auxi auxi Cuadernos de Información Nº4-5 / 1987-1988 auxi auxi
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Políticas de Información

SILVIA PELLEGRINI RIPAMONTI
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La primera vez que enfrenté el tema de "políticas de información" tuve una extraña sensación inconsciente. Recordé un letrero que, hace largo tiempo, vi en un país centroamericano: "Peligro —decía- zona de pantanos". Y no sólo recordé el contenido del letrero, sino que volví a sentir la misma sensación de vaga inseguridad que me produjo.

 

La relación entre políticas de información y lugar pantanoso fue entonces inconsciente. Hoy tengo más claras las razones del porqué de esa sensación, pero no puedo decir que ella haya desaparecido del todo.

 

La razón del temor difuso es, en primer lugar, debida a que el tema plantea una serie de dudas sobre qué ámbitos son los que abarca en propiedad. Y, además, porque como señalaban Baggaley y Duck, "cuando un tema atrae la atención pública pero no contiene hechos indiscutidos, y se combina con una situación de ignorancia, pueden extraerse conclusiones apresuradas y basar en ella una serie de teorías". (1)

 

De acuerdo a lo establecido por Baggaley y Duck, es la combinación de tres aspectos lo que hace riesgoso abordar un tema:

 

-- El que atraiga excesivamente la curiosidad pública;

 

-- el que no haya algunos hechos establecidamente indiscutidos;

 

-- el que haya un grado generalizado de ignorancia respecto al tema, y lo que es más, que ésa sea una ignorancia no reconocida ni aceptada como tal.

 

No cabe ninguna duda de que eso es lo que sucede en este tema: la información social y las políticas que con respecto a ella se adopten en un país, son un tema fácilmente atractivo para el público, en especial en un momento como el que está atravesando Chile.

 

Además, tampoco está claro para una amplia mayoría qué se entiende por información ni qué aspectos debería abordar una así llamada "política de información". Es decir, las consideraciones básicas del tema no están teóricamente establecidas, ni sus acepciones comunes son indiscutidas.

 

Por último, en términos generales, siempre que se tratan temas relacionados con él periodismo y la información social, sucede que —por cuanto se trata de una materia con la cual diariamente se tiene algún contacto y cuyo desarrollo teórico es bastante reciente— todo el mundo cree saber sobre el tema, y no hay quién deje de tener alguna respuesta o solución a los problemas que intuye.

 

Pocos están conscientes de que se trata de un área con un cierto grado de desarrollo académico, y menos aún son los que aceptan su total desconocimiento sobre la materia.

 

Por lo tanto, estamos claramente en presencia de lo que los autores Baggaley y Duck llaman "un tema peligroso".

 

Esta introducción no pretende solamente ser un listado de temores, sino que sirve también para delimitar los alcances de este planteamiento, que son, en síntesis, establecer someramente algunos puntos esenciales que debieran considerarse en la elaboración de una política de información, así como algunos conceptos teóricos que sustentan esa política.

 

LOS CONCEPTOS:

 

Según la Real Academia Española, política es —en la cuarta acepción de la palabra— "el arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado". (2)

 

A esa definición, Demóstenes le agrega un elemento valórico al señalar que "los principios de una política han de estar hechos de justicia y de verdad". (3)

 

En este caso, el "fin determinado" del que habla la Real Academia Española está claro: es entregar información a las personas que integran una sociedad. Y en el ámbito de la información, parece bastante evidente que "el arte o traza" con que se conduzca una política al respecto debería estar inspirado en la justicia y la verdad.

 

El cómo se den estas últimas dos condicionantes lleva al tema de qué se entiende por información social.

 

Intentar definir ese término es uno de los desafíos más complejos que ha abordado la Escuela de Periodismo en los últimos años, ya que se trata, en última instancia, de delimitar cuál es el campo de acción propio del Periodismo desde el punto de vista teórico, y además determinar cuál es su función social.

