I
Medios de expresión, medios informativos, medios de comunicación social, son términos que se usan para aludir a los vehículos de la información al público, a los instrumentos de la comunicación social. Los norteamericanos han acuñado una expresión híbrida, mezcla de latín y de inglés, para indicar este raro fenómeno de los medios de información. Ellos hablan de "mass media", "midia", pronuncian ellos. "Media" en latín significa el plural "medios". Hablan pues de "mass media", o simplemente de "medía". Los "medios" o "media" (en latín) son los intermediarios en la comunicación masiva. En seguida, vamos a ver cuan acertado es calificar de "medios" a estos instrumentos informativos.
En toda sociedad humana se da el hecho característico de la comunicación entre los individuos. Ni los deseos más primarios ni los más nobles sentimientos ni las órdenes de los jefes ni las leyes de los Estados dejan de vincularse esencialmente a la comunicación. La incomunicación, la mudez y sordera totales, la ausencia siquiera de! ademán expresivo, son incompatibles con la vida en sociedad y por tanto con la existencia humana propiamente. Por eso, la comunicación directa ha existido siempre entre alguien que envía un mensaje, a través de signos hablados, de palabras, o de otras formas de expresión tales como el gesto, la danza, la música, etc. En estos casos, el emisor y el receptor del mensaje pueden estar próximos o más o menos lejanos, pero en todo caso entre ellos se establece una comunicación directa, que dura el tiempo de su emisión, que no puede conservarse sino en la memoria y que no trasciende a terceros salvo tal vez por el relato oral, por el testimonio y por la tradición.
El descubrimiento de la escritura en las viejas civilizaciones mesopotámicas constituye un avance en el sentido de la comunicación masiva. Estamos en el inicio de la comunicación indirecta. El que escribe puede ser leído por muchos de sus semejantes, por sus contemporáneos y por los que vendrán después de él. La escritura fija el contenido del mensaje y lo convierte en cierto modo en perenne. La escritura revistió en muchos casos un carácter sagrado. De ahí la importancia del escriba, tal como lo retratan las antiguas inscripciones egipcias. El escriba registra los hechos importantes, está presente en los actos del poder y en las ceremonias y contratos solemnes que deben perpetuarse por la escritura. A través de ella, se comunican hombres situados en puntos distantes o pertenecientes a distintas épocas.
El nuevo paso es el impreso y en especial el libro. Los ejemplares del libro se multiplican y facilitan su atesoramiento en las bibliotecas. El público lector nace del libro impreso. Los libros manuscritos, que eran verdaderas obras de arte y de paciencia, podrían consultarse por grupos selectos y reservados, con acceso al limitadísimo número de ejemplares. El libro impreso se evade de las rígidas prescripciones de los escribas: hay libros religiosos y morales; los hay filosóficos y jurídicos; pero cunden también las historias y leyendas, los libros de diversión y entretenimiento así como los libros que difunden ideas contrarias a la ortodoxia establecida. A don Quijote de la Mancha se le sorbió el seso leyendo un enorme lote de novelas de caballería. Las ideas de la Reforma y más tarde de los Enciclopedistas y de la Revolución Francesa entraron por el libro impreso en un número de cabezas suficiente como para transformar el mundo en el plano filosófico, político y económico.
La comunicación masiva se establece a partir del periódico, es decir de un impreso que circula más o menos ampliamente y que aparece en ciclos regulares de tiempo, es decir cada tres meses, cada mes, cada semana, y, al fin, diariamente. El periódico por excelencia es el diario. El periódico tiene características muy distintas a sus antecesores. El primer rasgo distintivo es su pretensión de "actualidad". El diario es mucho más barato, más manuable y va escrito en estilo corriente, en el idioma comprensible por el gran público. Pero hay todavía una diferencia más importante: el libro refleja el pensamiento de su autor y sus lectores se interesan por las ideas, narraciones y estímulos que provienen de quien lo escribió. El diario, en cambio, da noticias, es decir hechos nuevos, ciertos y desconocidos o poco conocidos por el público. El diario se hace cargo del mensaje que podrían dar los protagonistas o testigos de algún hecho notorio, y lo transmite al público. Me explico: cuando el diario dice en sus páginas que "dos muertos y más de una veintena de heridos ocasionó un choque", etc., etc., el diario no está hablando por sí y la noticia equivale a que alguno de los testigos o protagonistas del choque le hubiera contado al público el lamentable episodio. Es cierto que el diario contiene opiniones, comentarios, caricaturas o relatos de entretenimiento, pero el grueso de su contenido son las noticias o elaboraciones en torno a la noticia.
