El hombre y sus obras se insertan decisivamente en el acontecer histórico. La expresión más concreta de ello son las distintas culturas que han florecido plasmando el signo de sus tiempos. La prensa como obra cultural también responde a determinadas pautas históricas, al pensamiento predominante o a la moda. La constatación más obvia de lo anterior es que resulta difícil reconocer en la actividad periodística moderna los rasgos del periodismo de hace un par de siglos.
Entre los libelos anticlericales de Voltaire y el relato hecho por los enviados especiales sobre la última rebelión militar en Argentina (abril de 1987) no sólo hay una brecha tecnológica evidente, sino que también hay un profundo cambio en la idea de lo que es el periodismo. La autoconciencia de la prensa frente a otros poderes que existen en la sociedad -expresada parcialmente en el manido aforismo de "el cuarto poder del Estado"—, la profesionalización de la actividad informativa, la discusión de conceptos tales como la objetividad, la función social de los medios informativos y otros, son fenómenos que se han producido exclusivamente en los últimos 150 años.
El papel que juega la prensa en la sociedad ha estado unido en determinante a las cosmovisiones históricas que han surgido, pugnado y predominado en determinadas épocas.
Desde esa perspectiva también se pueden analizar los Géneros Periodísticos, porque aquellos tres que reconocemos (periodismo informativo, interpretativo y de opinión) no son sólo manifestaciones instrumentales de "modos de hacer" profesionales, sino que constituyen respuestas concretas a desafíos sociales, crisis conceptuales y a la propia autodefinición de la prensa. (1)
Dos ideas traspasan este esbozo. Una es la voluntad informativa, que es la actitud existente en la prensa cuando ésta se define como medio de transmisión de hechos y opiniones, entendiendo que cumple una función social de primer orden con la exposición honesta de ellos realizada de manera pluralista. Sintéticamente, cuando la prensa se autodefine como un servicio a sus lectores.
La otra es la voluntad persuasiva, que es cuando la prensa se presenta como vehículo de ideologías o agente de procesos sociales. Su principal función es ganar adeptos para una causa o difundir los postulados de una corriente de pensamiento.
Mientras en la primera el designio final es informar, en la segunda se trata de convencer. Como es lógico, sólo se trata de conceptos operacionales, que como tales adolecen de cierta simplificación maniquea y que no se dan puros en ningún sistema de prensa. Siempre coexisten entremezclados y confundidos en diversos grados.
En términos generales, la voluntad informativa está vinculada a una prensa concebida con una finalidad propia: difundir información dentro de la sociedad. En cambio, la voluntad persuasiva aparece asociada a una prensa con carácter instrumental, al servicio de otros propósitos. (2)
PERIODISMO DE OPINIÓN: LOS FRUTOS DEL ANTIGUO RÉGIMEN
Cronológicamente, el primer Género Periodístico que se perfila en la historia es el periodismo de opinión que aparece relacionado con un predominio de la voluntad persuasiva en la acción de la prensa.
Esto ocurre en los siglos XVII y XVIII cuando existe lo que se puede denominar Antiguo Régimen de la prensa que se ha gestado en el seno de las monarquías europeas y donde ésta es contemplada por el poder político y administrativo como un instrumento más de gobierno.
De este modo, la prensa es el resultado de una concesión otorgada por el poder político. El principal centro de información es la actividad de la Casa Real y de los cortesanos, y tos relatos están llenos de valoraciones parciales donde los hechos permanecen rigurosamente censurados. Esta censura política, una modalidad desvirtuada de la censura religiosa y que fue aplicada con peculiar esmero en Europa continental, permitió a la larga que en la información prevalecieran las opiniones y la pedagogía de una visión unilateral del mundo.
Amparo Tuñón San Martín describe el panorama: "En el siglo XVIII nace el primer diario (Daily Courant, Londres, 1702) que sitúa los orígenes de la gran prensa de opinión inglesa, la primera prensa política que comenzó informando acerca de idas y venidas reales, sobre la llegada de personalidades extranjeras, sobre fiestas, solemnidades de la corte, nombramientos. 'Noticias cortesanas' en expresión de Habermas, cercana al poder" (3).
Lo mismo ocurre en Francia donde, en 1630, surge La Gazette de Teophraste Renaudot que pervivirá por 200 años. Pero, en palabras del profesor Miguel Urabayen, "La Gazette nace de la mano del poder: porque Richelieu lo quiere" (4). De este modo la prensa aparece encadenada al poder político y al servicio de la cohesión social y conservación del sistema político.
Así, el periodismo de opinión, aún embrionario, se muestra vinculado a un sometimiento político que desprecia absolutamente el valor de la verdad y en que la única norma es la unidad de pensamiento que asegura la unidad del Estado. El género de opinión, sin embargo, acabará de configurarse y adquirirá una dignidad diferente cuando se imponen las nociones de pluralismo y libertad de opinión que albergan las ideas liberales del siglo XVIII.
EL LIBERALISMO Y LA CONSOLIDACIÓN DEL PERIODISMO DE OPINIÓN
La cosmovisión del Iluminismo y el influjo de los pensadores liberales provocó un profundo cambio que repercutió en la prensa para perfilar un concepto con carácter reivindicativo: la libertad de prensa. Esta noción es el fruto de las libertades de opinión y de palabra que consagraron la Bill of Rights (1776) y la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (1789). Se trata de un derecho formulado en contra del Estado, como una inhibición de éste frente a la función de la prensa en la sociedad.
La irrupción del Liberalismo y el consiguiente choque ideológico con el Antiguo Régimen, acaba de consolidar el periodismo de opinión, pero ahora con otra perspectiva: el pluralismo.
Las nociones liberales impulsan el libre juego y circulación de las ideas. Sin embargo, en la prensa continúa dominando la voluntad persuasiva. La razón es simple, tanto en Francia como en los Estados Unidos de Norteamérica la prensa está al servicio de procesos revolucionarios y la exacerbación ideológica conduce a un predominio de las opiniones sobre cualquiera otra información.
La prensa ya no está gestada desde el Estado sino desde la perspectiva individual. Pero los límites tampoco están muy claros al momento de ejercer el nuevo derecho y ni la verdad ni la confiabilidad de las inforniaciones parecen ser piedras de tope.
Los periódicos como agentes propagandísticos de las nuevas ideas caen pronto en los excesos. El propio Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores, que en 1787 había asegurado a Edward Carrington que "puesto a decidir si debemos tener un gobierno sin prensa o una prensa sin gobierno, no dudo un instante en preferir lo último" debe retractarse. Así, en 1805, durante el segundo discurso inaugural de su mandato presidencial advierte: "En el curso de esta administración, y orden a perturbarla, la artillería de la prensa ha sido apuntada contra nosotros(...) Estos abusos de una institución tan importante para la libertad y la ciencia, son profundamente rechazados puesto que ellos tienden a disminuir su utilidad y a minar su seguridad" (5).