 

Por otra parte, la definición estudiada debe abordarse, como dice Brajnovic, "desde el punto de vista mismo de la información y no desde el punto de vista de las ciencias o posturas que accidentalmente tratan de la información, en cuanto es fenómeno que les interesa directa o indirectamente". (4) Esto implica que no puede ser tratado el tema desde visiones como la del derecho, de la economía, de la sociología, de la ciencia política o de cualquier otro ángulo, sino desde el propio y particular punto de vista de la información social.

 

Esta condicionante de un punto de vista propio vale igualmente para los efectos de "políticas de la información", que es lo que se considerará aquí. No se tratará entonces de ver qué políticas son más útiles para un mejor desarrollo del sistema político, económico o social, aunque tangencialmente se toquen esos temas; sino de delimitar un tipo de políticas de información que sea el más valioso para los objetivos propios de la información social.

 

Esos objetivos, a su vez, sólo pueden ser determinados en la medida en que se tenga claro qué se entiende por información social.

 

Para intentar responder a las metas de justicia y verdad fijadas por Demóstenes para cualquier política, se ha conceptualizado la información social como "la acción y resultado de recolectar, elaborar, transmitir y recibir la imagen procesada de un hecho real comprobable, situado en el tiempo y el espacio, que implique o anuncie alguna modificación de interés en la vida social y que posibilite a los seres humanos ratificar o modificar su actuar, sentir u opinar". (5)

 

En esta definición se respeta, en primer lugar, el significado ordinario del término "información", que nominalmente es "dar forma a una cosa", al sostener que se trata de una "imagen procesada".

 

Este "dar forma a una cosa" en relación a la información social podría ser comprendido de dos maneras diferentes:

 

-- Dar forma al objeto, es decir a la realidad que se va a transmitir, lo que implica, entre otras cosas, métodos de recolección, formas de procesamiento, acercamientos a los hechos desde múltiples puntos de vista, selección de un género periodístico más adecuado para elaborar la información, entre otros;

 

-- o dar forma a las mentes de los receptores, que es un tema de especial atractivo para aquellos que quieren poner la información al servicio de algunos intereses determinados.

 

Si se respeta la visión original de que se trata de mirar la información desde su propio punto de vista, este "dar forma" que se deduce de su sentido más nominal, no puede ser sino dar una forma nueva a una realidad externa, conocible y comprobable, de modo tal que pueda ser aprehendida por los receptores sin que se altere su esencia misma, su verdad. Es decir, la primera de las alternativas nombradas. La segunda, corresponde a subordinar la información a otros fines que generalmente serán de carácter ideológico.

 

Avala la postura de que una correcta información social debe respetar la verdad propia del hecho real a que se refiere, lo señalado recientemente por el Cardenal Ratzinger en un coloquio sostenido en la Casa Central de la Universidad Católica. (6) Refiriéndose a la investigación histórica, que tiene importantes semejanzas con la información (no en vano se ha llamado a los periodistas los historiadores del presente), él dijo que hay que tener una cientificidad seria, una máxima objetividad y no construir historias ideologizadas, preconcebidas, interpretadas en clave de una visión ideológica determinada.

 

Para respetar el sentido correcto de la expresión "informar" como "dar forma", se plantea la primera gran condicionante de cualquier política de información: estar al servicio de un mejor desarrollo de la información misma dentro de la sociedad, y no de guiar a los diferentes grupos en una u otra dirección de carácter ideológico, político, económico o de cualquier otro orden.

 

LOS ALCANCES DE LA DEFINICIÓN

 

De la definición dada anteriormente pueden deducirse también otros elementos constitutivos de una correcta política de información. Ahora sí en un análisis paso a paso de los elementos que la componen.

 

Información es "el proceso de recolectar, elaborar, transmitir y recibir", lo que significa que la información social tiene métodos de acción que le son propios; y que trata de "hechos reales comprobables situados en el espacio o en el tiempo", es decir que tiene también una materia que le es consubstancial.

 

Un análisis exhaustivo de los alcances del método y la materia nos llevaría al análisis de la verdad informativa; de la respuesta que la información debe dar a los tres actos propios del conocimiento: la simple aprehensión, el juicio y el raciocinio; de la comprensión por parte del destinatario, y de varias otras materias que no son posibles de abordar en forma somera.