Me permito llamar la atención acerca de este punto que, aunque obvio, es esencial y no siempre se advierte por las autoridades y por la ciudadanía. Los periodistas no hacen el diario. Ellos recogen las noticias, las hacen comprensibles para el gran número y las difunden. Los "medios" informativos o de comunicación social se llaman así porque son intermediarios, están en el medio entre los hechos y el público. La comunicación social o masiva se genera entre los políticos, jueces, policías, víctimas de delitos o de accidentes, etc. y los lectores. Son muchas las consecuencias que se derivan de esta realidad. La primera de ellas es que los medios deben reflejar con la mayor veracidad posible las noticias, captándolas en medios fidedignos y en forma cuidadosa; redactándolas de manera legible, precisa y honesta, y presentándolas en su ubicación, formato, titulares e ilustraciones de una manera correspondiente a la importancia, trascendencia o singularidad de los hechos. Los periodistas no son dueños ni manipuladores de las noticias: son comunicadores y deben darlas con responsabilidad y con lealtad hacia el público. Es claro que todo esto implica una delicada labor profesional consistente en seleccionar qué noticias son de interés y cuáles deben pasar al canasto de los papeles. Un buen diario debe tener más originales desechados que los que van a la sala de composición, porque eso significa que los periodistas han reunido mucho material y que el diario sale a la calle con una selección de lo mejor de ese material.
Tan importante, a mi juicio, como la responsabilidad con que debe actuar el periodista es la libertad que requiere su ejercicio profesional. No se trata de una libertad caprichosa para que dé rienda suelta a sus pasiones o personales criterios. En verdad, la comunicación social supone que el público tenga en el periódico un reflejo veraz de la actualidad. Si se pretendiera maniobrar el medio, haciéndolo más opaco en ciertas materias o desviando la orientación de las lentes, la ciudadanía tendría un espectáculo distorsionado de tos hechos. La correcta y completa información -no las manipulaciones de los directores para servir a sus ideas o para atender sugestiones de los Gobiernos-, la correcta y completa información, repetimos, es un elemento sano para la convivencia social, para la evolución y madurez de la ciudadanía, para el ejercicio de las responsabilidades cívicas, para la credibilidad de los periódicos y también para la confianza pública en las autoridades.
Como primera característica de la noticia, hemos señalado su actualidad. Desde los orígenes los periodistas luchan por ofrecer cada día un mejor periódico, especialmente por la actualidad de sus noticias. Esta lucha implica el esfuerzo competitivo por acortar el tiempo que media entre el acontecimiento y el instante en que llega al público. Tanto las técnicas para recoger la noticia como los procesos de elaboración y transmisión de la misma están animados por el propósito de llegar más pronto y mejor al público. A través de la historia, el uso de correos, ferrocarril, vapor, telégrafo, cable, progresos en la composición e impresión, fotografía, radiotelefonía, televisión, forma parte —entre otros elementos— de la batalla por la actualidad noticiosa.
De la comunicación directa de persona a persona, hemos pasado a través de la escritura y del libro al fenómeno de la comunicación masiva. A pasos cada vez más veloces se avanza hacia la mundialización de las informaciones. En momentos cumbres, como el del primer paso del hombre sobre la luna, toda la humanidad se convirtió en público televidente, radioescucha o lector de la hazaña. En el próximo futuro, el acceso permanente a una actualidad cada vez más rica y universal, compuesta de sucesos culturales, científicos, tecnológicos, deportivos o políticos, será una modalidad habitual del hombre contemporáneo.
Nos hemos referido al diario porque es el primero de los medios de comunicación social. Nace en el siglo XVIII, primero en Inglaterra, luego en Francia y casi inmediatamente en Alemania. Pero, además de ser el más antiguo, es el arquetipo de los medios masivos de comunicación. Luego vendrán otros que le harán competencia, que le obligarán a transformarse, a modernizarse y adoptar tecnologías, sistemas y estilos propios de esos medios más modernos. Hasta . es probable que el diario de papel vaya cediendo frente a un diario desplegado en una pantalla de televisión o de un computador, que nos transmita un producto periodístico tan legible, conservable, recortable y transportable como el diario. Mientras esa maravilla tecnológica no sea técnica y comercialmente posible, el viejo diario competirá con buenos recursos frente a los demás medios, al presentar la actualidad en orden, con la profundidad y claridad que el lector requiere; con un contenido que puede leerse parcial o totalmente, al ritmo que se desee; con la posibilidad además de transportarlo, archivarlo, recortarlo o fotocopiarlo.
