de una prensa libre y responsable es un tema de debate y reflexión que ha acompañado a esta profesión en toda su trayectoria, dotándola de una viva conciencia moral estimulada precisamente por los centros de formación universitaria. El resurge hoy en forma imperiosa porque de manera simultánea aumentan las amenazas en su contra y el juicio crítico de la opinión ciudadana.

Como algo limítrofe entre los requerimientos éticos y los estrictamente profesionales, se cuestionan el concepto mismo de la objetividad periodística y el servicio desinteresado al público. Una creciente confusión en los géneros y en el campo de acción de cada medio contribuye a desorientar a muchos. El tipo de noticias, de comentarios o de testimonios visuales o auditivos que antes fue coto exclusivo de la revista o de la televisión, por ejemplo, cambia de envase y a veces, de técnicas de utilización. De una concepción complementaria de la prensa escrita y los elementos electrónicos se llega a extremos de competencia, a veces con motivaciones más comerciales que de exigencia profesional. Las clásicas virtudes de la amplitud noticiosa, el análisis interpretativo, la rapidez y el impacto visual, que parecían caracterizar al diario, la revista, la radio y la televisión, se mezclan y superponen, y eso sin abundar en el juego de otros factores que forman parte de la comunicación social, pero son ajenos a lo auténticamente informativo u opinante.

Este panorama se ha venido complicando por el proceso de masificación propio del siglo XX y de las paralelas demandas financieras de la actividad empresarial, provocadas por un mercado complejo y competitivo. A veces se olvida que el destinatario de esta labor es siempre una persona, aunque esté sumida en la multitud anónima, y que es su derecho y nuestra obligación rescatar el valor de su individualidad ante la presión masificadora. Es precisamente por eso que la tendencia actual va en sentido contrario a lo que por tanto tiempo se ha temido. Se procura ahora, generalmente con éxito, definir públicos delimitados y asuntos de relativa especialización, así sea por razones geográficas o por intereses específicos. La información superficial y sintética se reserva para noticiarios de gran audiencia que prestan, por lo demás, un servicio indispensable en la vida moderna, aún para quienes desean complementarlo con otros recursos noticiosos.

Seria grave menospreciar el peligro de un uso totalitario, intencionado o siquiera irresponsable de una capacidad de adoctrinamiento y presión sicológica como la que brinda un control desmedido del sistema informativo, sobre todo respecto de aquellos ciudadanos que no tienen alternativa alguna para elegir. Además, ha de tenerse presente que la libertad de información y de opinión es un derecho fundamental, que en nada se contradice con el carácter de función pública de alta actividad. El titular de tal derecho es la persona, aunque su trascendencia alcance a toda la comunidad. En cuanto a repercusión universal -y por cierto a su validez doctrinaria- se ha dicho que su acta de nacimiento está en la solemne Declaración de 1948 de las Naciones Unidas y su bautismo en la Constitución ínter Mirifica del Concilio Vaticano II (4). En nuestro país, el tema preocupa por múltiples razones y la Escuela de Periodismo ha colaborado desde el punto de vista académico que le corresponde a su estudio y difusión. No es difícil imaginar que se trata de una materia cuyas múltiples resonancias aumentarán con rapidez y harán más necesarios que nunca los aportes serenos y bien fundados de nuestros docentes e investigadores.

Frente a tantos y tan profundos desafíos, la respuesta prioritaria tanto del sistema informativo y de quienes participan en él en cualquier forma o tarea debe consistir en un "salto de calidad" (5) en la relación con las fuentes, en la valoración, la selección y el procesamiento de la noticia y en su entrega al público. Íntimamente vinculada con este avance cualitativo está la consecuencia de robustecer la credibilidad de los medios, hoy vulnerable y atacada con dureza hasta dañar de manera imprevisible la estabilidad social.

Para lograr esos objetivos, se requiere estudio y acción: un análisis serio de los fundamentos y comportamiento del sistema y un rigor acendrado en el servicio profesional a la comunidad. La vocación y experiencia de esta Escuela de Periodismo la sitúan en posición privilegiada para contribuir en esa doble finalidad, como lo explicará su Directora al referirse a su realidad y a sus proyectos. Como obra bien hecha, podemos ya enorgullecemos de nuestros exalumnos y lo que ellos han significado en la transformación del periodismo nacional. Años atrás, dirigiéndose a nuestros estudiantes, el entonces director de El Mercurio, Arturo Fontaine, afirmó que "Chile necesita profesionales excelentes en todas las disciplinas; pero tal vez sólo los oficios de maestro y de periodista sean tan indispensables para la defensa y progreso de la civilización y de la libertad" (6).

En nombre de la Facultad de Letras, agradezco la presencia en este acto del señor Cardenal, del señor Rector y de todos nuestros invitados, y el apoyo que dan al esfuerzo que aquí se realiza. Quiero agradecer, asimismo, de manera muy personal, con admiración y afecto, el espíritu que anima a cada uno de los integrantes de la Escuela. Y me es especialmente grato destacar en esta solemne ocasión la notable tarea cumplida en los últimos años, con su colaboración, por la Directora doña Silvia Pellegrini. que ellos también aprecian y respaldan. Todos saben que están comprometidos en una misión formativa y de investigación que sale de lo corriente; que éste de la información es uno de los campos más apasionantes e inexplorados del conocimientos, y que trabajar en él, sea en la Universidad o en el ejercicio profesional, es -como resumió en aquella clase magistral Arturo Fontaine- "una de las mayores responsabilidades que pueden depositarse sobre hombros humanos" (7).

 

NOTAS

1. Arturo Fontaine A., "El Mercurio", 20 de mayo de 1979.

2. J.M. Desantes, "La función de informar"

3. A. Fontaine, id

4. J.M. Desantes, id.

5. Carlos Soria, id.

6. A. Fontaine. id.

 

 

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