 

Pero al menos es necesario señalar que método y materia, para ser respetados como tales, deben ser conocidos y dominados por quienes trabajen la información social. De hecho, el tener un método particular y la acción autónoma de quienes la ejercen son algunas de las características propias de cualquier profesión.

 

De que la información tenga un método y una materia que le es propia, se puede deducir un segundo elemento de una correcta política de información social: la buena información debe estar asegurada al público no solamente por la vía de que pueda existir globalmente, sino también por la vía de que quienes la difundan sean personas capacitadas para ello.

 

Una correcta política de información social, entonces, debería velar porque esta función sea ejercida por profesionales, cuya formación debe ser, además, del mejor nivel alcanzable dentro de la sociedad en la que está inmersa.

 

Esta condicionante se hace aún más patente si se desmenuzan los otros dos elementos de la definición dada, vale decir: "que implica o anuncia alguna modificación de interés en la vida social”, o sea que la información social tiene un sentido, y -por último- que "posibilita al público modificare ratificar su actuar, sentir u opinar", o sea que la información tiene una finalidad.

 

Por lo tanto, contra posturas bastante divulgadas de que la información social tiene un significado puramente semántico, todo lo que se dice masivamente es información social; la Escuela de Periodismo postula que la información social no es tal si no cumple con una condicionante que le es propia: entregar al hombre el máximo de elementos para que pueda actuar, sentir u opinar libremente.

 

Esto significa que es el sentido el que permite determinar qué materia es informativa, qué hechos deben ser considerados noticias. Para juzgarlas deja de tener importancia aquello a que tradicionalmente se le ha dado valor, y que es el que la noticia sea positiva o negativa, para acentuar el enfoque de su relevancia; es decir, que impliquen o anuncien una modificación de interés para la vida social. Desde esa perspectiva sería materia informativa todo aquello que, al decir de Rosemary Righter: (7)

 

-- Proporcione un resumen verdadero, comprensible e inteligible de los sucesos del día, preferiblemente dentro de un contexto;

 

-- sirva de foro para el intercambio de opiniones, comentarios y

críticas;

 

-- entregue una visión representativa de los grupos que constituyen la sociedad;

 

-- presente y clarifique las metas y valores de los actores de la sociedad;

 

-- haga asequible al público el pensamiento del momento.

 

El que la prensa pueda cumplir con estas metas y otras de similares características, requiere de ciertas libertades públicas como son la libertad de acceso a las fuentes y de publicar lo que se ha encontrado. Presupone también la libertad del público de expresar sus opiniones en los medios y, como base para ello, una libertad mucho más general, la de crítica.

 

El tema de estas libertades entronca necesariamente con los temas jurídicos y podría sintetizarse en el derecho a informar y el derecho a la información o a ser informado.

 

Del sentido de la información social y su relación con las libertades y los derechos se puede extraer una tercera condicionante de una correcta política de información, que sería: asegurar a los medios informativos, y a los usuarios, la posibilidad de cumplir con el sentido de la información, garantizándoles el acceso a las fuentes y configurando alguna normativa legal que no solamente coarte "los excesos de la prensa", sino que garantice tanto el derecho de informar de los medios, como el del público a ser informado.

 

INFORMACIÓN Y PERSONA

 

Respecto de la definición de información social queda un tema más que no es posible eludir, y ése es la finalidad de la información. De acuerdo a la definición planteada, esta finalidad es "posibilitar al público ratificar o modificar su actuar, sentir u opinar libremente".

 

La libertad es uno de los valores esenciales del ser humano; acrecentar esa libertad es por lo tanto un acto de justicia en el sentido de dar a cada uno lo que es suyo. Posibilitar al hombre grados cada vez mayores de libertad, a través de una adecuada información, no es sino entregarle lo que en esencia le pertenece.

 

Esta finalidad de la información social adquiere toda su dimensión si se la mira a la luz de la tesis sostenida por el entonces sacerdote Karol Woytila en su libro titulado Persona y Acción. (8) El postula en su introducción que la experiencia y el conocimiento de los otros hombres son también parte del conocimiento de uno mismo. Por lo tanto, acrecentar la experiencia sobre otros hombres significa, en cierto modo, aumentar el conocimiento que se tiene de sí mismo. La información —entonces— tanto cuanto acreciente la propia capacidad de conocimiento de hechos y personas a los que no se tiene acceso directo, aumenta no sólo el conocimiento de ellos sino el de sí mismo, y eso hace ser más persona. Ser más persona es, a su vez, un acto de justicia porque se le da a cada cual lo que es suyo.