Veamos rápidamente los otros medios informativos. Las revistas son periódicos que profundizan las noticias en forma escrita, acompañada o no de una presentación gráfica que busca ángulos más novedosos, atractivos o penetrantes para la comprensión de los hechos. En este medio, hay toda clase de variedades: desde la revista científica altamente especializada hasta la revista de "caricaturas" o "comics", pasando por las revistas noticiosas, de humor y muchas otras.
La radio extiende la órbita de alcance de los medios masivos de comunicación hasta las muchedumbres analfabetas, o hasta lugares distantes y aislados. Este medio provoca la comunicación social casi instantánea. La radio puede transmitir la voz del protagonista o del testigo del hecho noticioso en el momento en que éste acontece. Los periodistas de radio son la avanzada en el combate por la actualidad. El "flash" es el sinónimo de esta lucha. Bien sabido es, por otra parte, que la acción de la radio trasciende con mucho el área noticiosa. Es famosa su labor social sobre todo en el evento de catástrofes. Colabora al entretenimiento de la gente y al descanso de muchos millones de hombres sobre la tierra.
La televisión es la cumbre de la penetración masiva de los medios de comunicación social. "En vivo y en directo" trae al espectador el hecho crudo, captado en detalle en el instante de acaecer y difundido al poco tiempo. Por la televisión la gente ha podido muchas veces contemplar en toda su dramática realidad la muerte de una persona. Los televidentes norteamericanos vieron el asesinato a sangre fría de Oswald, a quien se imputó haber matado a balazos y sin cómplices al Presidente John Kennedy. Todo el mundo vio, por video o fotografías, al grueso Ruby, con sombrero lejano, de espaldas a la cámara mientras Oswald se derrumbaba muerto frente a él. Este caso no es por cierto el único en su género. El poder de los canales de televisión, tanto en lo noticioso como en lo publicitario, es incalculable sobre todo en la gran masa poblacional y en el público juvenil e infantil. La influencia que ejercen puede emplearse con tanta eficiencia para el bien como para el mal para alentar y desarrollar una sociedad como para corromperla y subvertirla.
Esta superposición de medios de comunicación ha colocado al público ante muchas más opciones informativas. No todos los diarios y revistas han podido soportar la competencia de la radio y de la televisión. A su vez las radioestaciones debieron readecuar sus programas so pena de muerte frente a los espectáculos y amenidades ofrecidos por la televisión. La propia televisión, en la medida en que se abandonen en todo el mundo las tendencias monopólicas, habrá de mejorar cada vez más su calidad para competir con los programas que entregan los satélites y con las demás posibilidades informativas. Sin embargo, los medios de comunicación, en cuanto tales, no pierden su perfil distintivo y sirven a diversas finalidades y oportunidades. Se dan reacomodaciones y reajustes, pero la radio no hizo desaparecer al periódico ni la televisión ha sido peligro para la radio. Por el contrario, en la competencia todos se ven forzados a actualizar sus procedimientos, a modernizarse y buscar cada cual su ubicación en el dial informativo, pero unos y otros deben renunciar a pretensiones de hegemonía.
En el mundo actual, la información en sentido amplio— es decir, entendida como la entrega y recepción de un dato- es el primer factor de poder y de productividad. La información tecnológica; la información, de mercados; la información sobre la competencia, sobre sustitutos o maniobras comerciales; la información financiera; la información política acerca del acontecer y sobre el futuro previsible; y muchísimas otras son elementos para la toma de decisiones políticas, militares, económicas, comerciales o sociales. Los medios de información masiva se insertan hoy día en este complejo de informaciones especializadas, las recogen en lo que tienen de noticioso, las hacen inteligibles para el gran público y las difunden. Puede decirse que la visión que el hombre moderno tiene del mundo en que vive es la que le suministran los medios de comunicación social. El hombre común no tiene tiempo, ni recursos económicos ni conocimientos como para examinar directamente y en el terreno, digamos, la crisis en América Central, con sus personajes: EE.UU., Unión Soviética, Cuba, Nicaragua, El Salvador y Panamá. El público recibe la imagen que le ofrecen los periodistas y no puede materialmente revisar este testimonio sino de manera parcial y con mucho esfuerzo.