LA REVOLUCIÓN INFORMATIVA: EL RELATO OBJETIVO DE LOS HECHOS
Entrando el siglo XIX comienza a producirse una mayor auto-conciencia de la prensa que desemboca, a la vez, en la primitiva configuración de la profesión de periodista. El cambio está fuertemente ligado al descubrimiento, por parte de la prensa, del Liberalismo económico, a la aparición de la publicidad y a las mejoras tecnológicas.
Las modificaciones se inician en Estados Unidos con lo que Amparo Moreno Sarda llama la "primera generación de la prensa de masas". Se trata de periódicos baratos gracias al financiamiento que aporta la publicidad y que se vendían en las calles por ejemplares sueltos (6).
El New York Sun creado por Benjamín Day en 1833 —que se vendía a dos centavos- y el New York Herald fundado en 1835 por James Gordon Bennett para competir con el primero, desarrollaron nuevas fórmulas periodísticas. Enfatizaron las noticias políticas y económicas mezcladas con crónicas de interés humano.
Con el objeto de captar lectores y aumentar sus tirajes, Day y Gordon Bennett desprendieron el amasijo ideológico de los textos y asentaron una distinción clásica del periodismo norteamericano: el divorcio entre hechos y opiniones.
Respecto de Gordon Bennett, Mitchell Charnley aseguró: "Su periódico fue uno de los primeros en sostener que las causas no compartidas y los puntos de vista aborrecidos son igualmente material informativo. Bennett pensaba que las noticias se ofrecen por lo que valen en sí mismas, que deben informar antes que sostener una causa o buscar prosélitos, y con la aplicación de este pensamiento contribuyó al progreso de la objetividad en la relación de los hechos, necesaria para este nuevo concepto de la noticia" (7).
La actitud de Gordon Bennett fue uno de los primeros aportes por constituir una voluntad informativa que llegó de la mano con el primer aporte al surgimiento del periodismo informativo: el relato objetivo de los hechos (8).
William L. Rivers y Wilbur Schramm señalan otra razón que condujo a la separación de hechos y opiniones. El crecimiento de los servicios cablegráficos provocó un fuerte intercambio de noticias entre periódicos que sustentaban distintas creencias. Los periodistas que atendían el servicio encontraron que no se podía preparar una noticia que se ajustara a las ideas de cada publicación. Así, "un diario que pertenecía a una cooperativa como Associated Press, debía intercambiar noticias con diarios de otra filiación. Este problema, y no el creciente descontento con las 'noticias sesgadas' llevaron a la separación de noticia y opinión" (9).
Otra referencia al respecto indica que se trató de pacto tácito entre los periodistas y los propietarios. Como los dueños eran, en su mayoría, republicanos, y los periodistas demócratas, se acordó no atropellar los hechos con juicios personales para evitar rencillas (10).
De un modo u otro, a mediados del siglo XIX las bases del género informativo están echadas en Norteamérica. En las redacciones se populariza el aforismo de que "los hechos son sagrados, las opiniones libres" y que "las columnas son de los lectores y la página editorial es del periódico". El género acaba de configurarse cuando las agencias cablegráficas aportan el esquema de la "pirámide invertida" y las seis interrogantes básicas.
Charnley explica: "Esta elevación del valor de la noticia es lo que Thomas Jefferson hubiera deseado. Aunque Jefferson no condenó la prensa de opinión, creía que el éxito de la democracia depende de la existencia de una prensa responsable, que informe de buena fe al pueblo, especialmente acerca de los actos -buenos o malos- de los gobernantes. El órgano de opinión, por sincero y competente que fuere, podría no informar al lector poco avezado ni ofrecerle una visión clara de los sucesos diarios. Una prensa informativa, si es sincera y competente, lleva al lector, cuando menos, un mínimo de hechos sobre los cuales éste podrá basar sus juicios y decisiones"(l 1).
EL LIBERALISMO CRÍTICO: LA CONSOLIDACIÓN DEL PERIODISMO INFORMATIVO
La revolución informativa que se produjo en Norteamérica y en menor grado en Gran Bretaña coincidió con la revisión de las antiguas tesis del Liberalismo. Es sintomático que, casi al mismo tiempo, comiencen a verse signos de inquietud entre los "liberales críticos" que se aglutinarán más tarde en la Escuela de Viena.
Tal vez la razón última de que la revolución informativa se produzca en países anglosajones y no tenga igual éxito en Europa continental radique en el hecho de que ambos Liberalismos (si se permite la expresión) eran diferentes.
Mientras en Estados Unidos predominó el enfoque tradicional inglés del Liberalismo, heredero de toda la elaboración clásica y fundado en el principio de libertad bajo el imperio del Derecho, en Europa se mantuvo la idea "constructiviste" que provenía del racionalismo cartesiano y que apareció con el Iluminismo como reacción a la monarquía absoluta que había sepultado las libertades del medioevo.
De este modo la primera corriente, la única que elaboró un cuerpo doctrinario consistente, devino en un sesgo más económico que político. En tanto que la segunda, anticlerical y antitradicionalista, resultó más política y, por esa misma razón fue liquidada por la restauración monárquica en Europa continental (12).
El instante histórico coincide con los inicios del periodismo profesional. Antes en los Estados Unidos que en Europa se llega a la conclusión de que el periodista no es un propagandista ni un ideólogo, sino un informador que expone los acontecimientos de un modo aséptico y frío.
Charnley sostiene que "en los treinta años que siguieron a la Guerra de Secesión, la prensa norteamericana inició un cambio hacia la prensa de información general. Con creciente intensidad, el objeto de los principales órganos de difusión era publicar los hechos y dejar al lectoría tarea de pensar por sí mismo" (13).
De este modo, la nueva época consiguió una divisa que presidió las redacciones: contar los hechos y que compitan libremente en el mercado de las ideas para que los lectores piensen lo que deseen sobre ellos.
La convicción liberal en el proceso de "autojusticia", es decir que el hombre es capaz de discernir lo bueno y verdadero a pesar de estar sometido a un aluvión de informaciones y opiniones unas verdaderas y otras falsas, alimentó todo el proceso de generación del periodismo informativo. La única condición era la objetividad —entendida como la separación de hechos y opiniones o, en un esfuerzo de elaboración, como imparcialidad- norma que caló hondo en la ética no escrita del periodismo norteamericano de la época.