 

Considerar la información como un acto de justicia obliga al periodista a la objetividad, que deja de ser una dádiva concedida al receptor ("yo soy objetivo porque soy bueno contigo") para pasar a ser una obligación derivada de creer que cada uno de los integrantes del público es una persona, con iguales derechos que los del periodista a tener el conocimiento al que aquél tuvo acceso.

 

Esta visión de la información hace énfasis en el receptor: éste no es considerado como masa anónima de individuos a la que es posible —e incluso deseable— guiar en alguna dirección determinada, sino como un público compuesto de personas capaces de acciones libres y opiniones propias. Y la información no es tal mientras no haya un receptor que ha sido informado.

 

Este hecho determina otra condicionante vital de cualquier correcta política de información: reconocer a cada uno de los integrantes del cuerpo social su calidad de "sujeto último" de la información social, y detentador del derecho a ser informado. Así, el derecho a informar de los periodistas descansa en un mandato de ese público que no puede o no quiere tener acceso directo a los innumerables hechos que suceden en las sociedades complejas.

 

Esta condicionante, para efectos de políticas de información, podría resumirse en el hecho de equilibrar o revertir el sentido tradicional del derecho a informar para reconocer social y legalmente al público corrió sujeto último de la información.

 

Esto implica que la acción de los periodistas debe responder fundamentalmente a las necesidades de las personas que constituyen el público y no a los diversos poderes sociales ni tampoco a sus propios intereses. La única limitante es que ese público respete el sentido de la información social, porque no sería igualmente legítimo, por ejemplo, satisfacer alguna curiosidad morbosa u otro interés secundario que no correspondiera a hechos sociales relevantes, basándose en que el público lo exige. Esos aspectos cubiertos por los medios de comunicación corresponden a su función de entretención, pero no a la de informar.

 

Como requisito para que la condición de responder a las necesidades del público pueda cumplirse, el profesor Francesco Fattorello del Istituto Italiano di Pubblicismo de Roma, señala que "la técnica social de la información presupone en los sujetos promotores (o sea en los periodistas) una cierta disposición psicológica de objetividad, que no significa el no tener sus propias opiniones sino no subordinar los hechos de los que tiene conocimiento a esas opiniones". (9)

 

Algo similar sostiene el Papa Juan Pablo II en un mensaje dirigido a los empresarios de medios de comunicación, donde sostiene que: "si es difícil una objetividad completa y total no lo es la lucha por dar con la verdad, la praxis de no manipular la verdad, la decisión de promover la verdad, con la sola guía de una recta conciencia ética y sin claudicaciones por motivos de falso prestigio, de interés personal o de grupo". (10)

 

Este tema avala nuevamente la necesidad de formación universitaria y ética de los periodistas para responder a las exigencias de la difícil deontología profesional que enfrentan.

 

En síntesis, del análisis de la definición de información social pueden extraerse cuatro fundamentos de una correcta política de información:

 

-- promover el desarrollo de la información misma dentro de la sociedad y no estar al servicio de visiones de carácter ideológico, político, económico o de cualquier otro orden para guiar a los diferentes grupos sociales en una u otra dirección. Esto significa que su objetivo propio deriva de su sentido propio y no de los efectos sociales que pueda producir. El efecto social correcto es, entonces, más y mejor información.

 

-- la información social para cumplir con sus objetivos debe ser ejercida por periodistas universitarios. Esto no significa que los medios deban estar cerrados a público en general. En el nivel de la opinión debería estar abierto a todos, pero el aspecto informativo, reservado a los profesionales.

 

-- estudiar una normativa legal que no sólo castigue los "abusos de prensa", sino que garantice tanto el derecho de informar de los medios, como el del público a ser informado.