Los medios informativos tienen como misión esencial el decir la verdad a la gente, el contarles sencillamente cómo son y cómo han sucedido las cosas, y por qué," o, mejor, cómo el periodista responsable estima que son y cómo han sucedido las cosas, y porqué. Esta misión les corresponde como medios, lo que significa que son meros intermediarios entre los acontecimientos y el público, frente al cual han de ser lo más transparentes que puedan.
Sólo por excepción, el periodista es testigo presencial del hecho noticioso. Por lo común, el informador llega al lugar del suceso después del acontecimiento y recoge la información de testigos presenciales o de testigos de oídas, así como de otras fuentes indirectas. De ahí que la versión periodística, cuando es entregada con seriedad profesional, se acerca a la verdad humanamente asequible, pero puede adolecer de imperfecciones, imprecisiones y errores. En la medida en que un medio de comunicación suministra el contenido informativo más veraz posible, se gana la confianza del público. En todo caso, el testimonio del periodista es indirecto. Ello obliga a los comunicadores sociales a ser cuidadosos en sus afirmaciones y comprensivos hacia los partícipes de cualquier hecho noticioso. A la vez, corresponde comprender a los periodistas que, urgidos por la hora, apremiados por el imperativo de informar y obligados por tanto a actuar con rapidez pero sin errores o injusticias, cumplen un oficio difícil y expuesto a graves equivocaciones.
En su misión, los medios sirven para relacionar a los individuos, para desarrollar su conocimiento mutuo y para desarmar sospechas o animosidades. El hombre se integra a la comunidad a que pertenece a través de las noticias y ello permite avanzar a muchos ciudadanos hacia la comunidad de valores, hacia los grandes consensos en que se funda la existencia de los pueblos civilizados. A su vez las noticias contribuyen a la educación de la gente. La cultura, antes recluida en grupos selectos de sabios y pensadores, tiende a vulgarizarse y el conocimiento se masifica necesariamente en esta civilización tecnológica. La divulgación de opiniones sensatas, la exposición de novedades científicas, los buenos reportajes o documentales sobre temas de cultura humanística, la exaltación del deporte o del valor físico, pueden ser valiosos instrumentos educativos. Los medios promueven así el desarrollo social y económico de su comunidad. Un periodismo de alto nivel propone iniciativas de bien público, sugiere innovaciones legislativas o administrativas que mejoren la convivencia. En fin, está en la labor de los medios la crítica levantada e inclusive la fiscalización de los actos públicos de las autoridades que pudieran estimarse contrarios a la ley o que fueran controvertibles desde el punto de vista del bien común. Toda esta labor no la hacen los medios sino a título de intérpretes de la comunidad. La noticia o el comentario no provienen del medio mismo sino de lo que éste ha recogido como digno de saberse o comentarse.
Parece innecesario decir que la misión que señalamos a los medios informativos exige un profundo y hasta delicado sentido de la responsabilidad por parte de los periodistas. Ellos saben que manejan un instrumento de valor inapreciable, pero que resulta fácil convertir en un arma destructiva. Esa tarea es de tal naturaleza que obliga a los periodistas a obtener una cuidadosa preparación técnica, profesional y ética. Por último, la trascendencia de los medios hace necesario que los responsables de los mismos, sus directores, posean la más sólida formación moral y una visión de los acontecimientos y de la sociedad que les permitan conducir con acierto este enorme conjunto de testimonios indirectos y de opiniones y sugerencias hacia el bien de la comunidad. El silencio, el apagón informativo, la información incompleta y titubeante, la cobardía, no sirven. El desplante, la ligereza, la irresponsabilidad, el sensacionalismo, la insolencia, sólo dañan y hieren. El justo medio entre la timidez y la valentía; si se quiere, el ejercicio de la justicia es lo que uno debe pedir a los medios informativos.
II
Entre los medios de comunicación y la policía la relación no es siempre óptima. Se dan desconocimientos e incomprensiones recíprocos. Se cometen injusticias. Hay actos ofensivos. En fin, falta un largo camino que recorrer para que estas funciones tan importantes en la sociedad se entiendan la una con la otra y trabajen dándose el apoyo mutuo que necesitan.