NORTEAMÉRICA Y EUROPA: DOS CONCEPCIONES DE LA PRENSA
En Europa, en cambio, la rígida distinción norteamericana no tenía asidero y menos conseguía arraigarse en la prensa.
José Luis Martínez Albertos ha precisado al respecto que "es evidente que aunque este principio tiene validez prácticamente universal, ha sido en los países anglosajones —por contraste con los modos profesionales del periodismo europeo continental- donde tradicionalmente ha sido más rigurosamente observado" (14).
En 1935, Raymond Gram Swing, corresponsal por veinte años del Chicago Daily News, expresaba la diferencia entre la American Society of Newspaper Editors: "... En Europa, el hombre más valioso para su diario es el que expresa opiniones en sus escritos. Esto va en contra de la ética profesional, pero es absolutamente esencial comprenderlo" (15).
La prensa de Europa no se planteó el problema de la separación entre hechos y opiniones porque predominaba en ella la voluntad persuasiva. Los diarios estaban adscritos abiertamente a un signo ideológico determinado y sus páginas eran tribunas inflamadas o brillantes ejemplos del quehacer literario.
"La tradición literaria del periodismo español —dice Martínez Albertos- no se caracteriza precisamente por una distinción cartesiana entre hechos y comentarios. La razón de este hecho está en que en nuestro país la supervivencia del periodismo ideológico se mantiene prácticamente hasta 1936, mientras que el periodismo informativo —propio de la segunda etapa en la evolución del periodismo moderno- ha tenido escasa aceptación y desarrollo entre nosotros antes de esa fecha" (16).
Con el tiempo ambas concepciones del periodismo —la europea y la norteamericana- se han suavizado, especialmente por el fuerte intercambio noticioso entre ambas zonas geográficas y el influjo de las agencias internacionales. En 1972, constatando este hecho, Jean-Jacques Servan-Schreiber escribió: "Al mismo tiempo que su nivel los criterios profesionales de los periodistas están cambiando, al menos en Francia. Por tradición, un redactor, en un país latino, se interesa más en las opiniones que en los hechos. Lo que le parece primordial a la hora de escribir un artículo es decir a sus lectores y compañeros lo que él piensa de un acontecimiento más que de describirlo" (17).
El asunto no puede transformarse en sujeto de una valoración, pero cabe advertir que resulta decisivo a la hora de establecer concordancias entre los Géneros Periodísticos que se consideran a uno y otro lado del Atlántico, y a la forma en que éstos se han incorporado a la actividad informativa.
La distinción hecha por los norteamericanos entre hechos y comentarios no es, literalmente, una distinción entre objetividad y subjetividad como se podría entender. La opinión o comentario es una apreciación subjetiva y cuestionable respeto de algo, pero involucra a las facultades racionales y volitivas de una persona.
El argumento principal para rechazar la distinción norteamericana es que los hombres aprecian los acontecimientos como sujetos y por tanto en forma parcial y subjetiva. Este argumento, sin embargo, también resulta cuestionable ya que eleva al nivel de opinión cualquier percepción (18).
LA PRENSA EN CRISIS
Durante la segunda mitad del siglo XIX, en los Estados Unidos al menos, el género informativo ya es una realidad. El periodismo de opinión no ha desaparecido, pero sí ha retrocedido de la primera página a la sección editorial. Es más, se insiste en que la información esté correctamente diferenciada de la opinión.
Amparo Moreno asegura que los adelantos tecnológicos de la segunda mitad del siglo XIX (fotografía, linotipia, rotativa, telégrafo, teléfono y radiotelegrafía intercontinental) provocan una aceleración del circuito informativo que conduce a lo que llama la "segunda generación de la prensa de masas" (19).
Es la edad de oro del periodismo sensacionalista o "prensa amarilla". Joseph Pulitzer desde el New York World y William Randolph Hearst en el New York Journal serán los protagonistas de un explosivo aumento de las tiradas sobre la base de un periodismo que explota los sentimientos populares.
La prensa norteamericana ingresa al siglo XXI en medio de una batalla de scoops, en que se popularizarán muck-rackers (rastrilladores de estiércol) que buscan la denuncia de problemas sociales y políticos. Las tiradas llegan a cotas impensadas gracias a la estrategia de llevar "sangre en primera".
En Europa, la irrupción en el panorama político de ideologías totalizadoras y excluyentes, con concepciones dirigistas de la prensa, hace claudicar la incipiente voluntad informativa y la profesionalización de los periodistas frente a una prensa profundamente ideológica. Un par de décadas después, la prensa se vuelve un simple vehículo ideológico. Tanto los fascismos europeos como la revolución soviética perciben a la prensa como un agente de cambios o de cohesión social. Los periódicos se convierten en cuadernos de adoctrinamiento. La prensa se abre como una trinchera pero se cierra con candado al pluralismo. El protagonista deja de ser la noticia porque la ideología ha suplantado su lugar.
Para el periodismo de Europa continental no fue difícil caer en la tentación autoritaria y totalitaria, ya que no se había producido en él una distinción tan tajante como la norteamericana entre hechos y opiniones. Esta separación, que como se ha visto adolece de errores, contribuyó a la profesionalización de la actividad informativa y a volver impermeable al público norteamericano frente al exabrupto ideológico.
En cambio, la prensa europea, acostumbrada al cortejo ideológico, no sólo no fue capaz de advertir el peligro de su instrumentalización, sino que amplificó las mismas voces que terminaron subyugándola. Pero en los Estados Unidos la prensa no permaneció incuestionada. Mientras los Consejos de la Moralidad denunciaron a la "prensa amarilla", una fuerte corriente reclama contra la subjetividad de la noticia y de los hechos.
El público teme, con razón, que la voluntad persuasiva se disfrace de voluntad informativa. Según explica Michael Schudson, la irrupción de la propaganda y de las relaciones públicas volvió suspicaces a los norteamericanos ante sus diarios. (20)
EL PERIODISMO INTERPRETATIVO: SUS FUNDAMENTOS
Aunque triunfó en los Estados Unidos y se consolidó en las páginas de los newsmagazines, los orígenes del periodismo interpretativo se remontan a lo que los franceses llamaron, a principios de este siglo, "journalisme d'explication".
La explicación de la noticia fue una veta que los franceses no explotaron hasta el final porque su prensa enfrentaba desafíos particulares y ensayaba fórmulas distintas.
En los Estados Unidos, en cambio, el terreno estaba abonado para que los periodistas buscaran la "nueva dimensión de la noticia". Cuatro razones coincidieron, al menos, para que esto ocurriera así. Ellas son la crisis del concepto tradicional de objetividad, una mayor conciencia de la complejidad del mundo moderno, la popularización del enfoque sistémico y una mayor profesionalización del periodismo.