 

-- equilibrar o incluso revertir el sentido tradicional del derecho a informar para reconocer social y legalmente al público como sujeto último de la información. Esto implica algunos problemas de carácter jurídico —como son los mecanismos de exigibilidad del derecho por parte del público, la relación jurídica existente entre éste y los medios de comunicación social, por ejemplo— que no son del caso analizar aquí. Pero el hecho de que el tema plantee algunas dificultades no es un elemento "a priori" para descartarlo, sino un desafío que el sistema informativo plantea a los estudiosos del derecho.

 

EL SISTEMA INFORMATIVO

 

Los restantes elementos básicos de una política de información no derivan del sentido propio del término, sino del sistema informativo.

 

Se entiende por sistema informativo no la suma de los medios de comunicación que tiene un país, sino el conjunto de medios que entregan información en forma regular y periódica. La diferencia queda clara si se dice que una radio que solamente transmite música y ocasionalmente alguna noticia, pero que no tiene departamento de prensa, no forma parte del sistema informativo, aunque sí del de comunicaciones. En cuanto a la televisión, solamente conforman e! sistema informativo aquellos espacios dedicados a noticiarios o a programas de carácter periodístico.

 

En este aspecto, una es la condición esencial de "política de información" que es acorde con los planteamientos enunciados anteriormente: el sistema informativo debe tener una relación de equilibrio con los ámbitos político, económico y social, si se quiere mantener una correcta información dentro de la sociedad.

 

Si el sistema político y el económico tienen prioridad sobre el sistema informativo, éste deja de cumplir con su función propia, por restricción de su capacidad informativa, tanto cuanto la subordine a metas que no le pertenecen. Pero, por otra parte, si el sistema informativo toma excesiva relevancia o cumple funciones propias del sistema político o económico, su rol también se desvirtúa, por ampliación indebida de sus atribuciones: este es el caso de la prensa que cumple funciones de parlamento de papel, por ejemplo.

 

EL ÁMBITO POLÍTICO

 

La relación del sistema informativo con el político es la más difícil de todas, ya que es fácil el confundir las metas políticas con las de todos los otros ámbitos sociales en la medida en que la política tiene como función el ordenamiento global de la sociedad.

 

Como contrapartida está el hecho de que la libertad política se basa precisamente en el grado de independencia que tenga el sistema informativo. Es claro que la independencia absoluta entre ellos no puede existir, es más, ni siquiera sería deseable, pero un grado importante de equilibrio y autonomía entre ambos es necesario porque la calidad de la información determina la verdadera libertad política.

 

Hay que hacer hincapié, al llegar a este punto, que no se trata de una independencia política de cada medio en particular, sino a que el sistema informativo no esté controlado ni al servicio del sistema político, del económico o del social.

 

No pretendo hacer un análisis exhaustivo de las relaciones entre el sistema político y el informativo, sino solamente tomar para estos efectos algunos análisis generales y parciales que puedan ser ilustrativos, se puede señalar que las relaciones entre el sistema informativo y el político se dan principalmente en dos aspectos: con los poderes públicos, en especial con el ejecutivo y con los partidos políticos.

 

Sin duda, la relación más difícil y compleja es la que se produce con el gobierno. Todo gobierno por el hecho de ser tal, desea promover sus políticas entre la ciudadanía. Por lo tanto, estima que la prensa debe entregar noticias "positivas" respecto de su quehacer.

 

Los grados de control sobre la prensa variarán de acuerdo al tipo de gobierno que se trate, esa es la tesis sostenida por Siebert, Petersen y Schramm (11) en su libro "Four Theories of the Press", pero todos los gobiernos tienen como meta prioritaria de comunicación, la difusión de su labor.

 

José Luis Cebrián, el director del diario español El País, recordó en una conferencia recientemente dictada en Santiago, (12) que en España, los mismos grupos que aplaudían la labor de la prensa en relación al gobierno de Franco, encontraron posteriormente que "la prensa se estaba excediendo en sus atribuciones" cuando les tocó a su vez el turno de ser gobierno.