Contra lo que pudiera parecer, existe un extraño parentesco entre periodistas y policías. Ambas profesiones tienen que ver con hechos notorios y que interesan al público: el accidente del tránsito, el delito cometido, la delincuencia y sus problemas, las movilizaciones sociales, las huelgas, reuniones religiosas, políticas o laborales, las incidencias estudiantiles, las ceremonias públicas y muchos otros hechos atraen por igual la atención de policías y de periodistas. Las dos profesiones realizan un cierto trabajo de investigación acerca del quién, qué, dónde, cómo, cuándo y por qué (que son las 6 preguntas fundamentales que debe contestar toda información periodística) de ciertos hechos de interés público. El parte policial contiene los datos esenciales de la noticia. Pero hay todavía un parentesco más profundo entre policías y periodistas. Se da el caso de que ambos son intermediarios entre los hechos y el público. El policía media para restablecer el orden conculcado o para defenderlo de potenciales amenazas. El periodista media para establecer la comunicación social, para mantener informado al público sobre todo aquello que merece saberse. Estas mediaciones policiales y periodísticas se prestan para que pugnen unos profesionales con otros, pero a veces los hermanan: policías y periodistas deben enfrentar la incomprensión del público; unos y otros son casi siempre testigos indirectos de los hechos en que intervienen y deben esforzarse por obrar con justicia y con verdad en medio de la necesaria rapidez de la acción y de las a veces escasas pruebas de que disponen.
Policías y periodistas están interesados en el imperio del orden y la ley. Los medios de comunicación no pueden funcionar en el caos y en la anarquía. Otra cosa es que malos periodistas abusen de su oficio para instigar a la subversión y al desorden, o para alentar el delito; pero esto es un abuso de poder y no una actividad periodística profesional. A su vez los policías están interesados como los periodistas en que el público reciba una información completa y correcta de lo que sucede, porque ésta contribuye al afianzamiento y comprensión del orden y de la ley.
En un plano más concreto, digamos que muchas veces la policía es la fuente principal si no única de la ciertas noticias, es decir es una colaboradora irremplazable de la prensa. Por su parte, el buen manejo profesional del periodista puede ayudar a la función policial. La exactitud y objetividad de una información sirve de auxiliar valioso para la policía.
Al parentesco o similitud profesional que registrábamos antes se une pues el imperativo de colaboración recíproca. La necesidad de entendimiento entre dos funciones básicas de la sociedad, los servidores del orden y los servidores de la noticia, resulta indispensable para esa cooperación.
Carabineros de Chile, con su honrosa tradición y su serie ya muy larga de mártires y de héroes, es un orgullo para Chile. Lo digo sin ánimo de hacer cumplidos ni de caer en halagos fáciles. Lo digo porque lo siento y porque, desde mi posición de editorialista y director de El Mercurio, me tocó destacar el significado de vuestra Institución. Dije muchas veces que Carabineros de Chile merece el respeto de los chilenos por su trayectoria y eficiencia, pero además señalé que es una de las instituciones de policía más originales del mundo a la vez que una verdadera creación del pueblo chileno, en su afán de libertad, de derecho y de orden. La contribución no sólo específicamente policial sino educativa, social y cultural de Carabineros resulta hoy inseparable de la existencia misma del país. Carabineros forma a su gente, inclusive a sus funcionarios más modestos y ayuda a formar a la ciudadanía.
Siendo ésas las características de Carabineros, parece fácil que los medios de comunicación de Chile los colmen de elogios y cooperen sin reservas a su ejemplar desempeño. Más aún, parecería que los medios no debieran perder oportunidad de inculcar en la población el orgullo de contar con esta Institución y la necesidad de apoyarla y colaborar con ella.
Pero los hechos no acaecen como uno desearía.
Desde luego, como consecuencia del pronunciamiento militar del 11 de septiembre de 1973 -el hecho histórico de más trascendencia en este siglo y de proyecciones incalculables para el desarrollo y porvenir de nuestro pueblo—, todas las instituciones uniformadas han estado más expuestas al público. Más expuestas, en el sentido que se muestran y se ven más. Y expuestas, también, desgraciadamente, al peligro. Al peligro del atentado traidor, de la emboscada, de la bomba y de la bala. Pero también expuestas al peligro de la crítica. Esa crítica puede ser a veces justa, porque los uniformados son seres humanos; pero muchas, muchísimas veces, la crítica es incomprensiva aunque quizás bien intencionada, o francamente destructiva y ejercitada de mala fe.