CRISIS DE LA OBJETIVIDAD
En la década de 1920 la idea tradicional de objetividad nacida con el enfoque liberal de la prensa está en entredicho en los Estados Unidos. La selección que los editores hacen al publicar las noticias y ellas mismas revelan síntomas de subjetividad.
La prensa reacciona, según lo establece Schudson, de varias formas. Una fue colocar la subjetividad del periodista como factor de la información. Esto conduce a que se popularice la firma de los artículos, que antes sólo era usada por los corresponsales en el exterior y en los escritos en primera persona. A comienzos de la década de 1920 The New York Times firma la mayoría de sus informaciones. En 1925 aparece la primera noticia cablegráfica de Associated Press con rúbrica. (21)
Otra respuesta fue la especialización de los periodistas. Con el objeto de ganar autoridad frente a su público, los reporteros se convirtieron en especialistas capaces de moverse con la agilidad de un político en el Congreso o de descifrar los intríngulis de las teorías de Einstein y Bohr.
Sin embargo, el cambio más trascendental —como lo reconoce el mismo Schudson- fue la aparición del periodismo interpretativo. (22)
Para una gran mayoría de los periodistas norteamericanos, el ropaje de la objetividad -entendida como imparcialidad y separación de hechos y comentarios— resultaba estrecho a la hora de informar. Más aún si el viejo concepto era cuestionado en el mismo seno de la sociedad.
Eric Sevareid escribió quejándose al respecto: "Nuestra rígida fórmula de la tan llamada objetividad (...) el manejo unidimensional de las noticias, ha dado a la mentira la misma importancia e impacto que la verdad; ha elevado la influencia de los idiotas al nivel de los sabios; la del ignorante al del educado- la del mal al nivel del bien". (23)
El énfasis en la organización de los elementos noticiosos y la presentación de sus antecedentes y consecuencias fue una necesidad sentida. El periodismo informativo ya no era suficiente para mostrar todas las aristas de un suceso. Mitchell Charnley apunta: "...la relación objetiva de los hechos, 'tales como son', no siempre puede ofrecer el cuadro total o una comprensión cabal de la vida moderna. La crónica objetiva es aquélla en que el lector u oyente, con sus propios recursos, sin necesidad de insinuaciones del redactor o relator, puede ver todas las circunstancias del suceso en su real perspectiva: separar lo genuino de lo engañoso, lo puro de fo adulterado, lo verdadero de lo falso, lo recto de lo tendencioso, lo completo de lo incompleto, lo fidedigno de lo malicioso..." (24)
UN MUNDO MÁS COMPLEJO
Un indicio más de lo que se prepara en Norteamérica ocurrió en 1938. Seis años antes, Curtis Mac Dougall había publicado un texto de periodismo titulado Reporting for Beginners. Tiempo después, Mac Dougall revisó el contenido para una segunda edición y decidió cambiarle el título. Lo denominó Interpretative Reporting.
En una "nota a los profesores", Mac Dougall explicó las razones de la transformación: "Una pista para entender la actitud que existe entre los actuales redactores está en el título de este volumen; se trata de la creencia de que las cambiantes condiciones sociales, de las que han tomado nota los estudiosos de los principales medios de opinión pública en los últimos seis años, están causando que la recolección de noticias y su difusión cambie los métodos de información e interpretación de las noticias. La tendencia es inequívoca en la dirección de combinar la función de interpretar con la de informar, después de medio siglo en el que la ética periodística exigió una estricta diferenciación entre narrador y comentarista" . (25)
Mac Dougall sentía una frustración especial frente a la cobertura que los periodistas habían hecho de los dos grandes desafíos informativos de su tiempo: la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión. El profesor consideraba que los informadores habían dicho lo que ocurría, pero no lo que significaban los acontecimientos.
Las noticias asépticas, redactadas y enfocadas al modo del periodismo informativo, se mostraron inadecuadas para reflejar la complejidad y fluidez que se percibía en los acontecimientos mundiales.
William L. Rivers y Wilbur Schramm relatan en su libro Responsibility in Mass Communication que "algunos corresponsales contaron que ellos podían fijar el momento exacto en que el 'viejo periodismo' falló: el día en que tos Estados Unidos abandonó el patrón oro (para la conversión monetaria). Inútilmente los periodistas trataron de dar cuenta del cataclísmico y desconcertante cambio. Llamaron a la Casa Blanca, de donde les enviaron un economista del gobierno para ayudarles. Luego, trataron de explicar los nuevos acontecimientos económicos al pueblo norteamericano en el lenguaje del economista, casi desastrosamente". (26)
Poco a poco, la tajante separación entre hechos y opiniones fue reconciliándose. En 1933, la propia American Society of Newspapers Editors resolvió:
"Visto que, El desarrollo de los acontecimientos nacionales e internacionales que son significativos, complejos y animados se produce más rápido que en ningún otro período de la historia reciente del mundo; y
"Visto que, Hay nueva evidencia de que el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida están adquiriendo un profundo interés por los asuntos públicos,
"Resolvemos, Que hay consenso en esta Sociedad en que los editores deben dedicar una gran atención y espacio a la explicación e interpretación de las noticias y a presentar los antecedentes de la información que hagan posible al lector medio la comprensión más adecuada del mecanismo y significación de los hechos". (27)
De esta manera, con el argumento de que el mundo era "más complejo", periodistas y editores conformaron un criterio para entender la interpretación periodística. Este pasó a ser la exposición y explicación de los hechos circunstanciales de un suceso con el de ayudar a los lectores a situar el acontecimiento en su dimensión.
EL ENFOQUE DE LA TEORÍA GENERAL DE LOS SISTEMAS
La argumentación descrita en el apartado anterior asume por descontado —como lo ha señalado Michael Schudson— que la gente reconocía que el mundo era más complejo y que las cosas complejas son complejas. La verdad es que no era así. Posiblemente el auge del periodismo interpretativo se debió a que los propios informadores "llegaron a creer que el mundo era más complicado". (28)
La razón de esta convicción se encuentra en la popularización que alcanzó entre las Ciencias Sociales el nuevo enfoque de la Teoría General de los Sistemas desarrollada por Ludwig von Bertalanffy.
La idea de que el mundo constituye un "sistema" en el que sus diferentes elementos están relacionados funcionalmente, condujo a la conclusión de que lo que sucedía en un sitio del globo repercutía inexorablemente en otro.