 

Por esta razón, las relaciones entre prensa y gobierno no son normalmente cómodas ni fáciles y —es más— solamente pueden ser tolerables en la medida en que tanto en el gobierno como en el cuerpo social exista verdadera conciencia de que una información acabada es la mejor garantía de un sistema político eficiente y estable.

 

Algunas formas de distorsión de la información social a las que puede recurrir un gobierno, y que prueban la importancia de que el sistema informativo tenga asegurado un cierto grado de equilibrio y autonomía respecto del político son, por ejemplo: la censura de la prensa; las normas administrativas que pretendan reglamentar su acción por vías no legales, y excesivas normas legales y penas muy altas para las transgresiones, que redundan en una autocensura de los medios.

 

Por otra parte, con respecto a los partidos políticos, existen diferentes tipos de relación entre ellos y el sistema informativo. A vía de ejemplo, hay medios que pertenecen a un determinado partido. Es perfectamente legítimo que un partido político posea un medio informativo, siempre y cuando el público sepa que las informaciones que se transmiten en ese medio tienen determinadas características y pueda evaluarlas acertadamente al tomar sus propias decisiones.

 

En este aspecto, el mayor riesgo para la información social se produce cuando todos o la gran mayoría de los medios pertenecen a un partido político (como es el caso de los gobiernos totalitarios) o incluso cuando todos los medios están directa o indirectamente controlados por partidos políticos, aunque sean varios de ellos; si en una sociedad cualquiera no hay sino medios adheridos a grupos políticos se produce, en términos sintéticos, lo que se ha llamado un "periodismo de trinchera".

 

Este tipo de periodismo divide a la sociedad en verdaderos "compartimientos estancos" conformados por los que se informan en cada medio adherido a una diversa postura ideológica. Estos grupos que no tienen en común ni siquiera un conocimiento base de los hechos que conforman la realidad, para no hacer referencia a la valoración de los mismos, se convierten en un importante germen de inestabilidad social.

 

De estos elementos se puede deducir un nuevo factor de políticas de información: garantizar dentro de la sociedad que haya medios que trasciendan a los grupos políticos y cuyo primer compromiso sea con el público y la información, de modo de asegurar la estabilidad social.

 

Este tipo de medio, que el director del diario La Segunda, Cristian Zegers, en su discurso de incorporación a la Academia Chilena de Ciencias Sociales (13) caracterizó como "el diario institución", pero cuyas propiedades podrían hacerse extensivas a otros entes informativos, es absolutamente indispensable para el desarrollo de una sociedad libre.

 

De hecho, las formas en que el sistema político puede inhibir el rol informativo son muchas y tan variadas que darían para un largo análisis. Basta con enunciar algunas porque todas redundan en la misma conclusión: ellas se producen cuando las metas de la información se subordinan a los intereses políticos.

 

EL PLANO ECONÓMICO

 

Hay diversos factores del ámbito económico que pueden influir en la calidad de la información, y que una correcta política debería prever para que no se constituyan en riesgosos. Estos son, entre otros, propiedad de los medios, tributación, financiamiento, mercado e insumos.

 

Respecto de la propiedad: tanto si existe un estado monopólico como si hay monopolios particulares la información social corre el riesgo de ser sesgada. Una correcta política de información debería velar por una adecuada distribución de la propiedad.

 

Respecto de la tributación y financiamiento, el sistema informativo debe estar resguardado del máximo de presiones provenientes de esos ámbitos. Y en cuanto a los insumos, dado que un medio requiere de cierta materia prima que es un elemento indispensable para cumplir su misión, el acceso a ellos debe estar asegurado. Hay países incluso donde existe un estatuto especial de insumos para la prensa. Tampoco puede pretenderse hacer aquí un análisis exhaustivo de la relación entre el ámbito económico y el informativo; baste señalar que sin una adecuada información económica tampoco hay una economía libre. Por otra parte, también desde el plano económico pueden surgir problemas para la información, o distorsiones de ella, derivados de anteponer condicionantes económicas al sentido y la finalidad de la información. Este es el caso, por ejemplo, de cuando la publicidad o cualquier otra forma de financiamiento pretende influir en el contenido de los medios.