Debe añadirse que la función de la policía es casi siempre ingrata, aunque se revista de formas corteses, amables y hasta muestre la gracia femenina. A los periodistas tampoco se nos quiere. He aquí otra similitud de destino entre policías y comunicadores sociales. La caída de algún individuo que desempeña estas funciones alegra a muchos y da el pretexto para disparar sobre la Institución.
Por otro lado el alto sitial que ocupa Carabineros de Chile desde su formación hace que el público, y por tanto los comunicadores sociales, sean más severos con la conducta de sus miembros que con la de un hombre común. Y esa severidad persigue al personal activo y al personal pasivo, porque es el costo de las glorias de la Institución. A lo ejemplar se le exige que dé el ejemplo siempre y en cualquier lugar, olvidando que ninguna organización humana escapa a la eventualidad de una conducta impropia de alguno de sus miembros, que no logra empañar el número abrumador de los que permanecen en su puesto dando pruebas de abnegación, de servicio y de heroísmo.
Carabineros dispone de un excelente servicio de relaciones públicas y presenta su imagen ante el país de la manera más eficaz. No veo entonces cómo evitar ni la exposición a la crítica, que resulta del indispensable destaque de los uniformados en esta etapa histórica; ni la severidad que siempre habrá de surgir frente a una Institución ejemplar; ni los desquites odiosos derivados de que la función policial es ingrata para muchos. En este aspecto, la conducta del policía, su disciplina, su corrección, su prudencia, que con tan buenos resultados estimula la Superioridad, son y serán el mejor instrumento para mantener la comprensión y el respeto de la comunidad y por tanto de los comunicad ores sociales honestos.
Sin embargo, como lo anota el interesante trabajo del Mayor Hernán Jaña Toro, Las comunicaciones sociales y la función policial, sería útil para Carabineros de Chile que sus oficiales adquirieran en un rápido vistazo el conocimiento de los medios de comunicación y del periodismo a fin de que comprendan también la alta misión que éstos cumplen o deberían cumplir.
Yendo ahora a temas específicos de colaboración entre policías y periodistas, hemos de referirnos a las "noticias policiales". El manejo de estas noticias requiere prudencia y habilidad. Ellas interesan a sectores más o menos amplios de la comunidad. En algunos casos, la singularidad de los hechos las hace curiosas y atractivas. En otros casos, revisten aspectos morbosos. La posición periodística profesional es dar a estas noticias el carácter que tienen, es decir el carácter de policiales. Su novedad o trascendencia dictarán el tipo y columnaje del titular así como la ubicación en el contexto, pero la información debiera mantenerse en los límites de sobriedad y justicia que impidan que el periódico haga promoción del delito o establezca complicidades sicológicas con el mismo. Me parece que la labor de Carabineros aquí es dar toda la información lícitamente disponible, y creo que es lo que ahora ocurre. Todo afán de proteger fama, honor, reputación o delicadezas, parece incompatible con el hecho brutal del delito. La prudencia actuará para moderar los ángulos o detalles que no sean de interés efectivo para el público y que agravan innecesariamente el dolor de las personas envueltas en estos hechos.
Un tema especialmente sensible es el de! terrorismo. Sabemos que el terrorismo es un medio nefando de información masiva. Proviene de un grupo que busca amedrentar, que quiere transmitir un mensaje o lograr una situación política a través del crimen, y que no consigue su propósito sino a través de la difusión de la noticia de aquél. Si ése es el designio de los terroristas, parecería natural frustrarlo mediante el silencio noticioso. Desgraciadamente, el silencio nunca es total.
Hay rumores, que sustituyen perversamente a las noticias, y hay informaciones de testigos y de otras fuentes. Por último, el silencio informativo no hace más que exacerbar a los criminales y los empuja a cometer un crimen todavía más cruel y grave a fin de que éste sí que resulte inacallable.