Para un observador de la época la conclusión era simple. La complejidad del mundo (calculada en función del número de sus componentes, los elementos diferenciales, la intensidad y forma de las relaciones y la velocidad en que todo ello cambia) había aumentado considerablemente.
Sin embargo, al ciudadano medio norteamericano esto no parecía preocuparle especialmente. Incluso un rebrote del sentimiento "aislacionista" condujo al Congreso de los Estados Unidos a retirarse de la iniciativa de la Sociedad de las Naciones, que se había gestado a la luz de los "catorce puntos" del Presidente norteamericano Woodrow Wilson.
El reportero Walter Trohan recordó que en la década de 1920 Washington "no era la meta para ningún periodista" ya que los norteamericanos pensaban que sus asuntos eran distintos a los de los europeos y el gobierno federal tenía conexiones muy remotas con fa vida diaria de un ciudadano. (29)
Pero, como asegura Schudson, debido a que los Estados Unidos se incorporará al sistema internacional, especialmente a través de la Segunda Guerra Mundial, y a que la Gran Depresión dirigió las miradas hacia la Casa Blanca, el mundo "no sólo fue más 'complejo', sino visiblemente más complejo". (30)
Al margen de la discusión de si aumentó o no la complejidad del entorno, o si sólo fue una mayor percepción de esa complejidad, la visión "sistémica" del mundo y de los asuntos nacionales e internacionales caló hondo entre los periodistas.
Elio fue el resultado natural de un proceso de cambios que se había iniciado en el siglo XIX, cuando el pensamiento occidental sufrió un profundo trastorno debido a las nuevas teorías de las ciencias naturales y sociales. Darwin y Einstein fueron los encargados de subvertir la concepción mecanicista del mundo heredada de Newton. La consecuencia inmediata fue la formulación de una serie de nuevos enfoques teóricos para analizar los procesos sociales, entre los que destacaron el estructural-funcionalismo, el análisis sistémico y el conductismo (behaviorismo).
Este último, en especial, expresa el signo de los tiempos que corrían. El conductismo entró a los claustros universitarios un poco por el azar, ya que fue la inquietud y perspicacia de un periodista lo que llamó la atención de los académicos sobre este enfoque.
En la década de 1920, Frank Kent, un periodista cuya especialidad era la denuncia de casos conflictivos y sucios, percibió que existía un profundo divorcio entre la política real y la que aparecía en los textos de estudio. Muy por el contrario del idealismo que expresaban los libros de Teoría Política, la política diaria tenía mucho de cosa innoble.
Para Kent era un engaño afirmar que el Presidente se preocupaba del interés común cuando todas las decisiones nacionales eran el fruto de intereses particulares.
En 1924, Kent publicó su libro El gran juego de la política, donde, a través de una selección de acontecimientos, retrató a los políticos norteamericanos de la época. Más tarde, en 1927, escribió Conducta Política, un texto con mayores pretensiones, pero que no tuvo ni el éxito ni el impacto del primero.
Pero el revuelo que causó Kent llevó a los académicos a considerar una nueva óptica en el análisis de los fenómenos sociales y los estudios conductistas se popularizaron en las universidades norteamericanas.
Que este ambiente intelectual había llegado a la prensa lo demuestra la siguiente expresión de Mitchell Charnley: "En nuestros días la crónica de un hecho de resonancia, presentada aisladamente, sin relación con el medio, sin hitos que ayuden al lector a estimar su valor en función de otras noticias, se considera mutilada". (31)
PROFESIONALIZACIÓN DEL PERIODISMO
Personas como Charnley difundieron la idea de que la noticia tenía "nuevas características" y de que existía una "nueva conciencia sobre la responsabilidad de la noticia".
"La noticia —dice Charnley— debe tener no sólo extensión, anchura y altura, sino también profundidad y orientación. La nuestra no es la orientación política de cien años atrás, cuando la presentación de la noticia dependía de las inclinaciones y los fines políticos del que la redactaba; es orientación de causa y efecto basada en la objetividad". (32)
El propósito expuesto por el profesor norteamericano revela que la voluntad informativa se conserva intacta, y la resistencia con que se topó la nueva idea de objetividad demuestra la magnitud del tabú que rodeaba la concepción liberal de este tema. En ese sentido, algunos creían que la interpretación de la noticia era una traición de la voluntad informativa en favor de una manipulación antojadiza de los hechos.
Así lo demuestran las declaraciones de James Pope, en ese tiempo editor del Louisville Courier-Journal, para quien "por definición, interpretación es subjetivo y significa 'traducir, dilucidar, construir... a la luz de las creencias o intereses individuales". (33)
Desde otra perspectiva, ya en 1919, Walter Lippman había sostenido que era necesario responder a la subjetividad de la noticia con un mayor profesionalismo. En términos prácticos, Lippman pedía a sus colegas que actuaran con mayor responsabilidad frente a los hechos. Sugería identificar las fuentes, crear instituciones dedicadas a la investigación de los asuntos de la prensa, establecer agencias noticiosas no partidistas y profesionalizar el periodismo para incrementar la dignidad de la profesión. Según él, se debía diseñar un programa de entrenamiento periodístico "en el que el ideal del testimonio objetivo sea cardinal". (34)
Con el tiempo se demostró que la impresión de Pope respondía al prurito tradicional de la separación entre hechos y comentarios que ya había sido suficientemente denunciado. Las recomendaciones de Lippman, en cambio, engarzaron perfectamente con las prácticas interpretativas que se iniciaron en los medios de difusión.
Era evidente que sólo un profesional podía encargarse de dar al público una interpretación responsable de los acontecimientos.
LOS PRIMEROS BALBUCEOS
"Fue después de la Primera Guerra Mundial —dice Charnley— cuando los hombres de prensa, al examinar sus productos y las necesidades del público, se dieron cuenta de que algo faltaba. Su búsqueda se vio estimulada cuando, en 1923, dos jóvenes de escasa experiencia periodística pero de amplia visión 'inventaron' la revista TIME, que se fundó para mostrar el alcance de las noticias, su interpretación, sus implicancias ocultas, su 'nueva dimensión' ". (35) Aquellos jóvenes inquietos y emprendedores -Briton Hadden y Henry Luce— descubrieron un verdadero filón de oro con su "invención". En 1927, a escasos cuatro años de su fundación, TIME circulaba más de 175 mil ejemplares y tenía beneficios por casi medio millón de dólares. Siete años después, el newsmagazine —así definieron a la nueva fórmula— alcanzó el millón de ejemplares.