 

CONCLUSIONES

 

Los elementos señalados a vía de ejemplo, tanto en las relaciones del sistema informativo con el ámbito económico como con el político, son ampliamente suficientes para el objetivo establecido en un comienzo, es decir, probar la importancia de un grado de autonomía de la información social y de un equilibrio entre los sistemas sociales.

 

No se ha hecho un análisis acabado de estas relaciones ni de cómo mutuamente se influyen los ámbitos a los que se hizo referencia. Tampoco se ha hecho referencia a la forma en que cada política de información adoptada por un país soluciona los problemas planteados.

 

El objetivo, en este caso —al igual que en el caso de la definición de información social-, era entregar algunos elementos teóricos básicos para establecer una adecuada política de información social, que respete el sentido y finalidad de esta última.

 

Desde esa perspectiva se puede señalar como importante el que:

 

-- El sistema informativo tenga una relación de equilibrio con los ámbitos político, económico y social, si se quiere mantener una correcta información dentro de la sociedad;

 

-- el garantizar la existencia de medios que trasciendan a los diversos grupos y cuyo primer compromiso sea con el público y la información, de modo de colaborar a la estabilidad social, y

 

-- una adecuada distribución de la propiedad.

 

Más que los elementos concretos de una política de información, lo que se ha entregado son las bases para la confección de la misma. Ellas podrían de hecho resumirse prácticamente en una sola frase: La información social es el principal requisito de la libertad individual. Garantizarlo significa no ponerle metas que entraben su sentido y finalidad propios. Por lo tanto, la propiedad de los medios debe estar distribuida y su funcionamiento ser lo mas autónomo posible de los ámbitos político, social y económico. Esto tiene, además, como requisito la existencia de periodistas universitarios, conscientes del rol social que les cabe desarrollar y comprometidos con la objetividad como meta.

 

Habrá quienes sostengan que todo lo planteado es utopía, que la realidad impide el tipo de funcionamiento expuesto, que los excesos existen por parte de la prensa y que hay que evitarlos, así como una serie de otras objeciones, a las que se podría hacer referencia en una larga enumeración.

 

Pero, si bien tales objeciones son atendibles, es posible lograr una tendencia en alguna dirección cuando se tienen las metas claras. Clarificarlas contribuye a que los periodistas no sólo defiendan aparentes "privilegios", sino reconozcan obligaciones, y a que el público en general adquiera conciencia de que la defensa de la libertad de información es también la defensa de su propia libertad personal y su condición de persona.

 

 

NOTAS

1 John Baggaley y Steve W. Duck. "Análisis del mensaje televisivo". G.G. Mass Media. Barcelona, 1979.

2 Real Academia Española. "Diccionario de la Lengua Española", Espasa Calpe S.A. Madrid 1970.

3 Demóstenes, "Discursos Políticos". Biblioteca Eire. Gredos. Madrid 1980-1985.

4 Luka Brajnovic. "El ámbito científico de la información social". EUNSA. Pamplona, 1979.

5 María José Lecaros y Silvia Pellegrini. "La información social". Ponencia en seminario de profesores. Escuela de Periodismo U.C. Santiago, 1988.

6 Cardenal Joseph Ratzinger. Coloquio sostenido con profesores de la Universidad Católica de Chile. Santiago, 1988.

7 Rosemary Righter. "El control de la información". Ediciones Pirámide S.A. Madrid, 1982.

8 Karol Woytila. "Persona y acción". Biblioteca de autores cristianos. Madrid, 1985.

9 Francesco Fattorello. "Introduzione alla técnica soziale dell'informazione”. Instituto Italiano di Pubblicismo. Roma, 1982.

10 Juan Pablo II "Mensaje a los empresarios de los medios de comunicación social". Boletín UCLAP, 1986.

11 Fred Siebert, Theodore Peterson y Wilbur Schramm. “Four Theories of the Press”. University of Illinois Press. Chicago, 1976.

12 José Luis Cebrián. “La prensa española en la transición a la democracia”. Discurso pronunciado en la Universidad Diego Portales. Santiago, 1988.

13 Cristián Zegers. “El diario institución”. Discurso de incorporación a la Academia Chilena de Ciencias Sociales. Santiago, 1988.

 

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