Nos reunimos hoy en torno al altar del Señor, en la conmemoración de los 25 años de fundación de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con mucho gusto he aceptado venir a celebrarles la Santa Misa, para que demos gracias a Dios por todo lo bueno que ha suscitado en estos 25 años, para que reconozcamos con humildad en nuestro corazón las deficiencias que hubieren podido haber en el desempeño de esta labor, para que nos comprometamos, una vez más y cada uno en el ámbito que le corresponde, en la construcción abnegada y generosa del Reino del Señor entre nosotros.
La Providencia de Dios ha permitido que la celebración de esta s. Eucaristía se realice junto a la memoria litúrgica de San Pío X: "el Papa de la Eucaristía", como muchos lo llaman y conocen. Fue elegido Papa en 1907, y dejando una huella imborrable de sabiduría divina y de fortaleza apostólica, como nos recuerda la oración de la Misa de hoy. Uno de los rasgos más sobresalientes de él fue, sin duda, su amor al Misterio eucarístico. Quiso que se le adorara con toda el alma, quiso hacerlo accesible a la mayor cantidad de gente posible, fue como una expresión vivida y preclara de lo que nos señalaría el Concilio Vaticano II: la Eucaristía es y debe ser la cumbre y la fuente de toda vida cristiana.
Por eso es que me alegro de esta feliz coincidencia, y de que hayan querido celebrar una Misa dentro del programa de esta conmemoración de los 25 años de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica. Por eso es que considero también que la primera tarea, la primera santa obligación de un profesional, de un periodista cristiano, es la de alabar y bendecir a Dios, es la de celebrar junto a sus pastores y a la comunidad la Eucaristía, para que se convierta realmente en él y en el entorno que lo rodea en la cumbre y fuente de su vida cristiana.
En segundo lugar quisiera pedirles que viésemos juntos los acontecimientos tratando de imitar a Jesucristo para penetrar lo más profundo de la realidad humana, para hacer nuestros y asumir con intención salvífica "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren" (Gaudium et spes, 1). La mirada del Pastor, y también la del periodista cristiano busca discernir con sabiduría el paso del Señor en los múltiples acontecimientos que diariamente sucede, para orientar según la santa voluntad de Dios los diversos ámbitos de la vida humana, para animar en la práctica del amor en toda circunstancia; para ofrecer y "presentar a Cristo como respuesta de salvación universal" (Mensajes a los pueblos de América Latina, 3). ¡Para decirles, queridos amigos, a los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares, que tenemos una dignidad sagrada de hijos de Dios, que somos obra del Amor Creador de Dios, que somos también causa de su maravilloso Amor Redentor!
Sin duda que las ciencias básicas sociales para la formación de un periodista son valiosas e instrumento importante para el mejor conocimiento del hombre. Con ellas pueden escudriñar y estudiar diversos aspectos, diversas variables que ayudan a explicar los complejos fenómenos sociales, económicos y políticos de la humanidad. Pero deben también, tenerse presente, sus limitaciones, y su dependencia a los presupuestos o hipótesis que sobre el hombre y la sociedad ellas tienen. Todo cristiano, por lo tanto, debe ser muy lúcido en el uso de las ciencias sociales, y ustedes nunca deben olvidar que como Universidad Católica a la que pertenecen debe tenerse presente que "por medio de la revelación, Dios quiso manifestarse a Sí mismo y sus planes de salvar al hombre, para que el hombre se haga partícipe de los bienes divinos, que superan totalmente la inteligencia humana" (Dei Verbum, 6).
En tercer lugar, quisiera invitarlos a escuchar la palabra del Santo Padre Juan Pablo II. Estamos y debemos estar pendientes de lo que él nos dice. Como los discípulos de Jesús lo estaban, y procuraban no perder ninguna palabra que saliera de sus labios benditos, así deberíamos estar nosotros: siempre atentos a las palabras del Vicario de Cristo; con humildad, con un corazón puro, como nos señala el Salmo 50, con ese corazón nuevo que nos promete de regalo el Señor.
El 11 de mayo de este año 1986, celebrábamos en la Iglesia una vez más la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Como un signo elocuente de la importancia de los Pastores de la Iglesia le otorgan a los Medios de Comunicación Social, cada año el Papa envía un mensaje especial, para saludar y animar a todos los que laboran en este campo de las comunicaciones, para "considerar y profundizar la contribución que las comunicaciones sociales pueden dar a la formación cristiana de la opinión pública", como lo señaló en el mensaje de este año. Los invito, pues, a escuchar algunos párrafos de este mensaje, que pienso puede ser una muy luminosa guía para el quehacer de esta Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Nos dice el Papa: "La opinión pública se forma por el hecho de que un gran número de personas hace propio, considerándolo verdadero y justo, lo que algunas personas y algunos grupos, que gozan de especial autoridad cultural, científica o moral, piensan y dicen. Lo cual muestra la grave responsabilidad de aquellos que por su cultura y su prestigio forman la opinión pública o influyen en alguna medida sobre su formación". Y nos agrega el Papa: "Se desprende -de esto- la importancia de formar una opinión pública moralmente sana sobre los problemas que afectan de cerca al bien de la humanidad en nuestro tiempo. Entre los bienes situamos los valores de la vida, de la familia, de la paz, de la justicia y de la solidaridad entre los pueblos". Y, por último, nos señala el Santo Padre que: "Particularmente urgente resulta la formación de una sana opinión pública en el campo moral y religioso. A fin de poner un dique a la difusión de una mentalidad favorable al permisivismo moral y a la indiferencia religiosa, se hace necesario formar una opinión pública que respete y aprecie los valores morales y religiosos, en cuanto éstos hacen al hombre plenamente "humano" y dan plenitud de sentido a la vida. El peligro del nihilismo, es decir, de la pérdida de los valores más propiamente humanos, morales y religiosos, incumbe como grave amenaza a la humanidad de hoy".
Queridos amigos: estos 25 años de la Escuela de Periodismo son un motivo también para reconocer el trabajo, muchas veces silencioso pero eficaz, de directivos, profesores, alumnos, del personal administrativo y auxiliar. Sólo Dios conoce todos los sacrificios que, estoy cierto, muchos han realizado con abnegación y generosidad, para el crecimiento y engrandecimiento de esta Escuela. Este es un motivo más para que los que hoy participan en ella se sientan muy responsables del legado de valores humanos y cristianos que aquí se haya formado; y que deben valorarlo y transmitirlo con Fidelidad.
Que la Santísima Virgen María, nuestra Madre educadora de la fe, los acompañe siempre muy de cerca. Que como ella estemos siempre abiertos a la Palabra de Dios, que junto a Ella siempre hagamos lo que Jesús nos diga. Que con Ella nos convirtamos en íntimos colaboradores de la obra redentora del Señor, que debe comunicarse a todos los lugares y en todos los tiempos, tarea que incumbe de manera especial a los periodistas que egresen de esta Escuela de Periodismo de la Universidad Católica. Así sea.
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