Las cifras hablan solas, pero más allá de que TIME llenara un vacío entre los lectores norteamericanos y diera un escenario apropiado al periodismo interpretativo, los intentos por consolidar el nuevo género no fueron monopolio del newsmagazine. Incluso, es muy posible que ni TIME ni sus lectores tuviesen muy claro que la revista sería el modelo de los magazines interpretativos. (36)
Los esfuerzos por introducir la interpretación de la noticia en la prensa no fueron nada claros al principio. Según Michael Schudson, hacia 1930 una serie de innovaciones irrumpen en las páginas de los periódicos. Los diarios comienzan a introducir resúmenes de noticias en sus ediciones del fin de semana. En 1931, The New York Sun crea una revista de noticias que aparece los sábados. Por la misma fecha, The Richmond News Leader reemplaza su página editorial de los sábados por un resumen interpretativo de noticias. En 1935, The New York Times comenzó un resumen noticioso interpretativo. Lo mismo ocurre más tarde con The Washington Post. (37)
Según Herbert Brucker, autor de The Changing America Newspapers, estos cambios "incrementan la función interpretativa de los diarios; ellos son respuestas a la 'creciente complejidad del mundo' de cara a la cual los lectores exigen más 'background' y más 'interpretación' ". (38)
Hacia 1930, también se había consolidado en la prensa norteamericana el llamado "comentario interpretativo", una especie de análisis sobre materias especializadas a cargo de periodistas de renombre.
Pero el "comentario interpretativo" no pasó de ser una explicación de los hechos mezclada con las opiniones personales y juicios del propio periodista. Así lo reconocieron los mismos profesionales, entre ellos algunos famosos como Walter Lippman y Eric Sevareid.
Charnley sostiene que "los periodistas llegaron a hacer hincapié en una distinción que no era nueva pero que exigía ser reconocida en virtud de los crecientes esfuerzos que a la sazón se realizaban para explicar la noticia: la distinción entre comentario e interpretación o antecedentes aclaratorios de la noticia. El primero se tomó por lo que la palabra denota: comentario, crítica e ilustración de la noticia a la luz de los conocimientos y la opinión que el comentarista pudiese aportar. En consecuencia, se reintrodujo el principio de la objetividad en la presentación de la noticia". (39)
Poco a poco, a partir de la primera Guerra Mundial, el periodismo interpretativo comenzó a adquirir consistencia. Rivers y Schramm atribuyen su progreso a la labor de los corresponsales en el exterior, quienes ya contaban con mayor libertad para tratar las informaciones. Entre los más destacados señalan a Walter Duranty de The New York Times y a John Gunther del Chicago Daily News. (40)
Sin embargo, pese a los esfuerzos prácticos, al éxito de una revista interpretativa como TIME y a la popularización del género en las redacciones, la discusión sobre la objetividad o subjetividad del periodismo interpretativo se mantuvo hasta la década de 1960. En ese momento, la entrada de otras fuerzas en juego —como la corriente del Nuevo Periodismo que pretendía rescatar la subjetividad del redactor como un elemento de la realidad— desplaza la discusión hacia otros campos.
Un defensor del periodismo interpretativo, Lester Markel de The New York Times, clarificó —a comienzos de la década de 1960— la idea que él y muchos de sus colegas tenían sobre la interpretación periodística: "Hay, como yo lo veo, tres aproximaciones para tratar las noticias; primero, los hechos básicos; segundo, la interpretación de esos hechos: tercero, el comentario de ellos. Así:
"Qué dijo el señor Khruschev acerca del señor Kennedy es una noticia puntual.
"Por qué el señor Khruschev dijo esas cosas es interpretación.
"Dónde debió decir esas cosas el señor Khruschev y qué debemos hacer al respecto es opinión." (41)
"Es crucial -agregaba Markel- que la diferencia entre interpretación y opinión sea completamente reconocida. Interpretar es hacer una valoración objetiva, basada en antecedentes, conocimiento de la situación, y análisis de los hechos primarios y relacionados. La opinión editorial, por otro lado, es un juicio subjetivo; es una toma de posición decidida; es como hacer una exhortación." (42)
LA COMISIÓN HUTCHINS: UN ESPALDARAZO
Al principio, el antiguo concepto de objetividad fue sobrepasado de facto por los informadores norteamericanos. Ni la decisión de la American Society of Newspapers Editora, ni el millón de ejemplares vendidos por TIME en 1942, ni el éxito que alcanzó la "nueva dimensión de la noticia" entre el público son elementos suficientes para mostrar el verdadero cambio que se había producido en las redacciones.
Aunque no había sido formulado explícitamente, y pasarían dos décadas para que así ocurriera, el género interpretativo fue el resultado de una nueva concepción del papel de la prensa en la sociedad.
La superación del "relato objetivo de los hechos" y el género interpretativo en su totalidad, hay que entenderlo —según ha planteado la profesora española Concha Fagoaga— "como visión superadora del tema de la objetividad, tal corno ésta era entendida por el periodismo rigurosamente informativo basado en una doctrina filosófica inflexiblemente liberal". (43)
El respaldo moral de la prensa que había conformado la voluntad informativa del periodismo norteamericano estaba determinado, como asegura Amparo Tuñón San Martín, por la "Teoría Liberal de la Información" que se afirmaba en "la esperanza de que la verdad y la justicia surjan de acuerdo con el orden del discurso racional, una vez que la sociedad quede constituida en un organismo de discusión libre".
"Tres presupuestos —continúa— apoyaban esta creencia, convertida en realidad 'científica': El sistema de mercado libre de producción y distribución de mensajes es el mejor sistema posible (Fundamento económico). El hombre es fundamentalmente racional y elige lo conveniente a sus intereses (Fundamento antropológico). Un buen mensaje es aquél cuyo contenido está de acuerdo con la realidad (Fundamento filosófico)." (44)
Intuitivamente quizás, o por azarosa coincidencia, la discusión de los hombres de prensa norteamericanos que los condujo a la formulación en líneas generales del periodismo interpretativo obedeció a la crisis de los tres supuestos liberales antes expuestos.
En ese sentido, el espaldarazo decisivo para el periodismo interpretativo y el desplazamiento final del periodismo concebido desde una óptica puramente liberal se produjo en 1942, cuando Henry Luce le sugirió a Robert Hutchins, canciller de la Universidad de Chicago, que reuniera un grupo de "notables" para analizar el "estado presente y futuro de la libertad de prensa".
La Comisión para la Libertad de Prensa, o Comisión Hutchins como se le denominó, inició sus deliberaciones en 1943. La integraron 13 académicos y cuatro asesores extranjeros seleccionados por el propio Hutchins. TIME aportó 200 mil dólares para su financiamiento y la Enciclopedia Británica otros 15 mil.