El criterio en materia de terrorismo parece asemejarse al de las noticias policiales comunes. Para una sociedad civilizada, el acto terrorista es una conducta delictual más que debe ser castigada por las leyes. La información ha de atenerse a este principio. La jerarquía, en espacio, fotografías, titulares y demás, de la información dependerá de la gravedad y trascendencia del hecho, Pero en sustancia la información sobre el terrorismo contiene una noticia policial más. El estilo no puede ser el de asimilación al de la guerra. Por tanto no habrá "prisioneros" ni "rehenes" sino "secuestrados"; no habrá "ejecutados" sino "asesinados"; no caben los "tribunales populares" ni los "juicios" ni forma alguna de imitación de las modalidades de la guerra o de la administración de justicia por el Estado, ni tolerancia con la audacia criminal de quienes comercian políticamente con las vidas humanas.
Creo que el mejor homenaje que los medios pueden rendir a los héroes y mártires de Carabineros es el homenaje de la verdad. La descripción objetiva de las maniobras criminales de los terroristas y súbemeles efectos, en espera de que los sentimientos humanos de las personas bien nacidas provoquen una acción generalizada de repudio y sanción ejemplares contra estos delincuentes.
En otras civilizaciones se daban probablemente los vicios con igual o más gravedad que en la nuestra. El problema de hoy es la divulgación de los excesos y por tanto el peligro de imitación de las conductas viciosas, en materia de drogas, alcohol, sexo y similares. Es fácil culpar a los medios informativos de tal divulgación, pero si se entiende que esos medios son simples comunicadores habrá que aceptar que la sociedad se refleja a través de ellos y que, para bien y para mal, gracias al periodismo todo o casi todo sale a la luz del día. La poca información que existe sobre los regímenes comunistas revela que el alcoholismo, la corrupción y otras lacras sociales irrumpen a la luz pública pese a los intentos de acallarlos, como los vendajes no pueden ocultar a la larga una gangrena. Es cierto el peligro de contagio y de imitación con la libertad informativa, pero resulta más probable que la sociedad reaccione frente a los vicios, que las familias se movilicen, que la legislación ayude y que la educación se oriente a combatir tales desbordes, antes de que el silencio perpetúe la inacción frente a la decadencia moral. Carabineros de Chile, que tan importante papel desempeña y ha desempeñado en el combate de la droga y otros vicios, necesita sin duda de la información profesional sobre esta materia para que tengan lugar las reacciones sociales sanas. Esto obliga también a policías y periodistas a colaborar en una tarea compleja y difícil, que se relaciona con los problemas de la juventud, de la soledad de las grandes ciudades, de las concentraciones urbanas, de la falta de fe, de la desintegración de las familias y de tantos otros asuntos que tocan a la entraña de la humanidad en que los custodios del orden y los comunicadores están llamados a una labor coordinada.
En fin, podríamos hablar todavía mucho más largamente de los intrincados y atractivos asuntos que Carabineros y periodistas deberían tratar en una sobremesa prolongada. Allí hablarían de sus diferencias y de sus proximidades, para entender que ambos desempeñan funciones muy respetables dirigidas al bien común. Todo lo que se haga por estimular en Carabineros de Chile un conocimiento real de los medios de comunicación, y a su vez todo lo que los periodistas y los que estudian periodismo dediquen al estudio objetivo de la función policial y de lo que es y significa Carabineros de Chile, va a rendir un fruto benéfico, un fruto de convivencia, de coexistencia civilizada, de paz y de ordenado trabajo para el desarrollo de nuestro país.
Estoy convencido de los resultados que pueden esperarse de la cooperación entre estas dos grandes fuerzas: Carabineros y medios de comunicación social. Lo importante es que los comunicadores sociales practiquen un periodismo serio y libre y que la policía comprenda las ventajas de una amplia libertad de información. La colaboración a que aludimos supone ciertamente un ámbito cívico en que se prolonguen los valores patrióticos y de libertad que han regido en estos últimos años. Nuestro país lucha por convertirse en una nación moderna, esto es una comunidad nacional en que primen la racionalidad y la técnica por sobre las emociones ocasionales; en que el profesionalismo impere sobre la improvisación, y en que las viejas exclusiones clasistas o los conceptos retardatarios queden derrotados por la aspiración hacia una sociedad abierta, democrática y sincronizada con el cercano advenimiento del siglo XXI. Carabineros y medios de información tienen que entenderse en este ámbito histórico, por razones de afinidad y de conveniencia mutua, con propósitos de bien común. En tal sentido, la inmolación de los héroes de Carabineros constituye la semilla fecunda del porvenir. Vuestros muertos y vuestros mutilados trabajan, con su sacrificio, para ese porvenir.
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