En 1947, la comisión publicó su informe definitivo bajo el título de A free and responsible press, el que partía reconociendo que la libertad de prensa "está en peligro por tres razones:
"Primero, la importancia de la prensa para la gente ha aumentado enormemente con el desarrollo de ésta como un instrumento de comunicación masiva. Al mismo tiempo, el desarrollo de la prensa como tal ha disminuido enormemente la proporción de gente que puede expresar sus opiniones a través de la prensa.
"Segundo, los pocos que pueden usar la maquinaria de la prensa como un instrumento de comunicación masiva no han provisto un servicio adecuado a las necesidades de la sociedad.
"Tercero, aquellos que dirigen la maquinaria de la prensa se han comprometido de vez en cuando en prácticas que la sociedad condena y que, de continuar, podrían alentar inevitablemente que caigan bajo control o regulación". (45)
En las escasas líneas iniciales del informe la crítica a la concepción liberal de la prensa era demoledora. Tras enumerar los requerimientos de la sociedad moderna a la prensa y analizar caso por caso la situación de los medios de difusión social, la comisión advirtió que era necesario un comportamiento correcto de la prensa sobre la base de un manejo responsable asociado a los intereses de la comunidad. (46)
Al respecto, Theodore Peterson resumió más tarde: "La libertad conlleva obligaciones; y la prensa, que goza de una posición privilegiada bajo nuestro gobierno, está obligada a ser responsable frente a la sociedad para llevar ciertas funciones esenciales de la comunicación masiva en la sociedad contemporánea. En la medida que la prensa reconoce sus responsabilidades y las hace la base de sus políticas de operación, el sistema libertario satisface las necesidades de la sociedad. Pero en la medida que la prensa no asume sus responsabilidades, otras agencias deben velar porque las funciones esenciales de la comunicación masiva se produzcan". (47)
TRES SUPUESTOS EN CRISIS
De este modo, el fundamento económico del Liberalismo aplicado al funcionamiento de la prensa cedía terreno ante una concepción en que esta propiedad tiene una "responsabilidad social", entendida básicamente como los deberes de la prensa hacia el público.
El fundamento antropológico, por su parte, sufría, como ha sostenido José Luis Martínez Albertos, el "desengaño histórico" del fracaso del proceso de "autojusticia". (48)
"El hombre contemporáneo —sostiene el profesor español— tiene sobre sus espaldas la triste y desalentadora experiencia de que ni el individuo singular ni el público como ente colectivo está capacitado para digerirlo todo y discernir por sí con acierto entre lo verdadero y lo falso, entre lo que es bueno para el interés colectivo y lo que ha de resultar perjudicial." (49)
Por último, el fundamento filosófico no entraba en cuestión, pero sí lo hacía la interpretación corriente que se había hecho de él: la objetividad entendida como separación tajante entre hechos y comentarios.
Ello se hizo evidente cuando la comisión describió el primer requerimiento de la sociedad moderna a la prensa como "un relato verdadero, amplio e inteligente de los acontecimientos del día en un contexto que les dé significado". (50)
La vinculación entre lo que habían discutido los periodistas norteamericanos a partir de 1920 y los planteamientos de la comisión en ese sentido está a la vista.
A la comisión no le bastó con señalar que la prensa debía presentar honestamente los hechos y las opiniones como tales. Sin desmarcarse de esa afirmación señaló la necesidad de que, además, los acontecimientos se sitúen en un contexto para hacerlos más comprensibles.
La distinción del periodismo interpretativo frente a los géneros informativo y de opinión quedó reforzada por la misma diferencia que hizo la comisión a la hora de referirse al relato de los hechos. El informe diferenció claramente entre hechos, opiniones y "acontecimientos en un contexto que les dé significado".
En cierto modo, el informe de la Comisión Hutchins fue el reconocimiento explícito de un género cuyo objetivo es la contextualización de los hechos. En esa línea, Martínez Albertos reconoce la importancia puesta por la comisión en ese punto "por la influencia que tal praxis está teniendo hoy para la más clara configuración del llamado periodismo de explicación". (51)
"Resumidamente -concluye Martínez Albertos-- puede decirse que la primera exigencia de la prensa actual es el abandono de los modos de trabajo propios del periodismo exclusivamente informativo para adoptar el sistema propio de la prensa de explicación, el también llamado 'periodismo en profundidad'." (52)
LA TEORÍA DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL: SUSTENTO IDEOLÓGICO DE LA INTERPRETACIÓN
No cabe duda, como se ha dicho antes, que después de la Comisión Hutchins, donde se asentaron las bases de la teoría de la Responsabilidad Social de la Prensa, "el periodismo interpretativo salió muy fortalecido en sus posiciones". (53)
La exigencia de la comisión de que "ya no es suficiente informar el hecho verídicamente. Ahora es necesario informar la verdad acerca del hecho" (54) está en relación directa con las dudas que habían asaltado a los periodistas norteamericanos después de la Primera Guerra Mundial.
Para Martínez Albertos, en ese sentido, está claro que "desde un punto de vista ideológico, el periodismo de explicación va íntimamente ligado a la teoría llamada de la 'responsabilidad social de la Prensa'". (55)
Hay que destacar que posiblemente sea esta sugerencia de la comisión la única que fue recibida sin mayor resistencia por parte de la prensa de los Estados Unidos.
El informe Hutchins, en su totalidad, fue ignorado absolutamente o criticado ácidamente por los medios de comunicación. Para muchos se trató de un intento autoritario para despojar a la prensa de independencia, para otros fue una crítica exagerada proveniente de un grupo académico de "nuevos elitistas", como los llamó John Merrill.
Merrill, en especial, fue muy crítico de algunas ideas vertidas por la Comisión Hutchins, particularmente ante la vaguedad de algunos conceptos. ¿Quién debía determinar lo que es un periodismo responsable socialmente?, o ¿quién señala el momento en que debe intervenir el gobierno para suplir las deficiencias del sistema de prensa? (56)
Los reproches de Merrill partían de la idea de que la prensa no puede ser "libre" y "responsable" simultáneamente. "Esto por supuesto -escribió— es un mito y una contradicción lógica; si un diario por ejemplo debe ser 'socialmente responsable' de acuerdo a unas normas fijadas desde fuera, lógicamente su libertad editorial se ve recortada". (57)
La crítica estaba hecha desde una perspectiva liberal del tema que parecía superada por el informe de la comisión. Sin embargo, lo medular del informe Hutchins no fue incorporado de inmediato a la práctica diaria de la prensa excepto por la influencia que algunas de sus afirmaciones tuvieron en la justificación del periodismo interpretativo desde el punto de vista ideológico.
De esta manera, la Comisión Hutchins, cuya intención era formular un nuevo marco de principios para que la prensa se desenvolviere, sirvió -en lo inmediato- para demostrar que el periodismo interpretativo no era un sueño ni un producto de charlatanes. El nuevo género, que ya estaba consolidado en las páginas de los periódicos, recibió así el sustento y apoyo de un enfoque teórico del que carecía. Más de veinte años después de que una generación señera del periodismo norteamericano se esforzase por encontrar “la nueva dimensión de la noticia”.(*)
NOTAS
1 Un antecedente esencial para este planteamiento es la obra "Four Theories of the Press" de Siebert, Peterson y Schramm en aquella parte donde vincula el influjo del sistema político sobre el sistema de prensa.
2 Es importante considerar el "carácter instrumental”, pues una prensa cuyo objetivo es difundir información en la sociedad también puede contribuir al cambio o conservación del sistema.
3 Amparo Tuñón San Martín, "Prensa de Élite: Huella del pasado, indicio del futuro" en El Periodismo Escrito, Mitre, Barcelona 1986, p. 38.
4 Miguel Urabayen, Apuntes del curso "Prensa Comparada” dictado al XVI Programa de Graduados Latinoamericanos, Facultad de Ciencias de la Información, Universidad de Navarra, Pamplona, 1987.
5 Thomas Jefferson, "Jeffersons' Writings", The Library of America, New York, 1984. La referencia a Edward Carrington es de una carta de Jefferson fechada en París el 16 de enero de 1787 (p. 880). El segundo discurso inaugural fue pronunciado el 4 de marzo de 1805 (p. 521).
6 Cfr. Amparo Moreno Sarda, "El surgimiento de la prensa de masas" en El Periodismo Escrito, op. cit, p. 18.
7 Mitchell V. Charnely, "Periodismo Informativo", Troquel, Buenos Aires 1971, p. 30.
8 Esta denominación es muy usada en la obra de Charnley. En España la ha utilizado José Luis Martínez Albertos.
9 William L. Rivers & Wilbut Schramm, "Responsibility in Mass Communication", Harper & Row, New York 1969, p. 151
10 Según una referencia dada al autor por el profesor Abraham Santibáñez.
11 Mitchell V. Charnley, op. cit., p. 31,
12 La descripción de las dos corrientes que confluyen en el Liberalismo del siglo XIX se puede encontrar en los trabajos que Friedrich von Hayek ha escrito al respecto.
13 Mitchell V. Charnley, op. cit., p. 30.
14 José Luis Martínez Albertos, "Redacción Periodística, los estilos y los géneros en la prensa escrita", ATE, Barcelona 1974 p. 74.
15 Cfr. Michael Schudson, "Discovering the news: A social history of American Newspapers", Basic Books, New York 1978, p. 147.
16 José Luis Martínez Albertos, op. cit., p. 74.
17 Jean Jacques Servan-Schreiber, "Le Pouvoir d'informer", Robert Laffont. París 1972, p. 234.
18 Evidentemente, las percepciones simples no son opiniones. Esto mantiene la discusión en una vertiente en que las responsabilidades sí pueden hacerse efectivas facilitando la acción del Derecho de la Información.
19 Cfr. Amparo Moreno Sarda, "El surgimiento de la prensa de masas" en El Periodismo Escrito, op. cit. p.2J.
20 Cfr. Michael Schudson, op. cit., p. 144.
21 Ibídem. p.145.
22 Ibídem, p. 145.
23 Cfr. William L. Rivers & Wilbur Schramm, op. cit., p. 153.
24 Mitchell V. Charnley, op. cit., p. 55.
25 Cfr. Michael Schudson, op cit., pp 146-147.
26 William L. Rivers & Willbur Schramm, op. cit, p. 152.
27 Cfr. Michael Schudson, op. cit. p. 148.
28 Ibídem, pp. 148-149.
29 Ibídem, p. 149.
30 Ibídem. pp. 148-149.
31 Mitchell V.Charnley, op. cit., p. 38.
32 Ibídem, p.38.
33 Cfr. William L. Rivers & Wilbur Schramm, op. cit., p. 153.
34 Cfr. Michael Schudson, op. cit., p. 152.
35 Mitchell V. Charnley, op. cit., p. 434.
36 Al respecto el mismo Briton Hadden pensaba hacer un "resumen de noticias para millonarios demasiado ocupados”.
37 Cfr. Michael Schudson, op. cit., p. !45.
38 Herbert Brucker, "The Changing American Newspapers", citado por Michael Schudson op.cit., p. 146.
39 Mitchell V. Charnley, op. cit., p. 435.
40 Cfr. William L. Rivers & Willbur Schramm, op. cit., p. 152.
41 Ibídem, p. 153. Markel desarrolió un ejemplo similar en su artículo "Pour et contre l'interpretation" en Cahiers de l'IIP No. 2 del mes de junio de 1953.
42 Ibídem, p. 153.
43 Cfr. Concha Fagoaga, "Periodismo Interpretativo, el análisis de la noticia". Mitre, Barcelona 1982, pp. 16 y ss.
44 Amparo Tuñón San Martín, op. cit., p. 35.
45 The Commission on Freedom of the Press, "A Free and Responsible Press: A General Report on Mass Communication, Newspapers, Radio, Motion Pictures, Magazines and Books", The University of Chicago Press, Chicago 1947, p. 1.
46 Según la Comisión, los cinco requerimientos que la sociedad moderna hace a la prensa son: Un relato verdadero, amplio e inteligente de los acontecimientos del día en un contexto que les dé significado; un foro de intercambio de opiniones y críticas; la presentación y clarificación de las metas y valores de la sociedad; y el acceso completo a las noticias del día
47 Theodore Peterson, "The Social Responsibility Theory of the Press" en Four Theories of the Press, University of Illinois Press, Urbana, 1963, p. 74.
48 José Luis Martínez Albertos, "La información en una sociedad industrial" Tecnos, Madrid, 1981, p. 154.
49 Ibídem, p. 154.
50 The Commision on Freedom of the Press, op. cit., p, 21.
51 José Luis Martínez Albertos, op. cit., p. 158.
52 Ibídem, p. 158.
53 John Müller González, "Periodismo Interpretativo: precisiones en torno a un género" en Cuadernos de Información No. 3., Centro de Estudios de la Prensa de la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago 1986, p. 214.
54 The Coomision on Freedom of the Press, op. cit p.22
55 José Luis Martínez Albertos, op. cit., p. 78.
56 Cfr. John C. Merrill, "The Imperative of Freedom", Hasting House, New York 1974, pp. 66-65 y p. 89.
57 Ibídem, p.66.
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